sexta-feira, 10 de janeiro de 2014

Una cena de Nochebuena


Guy de Maupassant

No sé exactamente el año. Llevaba todo un mes cazando por aquellos lugares con un brío impetuoso y una alegría salvaje, con ese ardor que se tiene para las pasiones nuevas. Me hallaba en Normandía, en casa de un pariente soltero, Jules de Banneville; y éramos solamente nosotros dos, una doncella, un doméstico y el guarda del castillo señorial. Este castillo, viejo edificio grisáceo rodeado de pinos, en cuyo interior había unas largas avenidas de castaños azotados por el viento, parecía abandonado desde hacía siglos. Un mobiliario antiguo era lo único que contenían aquellos salones siempre cerrados, donde antaño unos personajes, cuyos retratos se veían colgados en un corredor tan desapacible como las avenidas, recibían ceremoniosamente a los nobles vecinos.

Pero nosotros nos habíamos refugiado en la cocina, único rincón habitable de la mansión, una inmensa cocina, cuyas paredes, perdidas en las tinieblas, se iluminaban cuando se arrojaba un nuevo haz de leña en la amplia chimenea. Todas las noches, después de despabilar una dulce modorra ante el fuego, y una vez que de nuestras botas se había evaporado la humedad, subíamos a nuestra habitación, mientras que los podencos, allí mismo, como sonámbulos, soñando escenas de caza, lanzaban ladridos amortiguados.

La habitación era la única pieza del castillo que se había techado y enyesado completamente, a causa de los ratones. Pero la habían dejado sin muebles, blanqueada de cal, y, en las paredes, solamente colgaban unas escopetas, varios látigos y algunos cuernos de caza. Colocadas en los dos rincones de esta choza siberiana había dos camas, en las cuales nos deslizábamos tiritando.

Frente al castillo, a una legua de distancia, el acantilado caía a pico sobre el mar; y, noche y día, los poderosos vientos del océano arrancaban suspiros de los recios árboles encorvados, gemidos al techo y a las veletas, y hacían rechinar todo el venerable edificio, invadido por el viento que entraba por entre sus tejas sueltas, sus chimeneas grandes como abismos y sus ventanas, que no cerraban ya.

* * *

Aquel día había helado de una manera horrible. Al llegar la noche nos sentamos a la mesa, ante el gran fuego de la alta chimenea, donde asaban un lomo de liebre y dos perdices, que olían muy bien. Mi primo levantó la cabeza, y dijo:

-No hará calor cuando nos acostemos.

Indiferente, repliqué:

-No, pero tendremos patos en los estanques mañana por la mañana.

La sirvienta, que ponía nuestros cubiertos en un extremo de la mesa y los de los domésticos en el otro, preguntó:

-¿Saben los señores que esta noche es Nochebuena?

Seguramente no nos habíamos enterado, pues apenas mirábamos el calendario. Mi compañero contestó:

-Entonces esta noche es la misa del gallo. ¡Y por eso las campanas han estado sonando todo el día!

La sirvienta replicó:

-Sí y no, señor; también han tocado porque ha muerto Fournel padre.

Fournel padre, anciano pastor, era una celebridad del país. Tenía ochenta y seis años de edad, y nunca había estado enfermo hasta el momento en que, un mes antes, había cogido un frío al caerse dentro de una charca en una noche oscura. Al día siguiente se había quedado en cama, y desde entonces estaba agonizando. Mi primo se volvió hacia mí:

-Si quieres -dijo-, iremos dentro de un rato a ver a esas pobres gentes.

Quería hablar de la familia del viejo, de su nieto. que tenía cincuenta y ocho años de edad, y de su nieta política, que era un año más joven. La generación intermedia no existía ya desde hacía mucho tiempo. Vivían en un miserable chamizo, a la entrada de la aldea, a la derecha. Pero no sé por qué esta idea de la Nochebuena, en medio de nuestra soledad, nos dio ganas de charlar. A solas los dos, nos contábamos antiguas historias de Nochebuena, aventuras de esta noche loca, los pasados lances amorosos y los despertares del día siguiente, acompañados de otra persona, con sus sorpresas imprevistas, y el asombro de los descubrimientos.

De esta manera, nuestra cena duró mucho tiempo, fumando numerosas pipas; y embriagados por esas alegrías de los solitarios, alegrías contagiosas que nacen de repente entre dos amigos íntimos, hablamos sin parar, rebuscando en nuestros propios casos para comunicarnos esos recuerdos confidenciales del corazón que se escapan en las horas de efusión.

La doncella, que se había ido un buen rato antes, volvió:

-Voy a la misa, señor.

-¡Ya!

-Son las once y cuarto.

-¿Y si fuésemos también a la iglesia? -me preguntó Jules-; esta misa de Nochebuena es muy curiosa en el campo.

Acepté, y nos fuimos, envueltos en nuestras pieles de caza. Un filo agudo pinchaba el rostro y hacía saltar las lágrimas en los ojos. El aire crudo entraba de golpe en los pulmones y secaba la garganta. El cielo profundo, limpio y duro, estaba tachonado de estrellas, que parecían pálidas por la helada; brillaban no como si fuesen unos astros de fuego, sino de cristal, como unas cristalizaciones brillantes. A lo lejos, sobre la tierra de acero, seca y retumbante, resonaban los chanclos de los campesinos; y por todo el horizonte, las campanitas de los pueblos tañían, lanzaban sus sones penetrantes, como friolentos también, en la vasta noche helada.

En el campo no dormía nada. Los gallos, engañados por esos ruidos, cantaban; y cuando se pasaba por delante de los establos, se sentía rebullir a los animales, turbados por esos rumores de vida. Al aproximarse a la aldea, Jules se acordó de repente de los Fournel.

-¡Aquí está su choza! -dijo-. ¡Entremos!

Aporreó largo tiempo en vano. Entonces una vecina, que salía de casa para ir a la iglesia, al vernos, dijo:

-Están en misa, señores; han ido a rezar por el padre.

-Los veremos al salir -dijo mi primo.

La luna, en su ocaso, perfilaba a ras del horizonte su forma de hoz en medio de una siembra infinita de granos de luz, arrojados a puñados en el espacio. Y por la campiña negra, unas lucecitas temblorosas se encaminaban desde todas las partes hacia el puntiagudo campanario, que repicaba sin descanso. Entre los patios de las granjas, salpicadas de árboles, en medio de las llanuras sombrías, esas lucecitas daban pequeños saltos, a medio metro del suelo. Eran farolillos de cuerno que llevaban los campesinos para alumbrarse en la noche, caminando delante de sus mujeres, tocadas con un gorro blanco y envueltas en largos mantos negros, y seguidas de rapazuelos medio dormidos y cogidos de la mano.

Por la puerta abierta de la iglesia se divisaba el coro iluminado. Una guirnalda de velas de sebo, de las más baratas, daba una vuelta completa alrededor de la nave de la iglesia; y en el suelo, en una capilla, a la izquierda, un gran niño Jesús, sobre paja verdadera, en medio de ramas de abeto, enseñaba su desnudez sonrosada y amanerada.

