sexta-feira, 18 de dezembro de 2015

El grande de España


Honoré de Balzac

En el momento de la expedición emprendida en 1823-4 por el rey Luis XVIII para salvar a Fernando VII del régimen constitucional, yo me encontraba por casualidad en Tours, camino de España. La víspera de mi marcha, fui al baile en casa de una de las mujeres más amables de esta ciudad en la que, como es sabido, se divertían más que en ninguna otra capital de provincia; y poco antes del souper, pues se soupe aún en Tours, me uní a un grupo de tertulianos en medio del cual, un señor que me resultaba desconocido, contaba una aventura.

El orador, llegado muy tarde al baile, había cenado, según creo, en casa del recaudador general. Al entrar se había incorporado a una mesa de écarté; luego, tras haber pasado varias veces, para alegría de sus contrincantes cuyo equipo perdía, se había levantado, vencido por un subteniente de carabineros; y, para consolarse, había participado en una conversación sobre España, tema habitual de mil disertaciones.

Durante el relato, examiné con un interés involuntario el rostro y la persona del narrador. Era uno de esos seres de mil rostros que se parecen a tantos tipos que el observador queda indeciso, y no sabe si tiene que incluirlos entre las personas de genio modestas o entre los intrigantes subalternos. En primer lugar, estaba condecorado con la cinta roja; pero ese símbolo demasiado prodigado, ya no prejuzga nada a favor de nadie; tenía una chaqueta verde, y a mí no me gustan las chaquetas verdes en un baile, cuando la moda aconseja a todo el mundo llevar traje negro; además llevaba pequeñas hebillas metálicas en los zapatos, en lugar de lazos de seda; su pantalón era de un casimir horriblemente desgastado, y su corbata estaba mal puesta; en definitiva, vi que no le daba demasiada importancia al atuendo ¡podía ser un artista!

Sus gestos y su voz tenían un no sé qué vulgar, y su rostro, presa de los rubores que el trabajo de la digestión le imprimía, no realzaba por ningún rasgo sobresaliente el conjunto de su persona; tenía la frente despejada y poco cabello en la cabeza. De acuerdo con todos esos diagnósticos, dudaba en hacer de él un consejero de prefectura, o un antiguo comisario de guerra; pero, al verlo posar la mano sobre la manga de su vecino de manera magistral, lo incluí en la categoría de los escribanos, los burócratas y sus compinches. Finalmente estuve completamente convencido de mi observación cuando noté que sólo era escuchado por su historia; ninguno de los oyentes le concedía esa atención sumisa y esas miradas complacientes que son privilegio de las personas muy consideradas. No sé si pueden imaginarse al hombre, llenándose la nariz con tomas de rapé, hablando con la rapidez de las personas con prisa por terminar su discurso por miedo a que se les abandone; por lo demás, expresándose con gran facilidad, contando bien las cosas, dibujando de un trazo, y jovial como un bufón de regimiento. Para evitarles el tedio de las digresiones, me permito trasvasar su historia a un estilo narrativo y añadirle ese toque didáctico necesario a los relatos que, de la charla informal pasan al estado tipográfico.

Algún tiempo después de su entrada en Madrid, el gran duque de Berg invitó a los principales personajes de esta ciudad a una fiesta francesa ofrecida por el ejército a la capital recién conquistada. Pese al esplendor de la gala, los españoles no se mostraron en ella muy risueños; sus mujeres bailaron poco; en definitiva, que los invitados jugaron y perdieron o ganaron mucho. Los jardines del palacio estaban bastante espléndidamente iluminados como para que las damas pudieran pasearse por ellos con tanta seguridad como lo habrían hecho en pleno día... La fiesta era imperialmente bella, y no se escatimó nada con el fin de darle a los españoles una elevada idea del emperador, si querían juzgarlo a partir de sus lugartenientes. En un bosquecillo cercano al palacio, entre la una y las dos de la mañana, algunos militares franceses charlaban del desarrollo de la guerra, y del futuro poco tranquilizador que auguraba la actitud misma de los españoles presentes en aquella pomposa fiesta.

-¡Caray! -dijo un francés cuyo traje indicaba que era médico jefe de algún cuerpo del ejército- ayer le solicité formalmente mi regreso a Francia al príncipe Murat. Sin tener precisamente miedo de dejar mis huesos en la península, prefiero ir a curar las heridas producidas por nuestros buenos vecinos alemanes; sus armas no penetran tanto en el torso como los puñales castellanos... Además, el miedo a España es para mí como una superstición... Desde mi infancia he leído libros españoles, un montón de aventuras sombrías y mil historias de este país, que me han predispuesto intensamente contra las costumbres de sus habitantes... ¡Pues bien!, desde nuestra entrada en Madrid, ya he podido ser si no protagonista, al menos cómplice de una peligrosa intriga, tan negra, tan oscura como puede serlo una novela de lady Radcliffe... Y como creo bastante en mis presentimientos, desde mañana mismo me largo... Murat no me negará sin duda el permiso; pues nosotros, gracias a los servicios secretos que prestamos, tenemos protecciones siempre eficaces...

-Puesto que te das a la fuga, ¡cuéntanos al menos tu aventura! -exclamó un coronel, viejo republicano que se preocupaba muy poco del lenguaje y de las adulaciones imperiales.

Entonces, el médico miró atentamente a su alrededor, pareció querer reconocer los rostros de quienes le rodeaban y, seguro ya de que no había ningún español cerca de él, dijo:

-Puesto que somos todos franceses... con mucho gusto, coronel Charrin... Hace seis días -prosiguió- regresaba tranquilamente a mi alojamiento hacia las once de la noche, después de haber dejado al general Latour, cuyo hotel se encuentra a unos pasos del mío, en mi misma calle; salíamos los dos de casa del ordenador de pagos, donde habíamos tenido una berlanga bastante animada... De repente, en la esquina de una calleja, dos desconocidos, o más bien dos diablos, se lanzaron sobre mí y me cubrieron la cabeza y los brazos con una capa... Grité, pueden creerlo, como un perro apaleado; pero el paño ahogó mi voz, luego fui llevado en un vehículo a gran velocidad; y cuando mis acompañantes me libraron de la dichosa capa, oí una voz de mujer y estas inquietantes palabras dichas en un mal francés:

-Si grita o hace ademán de escapar, si se permite el menor movimiento sospechoso, el señor que está delante de usted es capaz de apuñalarlo sin escrúpulos. Por lo tanto, manténgase tranquilo. Ahora voy a explicarle la causa de su secuestro... Si se molesta en tender su mano hacia mí, encontrará entre nosotros dos su instrumental de cirugía que hemos mandado a buscar a su casa, de su parte; sin duda, le será necesario. Lo llevamos a una casa donde su presencia es indispensable... Se trata de salvar el honor de una dama. En este momento está a punto de dar a luz un hijo de su amante, a espaldas de su marido. Aunque éste se separa poco de su mujer de la que está apasionadamente enamorado y que la vigila con toda la atención de los celos españoles, ella ha sabido ocultarle su embarazo. Él cree que se encuentra enferma. Le llevamos para que la asista en el parto. Por lo que, como ve, los peligros de la empresa no le conciernen; sólo tiene que obedecernos; si no lo hace, el amante de la dama, que está sentado frente a usted en el coche y que no sabe ni una palabra de francés, lo apuñalará a la menor imprudencia...

-Y ¿quién es usted? -dije buscando la mano de mi interlocutora, cuyo brazo estaba envuelto en la manga de una chaqueta de uniforme...

-Yo soy la camarera de la señora, su confidente; y estoy totalmente dispuesta a recompensarlo personalmente, si se presta galantemente a las exigencias de nuestra situación.

-¡Con mucho gusto! -dije viéndome embarcado a la fuerza en una aventura peligrosa.

Entonces, aprovechando la oscuridad, quise comprobar si la cara y las formas de la camarera estaban en armonía con las ideas que los sonidos, ricos y guturales, de su voz me habían inspirado... La camarera se había sometido por anticipado sin duda a todas las eventualidades de aquel singular rapto, pues guardó el más complaciente de los silencios, y el vehículo no había rodado más de diez minutos por Madrid cuando recibió y me devolvió un apasionado beso. El señor que llevaba enfrente no se molestó por algunos puntapiés que le propiné de forma involuntaria; pero como no comprendía el francés, supongo que no les prestó atención.

-Sólo puedo ser su amante con una condición -me dijo la camarera como respuesta a todas las bobadas que yo le recitaba, llevado por el calor de una pasión improvisada, para la que todo eran obstáculos.

-¿Cuál?

-Que no intentará nunca saber a quién pertenezco... Si voy a su casa, será de noche y me tendrá que recibir a oscuras.

Nuestra conversación se encontraba en ese punto cuando el vehículo llegó cerca de la tapia de un jardín.

-¡Déjeme taparle los ojos!- me dijo la camarera-; se apoyará en mi brazo y yo misma lo guiaré.

Luego me colocó sobre los ojos y me anudó fuertemente detrás de la cabeza un pañuelo muy tupido. Oí el ruido de una llave colocada con precaución en la cerradura de una puertecilla sin duda por el silencioso amante que había estado frente a mí; y pronto, la doncella de cuerpo arqueado, que tenía cierto meneo al andar, me condujo, a través de las avenidas enarenadas de un gran jardín, hasta un determinado lugar donde se detuvo. Por el ruido que hicieron nuestros pasos, supuse que nos encontrábamos delante de la casa.

-¡Ahora, guarde silencio! -me dijo al oído- y preste mucha atención... No pierda de vista ni una sola de mis señales, pues no podré ya hablarle sin peligro para los dos, y en este momento se trata de salvarle a usted la vida. -Luego añadió con voz más alta-: La señora está en una habitación de la planta baja; para llegar hasta allí, tendremos que pasar por la habitación y delante de la cama de su marido; por lo que no tosa, ande con cuidado, y sígame atentamente para no golpear ningún mueble o poner los pies fuera de la alfombra que he dispuesto para nuestros pasos...