La misa había comenzado. Los hombres, agachados, y las mujeres, de rodillas, rezaban. Estas gentes sencillas, reanimadas por la noche fría, contemplaban muy conmovidas la imagen torpemente pintada, y juntaban las manos tan cándidamente convencidas como intimidadas por el humilde esplendor de esta representación pueril. El aire helado hacía palpitar las llamas. Jules me dijo:

-¡Salgamos, se está mejor fuera!

Y por el camino abierto, mientras que los toscos campesinos se prosternaban y tiritaban de frío devotamente, nos pusimos a charlar otra vez de nuestros recuerdos, y durante tan largo rato, que había terminado la misa cuando llegábamos a la aldea.

Un hilo de luz se veía bajo la puerta de los Fournel.

-Velan al muerto -dijo mi primo-. Entremos en casa de esta pobre gente, eso les agradará.

Agonizaban unos tizones en la chimenea. La pieza, negra, cubierta de un barniz de suciedad y con sus vigas carcomidas y ennegrecidas por el tiempo, estaba llena de un olor sofocante a morcillas asadas en una parrilla. En el centro de la gran mesa, debajo de la cual el arcón del pan alzaba su tapa abombada como un vientre, una vela, en una palmatoria de hierro retorcido, desenroscaba hasta el techo el humo acre de su pabilo. Y los dos Fournel, el marido y la esposa, cenaban a solas.

Taciturnos, con un aire afligido y sus caras de campesinos embrutecidos, comían gravemente sin decir una palabra. En un solo plato, colocado entre los dos, un gran trozo de morcilla despedía un olor pestilente. De cuando en cuando arrancaban un pedazo con la punta del cuchillo, lo aplastaban en el pan, que comían a bocados y después lo masticaban lentamente.
Cuando el vaso del marido estaba vacío, la mujer, cogiendo la cántara de sidra, se lo llenaba.

Al entrar nosotros, se levantaron, nos hicieron sentar, nos ofrecieron que “hiciésemos como ellos”, y, ante nuestra negativa, siguieron comiendo. Al cabo de unos minutos de silencio, mi primo preguntó:

-Pero, Anthime, ¿el abuelo de ustedes ha muerto?

-Sí, mi buen señor, ha muerto ya.

Tomó el silencio. La mujer, por cortesía, despabiló la vela. Entonces, por decir algo, añadió:

-Era muy viejo ya...

Su nieta política, de cincuenta y siete años, continuó:

-Sí, su tiempo habla terminado; ya nada tenía que hacer aquí.

De repente, me entraron ganas de ver el cadáver de ese centenario, y les rogué que me lo enseñasen. Los dos campesinos, plácidos hasta entonces, se conmovieron bruscamente. Sus ojos inquietos se interrogaron, y no respondieron. Mi primo, viendo su turbación, insistió. Entonces el hombre, con aire desconfiado y cazurro,  preguntó:

-¿Y de qué les servirá eso?

-De nada -dijo Jules-, pero eso se hace siempre. ¿Por qué no quieren enseñarlo?

El campesino se encogió de hombros:

-¡Oh, yo, yo sí quiero! Sólo que a estas horas es penoso.

Mil suposiciones nos pasaban por la mente. Y como los nietos del muerto no se movían, y permanecían frente a frente, con los ojos bajos, con esa cara de palo de las gentes descontentas, que parece decir: “Márchense”, mi primo le habló con autoridad:

-Vamos, Anthime, levántense y condúzcannos a su habitación.

Pero el hombre, que había tomado su resolución, respondió con gesto enfurruñado:

-Ésa es la pena, señor, no ha podido estar allí.

-Pero entonces, ¿dónde está?

La mujer atajó a su marido:

-Se lo voy a decir: lo hemos puesto hasta mañana en el arcón, porque no teníamos ningún sitio.

Y retirando el plato de morcilla, levantó la tapa de su mesa, se inclinó con la vela para iluminar el interior del gran cofre abierto, en cuyo fondo distinguimos una cosa gris, una especie de paquete largo del que salía por una punta una cabeza descarnada, con unos cabellos blancos desgreñados, y por la otra, dos pies desnudos.

Era el viejo, muy enjuto, con los ojos cerrados, enrollado en una manta de pastor, durmiendo allí su último sueño en medio de unos mendrugos de pan casi tan viejos como él. ¡Y habían cenado allí, encima del muerto! Jules, indignado y temblando de cólera, gritó:

-¿Por qué no lo han dejado en su cama? ¡ Palurdos!

Entonces la mujer se puso a lloriquear, y en seguida:

-Se lo voy a decir, mi buen señor; no tenemos más que una cama en la casa. Antes nos acostábamos con él, puesto que sólo éramos tres. Desde que cayó enfermo, nos acostamos en el suelo; y es muy duro, mi buen señor, en este tiempo. Pues bien, cuando murió, en seguida nos hemos dicho: “Puesto que no sufre ya, ¿de qué le sirve dejarlo en la cama? Podemos muy bien ponerle en el arcón hasta mañana”; pues ¡no podíamos dormir con el muerto, mis buenos señores!...

Mi primo, exasperado, salió bruscamente dando un portazo, y yo le seguí riendo nerviosamente entre lágrimas.

FIN


Biblioteca Digital Ciudad Seva

Los tres reyes magos


Rubén Darío

- IV -

-Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina Estrella!

-Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.
Existe Dios. Él es la luz del día.
La blanca flor tiene sus pies en lodo.
¡Y en el placer hay la melancolía!

-Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
que existe Dios. Él es el grande y fuerte.
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la Muerte.

-Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.
Triunfa el amor y a su fiesta os convida.
¡Cristo resurge, hace la luz del caos
y tiene la corona de la Vida!



Biblioteca Digital Ciudad Seva

Macbeth

“Amanhã, e amanhã, e ainda outro amanhã
Arrastam-se nessa passada trivial do dia para a noite, da noite para o dia,
Até a última sílaba do registro dos tempos.
E todos os nossos ontens não fizeram mais que iluminar para os tolos
o caminho que leva ao pó da morte. Apaga-te, apaga-te, chama breve!
A vida não passa de uma sombra que caminha, um pobre ator
Que se pavoneia e se aflige sobre o palco –
Faz isso por uma hora e, depois, não se escuta mais sua voz.
É uma história contada por um idiota, cheia de som e fúria
E vazia de significado”.


Macbeth, Ato 5, Cena 5

Snow

Snow

All going to the whiteness, earthly,
As an unmoving immense wall,
There pours a snow, becoming denser,
And shields us from daylight at all.

Not giving to its move attention,
How slow is its heavy stream –
It seems, the force of gravitation
Directs it to the earthly realm.

Behind this shroud of the whiteness,
Towns are hidden and green woods,
Behind this whiteness of the silence,
There are the voices, rings and hoots.

Behind this curtain, white and giant,
Lies winter in the sunny lights,
Behind this mental whitened bound
Our universe, eternal, lies.

Then let all be in it in rightness:
Wide rivers’ floods and birds returns,
The cannonades of July’s thunders,
The noisy rain, the noiseless snows.

Konstanin Vanshenkin (1925-2012)

segunda-feira, 6 de janeiro de 2014

Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.

Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.

PABLO NERUDA

domingo, 5 de janeiro de 2014

“O problema difícil é criar valores. O homem se justifica pelos valores que tem. A sociedade se aglutina a partir da comunidade de valores. Numa sociedade determinada se criam valores novos e isso é um mistério para nós. Vejamos no plano da estética. Há períodos de criação de valores, como foi o século de Péricles, o século de Leonardo. Períodos em que a humanidade cria valores excepcionais, estéticos, e há outros longos períodos em que ela não cria quase nada. Isso nos escapa, mas nos mostra que potencialmente o homem é capaz de fazer tais coisas. Nada indica que ele tenha perdido a faculdade de criar novos valores, abrir novos horizontes, criar uma civilização nova.”

- Celso Furtado



Aí você percebe que está tudo errado quando você entra em uma livraria e percebe que os livros que as pessoas deveriam estar lendo estão em pequenos estandes, por preços de sebo e os livros que deveriam estar em uma seção esquecida estão sendo cobiçados por pessoas que vão adorar colocar eles no instagram e mostrar como são intelectuais por isso. Sinto que a literatura está começando a se alienar tanto como a televisão, produzindo por dinheiro, para uma geração que não quer pensar, melhor, só apenas quer mostrar que pensa. Por favor, me chamem de ignorante, que eu estou errado, e me dêem bons argumentos, porque isso é muito melhor que imaginar esse futuro insano que eu estou visualizando

Diego Bozza

'venenos de deus, remédios do diabo'

- Tens medo de fazer amor comigo?
- Tenho - respondeu ele.
- Por eu ser preta?
- Tu não és preta.
- Aqui, sou.
- Não, não é por seres preta que eu tenho medo.
- Tens medo que eu esteja doente...
- Sei prevenir-me.
- É porquê, então?
- Tenho medo de não regressar. Não regressar de ti.

[mia couto, 'venenos de deus, remédios do diabo']
"Entrar de costas no festival das letras, abrir passagem a golpes de fígado para a saída do escarro. Se não temos saúde bastante sejamos pelo menos doentes exemplares."



sábado, 4 de janeiro de 2014

Grande Sertão: veredas

Viver é muito perigoso... Porque aprender a viver é que é o viver mesmo... Travessia perigosa, mas é a da vida. Sertão que se alteia e abaixa... O mais difícil não é um ser bom e proceder honesto, dificultoso mesmo, é um saber definido o que quer, e ter o poder de ir até o rabo da palavra."


- João Guimarães Rosa, in Grande Sertão: veredas

Sebo



na vitrine da livraria
best-sellers à mancheia
e o mendigo que refletia

Paulo de Toledo


(in: 51 Mendicantos)

O homem revoltado

“A revolta nasce do espetáculo da desrazão diante de uma condição injusta e incompreensível. Mas seu ímpeto cego reivindica a ordem no meio do caos e a unidade no próprio seio daquilo que foge e desaparece. A revolta clama, ela exige, ela quer que o escândalo termine e que se fixe finalmente aquilo que até então se escrevia sem trégua sobre o mar. Sua preocupação é transformar. (…) Que é um homem revoltado? Um homem que diz não. Mas, se ele recusa, não renuncia: é também um homem que diz sim, desde o seu primeiro movimento. Um escravo, que recebeu ordens durante toda a sua vida, julga subitamente inaceitável um novo comando''

---Albert Camus; O homem revoltado.´

VÍCIO NA FALA


Para dizerem milho dizem mio
Para melhor dizem mió
Para pior pió
Para telha dizem teia
Para telhado dizem teiado
E vão fazendo telhados


Oswald de Andrade

sexta-feira, 3 de janeiro de 2014

Olor de fábulas ladinas...

Como alguém que se belisca pra verificar se acordado sonha
Compulsivo você ladainha o dito por Plutarco
De que 'nascer é penetrar em uma pátria estranha'


[Wally Sailormoon | Nomadismos]

EU

Florbela Espanca


Eu sou a que no mundo anda perdida,
Eu sou a que na vida não tem norte,
Sou a irmã do Sonho, e desta sorte
Sou a crucificada... a dolorida...

Sombra de névoa ténue e esvaecida,
E que o destino amargo, triste e forte,
Impele brutalmente para a morte!
Alma de luto sempre incompreendida!...

Sou aquela que passa e ninguém vê...
Sou a que chamam triste sem o ser...
Sou a que chora sem saber porquê...

Ler mais:
http://www.portaldaliteratura.com/poemas.php?id=212

Publicado por Fidelizarte Lda

Lavoura arcaica

“... rico só é o homem que aprendeu, piedoso e humilde, a conviver com o tempo, aproximando-se dele com ternura, não contrariando suas disposições, não se rebelando contra o seu curso, não irritando sua corrente, estando aberto para o seu fluxo, brindando-o antes com sabedoria para receber dele os favores e não a sua ira; o equilíbrio da vida depende essencialmente deste bem supremo, e quem souber com acerto a quantidade de vagar, ou a de espera, que se deve pôr nas coisas, não corre nunca o risco, ao buscar por elas, de defrontar-se com o que não é.”

- Raduan Nassar, in: Lavoura arcaica, 1975.


http://www.elfikurten.com.br/2013/05/raduan-nassar-tradicao-e-vanguarda.html

Corvo Negro



Corvo negro, por que você rodopia
Sobre a minha cabeça?
Você não obterá a presa,
Corvo negro, eu não sou teu!
Você não obterá a presa,
Corvo negro, eu não sou teu!

Por que você estica as garras
Sobre a minha cabeça?
Ou você aspira à presa para si?
Corvo negro, eu não sou teu!

Voe para a minha terra,
Diga para a minha mãezinha,
Diga-lhe, meu querido,
Que pela pátria eu caí.

Leve o lenço ensanguentado
Para a minha doce amada
Diga a ela que ela está livre,
Eu me casei com outra.

Uma flecha incandescente coroou-nos*
Em meio à batalha fatal.
Vejo que a minha morte está chegando, -
Corvo negro, eu sou todo seu!
Vejo que a minha morte está chegando, -
Corvo negro, eu sou todo seu!

~em russo~

Черный ворон

Черный ворон, что ты вьешься
Над моею головой?
Ты добычи не добьешься,
Черный ворон, я не твой!
Ты добычи не добьешься,
Черный ворон, я не твой!

Что ж ты когти распускаешь
Над моею головой?
Иль добычу себе чаешь?
Черный ворон, я не твой!