En ese momento, el amante gruñó sordamente, como alguien impacientado por tantos retrasos. La camarera se calló; oí abrir una puerta, percibí el aire cálido de un apartamento y avanzamos con cautela, como ladrones en expedición. Por fin, la suave mano de la camarera me quitó la venda. Me encontré en una habitación grande, alta y mal iluminada por una única lámpara humeante. La ventana se encontraba abierta, pero había sido protegida por gruesos barrotes de hierro por el marido celoso; fui arrojado en ella como a un callejón sin salida.

En el suelo, y sobre una estera, se encontraba una magnífica mujer, cuya cabeza estaba cubierta por un velo de muselina, pero a través del cual sus ojos llenos de lágrimas brillaban con todo el esplendor de las estrellas. Oprimía con fuerza un pañuelo de batista sobre la boca, y lo mordía tan vigorosamente que sus dientes lo habían desgarrado y habían penetrado a medias en él... No he visto jamás cuerpo más bello, pero ese cuerpo se retorcía de dolor como se retuerce una cuerda de arpa que se arroja al fuego. La desgraciada había formado dos arbotantes con sus piernas apoyándolas sobre una especie de cómoda; y con las dos manos, se agarraba a los palos de una silla estirando los brazos, cuyas venas estaban horriblemente hinchadas. Se parecía a un criminal en las angustias del potro... Por lo demás, ni un grito, ni ningún otro ruido que no fuera el sordo crujido de sus huesos, y nosotros estábamos allí, los tres mudos e inmóviles... Los ronquidos del marido resonaban con constante regularidad...

Quise ver a la camarera, pero se había vuelto a poner la máscara de la que se había deshecho, sin duda, durante el trayecto y sólo pude ver dos ojos negros y formas muy pronunciadas que abombaban su uniforme. El amante estaba también enmascarado. Cuando llegó, arrojó unas toallas sobre las piernas de su amante, y dobló sobre el rostro el velo de muselina.

Una vez que hube observado concienzudamente a aquella mujer, reconocí por ciertos síntomas antaño observados en una muy triste circunstancia de mi vida, que el bebé estaba muerto; entonces me incliné hacia la camarera para informarle de la situación. En ese momento, el desconfiado desconocido sacó su puñal; pero tuve tiempo de decírselo todo a la doncella, que le dijo dos palabras en voz baja. Al oír mi pronóstico, el amante tuvo un ligero escalofrío que le subió de los pies a la cabeza como un relámpago, y me pareció ver palidecer su rostro bajo la máscara de terciopelo negro. La doncella, aprovechando un momento en el que este hombre desesperado miraba a la moribunda que se ponía morada, me indicó con un gesto los dos vasos de limonada servidos sobre una mesa, y me hizo un gesto negativo. Comprendí que debía abstenerme de beber, pese al horrible calor que me hacía sudar. De repente, el amante, que sin duda tenía sed, tomó uno de los vasos, y se bebió más o menos la mitad de la limonada que contenía.

En ese momento, la dama tuvo una violenta convulsión que me indicaba el momento favorable a la crisis, y, cogiendo mi lanceta, la sangré apresuradamente en el brazo derecho con bastante fortuna. La camarera recogió con toallas la sangre que brotaba abundantemente; luego la desconocida entró en un abatimiento propicio para mi operación... Me armé de valor, y tras una hora de trabajo, logré extraer al bebé en trozos. El español, que no pensaba ya en envenenarme, comprendiendo que acababa de salvar a su amante, lloraba bajo su máscara y, en ocasiones, gruesas lágrimas caían sobre su capa.

Por lo demás, la mujer no lanzó ni un grito, pero seguía mordiendo el pañuelo, temblaba como un animal salvaje cercado, y sudaba gruesas gotas. En un instante horriblemente crítico, hizo un gesto para indicar la habitación de su marido; el marido acababa de darse la vuelta; y, de los cuatro, era la única que había oído el roce de las sábanas, el ruido de la cama o de las cortinas. Nos detuvimos, y a través de los agujeros de sus máscaras, la camarera y el amante se lanzaron miradas de fuego...

Aprovechando esta especie de tregua, tendí la mano para coger el vaso de limonada que el desconocido había empezado; pero él, creyendo que iba a beber de alguno de los vasos llenos, saltó con la agilidad de un gato, y colocó su largo puñal sobre los dos vasos envenenados. Me dejó el suyo, haciendo un gesto con la cabeza para decirme que me tomara el resto. Había tantas cosas, tantas ideas, tanto sentimiento, en aquel gesto y en su vivo movimiento, que le perdoné casi las atroces combinaciones meditadas para matar y enterrar cualquier tipo de huella de aquellos acontecimientos. Me dio la mano cuando acabé de beber; luego, tras haber dejado escapar un movimiento convulsivo, envolvió personalmente con todo cuidado los restos de su hijo; y cuando, después de dos horas de cuidados y miedos, la camarera y yo recostamos a su amante, me apretó de nuevo las manos y, sin que yo lo supiera, introdujo en mi bolsillo una suma importante. Entre paréntesis, como yo ignoraba el suntuoso regalo del español, mi criado me robó aquel tesoro dos días después, y huyó provisto de una verdadera fortuna. Le dije al oído a la doncella las precauciones que había que tomar; luego le manifesté el deseo de que me dejaran libre. La camarera permaneció junto a su señora, circunstancia que no me tranquilizó en exceso; pero decidí mantenerme alerta. El amante hizo un paquete con el cuerpo del bebé muerto y la ropa teñida por la sangre de su amante; luego lo apretó fuertemente, lo ocultó bajo su capa; y, pasándome la mano sobre los ojos como para decirme que los cerrara, salió delante de mí invitándome con un gesto a que me agarrara a un faldón de su traje; lo que hice, no sin echarle una última mirada a la camarera. Ésta se quitó la máscara al ver que el español había salido, y me mostró el rostro más bello del mundo.

Crucé los apartamentos siguiendo al amante; y cuando me encontré en el jardín, al aire libre, confieso que respiré como si me hubieran quitado un enorme peso del pecho. Caminaba a una distancia respetuosa de mi guía, observando sus menores movimientos con la mayor atención.

Una vez llegados a la puertecilla, me cogió de la mano, y puso sobre mis labios un sello, montado en una sortija, que yo le había visto en un dedo de la mano izquierda. Comprendí todo el significado de aquel gesto elocuente. Salimos a la calle y, en lugar del vehículo, había dos caballos esperándonos. Montamos cada uno en un animal; el español cogió mi brida, la sujetó con la mano izquierda, cogió entre los dientes la brida de su montura, pues tenía el sangriento paquete en la mano derecha, y partimos con la rapidez del relámpago. Me fue imposible observar el menor objeto que pudiera servirme para reconocer la ruta que recorrimos. Al amanecer, yo me encontré cerca de mi puerta, y el español escapó, dirigiéndose hacia la puerta de Atocha.

-¿Y no vio usted nada que pudiera hacerle sospechar de qué dama se trataba? -preguntó un oficial al médico.

-Una sola cosa... -dijo-. Cuando sangraba a la desconocida, observé en su brazo, más o menos a la mitad, una pequeña verruga, del tamaño de una lenteja, rodeada de pelos oscuros... El palacio me pareció magnífico, inmenso; la fachada no se acababa nunca...

En ese momento, el indiscreto cirujano se detuvo, pálido. Todos los ojos fijos en los suyos siguieron la misma dirección; y los franceses vieron a un español envuelto en una capa, cuya mirada de fuego brillaba en la oscuridad, en medio de un bosquecillo de naranjos donde se mantenía de pie. El oyente desapareció de inmediato con una rapidez de silfo, cuando un joven subteniente se lanzó tras él.

-¡Caramba! Amigos míos -exclamó el médico- esos ojos de basilisco me han dejado helado. Oigo campanas; les digo adiós o me enterrarán aquí.

-¡No seas tonto! -dijo el coronel Charrin-, Lecamus ha seguido al espía, él sabrá darnos razón del mismo.

-¿Qué ha pasado Lecamus? -preguntaron los oficiales, al ver regresar jadeante al subteniente.

-¡Al diablo! -respondió Lecamus-. Creo que ha pasado a través de las murallas; y, como no creo que sea un brujo, sin duda es de la casa; conoce los pasadizos, los rodeos, y se me ha escapado fácilmente.

-¡Estoy perdido! -dijo el cirujano con voz taciturna.

-¡Vamos!, tranquilízate -contestaron los oficiales; te acompañaremos por turnos en tu casa hasta que te marches... y, por esta noche, te acompañamos todos.

Efectivamente, tres jóvenes oficiales, que habían perdido su dinero en el juego y no sabían qué hacer, recondujeron al médico a su alojamiento, y se ofrecieron a permanecer con él, lo que éste aceptó.

Dos días después, había obtenido su regreso a Francia, y hacía todos los preparativos para marcharse con una dama a la que Murat le había proporcionado una gran escolta. Acababa de cenar en compañía de sus amigos, cuando su criado vino a avisarle que una mujer joven quería hablar con él. El cirujano y los tres oficiales bajaron de inmediato; pero la desconocida sólo pudo decir: «¡Tenga cuidado!» Y cayó muerta. Era la camarera que, sintiéndose envenenada, esperaba llegar a tiempo para salvar al médico. El veneno la desfiguró por completo.

-¡Demonios! ¡demonios! -exclamó-. ¡A eso se le llama amor! ¡Sólo una española es capaz de correr con un monstruo de veneno en el estómago!