Полети в мою сторонку,
Скажи маменьке моей,
Ей скажи, моей любезной,
Что за родину я пал.

Отнеси платок кровавый
К милой любушке моей.
Ей скажи — она свободна,
Я женился на другой.

Калена стрела венчала
Нас средь битвы роковой.
Вижу, смерть моя приходит, —
Черный ворон, весь я твой!
Вижу, смерть моя приходит, —
Черный ворон, весь я твой...

~~~~

*"Uma flecha incandescente coroou-nos" = Na cerimônia de casamento cristã ortodoxa (a religião predominante na Rússia), o sacerdote coroa os noivos no momento de casá-los. No caso em questão, ele quer dizer que a flecha "casou-o" com a Morte, que seria a "outra" referida na estrofe anterior.

http://www.youtube.com/watch?v=02auog110xY
Tu que vives e passas, sem saber
O que é a vida nem porque é, que ignoras
Todos os fins e que, pensando, choras
Sobre o mistério do teu próprio Ser,

Não sofras mais à espera das auroras
Da suprema verdade a aparecer:
A verdade das coisas é o prazer
Que elas nos possam dar à flor das horas...

Essa outra que desejas, se ela existe,
Deve ser muito fria e quase triste,
Sem a graça encantada da incerteza...

Vê que a Vida afinal, — sombras, vaidades —
É bela, é louca e bela, e que a Beleza
___________R. De Leoni; Luz Mediterrânea

É a mais generosa das verdades...
Nós, incautos e efêmeros passantes,
Vaidosas sombras desorientadas,
Sem mesmo olhar o rumo das passadas,
— Vamos andando para fins distantes...

Então, sutis, envolvem-nos ciladas
De pequenos acasos inconstantes,
Que vão desviando, a todos os instantes,
A linha leviana das estradas...

Um dia, todo o fim a que chegamos,
Vem de um nada fortuito, entretecido
Nas surpresas das horas em que vamos...

Para adiante! Ó ingênuos peregrinos!
Foi sempre por um passo distraído
Que começaram todos os destinos...

____________________Raul De Leoni


Esta noite sonhei - não é literatura - esta noite sonhei que não estava a sonhar. E afirmo que os pesadelos, mesmo para os mais assombrados de nós, apenas são ausências de pesadelo. A girar no vazio, o nosso espírito não poderia fazer-se à ideia de nunca mais girar. E na família dos nossos pensamentos, dos nossos amores, dos nossos ódios, é perpétua a história daquele homem que comia os filhos numa época de fome, para lhes preservar um pai.

____________________René Crevel

De um fantasma



Na minha vida fluida de fantasma
Sou tão leve que quase nem me sinto.
Nem há nada mais leve nem tão leve.
Sou mais leve do que a euforia de um anjo,
Mais leve do que a sombra de uma sombra
Refletida no espelho da Ilusão.



Nenhuma brutal lei do Universo sensível
Atua e pesa e nem de longe influi
Sobre o meu ser vago, difuso, esquivo
E no éter sereníssimo flutuo
Com a doce sutileza imponderável
De uma essência ideal que se volatiza...



Passo através das cousas mais sensíveis
E as cousas que atravesso nem se sentem,
Porque na minha plástica sutil
Tenho a delicadeza transcendente
Da luz, que flui través os corpos transparentes.
Sou quase imaterial como uma idéia...

E da matéria cósmica que tem

Tantos e variadíssimos estados

Eu sou o estado-alma, quer dizer
O último estado rarefeito, o estado ideal:
Alma, o estado divino da matéria!


_________________Raul De Leoni. 

quarta-feira, 1 de janeiro de 2014

Habitar o tempo

(João Cabral de Melo Neto)

Habitar o tempo
Para não matar seu tempo, imaginou:
vivê-lo enquanto ele ocorre, ao vivo;
no instante finíssimo em que ocorre,
em ponta de agulha e porém acessível;
viver seu tempo: para o que ir viver
num deserto literal ou de alpendres;
em ermos, que não distraiam de viver
a agulha de um só instante, plenamente.
Plenamente: vivendo-o de dentro dele;
habitá-lo, na agulha de cada instante,
em cada agulha instante: e habitar nele
tudo o que habitar cede ao habitante.

E de volta de ir habitar seu tempo:
ele corre vazio, o tal tempo ao vivo;
e como além de vazio, transparente,
o instante a habitar passa invisível.

Portanto: para não matá-lo, matá-lo;
matar o tempo, enchendo-o de coisas;
em vez do deserto, ir viver nas ruas
onde o enchem e o matam as pessoas;
pois como o tempo ocorre transparente
e só ganha corpo e cor com seu miolo
(o que não passou do que lhe passou),

para habitá-lo: só no passado, morto.
À sombra das cerejeiras em flor
ninguém
é estrangeiro


Kobayashi Issa
Surgidos do escuro,
Somem na moita, na noite:
Amores de um gato.

Issa


Tradução: Décio Pignatari
Lago, pingos, tiros:
Quá-quá-quá dos patos patos
Por enquanto vivos.

Issa


Tradução: Décio Pignatari
Meu cachorro velho
Ouvindo com interesse
O canto do verme.

Issa


Esperança — Ano Novo


(Mario Quintana)

Lá bem no alto do décimo segundo andar do Ano
Vive uma louca chamada Esperança
E ela pensa que quando todas as sirenas
Todas as buzinas
Todos os reco-recos tocarem
Atira-se
E
— ó delicioso voo!
Ela será encontrada miraculosamente incólume na calçada,
Outra vez criança...
E em torno dela indagará o povo:
— Como é teu nome, meninazinha de olhos verdes?
E ela lhes dirá
(É preciso dizer-lhes tudo de novo!)
Ela lhes dirá bem devagarinho, para que não esqueçam:

— O meu nome é ES-PE-RAN-ÇA...
"Não te irrites, por mais que te fizerem...
Estuda, a frio, o coração alheio.
Farás, assim, do mal que eles te querem,
Teu mais amável e sutil recreio..."

(Mario Quintana)
Tudo na vida está em esquecer o dia que passa. Não importa que hoje seja qualquer coisa triste, um cedro, areias, raízes, ou asa de anjo caída no charco. O navio que passou além da barra já não lembra a barra. Pode-se ver nele as estranhas águas que vai sulcar e as estranhas gentes que o esperam em portos estranhos!... Hoje corre um rio de teus olhos, carregando limos e morcegos. Mas a tua vitória está em saber que não é hoje o fim e que há uma certeza, firme e bela, que nem olhos vesgos podem negar. Que hoje é o dia de amanhã.


Autor: Fernando Namora
"Para mim, o problema da felicidade é subordinado àquilo que chamo de 'o problema da poesia da vida'. Ou seja, a vida, ao meu ver, é polarizada entre a prosa - ou seja, as coisas que fazemos por obrigação, que não nos interessam, para sobreviver – e a poesia – o que nos faz florescer, o que nos faz amar, comunicar, e é isso que é importante."


Edgar Morin, sociólogo e filósofo francês

domingo, 29 de dezembro de 2013

Cómo brindan los rusos


29 de diciembre de 2013 Alexéi Mijéiev, para Rusia Hoy

El brindis es uno de los atributos omnipresentes en las mesas rusas. En ocasiones oficiales se pronuncian en serio, pero en una fiesta entre amigos a menudo adquieren un matiz irónico.

Existe la creencia de que los rusos, cuando beben, se dicen: Na zdorovie! (¡Salud!). Esto no es del todo cierto. Cuando los rusos alzan sus copas suelen decir: Vashe zdorovie! (¡A su salud!) o Tvoió zdorovie! (¡A tu salud!). Aunque esto no es un brindis en el sentido estricto de la palabra. El brindis tradicional tiene una estructura más extensa: en la primera parte se cuenta una pequeña historia y en la segunda se saca una conclusión cómica o paradójica, tras lo cual se invita a beber.

El protagonista de la comedia soviética de los años 60 Kavkazskaya plénnitsa (La prisionera del Cáucaso), el joven experto en folclore Shurik, viaja al Cáucaso para recoger relatos, leyendas y brindis locales, y cada caucásico que se encuentra por el camino le propone que escriba su brindis.
Por ejemplo: “Mi bisabuelo dice: tengo el deseo de comprar una casa, pero no tengo la posibilidad; tengo la posibilidad de comprar una cabra, pero no tengo el deseo. ¡De modo que bebamos para que nuestros deseos coincidan con nuestras posibilidades!”.

Cada brindis va acompañado de un vaso a rebosar de vino, ¡y es que “un brindis sin vino es como una boda sin novia”! Generalmente, estos largos brindis terminan así: “Y cuando toda la bandada comenzó a migrar al sur para pasar el invierno, un pequeño pero orgulloso pájaro dijo: 'Yo volaré directamente al sol'. Comenzó a volar cada vez más alto, pero de tanto subir se quemó un ala y cayó en picado hasta el fondo de un profundo desfiladero. ¡De modo que bebamos para que ninguno de nosotros, no importa lo alto que vuele, jamás se separe de la bandada!”, tras lo cual Shurik, totalmente borracho, comienza a llorar.

“¿Qué te pasa, amigo?”, le preguntan sus anfitriones preocupados. “¡Me da lástima del pájaro!”, responde Shurik entre lágrimas. Y esta frase, “lástima del pájaro”, se ha convertido en un dicho popular para mitigar el patetismo excesivo en una situación concreta.

En los banquetes rituales generalmente se proponen varios brindis estándar. En un aniversario el primer brindis se pronuncia en honor a la persona que cumple años (con deseos de salud, éxitos y una larga vida), y el segundo brindis en honor a sus padres.

En una boda, el primer brindis es: “¡Que los novios sean felices!”, y más adelante, durante todo el banquete, una y otra vez se grita Gorko! (¡Amargo!). Este brindis tan breve significa (en broma) que la comida que les han servido está amarga. Para hacer que sea más dulce, los novios se levantan y se dan un largo beso, y los invitados cuentan su duración a coro: “Uno, dos, tres, cuatro, cinco…”, tras lo cual, cuando finaliza el beso, todos alzan su copa.

En las comidas de exequias, la primera parte del brindis contiene generalmente un recuerdo de algún momento conmovedor y memorable de la vida del difunto, y el brindis acaba con las palabras “eterno recuerdo” o “que descanse en paz”. Generalmente, cuando se bebe por las personas difuntas (no sólo en los funerales) no se hacen chocar los vasos.

Las comidas que no tienen un motivo en particular, organizadas únicamente por pasar el tiempo en compañía, también tienen algunos brindis estándar. En el primer brindis se suele decir Za vstrechu! (¡Por la velada!) o So svidanitsem! (¡Por el encuentro!). Para que la gente se libere todavía más, vuelven a beber rápidamente, diciendo: “¡Entre el primero y el segundo, el descanso es breve!”. Las siguientes rondas van acompañadas de breves comentarios como “¡Allá vamos!”, “¡A por ello!”.

Blog: la lengua rusa en doble sentido 

En algún momento hacia la mitad de la fiesta surge el brindis “¡Por las bellas damas!” (Variante: “¡Por las bellas damas aquí presentes!”). En ese momento, alguien suele comentar que los verdaderos hombres deben beber por las damas de pie, - tras lo cual, todos los hombres beben sus copas de pie (y de un trago).
Antiguamente se consideraba de buen gusto (y especial gallardía) beber después de cada brindis todo el vaso de golpe, aunque en la actualidad en las fiestas rusas se considera más bien de mal gusto. No obstante, si hay algún vaso a medias antes de cada brindis se rellena hasta arriba, a esto se le llama “refrescar el vaso”.
Otra fórmula estándar de brindar es la fórmula irónica Za sbychu mecht! (¡Por que los sueños se cumplan!). Literalmente implica el deseo de que se cumplan los sueños, pero su extraña construcción, que no cumple las leyes sintácticas, es una parodia de los lemas propagandísticos soviéticos.

Tras la adaptación a finales de los años 80 de la novela de Mijaíl Bulgákov Corazón de perro, adquirió gran popularidad el absurdo brindis pronunciado por su protagonista, Sharikov: “¡Deseo que todo!”. Esta fórmula incompleta y sin sentido pone de manifiesto el carácter ritual de los brindis.

Uno de los personajes de otra película soviética, Lluvia de julio,  pronuncia en su brindis la frase “¡Que vaya bien!”. “¿Significa eso ‘Hasta la vista’?”, le pregunta sorprendida la mujer que se sienta a su lado. “No, - responde él. – Significa solamente ‘¡que vaya bien!’” (El juego de palabras consiste en que la fórmula “¡Que vaya bien!” se utiliza realmente como una forma de despedida).


Y en la última invitación a beber para los huéspedes que se disponen a irse a casa se dice Na pososhok! (literalmente “¡Para el bastón!”, significa “para el camino”). Antiguamente los viajeros iban a pie apoyándose en un bastón al que se llamaba posoj, y con la expresión “para el posohok” (forma diminutiva de “posoj”) se desea un buen viaje.

Movimentos de Tubarão



Do mesmo jeito que um tubarão não pode deixar de se
movimentar se não morre
Assim é você pelo chão
Dorme nadando de costas
Cuspindo teus dentes
Deslizando como assombração
Não posso fazer nada por você, a não ser que você se levante
O que você precisa é de um bolso cheio de grilos
Para te trazer de volta à terra


- poema de Sam Shepard, A Lua do Falcão

Año nuevo


Rubén Darío




A las doce de la noche por las puertas de la gloria
y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,
sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,
San Silvestre.

Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,
de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión;
y el anillo de su diestra, hecho cual si fuese para
Salomón.

Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,
y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;