El médico permanecía singularmente pensativo. Finalmente, para ahogar los siniestros presentimientos que le atormentaban, volvió a la mesa y bebió inmoderadamente, lo mismo que sus compañeros; luego, medio ebrios, se acostaron temprano. En mitad de la noche, el médico fue despertado por el chirrido que hicieron los aros de las cortinas violentamente corridas sobre sus varillas. Se incorporó, presa de esa trepidación mecánica de todas las fibras que se adueña de nosotros en un momento de despertar súbito. Entonces vio delante de él a un español envuelto en su capa. El desconocido lanzaba la misma mirada ardiente que la que había salido de entre la vegetación durante la fiesta y por la que se había quedado tan impactado. El cirujano gritó: «¡Socorro!... A mí, amigos míos» Pero a esa llamada de auxilio, el español contestó primero con una risa amarga: «El opio crece para todo el mundo». Y, después de esa especie de sentencia, le mostró a sus tres amigos profundamente dormidos; y, sacando bruscamente de debajo de su capa un brazo de mujer recién cortado, se lo presentó al médico, mostrándole una señal similar a la que él había descrito tan imprudentemente: «¿Es la misma?» preguntó. Al resplandor de un farol colocado sobre la cama, el cirujano, helado de espanto, contestó con un gesto afirmativo y, sin más información, el marido de la desconocida le hundió el puñal en el corazón.

-Este cuento es furiosamente pardo -dijo uno de los oyentes- pero es más inverosímil todavía; porque ¿puede explicarme cuál de los dos le contó la historia, el muerto o el español?

-Señor -contestó el narrador, molesto por la observación-, como afortunadamente la puñalada que recibí en lugar de deslizarse hacia la izquierda lo hizo hacia la derecha, supongo que admitirá que yo conozca mi propia historia... le juro que hay aún algunas noches en las que veo en sueños aquellos dichosos ojos...

El cirujano en jefe se detuvo, palideció, y se quedó boquiabierto, en una verdadera crisis de epilepsia. Nos volvimos todos para mirar hacia el salón. En la puerta se encontraba un grande de España, uno de esos afrancesados en el exilio, que había llegado hacía quince días a Touraine con su familia. Aparecía por vez primera en sociedad y, como había llegado tarde, visitaba los salones, acompañado de su mujer cuyo brazo derecho permanecía inmóvil.

Nos separamos en silencio para dejar pasar a aquella pareja, que no vimos sin una emoción profunda. ¡Era un auténtico cuadro de Murillo! El marido tenía dos ojos de fuego en unas órbitas hundidas y ojerosas. Su rostro estaba demacrado, el cráneo sin cabello y el cuerpo de una delgadez extrema. La mujer... ¡imagínensela! No, porque no la pintarían como era. Tenía una estatura considerable; estaba pálida, pero era bella aún; su tez, por un privilegio inaudito para una española, era deslumbrante de blancura; pero su mirada caía sobre nosotros como una colada de plomo fundido... su hermosa frente, adornada con perlas y blanca, se parecía al mármol de una tumba; tenía sin duda una gran pena en el corazón... Era el dolor español en todo su esplendor... Es inútil añadir que el médico había desaparecido...

-Señora, -le pregunté a la condesa hacia el final de la velada- ¿en qué acontecimiento perdió usted el brazo?

-En la guerra de la Independencia -contestó.
FIN



Contes bruns, 1832

Traducción de Esperanza Cobos Castro





Biblioteca Digital Ciudad Seva

terça-feira, 15 de dezembro de 2015



Depois do retumbante fracasso das manifestações contra Dilma no domingo, eis que surge outra grande força de apoio favorável à Dilma: A FIESP declarar apoio ao impeachment só fortalecerá ainda mais o apoio ao governo. A sólida rejeição nacional de Eduardo Cunha e agora da burguesia paulista, lembrai-vos de 1932, garante segura sobrevida da Presidência de Dilma !

Ricardo Costa de Oliveira

O poder local e o coronelismo no Paraná

NEP - Núcleo de Estudos Paranaenses da UFPR

O poder local e o coronelismo no Paraná

Monica Helena Harrich Silva Goulart

Resumo

O presente artigo se propõe a analisar o fenômeno do coronelismo no estado do Paraná entre os anos de 1880 a 1930. Percebeu-se que o coronelismo paranaense ocorreu segundo a perspectiva de Vitor Nunes Leal, que o considera a partir da relação sistêmica de troca de favores entre os representantes do poder privado, os chamados coronéis (enfraquecidos), e o poder público, os governadores estaduais (cada vez mais fortalecidos). Para o coronel, a garantia de sua posição se dava pelo controle dos votos da população pobre e dependente, cuja maioria se encontrava no meio rural. São apresentados os elementos fundamentais para o entendimento de tal fenômeno através do mapeamento de suas estruturas formais, do arranjo do poder político partidário disciplinador e das práticas ilegais no momento das eleições, além da análise das trocas de favores que envolvia tal sistema. Para desenvolvimento da pesquisa, recorreu-se ao estudo de vários aspectos do tema: primeiramente, a discussão efetivamente teórica a respeito do próprio conceito de coronelismo, bem como a pesquisa empírica por meio de diversas fontes, como jornais, constituições estaduais e atas da Assembleia[1] Legislativa do Paraná.

[1] No Império chamava-se Assembleia Provincial, e na República, Congresso Legislativo.
http://ojs.c3sl.ufpr.br/…/inde…/nep/article/view/43262/26275

sábado, 12 de dezembro de 2015


‘fixer’

En los textos periodísticos de corte bélico suele utilizarse el anglicismo ‘fixer’ para hacer referencia a aquellos nativos de una zona en guerra que colaboran con la prensa otorgando información sobre el entorno y facilitando su acceso a ciertos lugares de interés en los que los periodistas pueden obtener información válida; así mismos, estos personajes suelen ejercer de intermediarios entre los periodistas extranjeros y las personas del lugar, haciendo las veces de intérpretes o consiguiendo que puedan entrevistar a personas implicadas en el conflicto de algún modo.


Lee todo en: Suflé, bélico y guía de guerra: conceptos apropiados

Espaço curvo e finito


Oculta consciência de não ser,
Ou de ser num estar que me transcende,
Numa rede de presenças e ausências,
Numa fuga para o ponto de partida:
Um perto que é tão longe, um longe aqui.
Uma ânsia de estar e de temer
A semente que de ser se surpreende,
As pedras que repetem as cadências
Da onda sempre nova e repetida
Que neste espaço curvo vem de ti.

[José Saramago]

 (In OS POEMAS POSSÍVEIS, Editorial CAMINHO, Lisboa, 1981. 3ª edição)

Relíquia íntima


Ilustríssimo, caro e velho amigo,
Saberás que, por um motivo urgente,
Na quinta-feira, nove do corrente,
Preciso muito de falar contigo.
E aproveitando o portador te digo,
Que nessa ocasião terás presente,
A esperada gravura de patente
Em que o Dante regressa do Inimigo.
Manda-me pois dizer pelo bombeiro
Se às três e meia te acharás postado
Junto à porta do Garnier livreiro:
Senão, escolhe outro lugar azado;
Mas dá logo a resposta ao mensageiro,
E continua a crer no teu Machado.


[Machado de Assis]

DIAS CONTRA O SONHO


Não querer brancos rodando
em planta movível.
Não querer vozes roubando
germinais arqueada aéreas.
Não querer viver mil oxigênios
nímias cruzadas ao céu.
Não querer trasladar minha curva
sem encerar a folha atual.
Não querer vencer ao ímã
no fim a alpargata se esfiapa.
Não querer tocar abstratos
chegar ao meu último cabelo castanho.
Não querer vencer caudas brandas
as árvores situam as folhas.
Não querer trazer sem caos
portáteis vocábulos.

Alejandra Pizarnik

El contertulio


Miguel de Unamuno

A mis compatriotas de tertulia



Más de veinte años hacía que faltaba Redondo de su patria, es decir, de la tertulia en que transcurrieron las mejores horas, las únicas que de veras vivió, de su juventud larga. Porque para Redondo, la patria no era ni la nación, ni la región, ni la provincia, ni aun la ciudad en que había nacido, criádose y vivido; la patria era para Redondo aquel par de mesitas de mármol blanco del café de la Unión, en la rinconera del fondo de la izquierda, según se entra, en torno a las cuales se había reunido día a día, durante más de veinte años, con sus amigos, para pasar en revista y crítica todo lo divino y lo humano y aun algo más.

Al llegar Redondo a los cuarenta y cuatro años encontrose con que su banquero lo arruinó, y le fue forzoso ponerse a trabajar. Para lo cual tuvo que ir a América, al lado de un tío poseedor allí de una vasta hacienda. Y a la América se fue añorando su patria, la tertulia de la rinconera del café de la Unión, suspirando por poder un día volver a ella, casi llorando. Evitó el despedirse de sus contertulios, y una vez en América hasta rompió toda comunicación con ellos. Ya que no podía oírlos, verlos, convivir con ellos, tampoco quiso saber de su suerte. Rompió toda comunicación con su patria, recreándose en la idea de encontrarla de nuevo un día, más o menos cambiada, pero la misma siempre. Y repasando en su memoria a sus compatriotas, es decir, a sus contertulios, se decía: ¿qué nuevo colmo habría inventado Romualdo? ¿Qué fantasía nueva el Patriarca? ¿Qué poesía festiva habrá leído Ortiz el día del cumpleaños de Henestrosa? ¿Qué mentira, más gorda que todas las anteriores, habrá llevado Manolito? Y así lo demás.

Vivió en América pensando siempre en la tertulia ausente, suspirando por ella, alimentando su deseo con la voluntaria ignorancia de la suerte que corriera. Y pasaron años y más años, y su tío no le dejaba volver. Y suspiraba silenciosa e íntimamente.. No logró hacerse allí una patria nueva, es decir, no encontró una nueva tertulia que le compensase de la otra. Y siguieron pasando años hasta que su tío se murió, dejándole la mayor parte de su cuantiosa fortuna y lo que valía más que ella, libertad de volverse a su patria, pues en aquellos veinte años no le permitió un solo viaje. Encontrose, pues, Redondo, libre, realizó su fortuna y henchido de ansias volvió a su tierra natal.