y colgada sobre el pecho resplandece la divina
Cruz del Sur.

Va el pontífice hacia Oriente ¿va a encontrar el áureo barco
donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero?
Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco
del Arquero.

A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno
el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;
le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno,
y le cubre los riñones el vellón azul del mar.
Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;
doce aljibas, cada año, para él trae el rey Enero;
en la sombra se destaca la figura vencedora
del Arquero.

Alredor de la figura del gigante se oye el vuelo
misterioso y fugitivo de las almas que se van,
y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo
con sus alas membranosas el murciélago Satán.
San Silvestre bajo el palio de un zodiaco de virtudes,
del celeste Vaticano se detiene en los umbrales
mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes
Inmortales.

Reza el santo y pontifica; y al mirar que viene el barco
donde en triunfo llega Enero,
ante Dios bendice al mundo; y su brazo abarca el arco
y el Arquero.
Volver a Poemas de Rubén Darío





Biblioteca Digital Ciudad Seva
Quente e doce e sutil: o corpo antes do amor.
Fresca, doce e dúctil: a carne da sedução.
Volúvel e violenta e metafísica: a forma do rosto.
Doce e lasso e sutil: o corpo depois do amor.


Baudrillard, Cool memories.

Os Ombros Suportam o Mundo



Chega um tempo em que não se diz mais: meu Deus.
Tempo de absoluta depuração.
Tempo em que não se diz mais: meu amor.
Porque o amor resultou inútil.
E os olhos não choram.
E as mãos tecem apenas o rude trabalho.
E o coração está seco.
Em vão mulheres batem à porta, não abrirás.
Ficaste sozinho, a luz apagou-se,
mas na sombra teus olhos resplandecem enormes.
És todo certeza, já não sabes sofrer.
E nada esperas de teus amigos.
Pouco importa venha a velhice, que é a velhice?
Teus ombros suportam o mundo
e ele não pesa mais que a mão de uma criança.
As guerras, as fomes, as discussões dentro dos edifícios
provam apenas que a vida prossegue
e nem todos se libertaram ainda.
Alguns, achando bárbaro o espetáculo
prefeririam (os delicados) morrer.
Chegou um tempo em que não adianta morrer.
Chegou um tempo em que a vida é uma ordem.
A vida apenas, sem mistificação.


Carlos Drummond de Andrade

RECEITA DE ANO NOVO



Para você ganhar belíssimo Ano Novo
cor do arco-íris, ou da cor da sua paz,
Ano Novo sem comparação com todo o tempo já vivido
(mal vivido talvez ou sem sentido)
para você ganhar um ano
não apenas pintado de novo, remendado às carreiras,
mas novo nas sementinhas do vir-a-ser;
novo
até no coração das coisas menos percebidas
(a começar pelo seu interior)
novo, espontâneo, que de tão perfeito nem se nota,
mas com ele se come, se passeia,
se ama, se compreende, se trabalha,
você não precisa beber champanha ou qualquer outra birita,
não precisa expedir nem receber mensagens
(planta recebe mensagens?
passa telegramas?)

Não precisa
fazer lista de boas intenções
para arquivá-las na gaveta.
Não precisa chorar arrependido
pelas besteiras consumadas
nem parvamente acreditar
que por decreto de esperança
a partir de janeiro as coisas mudem
e seja tudo claridade, recompensa,
justiça entre os homens e as nações,
liberdade com cheiro e gosto de pão matinal,
direitos respeitados, começando
pelo direito augusto de viver.

Para ganhar um Ano Novo
que mereça este nome,
você, meu caro, tem de merecê-lo,
tem de fazê-lo novo, eu sei que não é fácil,
mas tente, experimente, consciente.
É dentro de você que o Ano Novo
cochila e espera desde sempre.

Carlos Drummond de Andrade

AMANTE DA ALGAZARRA


Wall Salomão

Não sou eu quem dá coices ferradurados no ar.
É esta estranha criatura que fez de mim seu encosto.
É ela !!!
Todo mundo sabe, sou uma lisa flor de pessoa,
Sem espinho de roseira nem áspera lixa de folha de figueira.

Esta amante da balbúrdia cavalga encostada ao meu sóbrio ombro
Vixe!!!
Enquanto caminho a pé, pedestre -- peregrino atônito até a morte.
Sem motivo nenhum de pranto ou angústia rouca ou desalento:
Não sou eu quem dá coices ferradurados no ar.
É esta estranha criatura que fez de mim seu encosto
E se apossou do estojo de minha figura e dela expeliu o estofo.

Quem corre desabrida
Sem ceder a concha do ouvido
A ninguém que dela discorde
É esta
Selvagem sombra acavalada que faz versos como quem morde.




Waly Dias Salomão (Jequié, Bahia, 1943 - Rio de Janeiro 2003).
Havia um homem que escrevia em fragmentos até o próprio nome. Assinava com metade da caneta, com metade da tinta e escrevia metade das letras. Mas havia outro homem, porque há sempre dois homens. Era um homem que escrevia em fragmentos que se multiplicavam como se entre eles estivesse a operação multiplicação.
Há quem escreva como num testamento: é uma linguagem que separa e deixa apenas parte a cada um. E há depois quem escreva com mão de agricultor: deixa mais do que acabou de deixar.
Ver duas vezes no mesmo dia um cego é torturar um cego. Porque o cego nesse dia nem uma vez te viu.

Gonçalo M. Tavares

em Biblioteca.
"Éramos seis, cinco mulheres e um homem. Eu, a única branca, de cabelos lisos, claros. Mas ser branca e bonita só me ajudou a ser puta. quer dizer, nem sei se uma puta branca é melhor que uma puta mulata, comercialmente falando. Já me disseram que eu fui ser puta porque quis. Eu tinha doze anos."


A Grande Arte, de Rubem Fonseca.
"Um julgamento parece uma peça de teatro porque ambos começam e terminam com o autor do ato, não com a vítima. Um julgamento-espetáculo, mais ainda do que um julgamento comum, precisa de um roteiro limitado e bem definido daquilo que foi feito e de como foi feito. No centro de um julgamento só pode estar aquele que fez algo -- nesse sentido é que ele é comparável ao heroi de uma peça de teatro -- e se ele sofre, deve sofrer pelo que fez, não pelo que os outros sofreram. Ninguém sabia disso melhor do que o juiz-presidente, diante de cujos olhos o julgamento começou a degenerar num espetáculo sangrento." (Hannah Arendt, Eichmann em Jerusalém,)

sábado, 28 de dezembro de 2013

Vanka


Anton Chejov

Vanka Chukov, un muchacho de nueve años, a quien habían colocado hacía tres meses en casa del zapatero Alojin para que aprendiese el oficio, no se acostó la noche de Navidad.