¡Con qué conmoción de las entrañas se dirigió por primera vez, al cabo de más de veinte años, a la rinconera del café de la Unión, a la izquierda del fondo, según se entra, donde estuvo su patria! Al entrar en el café el corazón le golpeaba el pecho, flaqueábanle las piernas. Los mozos o eran o se habían vuelto otros; ni les conoció ni le conocieron. El encargado del despacho era otro. Se acercó al grupo de la rinconera; ni Romualdo el de los colmos, ni el Patriarca, ni Henestrosa, ni Ortiz el poeta festivo, ni el embustero de Manolito, ni D. Moisés, ni… ¡ni uno solo siquiera de los desconocidos! Su patria se había hundido o se había trasladado a otro suelo. Y se sintió solo, desoladoramente solo, sin patria, sin hogar, sin consuelo de haber nacido. ¡Haber soñado y anhelado y suspirado más de veinte años en el destierro para esto! Volviose a casa, a un hogar frío de alquiler, sintiendo el peso de sus sesenta y ocho años, sintiéndose viejo. Por primera vez miró hacia adelante y sintió helársele el corazón al prever lo poco que le quedaba ya de vida.. ¡Y de qué vida! Y fue para él la noche de aquel día insomne, una noche trágica en que sintió silbar a sus oídos el viento del valle de Josafat.

Mas a los dos días, cabizbajo, alicaído de corazón, como sombra de amarilla hoja de otoño que arranca del árbol el cierzo, se acercó a la rinconera del café de la Unión y se sentó en la tercera de las mesitas de mármol, junto al suelo de la que fue su patria. Y prestó oído a lo que conversaban aquellos hombres nuevos, aquellos bárbaros invasores. Eran casi todos jóvenes; el que más, tendría cincuenta y tantos años.

De pronto uno de ellos exclamó: “Esto me recuerda uno de los colmos del gran D. Romualdo”. Al oírlo, Redondo, empujado por una fuerza íntima, se levantó, acercose al grupo y dijo:

-Dispensen, señores míos, la impertinencia de un desconocido, pero he oído a ustedes mentar el nombre de D. Romualdo el de los colmos, y deseo saber si se refieren a D. Romualdo Zabala, que fue mi mayor amigo de la niñez.

-El mismo -le contestaron.

-¿Y qué se hizo de él?

-Murió hace ya cuatro años.

-¿Conocieron ustedes a Ortiz, el poeta festivo?

-Pues no habíamos de conocerle, si era de esta tertulia.

-¿Y él?

-Murió también.

-¿Y el Patriarca?

-Se marchó y no ha vuelto a saberse de él cosa alguna.

-¿Y Henestrosa?

-Murió.

-¿Y D. Moisés?

-No sale ya de casa; ¡está paralítico!

-¿Y Manolito el embustero?

-Murió también…

Murió… murió… se marchó y no se sabe de él… está en casa paralítico… y yo vivo todavía… ¡Dios mío! ¡Dios mío! -y se sentó entre ellos llorando.

Hubo un trágico silencio, que rompió uno de los nuevos contertulios, de los invasores, preguntándole:

-Y usted, señor nuestro, ¿se puede saber…?

-Yo soy Redondo…

-¡Redondo! -exclamaron casi todos a coro-. ¿El que se fue a América arruinado por su banquero? ¿Redondo, de quien no volvió a saberse nada? ¿Redondo, que llamaba a esta tertulia su patria? ¿Redondo, que era la alegría de los banquetes’ ¿Redondo, el que cocinaba, el que tocaba la guitarra, el especialista en contar cuentos verdes?

El pobre Redondo levantó la cabeza, miró en derredor, se le resucitaron los ojos, empezó a vislumbrar que la patria renacía, y con lágrimas aún, pero con otras lágrimas, exclamó:

-¡Sí, él mismo, él mismo Redondo!

Le rodearon, le aclamaron, le nombraron padre de la patria, y sintió entrar en su corazón desfallecido los ímpetus de aquellas sangres juveniles. Él, el viejo, invadía, a su vez, a los invasores.

Y siguió asistiendo a la tertulia, y se persuadió de que era la misma, exactamente la misma, y que aún vivían en ella, con los recuerdos, los espíritus de sus fundadores. Y Redondo fue la conciencia histórica de la patria. Cuando decía: “Esto me recuerda un colmo de nuestro gran Romualdo…”, todos a una: “¡Venga! ¡Venga”. Otras veces: “Ortiz, con su habitual gracejo, decía una vez…”. Otras veces: “Para mentira, aquella de Manolito”. Y todo era celebradísimo.

Y aprendió a conocer a los nuevos contertulios y a quererlos. Y cuando él, Redondo, colocaba algunos de los cuentos verdes de su repertorio, sentíase reverdecer, y cocinó en el primer banquete, y tocó, a sus sesenta y nueve años, la guitarra, y cantó. Y fue un canto a la patria eterna, eternamente renovada.

A uno de los nuevos contertulios, a Ramonete, que podría ser casi su nieto, cobró singular afecto Redondo. Y se sentaba junto a él, y le daba golpecitos en la rodilla, y celebraba sus ocurrencias. Y solía decirle: “¡Tú, tú eres, Ramonete, el principal ornato de la patria!” Porque tuteaba a todos. Y como el bolsillo de Redondo estaba abierto para todos los compatriotas, los contertulios, a él acudió Ramonete en no pocas apreturas.

Ingresó en la tertulia un nuevo parroquiano, sobrino de uno de los habituales, un mozalbete decidor y algo indiscreto, pero bueno y noble; mas al viejo Redondo le desplació aquel ingreso; la patria debía estar cerrada. Y le llamaba, cuando él no le oyera, el Intruso. Y no ocultaba su recelo al intruso, que en cambio veneraba, como a un patriarca, al viejo Redondo.

Un día faltó Ramonete, y Redondo inquieto como ante una falta preguntó por él. Dijéronle que estaba malo. A los dos días, que había muerto. Y Redondo le lloró; le lloró tanto como habría llorado a un nieto. Y llamando al Intruso, le hizo sentar a su lado y le dijo:

-Mira, Pepe, yo, cuando ingresaste en esta tertulia, en esta patria, te llamé el Intruso, pareciéndome tu entrada una intrusión, algo que alteraba la armonía. No comprendí que venías a sustituir al pobre Ramonete, que antes que uno muera y no después nace muchas veces el que ha de hacer sus veces; que no vienen unos a llenar el hueco de otros, sino que nacen unos para echar a los otros. Y que hace tiempo nació y vive el que haya de llenar mi puesto. Ven acá, siéntate a mi lado; nosotros dos somos el principio y el fin de la patria.

Todos aclamaron a Redondo.

Un día prepararon, como hacían tres o cuatro veces al año, una comida en común, un ágape, como le llamaban. Presidía Redondo, que había preparado uno de los platos en que era especialista. La fiesta fue singularmente animada, y durante ella se citaron colmos del gran Romualdo, se dedicó un recuerdo a Ramonete. Cuando al cabo fueron a despertar a Redondo, que parecía haber caído presa del sueño -como que le ocurría a menudo-, encontráronle muerto. Murió en su patria, en fiesta patriótica…

Su fortuna se la legó a la tertulia, repartiéndola entre los contertulios todos, con la obligación de celebrar un cierto número de banquetes al año y rogando se dedicara un recuerdo a los gloriosos fundadores de la patria. En el testamento ológrafo, curiosísimo documento, acababa diciendo: “Y despido a los que me han hecho viviera la vida, emplazándoles para la patria celestial, donde en un rincón del café de la Gloria, según se entra a mano izquierda, les espero”.

FIN


Biblioteca Digital Ciudad Seva

Plegaria al sol



¡Oh, sol, eterna luminaria,
riente en el nido y el portal
de los palacios, incendiaria
chispa que fulges inmortal!;

¡oh, tú el del fuego innumerable,
que brillas en el universo
y traspasas la sombra insalvable
dando luz al cautivo allí inmerso!;

que bendices, fecundas y puedes
despertar al arbusto dormido;
que de lo alto, en redes de oro,
tienes los mundos suspendidos.

Tu esplendor dulce y bienhechor
crea calor, dilata el día;
pero no tiene, yo diría,

la fuerza de un rayo de amor.

Ramón Emeterio Betances

Poemas para a Palestina

Ocuparam minha pátria
Expulsaram o meu povo Anularam minha identidade
E me chamaram de terrorista Confiscaram minha propriedade Arrancaram meu pomar Demoliram minha casa E me chamaram de terrorista Legislaram leis fascistas Praticaram odiada apartheid Destruíram Dividiram Humilharam
E me chamaram de terrorista
Assassinaram minhas alegrias
Sequestraram minhas esperanças
Algemaram meus sonhos Quando recusei todas as barbáries Eles...mataram um terrorista


Mahmud Darwish
Enquanto a "pedalada" da Dilma foi adiantando créditos de bancos públicos para pagar direitos sociais, os quais foram devidamente devolvidos, as tais "pedaladas" do Richa e do Fruet são com a apropriação dos recursos previdenciários dos trabalhadores, sem qualquer previsão de devolução. São coisas diferentes, enquanto o governo federal assume sua responsabilidade social ao bancar o risco com suas pedaladas, os nossos governos estadual e municipal demonstram toda sua irresponsabilidade com o futuro de milhares de famílias.
Esses fundos não vão aguentar. Deixar de contribuir hoje, como faz o Fruet, ou sacar recursos, como fez o Richa, é uma tremenda sacanagem e um verdadeiro crime contra a população, porque seremos nós que teremos que pagar essa conta daqui a alguns anos.



 André Castelo Branco Machado via Sismuc Sindicato

RESUMO DA REUNIÃO

Ontem, dia 10 de dezembro, foi realizada uma reunião do Comitê Distrital do PCdoB, na região central de São Paulo, para a discussão da conjuntura nacional. Conforme o camarada Nivaldo Santana, vivemos numa situação internacional adversa, com a grave recessão iniciada nos Estados Unidos em 2007, que posteriormente atingiu a Europa e a América Latina. Nesse contexto de crise econômica, que se traduz no crescimento dos índices de inflação e desemprego (apenas no Brasil, foram cortadas 500 mil vagas na construção civil, fato verificado também em outros setores de nossa economia), ocorre também o desgaste dos governos progressistas, que causou a derrota da esquerda na Argentina, na Venezuela e a escalada golpista no Brasil.

O risco de golpe de estado em nosso país é fortalecido pela hegemonia da direita no Congresso Nacional, no Judiciário, pela campanha difamatória diária dos meios de comunicação contra Dilma, Lula e o PT e pelo crescimento da extrema-direita, que fará nova manifestação pró-impeachment no dia 13 de dezembro, mesma data da implantação do AI-5, durante a ditadura militar. A maioria dos empresários brasileiros, hoje, é favorável ao golpe de estado, assim como boa parte da população brasileira, afetada pela crise econômica e desinformada pela mídia.

Os próprios governos de Lula e Dilma colaboraram, indiretamente, para o desenrolar da crise (esta observação é minha, não do camarada Nivaldo), por não conscientizar politicamente os trabalhadores e a juventude nos últimos 13 anos, não investir na organização popular e não regulamentar a mídia, por acreditar, ingenuamente, que ganhar o governo federal significaria conquistar o poder. O Executivo é apenas parte do aparelho de estado e a burguesia conseguiu fazer o cerco ao governo federal a partir das demais instituições, não hegemonizadas pelo PT, como o Ministério Público, a Polícia Federal, o STF etc., que traduzem, dentro do aparelho de estado, os interesses da grande burguesia. O governo Dilma encontra-se fragilizado (aqui, novamente, a interpretação é minha) por ter minoria no Congresso Nacional, mas também por adotar uma política econômica profundamente equivocada, frustrar anseios de mudança e não conseguir dialogar com a sociedade.

A crise é muito grave sim e o seu desfecho é imprevisível. Qualquer aposta hoje seria aposta de alto risco. Uma eventual vitória dos golpistas significaria uma derrota histórica para a classe trabalhadora brasileira e um retrocesso nas conquistas obtidas pela sociedade brasileira nas últimas três décadas de democracia, sobretudo para os mais pobres, as mulheres, os jovens, os negros e os homoafetivos, cujos direitos já são atacados hoje pelas bancadas da bala, do boi e da bíblia no Congresso Nacional.

A vitória dos golpistas no Brasil teria profunda repercussão internacional, sobretudo na América Latina, ameaçando os governos progressistas da região e isolando novamente Cuba. Seria a derrota do MERCOSUL, da Unasul, da Celac e o retorno da OEA (onde os Estados Unidos têm direito de voto e de veto) e fortalecimento da Aliança para o Pacífico, nova versão da ALCA. As empresas públicas brasileiras, a começar pela Petrobrás e Banco do Brasil, seriam privatizadas a troco de banana e a legislação trabalhista, “flexibilizada”, para favorecer ao máximo o lucro dos patrões. Programas sociais como ProUni, FIES, Bolsa Família, Minha Casa Minha Vida etc. seriam extintos, com previsível escalada de violência da Polícia Militar contra eventuais protestos.

O Brasil se afastaria dos BRICs e da Autoridade Nacional Palestina para cair nos braços dos Estados Unidos e de Israel, alterando a correlação de forças no mundo. Enfim, a situação é gravíssima e não diz respeito apenas ao Brasil, mas às forças progressistas em todo o mundo. O que podemos fazer, nesta situação adversa? Os camaradas presentes na reunião concordam que é preciso investir em todas as frentes – no Congresso Nacional, onde o PCdoB e Jandira Feghali fazem a diferença, no STF e sobretudo nas ruas, nos atos organizados pela Frente Brasil Popular e Frente Brasil sem Medo. Nosso partido jogará toda a sua força para fazermos grandes manifestações no dia 16, em todo o país, contra o golpe de estado e em defesa da democracia. Em tempo: quando for conversar com os seus amigos sobre a crise, não fale apenas da defesa da democracia, que para muita gente é uma coisa abstrata, mas sobretudo da defesa dos programas sociais implementados por Lula e Dilma, ameaçados pelos golpistas.

Claudio Daniel 

terça-feira, 8 de dezembro de 2015

REFLEXÕES NA MADRUGADA INSONE



"Sempre tive ciência da absoluta desconfiança da senhora
e do seu entorno em relação a mim e ao PMDB", escreveu Michel Temer na carta à Dilma, revelada pelo craque Jorge Bastos Moreno. E eram confiáveis o vice e seu partido? A carta repleta de mágoas me causou algumas impressões:
1) Temer escancarou a importância da distribuição de cargos nesse já carcomido sistema de presidencialismo de coalizão. Há pelo menos três parágrafos com referências a nomeações e distribuição de emendas. Tenho a impressão de que já fomos mais discretos (ou cinicos).
2) O vice ameaça Dilma, apresentando-se como o nome capaz de unificar o país, já que seria o único a dialogar com a oposição. Não é à toa que ele cita DEM, PSB e PV, legendas com colorações ideológicas variadas. Temer se coloca como herói do impeachment, para aglutinar o apoio de quem se sente desconfortável com as manobras de Eduardo Cunha. Vai ser difícil acreditar na imagem legalista que o vice gosta de exibir publicamente.
3) Se há cinco anos o vice se sente desrespeitado pela presidente, por que aceitou encabeçar com ela a chapa da reeleição? E, tendo feito, esperou pela mais grave crise institucional para desembarcar do governo e despejar suas mágoas. Claramente, o vice abraça a possibilidade de assumir a Presidência. Sublinha, inclusive, seu programa econômico, que sugere ter respaldo da sociedade.
3) Vejo, nas entrelinhas, uma velha estratégia masculina de
inverter culpa e sugerir que foi "obrigado a trair". (Esta é uma observação de gênero. Muitos não entenderão.)
4) Por fim, como se diz nos procedimentos de emergência da aviação: "Em caso de despressurização, máscaras cairão"... No Brasil, agora, está tudo às claras, sem máscaras. É questão de escolher o lado.


Flavia Oliveira é jornalista de O Globo
Minha hipótese para as causas das instabilidade em que vivemos, desde os tempos do mensalão, é a seguinte: o principal partido brasileiro, o PT, opera segundo uma lógica majoritária (culto ao lulismo, necessidade psíquica de uma "polarização imaginária" com PSDB; reivindicação de cabeça de chapa até em eleição para síndico de prédio; estabelecimento de agenda top down), enquanto o sistema político brasileiro gera uma pressão por uma lógica consensual. Quando as duas ondas não estão em sintonia, aparecem as crises, que não são infrequentes. FHC, por incrível que pareça, operava bem no modelo consociativo daí que seu governo tenha sido mais estável, mesmo com políticas de governo menos progressistas e de menor apelo popular que o PT. Os próprios escândalos de corrupção já são um sintoma dessa dissonância.

Sérgio Braga
Nenhuma novidade e todos sabiam disto. Temer e partes fisiológicas do PMDB sempre foram o que são - traíras, perguntai ao falecido Ulysses Guimarães e todos sempre conviveram com isto porque não havia outra opção. Entraram na vice do PT para se tentar evitar que fossem para o condomínio da direita do PSDB. O PT sozinho nunca teve parlamentares suficientes para governar o Brasil, mas conseguiu grandes avanços sociais possíveis e conseguiu evitar um governo entreguista do PSDB nos últimos 13 anos. A extrema esquerda e outras virtualidades delirantes da política, tipo junho de 2013, especializados em criticar 24 h por dia o único governo real e existente da esquerda competitiva, juntaram-se ao condomínio da direita no assalto ao poder, sem votos populares presidenciais e apostando sempre na teoria do caos. Dilma, o campo progressista dos partidos, inclusive setores do PMDB e dos movimentos sociais, com suas suas entidades, podem reunir força política para evitar o indesejado Desgoverno Temer-Cunha, logo Só-de-Cunha, o sonho de consumo de muitos ex-petistas raivosos, desde que não conseguiram espaços-cargos no passado, até os mesmos fascistas de plantão urubólogos. Boa parte da classe dominante brasileira apresenta uma grande composição desejosa do atraso e do golpe, chegar ao poder sem votos populares. Quem sofreria e pagaria o preço do grande retrocesso seria o povo brasileiro mais carente e vulnerável.

Ricardo Costa de Oliveira
Abrindo a temporada de retrospectivas, seguem as duas maiores besteiras políticas que ouvi no ano: a) a Venezuela é uma "ditadura bolivariana" e, se a oposição ganhar, haverá uma guerra civi pois o chavistas não deixarão a oposição tomar possel; b) Cunha será preso por "corrupção" e não comandará o processo de impeachment pois a classe média brasileira é "ética" e não deixará isso ocorrer. Prevejo que a terceira será: c) se o impeachment ocorrer não será tão ruim para o PT porque Lula voltará em 2018, e não sofrerá o desgaste provocado pela crise econômica. Não me surpreende que Ciro Gomes tenha virado o novo guru "das esquerda"....O papel aceita tudo, faço votos para que todos passem o Natal soltos ou em liberdade condicional.



 Sérgio Braga

domingo, 6 de dezembro de 2015

A Dilma pode até seguir tentando um acordo possível com o Michel Temer. Pode até pagar o preço alto exigido pelo seu vice, que trama pelas suas costas a sua deposição, mas o fim será o mesmo: um impeachment, mais cedo ou mais tarde, motivado pela baixa popularidade da presidente, ou um governo e um partido em frangalhos em 2018. Não vai haver "Lula salvador" capaz de reverter esse processo, pois o Temer vai exigir que ela governe ainda mais de joelhos, contra a sua base social, e alimente uma base aliada fisiológica e corrupta. Na aparência, o acordo com o PMDB/PP é a única saída da Dilma, pois, do contrário, ela pode ter a minoria no congresso e periga perder seu mandato já no início de 2016. Mas, na realidade, a chave para essa situação não se encontra nos corredores do congresso, mas nas ruas. A Dilma precisa reconquistar seu eleitorado, a maioria do país que a elegeu e que pode dar sustentação ao seu mandato, obrigando os parlamentares a recuarem no golpe em curso. Para isso, vai precisar ser mais "coração valente" do que a "gerentona" de uma empresa em falência e que joga o custo da crise no colo de seus trabalhadores. A Dilma vai precisar falar a mesma língua do povo, mudar sua política econômica e voltar a dar argumentos para a população defender o seu mandato.