Cuando los amos y los oficiales se fueron, cerca de las doce, a la iglesia para asistir a la misa del Gallo, cogió del armario un frasco de tinta y un portaplumas con una pluma enrobinada, y, colocando ante él una hoja muy arrugada de papel, se dispuso a escribir.

Antes de empezar dirigió a la puerta una mirada en la que se pintaba el temor de ser sorprendido, miró el icono oscuro del rincón y exhaló un largo suspiro.

El papel se hallaba sobre un banco, ante el cual estaba él de rodillas.

«Querido abuelo Constantino Makarich -escribió-: Soy yo quien te escribe. Te felicito con motivo de las Navidades y le pido a Dios que te colme de venturas. No tengo papá ni mamá; sólo te tengo a ti...

Vanka miró a la oscura ventana, en cuyos cristales se reflejaba la bujía, y se imaginó a su abuelo Constantino Makarich, empleado a la sazón como guardia nocturno en casa de los señores Chivarev. Era un viejecito enjuto y vivo, siempre risueño y con ojos de bebedor. Tenía sesenta y cinco años. Durante el día dormía en la cocina o bromeaba con los cocineros, y por la noche se paseaba, envuelto en una amplia pelliza, en torno de la finca, y golpeaba de vez en cuando con un bastoncillo una pequeña plancha cuadrada, para dar fe de que no dormía y atemorizar a los ladrones. Lo acompañaban dos perros: Canelo y Serpiente. Este último se merecía su nombre: era largo de cuerpo y muy astuto, y siempre parecía ocultar malas intenciones; aunque miraba a todo el mundo con ojos acariciadores, no le inspiraba a nadie confianza. Se adivinaba, bajo aquella máscara de cariño, una perfidia jesuítica.

Le gustaba acercarse a la gente con suavidad, sin ser notado, y morderla en las pantorrillas. Con frecuencia robaba pollos de casa de los campesinos. Le pegaban grandes palizas; dos veces había estado a punto de morir ahorcado; pero siempre salía con vida de los más apurados trances y resucitaba cuando lo tenían ya por muerto.

En aquel momento, el abuelo de Vanka estaría, de fijo, a la puerta, y mirando las ventanas iluminadas de la iglesia, embromaría a los cocineros y a las criadas, frotándose las manos para calentarse. Riendo con risita senil les daría vaya a las mujeres.

-¿Quiere usted un polvito? -les preguntaría, acercándoles la tabaquera a la nariz.

Las mujeres estornudarían. El viejo, regocijadísimo, prorrumpiría en carcajadas y se apretaría con ambas manos los ijares.

Luego les ofrecería un polvito a los perros. El Canelo estornudaría, sacudiría la cabeza, y, con el gesto huraño de un señor ofendido en su dignidad, se marcharía. El Serpiente, hipócrita, ocultando siempre sus verdaderos sentimientos, no estornudaría y menearía el rabo.

El tiempo sería soberbio. Habría una gran calma en la atmósfera, límpida y fresca. A pesar de la oscuridad de la noche, se vería toda la aldea con sus tejados blancos, el humo de las chimeneas, los árboles plateados por la escarcha, los montones de nieve. En el cielo, miles de estrellas parecerían hacerle alegres guiños a la Tierra. La Vía Láctea se distinguiría muy bien, como si, con motivo de la fiesta, la hubieran lavado y frotado con nieve...

Vanka, imaginándose todo esto, suspiraba.

Tomó de nuevo la pluma y continuó escribiendo:

«Ayer me pegaron. El maestro me cogió por los pelos y me dio unos cuantos correazos por haberme dormido arrullando a su nene. El otro día la maestra me mandó destripar una sardina, y yo, en vez de empezar por la cabeza, empecé por la cola; entonces la maestra cogió la sardina y me dio en la cara con ella. Los otros aprendices, como son mayores que yo, me mortifican, me mandan por vodka a la taberna y me hacen robarle pepinos a la maestra, que, cuando se entera, me sacude el polvo. Casi siempre tengo hambre. Por la mañana me dan un mendrugo de pan; para comer, unas gachas de alforfón; para cenar, otro mendrugo de pan. Nunca me dan otra cosa, ni siquiera una taza de té. Duermo en el portal y paso mucho frío; además, tengo que arrullar al nene, que no me deja dormir con sus gritos... Abuelito: sé bueno, sácame de aquí, que no puedo soportar esta vida. Te saludo con mucho respeto y te prometo pedirle siempre a Dios por ti. Si no me sacas de aquí me moriré.»

Vanka hizo un puchero, se frotó los ojos con el puño y no pudo reprimir un sollozo.

«Te seré todo lo útil que pueda -continuó momentos después-. Rogaré por ti, y si no estás contento conmigo puedes pegarme todo lo que quieras. Buscaré trabajo, guardaré el rebaño. Abuelito: te ruego que me saques de aquí si no quieres que me muera. Yo escaparía y me iría a la aldea contigo; pero no tengo botas, y hace demasiado frío para ir descalzo. Cuando sea mayor te mantendré con mi trabajo y no permitiré que nadie te ofenda. Y cuando te mueras, le rogaré a Dios por el descanso de tu alma, como le ruego ahora por el alma de mi madre.

«Moscú es una ciudad muy grande. Hay muchos palacios, muchos caballos, pero ni una oveja. También hay perros, pero no son como los de la aldea: no muerden y casi no ladran. He visto en una tienda una caña de pescar con un anzuelo tan hermoso que se podrían pescar con ella los peces más grandes. Se venden también en las tiendas escopetas de primer orden, como la de tu señor. Deben costar muy caras, lo menos cien rublos cada una. En las carnicerías venden perdices, liebres, conejos, y no se sabe dónde los cazan.

«Abuelito: cuando enciendan en casa de los señores el árbol de Navidad, coge para mí una nuez dorada y escóndela bien. Luego, cuando yo vaya, me la darás. Pídesela a la señorita Olga Ignatievna; dile que es para Vanka. Verás cómo te la da.»

Vanka suspira otra vez y se queda mirando a la ventana. Recuerda que todos los años, en vísperas de la fiesta, cuando había que buscar un árbol de Navidad para los señores, iba él al bosque con su abuelo. ¡Dios mío, qué encanto! El frío le ponía rojas las mejillas; pero a él no le importaba. El abuelo, antes de derribar el árbol escogido, encendía la pipa y decía algunas chirigotas acerca de la nariz helada de Vanka. Jóvenes abetos, cubiertos de escarcha, parecían, en su inmovilidad, esperar el hachazo que sobre uno de ellos debía descargar la mano del abuelo. De pronto, saltando por encima de los montones de nieve, aparecía una liebre en precipitada carrera. El abuelo, al verla, daba muestras de gran agitación y, agachándose, gritaba:

-¡Cógela, cógela! ¡Ah, diablo!