André Castelo Branco Machado


Quem vai sair de casa para reivindicar

Ricardo Costa de Oliveira__________ Quem vai sair de casa para reivindicar o PMDB, com grupos extremamente corruptos e fisiológicos no poder ? Quem quer o "Temer Já" e o "Eduardo Cunha Já" na presidência sem votos diretos ? Está claro para todos que boa parte da crise foi produzida e narrada pela direita. Boa parte da crise foi provocada pela mídia PIG, oposição legislativa irresponsável-pauta-bomba, Eduardo Cunha e Vaza Jato. Se fizerem a pergunta sobre os eleitores estarem insatisfeitos com Dilma a resposta é uma. Se perguntarem se os eleitores querem ser governados pelo Temer ou pelo Eduardo Cunha, sem os votos populares presidenciais, a resposta é outra. Quase todas as denúncias de corrupção são de atores do segundo escalão na Petrobras, empreiteiras, bancos BTG Pactual já instalados no poder corrupto desde o governo do PSDB. Se o Eduardo Cunha derrubar Dilma, ele depois derruba Temer e vai derrubar os líderes do PSDB com total facilidade porque Cunha não precisará mais de títeres para governar. As pautas fundamentalistas e atrasadas contra trabalhadores, contra a educação, movimentos sociais, mulheres, jovens, LGBT, a redução da maioridade penal, a liberação das armas, a precarização e terceirização do trabalho, o distritão, as manobras eleitorais financiadas pelos grandes capitais voltam com Cunha e cúmplices no poder.

Mauro Costa de Oliveira ____________A aliança eleitoral do PT com o PMDB foi feita para garantir a governabilidade. Os peemedebistas só estão interessados em cargos e em negociatas, aliás como fazem desde a redemocratização em 1985. Não há nenhuma afinidade política ou ideológica. Fica então pergunta, se na primeira oportunidade a máscara cai e eles querem derrubar o governo de forma golpista, de que adiantou todo o desgaste desta aliança esdrúxula e nefasta?

Célio Gallotti Guimarães________ Já está mais do que na hora de haver um pacto político pela manutenção do estado de direito. O estado de direito já foi maculado por setores do legislativo. Porém, estou muito pessimista. É alta possibilidade do  vice poder virar presidente . Acredito que este fato deva assustar a qualquer pessoa , com o mínimo de conhecimento da história de nossas instituições.


Paulo Baía____________ Michel Temer disse, sobre o processo de impedimento, que espera que ao final, independentemente do resultado, o Brasil saia unido e volte a crescer. Michel Temer não será orientador da defesa da Presidente, nem comandante do processo de impedimento. Michel é Professor e Doutor em Direito Constitucional. É um defensor da Lei e da Constitucionalidade. Ninguém espere dele posição fora da legalidade e da constitucionalidade.
Assistimos a uma tragédia iniciada há 500 anos, a explicar como um país destinado a ser paraíso foi condenado ao inferno por sua elite.
Em qual país dito democrático o destino do governo e do seu partido fica sujeito à chantagem do presidente da Câmara dos Deputados, disposto a vender caro a sua pele de infrator?
Somos espectadores de um enredo assustador, a negar a democracia que acreditamos viver, mas nem todos entendem que o espetáculo é trágico.


(Mino Carta)

La dominación masculina

PIERRE BOURDIEU. 


Enlace: http://www.ocacchile.org/…/Pierre-Bourdeu-La-dominaci%C3%B3…


Las estructuras de dominación […] son el producto de un trabajo continuado (histórico por tanto) de reproducción al que contribuyen unos agentes singulares (entre los que están los hombres, con unas armas como la violencia física y la violencia simbólica) y unas instituciones: Familia, Iglesia, Escuela, Estado.
Los dominados aplican a las relaciones de dominación unas categorías construidas desde el punto de vista de los dominadores, haciéndolas aparecer de ese modo como naturales.


sábado, 5 de dezembro de 2015

Lineup, a poem by Yossi Sarid, 1940-2015



I went to a famous man’s funeral.
I didn’t recognize the young people because of their youth
and I didn’t recognize the old people because they had aged.
If there were a police lineup for me today,
I’d have a hard time identifying myself.
They’d need to have photos of me
that were posted up
at all the stations of my life
in the days when I was wanted.


Translated from Hebrew by Vivian Eden, from “Shirim Aharei” (“Poems After”), Even Hoshen 2010.



Saladino e os Assassinos



Os Assassinos foram uma seita xiita que se estabeleceu na Pérsia e na Síria,entre os séculos XI e XIII, e constituíram, no universo social e religioso islâmico daquele momento, comunidades consideradas heréticas e extremistas pela maioria moderada do Islã sunita. Seus seguidores faziam parte da “Nova Pregação” da facção ismaelita do xiismo. A cisão ismaelita surgiu em 765, quando Ismail, filho do sexto imã Jafar al-Sadiq, foi deserdado por seu temperamento extremista. O grupo que o seguiu ficou conhecido como ismaelita. Formaram uma facção secreta, ativa, coesa e organizada que, no século X, converteu a dinastia dos árabes fatímidas, (futuros) governantes do Egito, à sua fé. No entanto, a institucionalização do califado fatímida no governo do Egito levouo à moderação e forçou-lhe a adotar uma atitude de tolerância; por essa razão,uma cisão ocorreu entre os ismaelitas. Os insatisfeitos, liderado por Hasan ibnSabah, migraram para a Pérsia, onde seu movimento da Nova Pregação floresceu a partir da fortaleza de Alamut – surgiu assim a seita dos Assassinos.O imaginário que se criou em torno dessa seita era o de fanáticos hereges,que obedeciam cegamente seu líder, dando-lhe o poder sobre suas vidas e mortes. Pretendiam restaurar a pureza da comunidade islâmica, não poupando meios paraisso. Começaram então a prática pela qual ficariam conhecidos: a de atentados contra a vida de lideranças políticas hostis. Sua primeira vítima fora o vizir persa Nizam al-Mulk. Fontes ocidentais e orientais, segundo Lewis 66, apontam para os mesmos elementos na descrição dos Assassinos. Alguns membros eram tidos pelo chefe como “eleitos” para o sagrado martírio, sendo o Paraíso a recompensapor sua missão. Em rituais secretos, o chefe oferecia aos emissários assassinos uma poção que lhes anteciparia as visões do Paraíso, através do efeito do haxixin (haxixe), de onde deriva o nome da seita – Assassinos – e o significado de“homicídio” que a palavra “assassinato” adquiriu nas línguas européias.

P66 Cf. LEWIS, B., Os Assassinos.

sexta-feira, 4 de dezembro de 2015

Foto de Lewis Hine Wickes (1874-1940), um sociólogo e fotógrafo norte-americano que usou sua câmera como instrumento de reforma social. Suas fotografias foram fundamentais para mudar as leis de trabalho infantil nos Estados Unidos.
Ya verán cómo este pequeño artefacto (el cinematógrafo) revolucionará la vida de los escritores. Es un ataque a los viejos métodos del arte literario. Serán necesarias nuevas formas de escribir. El cinematógrafo ha adivinado el misterio del movimiento”." 

(Leon Tolstói)

quinta-feira, 3 de dezembro de 2015



no brasil do século 21 (de 2015 para 2016) há muita dissolução de lama tóxica, porrada em secundarista (diga-se médio ensino), império de impeachement, contas na suíça e gestação com microcefalia. sem indignação seletiva, sim?

Adriana Zapparoli

Deus (ou minha consciência)


Deus (ou minha consciência) que me livre de um dia me julgar acima da crítica dos amigos. De achar que sou perfeito e que sempre estarei certo. Se isso acontecer terei sido vencido pelo maior de todos os meus inimigos - meu ego. Estarei cercado por oportunistas. Viverei uma vida inautêntica, de bajulações, chantagens, de vitórias sem mérito.   

A literatura hoje não passa de um hobbie meio arcaico: inútil, irrelevante, inofensivo. Como aeromodelismo, filatelia, bonsai... O que buscamos queimando as pestanas em tantos e tantos livros? Uma epifania, o santo graal, o paraíso perdido? Não sei. Eu pensei que era tudo (a revelação da máquina do mundo), hoje desconfio que é nada. Mas é um nada com cara de tudo. Há na saudade dessa aura algo da aura perdida, um vislumbre dos reflexos da idade do ouro... Não importa se é ou não irrelevante. De repente a única coisa importante na vida é a irrelevância. Pronto, confesso: sou irrelevante. E me regozijo nisso.

Will Coutinho Hamon
"O golpe não passará! Caros amigos e amigas, a situação do país é gravíssima com a ameaça de um golpe paraguaio no Brasil, via Legislativo. Dilma foi reeleita para governar até 2018. Este foi o resultado das urnas no qual o povo brasileiro manifestou por sua permanência. Não são pesquisas de empresas privadas ligadas à Globo e à Folha que têm legitimidade para dizer quem deve governar o país. Eduardo Cunha é um velho corrupto com uma longa ficha corrida de crimes e contas milionárias no exterior de dinheiro desviado. Ele não tem legitimidade para seguir presidindo a Câmara dos Deputados e só abriu o processo de impeachment contra Dilma para tirar o foco das atenções às investigações contra ele. É preciso mobilizar. A democracia brasileira está em risco. Todos os esforços concentrados para resistir a um golpe."

Do professor Thomas de Toledo



A batalha política mais que necessária e esperada. Apoiar Eduardo Cunha é apoiar tudo que existe de corrupção, mordomias e fisiologismos do poder legislativo. Os que querem o estilo Cunha na Presidência da República contra os que defendem Dilma, as eleições, a democracia, a legitimidade do voto e os avanços sociais. Façam suas escolhas. Quem quer ser governado por um Eduardo Cunha e companhias sem o respaldo do voto popular ? É o início do fim da crise econômica, que só começa a acabar com o fim da crise política. Dilma e a democracia vencem de novo.

Ricardo Costa de Oliveira

Ejercicio de artillería


Roberto Arlt

Esta historia debía llamarse no "Ejercicio de artillería", sino "Historia de Muza y los siete tenientes españoles", y yo, personalmente, la escuché en el mismo zoco de Larache, junto a la puerta de Ksaba, del lado donde terminan las encaladas arcadas que ocupan los mercaderes de Garb; y contaba esta historia un "zelje" que venía de Ouazan, mucho más abajo de Fez, donde ya pueden cazarse los corpulentos elefantes; y aunque, como digo, dicho "zelje" era de Ouazan, parecía muy interiorizado de los sucesos de Larache.

Este "zelje", es decir, este poeta ambulante, era un barbianazo manco, manco en hazañas de guerras, decía él; yo supongo que manco porque por ladrón le habrían cortado la mano en algún mercado. Se ataviaba con una chilaba gris, tan andrajosa, que hasta llegaba a inspirarles piedad a las miserables campesinas del aduar de Mhas Has. Le cubría la cabeza un rojo turbante (vaya a saber Alá dónde robado), y debía tener un hambre de siete mil diablos, porque cuando me vio aparecer con mis zapatos de suela de caucho y el aparato fotográfico colgando de la mano, me hizo una reverencia como jamás la habría recibido el Alto Comisionado de España en el protectorado; y en un español magníficamente estropeado, me propuso, en las barbas de todos aquellos truhanes que, sentados en cuclillas, le miraban hablar:

-Gran señor: ninguno de estos andrajosos merece escucharme. Dame una moneda de plata y te contaré una historia digna de tus educadas orejas, que no son estas orejas de asnos.

Y con su brazo mutilado señalaba las orejas sucias de los campesinos Yo esperaba que todos los tomates podridos que allí fermentaban por el suelo se estrellarían contra la cabeza del "zelje" de Ouazan; pero los andrajosos, que formaban un círculo en torno de él, se limitaron a reírse con gruesas carcajadas y a injuriarle alegremente en su lengua nativa; y entonces yo, sentándome en el mismo ruedo que formaban los hombres de la tribu de El-Tulat, le arrojé una moneda de plata, y el manco insigne descalzo y hediondo a leche agria, comenzó su relato, que yo pondré en asequible castellano.

En Larache, un camino asfaltado separa el cementerio judío del cementerio musulmán. El cementerio judío parece una cantera de tallados mármoles, y todos los días de la semana podréis encontrar allí mujeres desesperadas y hombres barbudos con la cabeza cubierta de ceniza, que lloran la cólera de Jehová sobre sus muertos.

El cementerio musulmán es alegre, en cambio, como un carmen; los naranjos crecen entre sus tumbas, y mujeres embozadas hasta los ojos, escoltadas por gigantescas negras, van a sentarse en un canto de la sepultura de sus muertos y mueven las manos mientras, compungidas, lloran a moco tendido.

El teniente Herminio Benegas venía a pasearse allí. Un inexperto observador hubiera supuesto que el teniente Benegas, al mirar el cementerio de la izquierda, quería conquistar a alguna bonita judía, o que, al mirar el cementerio de la derecha, pretendía enamorar a alguna musulmana emboscada en el misterio blanco de su manto. Pero no era así.

El teniente Herminio Benegas no estaba para pensar en judías ni en musulmanas. El teniente Benegas pensaba en Muza; en Muza, el usurero.

¡Pensaba en sus deudas!

Muza, el usurero, vivía en una finca que hay a la misma entrada de la puerta de Ksaba. Muza, el usurero, para contrarrestar el maravilloso tufo a queso podrido y a residuos que flotaba en el aire, tenía junto a la muralla dentada un jardín extendido apretado de limones, con "parterres" tupidos de claveles y rosales, que cinco esclavos del aduar de Mhas Has cuidaban diligentemente, mientras Muza, plácido como un santón, se mesaba la barba y miraba venir a sus clientes. Atendía a los desesperados entre capullos de rosas. Él no tenía escrúpulos en trabajar con corredores judíos. Muza se había especializado con los oficiales de la guarnición española. Cierto que a los oficiales les estaba terminantemente prohibido contraer deudas con prestamistas musulmanes, pues podían complicarse las cosas... Pero el teniente Herminio Benegas, una noche, contempló la verdosa muralla, almenada y triste, las campesinas dormidas junto a sus montones de leña seca, y, naturalmente, maldiciendo su destino, enfundado en un chilaba para cubrir las apariencias, fue y levantó el pesado aldabón de bronce que colgaba de la baja, sólida y claveteada puerta de la finca de Muza.

Siempre era a esa hora, cuando el cielo toma un matiz verdoso, que llegaban los clientes de Muza.

Tan advertido estaba su gigantesco portero -un eunuco tunecino negro y corpulento como un elefante-, que sin hablar, inclinándose humildemente, hacía pasar a la futura víctima de Muza hasta el jardín. El prestamista, bajo un arco lobulado con muescas de oro y filetes de lapislázuli, se levantaba, y besándose la punta de los dedos, acogía a su visitante con la más exquisita de las atenciones musulmanas. Haciendo sentar a su visitante en muelles cojines, le agasajaba, le acariciaba y le decía:

-Honras mi casa. Que Alá te cubra de prosperidad a ti y a tu noble familia. Hoy es un gran día para mí. ¿Cuánto necesitas? No te preocupes. Soy feliz al servirte.

Cuando Herminio Benegas respondió: "Cinco mil pesetas", Muza se lanzó a reír.

-¿Y por ese montoncito de leña seca te preocupas? Yo creía que era un incendio. ¡Nada más que cinco mil pesetas!... ¡Tú, un oficial español!... ¡Juro, por las barbas del Califa, que te llevarás diez mil pesetas de mi casa!... ¿No sabes que el Profeta ha dicho que las manos de los impíos están cerradas para la generosidad? Quiero que tu día de hoy sea hermoso y dulce. ¡Alí, Alí; tráele café a este hermoso oficial español!

Ciertamente que Benegas se llevó diez mil pesetas..., y firmó un recibo por quince mil.

-Tú no te preocupes -le había dicho Muza-. Seré contigo más bondadoso que tu padre y que tu madre, a quienes no tengo el honor de conocer.

Benegas volvió una vez, y luego otra y otra.

Un día, Muza se levantó adusto de sus cojines. Era la primera vez que Benegas veía de pie al prestamista. Muza era alto como una torre. Las barbas, que le llegaban hasta el ombligo, le daban el aspecto de un Goliath. El prestamista, tomándose con la mano un haz de estas barbas, dijo, al tiempo que se las retorcía con colérica frialdad:

-¿Qué te has creído? ¿Que yo asalto a los traficantes, como ese bandido de Raisuli? Te he tratado bondadosamente, como si fuera tu padre y tu madre. Y tú, ¿qué me has dado? ¡Papeles, papeles con tu firma!... ¡Me pagas, o iré a ver a tu coronel!...

Benegas pensó que podía embutir todas las balas de su revólver en la barriga de aquel monstruo, pero también pensó que podían fusilarlo. Y apretando los dientes, vencido, pidió:

-Dame tres días de plazo..., cuatro...

Muza se dejó caer sobre los cojines y respondió:

-Hasta el domingo estaré en mi finca de Guedina. El lunes, si no me has pagado, veré a tu coronel.

Y no terminó de pronunciar estas palabras, cuando frío, negro y exquisitamente homicida, el teniente vio aparecer a su lado al eunuco tunecino, que le acompañó hasta la puerta de calle, arqueando profundas zalemas.

El teniente Ruiz estaba quitándose las botas cuando Benegas entró a su cuarto. Ruiz se quedó con las manos olvidadas en los cordones de la bota al mirar el contraído semblante de Benegas:

-¿Qué te ha dicho Muza?

-El lunes verá al coronel.

Ruiz comenzó a quitarse las botas, y dijo:

-Mañana saldremos para los bosques de Rahel

-¿Rahel?

-Sí; hay que terminar los ejercicios de tiro en la parcela de Guedina.

Benegas se recostó en su cama. Estaba perdido si el prestamista veía al coronel. Y Muza no era hombre de andarse con bromas. Había metido en cintura a más de un bravucón de Larache. Se decía que una de sus hijas estaba en el harén del Califa.

¿Qué hacer?

Ruiz ya se había dormido. Benegas apagó la luz.

Por la ventana enrejada entraba una claridad festiva, reticulada. ¿Qué hacer? Benegas se levantó y abrió despacio la puerta. Allá, en el fondo del patio, se veía el escritorio del coronel, iluminado. Benegas se decidió. Cruzó el patio y se detuvo frente al cuerpo de edificio que ocupaba el coronel. Un centinela se cuadró frente a él. Benegas trepó unas escaleras y golpeó con los nudillos en una puerta.

Una voz ronca respondió:

-Adelante.

Benegas entró. Recostado en un sofá, con la chaqueta desprendida, el coronel Oyarzún parecía estudiar con la mirada las cotas de un mapa verde que estaba allí frente a sus ojos. Era un hombre pequeño, canijo, rechupado. Lo miró al teniente, y comprendió que el hombre iba en busca de auxilio: Entonces se incorporó y, ya sentado en el sofá, dijo:

-Pase teniente -le señaló una silla-. Siéntese.

Benegas obedeció. Tomó una silla y se sentó frente al coronel. Pero el coronel no parecía tener mucha voluntad de hablar. Callado, miraba tristemente el suelo. Y sin saber por qué, Benegas sintió lástima por aquel hombre flaco y canijo. ¿Sería verdad lo que se murmuraba: que el coronel se había aficionado al haschich? Cierto es que allí el haschich andaba en muchas manos...