Luego el abuelo derribaba un abeto, y entre los dos lo trasladaban a la casa señorial. Allí, el árbol era preparado para la fiesta. La señorita Olga Ignatievna ponía mayor entusiasmo que nadie en este trabajo. Vanka la quería mucho. Cuando aún vivía su madre y servía en casa de los señores, Olga Ignatievna le daba bombones y le enseñaba a leer, a escribir, a contar de uno a ciento y hasta a bailar. Pero, muerta su madre, el huérfano Vanka pasó a formar parte de la servidumbre culinaria, con su abuelo, y luego fue enviado a Moscú, a casa del zapatero Alajin, para que aprendiese el oficio...

«¡Ven, abuelito, ven! -continuó escribiendo, tras una corta reflexión, el muchacho-. En nombre de Nuestro Señor te suplico que me saques de aquí. Ten piedad del pobrecito huérfano. Todo el mundo me pega, se burla de mí, me insulta. Y, además, siempre tengo hambre. Y, además, me aburro atrozmente y no hago más que llorar. Anteayer, el ama me dio un pescozón tan fuerte que me caí y estuve un rato sin poder levantarme. Esto no es vivir; los perros viven mejor que yo... Recuerdos a la cocinera Alena, al cochero Egorka y a todos nuestros amigos de la aldea. Mi acordeón guárdalo bien y no se lo dejes a nadie. Sin más, sabes que te quiere tu nieto

                                         VANKA CHUKOV

Ven en seguida, abuelito.»

Vanka plegó en cuatro dobleces la hoja de papel y la metió en un sobre que había comprado el día anterior. Luego, meditó un poco y escribió en el sobre la siguiente dirección:

«En la aldea, a mi abuelo.»

Tras una nueva meditación, añadió:

«Constantino Makarich.»

Congratulándose de haber escrito la carta sin que nadie lo estorbase, se puso la gorra, y, sin otro abrigo, corrió a la calle.

El dependiente de la carnicería, a quien aquella tarde le había preguntado, le había dicho que las cartas debían echarse a los buzones, de donde las recogían para llevarlas en troika a través del mundo entero.

Vanka echó su preciosa epístola en el buzón más próximo...

Una hora después dormía, mecido por dulces esperanzas.

Vio en sueños la cálida estufa aldeana. Sentado en ella, su abuelo les leía a las cocineras la carta de Vanka. El perro Serpiente se paseaba en torno de la estufa y meneaba el rabo...

FIN

Biblioteca Digital Ciudad Seva

O Amor




Um dia, quem sabe,
ela, que também gostava de bichos,
apareça
numa alameda do zoo,
sorridente,
tal como agora está
no retrato sobre a mesa.
Ela é tão bela,
que, por certo, hão de ressuscitá-la.
Vosso Trigésimo Século
ultrapassará o exame
de mil nadas,
que dilaceravam o coração.
Então,
de todo amor não terminado
seremos pagos
em enumeráveis noites de estrelas.
Ressuscita-me,
nem que seja só porque te esperava
como um poeta,
repelindo o absurdo quotidiano!
Ressuscita-me,
nem que seja só por isso!
Ressuscita-me!
Quero viver até o fim o que me cabe!
Para que o amor não seja mais escravo
de casamentos,
concupiscência,
salários.
Para que, maldizendo os leitos,
saltando dos coxins,
o amor se vá pelo universo inteiro.
Para que o dia,
que o sofrimento degrada,
não vos seja chorado, mendigado.
E que, ao primeiro apelo:
- Camaradas!
Atenta se volte a terra inteira.
Para viver
livre dos nichos das casa.
Para que
doravante
a família
seja
o pai,
pelo menos o Universo;
a mãe,
pelo menos a Terra.


Vladimir Maiakóvski
El artista es responsable sólo ante su obra. [...] Tiene un sueño, y ese sueño lo angustia tanto que debe liberarse de él. Hasta entonces no tiene paz. Lo echa todo por la borda: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, con tal de escribir el libro.
Nada puede destruir al buen escritor. Lo único que puede alterar al buen escritor es la muerte.

William Faulkner

sexta-feira, 27 de dezembro de 2013

Arnaldo Antunes

Pensamento que vem de fora
e pensa que vem de dentro,
pensamento que expectora
o que no meu peito penso.
Pensamento a mil por hora,
tormento a todo momento.
Por que é que eu penso agora
sem o meu consentimento?
Se tudo que comemora
tem o seu impedimento,
se tudo aquilo que chora
cresce com o seu fermento;
pensamento, dê o fora,
saia do meu pensamento.
Pensamento, vá embora,
desapareça no vento.
E não jogarei sementes
em cima do seu cimento.


A Arte da Guerra

"Se você conhece o inimigo e conhece a si mesmo, não precisa temer o resultado de cem batalhas. Se você se conhece mas não conhece o inimigo, para cada vitória ganha sofrerá também uma derrota. Se você não conhece nem o inimigo nem a si mesmo, perderá todas as batalhas."


- Sun Tzu, em 'A Arte da Guerra'.

La arquitectura del deseo


de Aurora Luque

El deseo: nefasta construcción, sin indicios de habitabilidad, que se levanta dentro del cuerpo sin cimientos previos. (¿Quién podía intuir tantos solares aptos y replegados?)
El deseo: laberinto con una instalación de alarmas que traicionan.
El deseo: laberinto enmarañándose desde un roce de lenguas hasta un mar que inunda islas.

Insiste el laberinto. Luces impenetrables y un sopor amarillo van cegando los corredores. No hay monstruo más hermoso que el amor acosado.
Algo existe num dia de verão,
No lento apagar de suas chamas,
Que me impele a ser solene.

Algo, num meio-dia de verão,
Uma fundura — um azul — uma fragrância,
Que o êxtase transcende.

Há, também, numa noite de verão,
Algo tão brilhante e arrebatador
Que só para ver aplaudo —

E escondo minha face inquisidora
Receando que um encanto assim tão trêmulo
E sutil, de mim se escape.

Emily Dickinson

(Tradução de Lúcia Olinto)

união

Jussara Salazar

Poema do ucraíno Andriy Lyubka em modo de usar & co.:

união

o que significa a união dos escritores
é sem falta fazer assinatura
do jornal ucrânia literária
lembrar os bons tempos soviéticos
quando havia moradias gratuitas
deixar crescer bigodes cossacos
uma vez por ano escrever um artigo
sobre a degradação espiritual da nação
em cada ocasião citar a si próprio
levar colegas para tomar um gole
enxaguando-o com um suco de tomate para dois
inflamar-se no jubileu seguinte
conseguir comer o último sanduíche
ou então embrulhá-lo no guardanapo
e meu deus em toda a vida
não escrever nada que preste

(tradução de Vira Vovk)

:

спілка

що таке спілка письменників
це обов`язково передплатити
газету літературна україна
згадати про добрі радянські часи
про безплатні квартири
відпустити козацькі вуса
раз на рік писати статтю
про духовну деградацію нації
при кожній нагоді цитувати самого себе
водити колег на п`ятдесят грам
запивати одним томатним соком на двох
побухати на черговому ювілеї
встигнути з`їсти останній бутерброд
а якщо ні то завернути в серветку
і о боже за ціле життя
не написати нічого путнього




quarta-feira, 25 de dezembro de 2013