-¿Qué le pasa?

Benegas comenzó a contar al coronel la historia de su enredo financiero con Muza. Por un instante pensó en contarle una mentira al coronel: que Muza le había pedido los planos de las baterías que defendían el valle Lukus; pero, rápidamente, comprendió que el coronel podía adivinar su mentira o tratar de aprovecharla. Mejor era decir la absoluta verdad.

El coronel, sentado en la orilla del sofá, le escuchaba, levantando de tanto en tanto sus grandes ojos pardos. Cuando Benegas terminó su relato, el coronel se puso de pie resueltamente. Tenía todo el aspecto de un mico triste. Benegas, rígidamente cuadrado, esperó su sentencia. El coronel encendió un cigarrillo, miró melancólicamente el mapa de las cotas, y dijo:

-Hay siete tenientes en este cuerpo en la misma situación que usted. ¡Esto es intolerable! Mañana salimos a cumplir ejercicios de batería en los bosques de Rahel. Guedina está atrás. No me causaría mucha gracia que cayera algún proyectil, por equivocación, sobre la finca de Muza..., aunque, en verdad, mucho no se perdería. Buenas noches, teniente.

Benegas, tieso, saludó. Había comprendido.

La parcela de Guedina se extendía por el valle, y allí, en su centro, se veía el castillete con sus torrecillas de piedra, perteneciente a Muza, el prestamista. Más allá se extendían las colinas pizarrosas, empenachadas de borbotones de verdura rojiza y verde, y allá lejos, en una loma, el lienzo de cielo estaba cortado por la línea azulenca de los bosques de Rahel.

Muza, sentado en el tondo de su parque, bajo las ramas de un naranjo con Aischa a su lado, probaba unas cortezas de limón confitado, que Aischa, soportando en un plato, le ofrecía, sonriendo, de rodillas.

Fue un silbo de pirotecnia; Muza miró, sorprendido, en rededor, cuando un obús estalló sobre la cresta del bosque.

Aischa, temblorosa, apretó contra él su juventud; pero Muza, espantado, se puso de pie, y no había terminado de hacerlo cuando un estampido más próximo levantó del suelo una columna de fuego y de tierra; y Aischa, desmayada de terror, cayó sobre el césped. Muza la miró un instante sin verla y echó a correr hacia adentro del parque.

Su terror no conocía límites porque era un hombre pacífico. Sabía que varias baterías estaban haciendo ejercicio de tiro más allá de la cortina azulenca del bosque de Rahel; pero de allí a...

Esta vez el impacto fue decisivo. El obús alcanzó el vértice de la torre de piedra, y la torre de piedra de su hermosa finca se levantó por los aires como si la hubiera arrancado una tromba por los cimientos; luego se desmoronó en una lluvia de cascotes, y un grupo de criadas, de mujeres sin velo, de esclavos, salió del pórtico principal chillando y arrastrando las criaturas consigo. Las mujeres entraron en el ala derecha del parque.

Otro estampido hizo temblar el suelo. Los muros de piedra del antiguo castillo, que había pertenecido al cheik de Rahel, se resquebrajaron; una teoría de columnitas, aventada al espacio por la explosión, fue a derramar sus tallos de mármol en un estanque; nuevamente una cortina de proyectiles barrió el suelo y los pocos lienzos de muralla que quedaban en pie bajo el sol de la tarde temblaron y cayeron.

Muza se dejó caer al suelo y comenzó a llorar. Comprendía. Los siete tenientes del cuerpo de artillería, los siete hombres que él había beneficiado con sus préstamos, bombardeaban deliberadamente su hermosa finca. No vacilaron en matarle a él, a sus nueve esposas, a sus diecisiete criados. Como en una pesadilla lo veía al maldito teniente Benegas, rodeado de sus soldados, incitándolos a concluir la obra destructora con un asalto a la bayoneta.

Las lágrimas corrían por el barbudo semblante del gigantesco Muza. Pero el fuego de las baterías parecía enconado rabiosamente sobre las ruinas; algunos proyectiles habían roto los caños del estanque; a cada explosión las piedras volaban entre espesas nubes de humo negro y polvo; por sobre el césped se podían ver los muebles destrozados por la explosión, los cojines despanzurrados. Cada proyectil arrancaba de la tierra surtidores de cascajos.

Muza, escondido ahora tras un árbol, miraba aterrorizado esta completa destrucción de sus bienes.

Evidentemente, los tenientes de artillería eran gente terrible.

Nuevamente le pareció al prestamista ver al teniente Benegas rodeado de soldados adustos, dispuestos a escarbarle en el vientre con la punta de sus bayonetas. Y el terror creció tanto en él, que de pronto se puso a gritar como un endemoniado, y ya no le bastó gritar, sino que con peligro de su propia vida corrió hacia las ruinas de la finca. Las mujeres del bosque le gritaban que se detuviera, que le iban a herir los cascos de los proyectiles que otra vez podían caer; pero Muza, sordo, desesperado, quería acogerse a sus bienes despedazados, y espoloneado por el furor que hacía girar el paisaje ante sus ojos como una atorbellinada pesadilla de piedra y de sol, dando grandes saltos se introdujo entre las ruinas; su cuerpo chocó pesadamente contra una muralla, la muralla osciló y los cuadrados bloques de granito se desmoronaron sobre su cabeza. Muza, el prestamista, dejó para siempre de facilitar dinero a los cristianos.

Veinticuatro horas después el coronel presentó un sumario al Alto Comisionado, y el Alto Comisionado se excusó ante el Califa:

-Ocurrió que durante la marcha el retículo de un telémetro se corrió en su visor a consecuencia de un golpe, lo que determinó un error de cálculo en el "reglage" del tiro. Era de felicitarse que la desgracia de Guedina no hubiera provocado más muertes que la de Muza, víctima no de los proyectiles, sino de su propia imprudencia.

El Califa, infinitamente comprensivo, sonrió levemente. Luego dijo:

-Me alegro de que el asunto no tenga mayor trascendencia, porque Muza no pertenecía a la comunidad marroquí, sino argelina.

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Biblioteca Digital Ciudad Seva

quarta-feira, 2 de dezembro de 2015

"Por coerência com os seus princípios e com o indicativo aprovado em encontro do Partido dos Trabalhadores de candidatura própria para 2016, ela deixa a SMTE após três anos no cargo." Trecho da nota oficial que informa a saída da vice-prefeita Miriam Gonçalves da Secretaria do Trabalho. É uma atitude pra lá de positiva, que reforça a decisão do PT de ter candidatura própria e a necessidade de romper o mais breve possível com a gestão Fruet. Há uma contradição flagrante entre a atitude da companheira Miriam e a nota do presidente do PT, que procura tirar a importância do encontro municipal petista de sábado.

Mas não nos incomodemos. A realidade vai se impor, já está se impondo. O desconforto inicial é o mesmo de assistir a um concerto de piano executado por um burocrata. Em vez de distinguir as teclas brancas e pretas e saber quando recorre a umas ou outras, o burocrata bate no teclado com a sua pasta cheia de ofícios e memorandos.

Roberto Elias Salomão

domingo, 29 de novembro de 2015

Ahora todo está claro



Mario Benedetti

Cuando el presidente Carter
Se preocupa tanto
De los derechos
Humanos
Parece evidente que en ese caso
Derecho
No significa facultad
O atributo
O libre albedrío
Sino diestro
O antizurdo
O flanco opuesto al corazón
Lado derecho en fin

En consecuencia,
¿No sería hora
De que iniciáramos
Una amplia campaña internacional
Por los izquierdos
Humanos?

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eu já gostei muito deste cara - lembro quando me fascinei com "a idade da razão", para o qual eu não tinha nem idade e nem razão, para ler - depois veio "a náusea", de camus (que depois perdeu a posição, dentre minhas leituras prediletas, para o monstro graciliano e seu "angústia" - aliás, meu prosador predileto, cá por estas terras); "o ser e o nada" teve uma primeira leitura um tanto atabalhoada por mim, mas, da segunda vez, foi bem mais claro. até arriscaria uma terceira leitura - só que estou me dedicando a outras praias. contudo, confesso que sartre ganhou uma perspectiva nova, depois que li a digníssima e fodástica simone de beauvoir.

William Teca via Colunas Tortas

sábado, 28 de novembro de 2015


Éramos jovens e desde 1978 Renato Russo já narrou a sujeira do Senado, quando não sujeira, mas o se cheira pra todo lado. Vaza-Jato derrubou Delcídio, um típico político negocial de Brasília, que fez carreira e foi ligado ao PSDB, como quase todos os denunciados do esquema das atividades gerenciais na Petrobras, atuantes desde a época do Fernando Henrique e do PSDB. Quando o vento mudou Delcídio passou para o PT, para continuar operando. Mais um vazamento constrange o STF e a resposta é rápida com as prisões. Melhor para o governo e para o PT do que um longo processo e uma longa sangria política desatada pelas denúncias contra Delcídio, que se junta a muitos outros Demóstenes da vida, moralistas sem moral. A prisão do banqueiro André Esteves, dono do BTG Pactual, preocupa muito a oposição de direita. Se as mesmas regras fossem aplicadas o PSDB, amigo íntimo do BTG Pactual, financiador e presente nos casamentos, viagens e helicópteros da cúpula tucana, íntimo de Aécio, Beto Richa e muitos outros parlamentares, que temem o mesmo destino de Delcídio, se as mínimas regras de isonomia fossem aplicadas para todos políticos do PSDB. Se o PT foi atingido e beneficiado com a rápida queda de Delcídio, o PSDB tem muito mais a perder a médio prazo se puxarem os fios da meada do BTG e de Delcídio. José Serra também foi citado nas devagrações, o empresário Gregório Marin Preciado é a pessoa relacionada com o lobista e delator Fernando Baiano. Preciado é casado com uma prima do senador tucano José Serra. A coisa vai longe.

Ricardo Costa de Oliveira