Jack London
La cara de Juan Claverhouse era un fiel trasunto de la luna llena; ya conocen ustedes el tipo: los pómulos muy separados, la barbilla y la frente redondas, hasta confundirse con los rubicundos mofletes, y la nariz ancha y corta, como una pelota de pan aplastada en la pared, ocupando el centro de la circunferencia.
Quizá fuera ésta la razón del odio que sentía por él; su presencia me resultaba insoportable, y lo conceptuaba como una especie de mancha sobre la tierra. He llegado a creer que mi madre, durante el embarazo, tuvo algún antojo, algún motivo de resentimiento con la luna; qué sé yo...
Sea por lo que fuere, lo cierto es que yo lo odiaba, y no debe creerse que él, por su parte, me había dado motivo alguno, por lo menos a los ojos del mundo; pero la razón existía, no cabe duda, aunque tan oculta, tan sutil, que no encuentro palabras con que poder expresarla. Todos conocemos esta clase de antipatías instintivas; vemos por primera vez a un desconocido, a una persona cuya existencia ignorábamos y, sin embargo, en el momento de verla decimos: “No me gusta ese hombre o esa mujer”. ¿Por qué no nos gusta? ¡Ah! Lo ignoramos; no sabemos sino que es así, que nos cae antipático; eso es todo. Tal fue mi caso con Juan Claverhouse.
¿Con qué derecho era dichoso un hombre semejante? Nunca vi optimismo como el suyo; siempre risueño, siempre contento y siempre encontrándolo todo bien, ¡maldita sea!...
No me importaba nada la alegría de los demás; todo el mundo puede reír, hasta yo... antes de conocer a Claverhouse; pero la risa de éste, aquella risa, me irritaba, me enloquecía, me ponía furioso, fuera de mí... Era una pesadilla constante, a la que no podía sustraerme, un demonio maldito, cuyo abrazo infernal me ahogaba. ¡Qué risa! Estentórea, homérica, gargantuana; despierto o dormido, su vibrante sonar me arañaba el corazón como con las púas de un peine gigantesco. La oía al despuntar el alba, a través de los campos, y sus ecos me robaban las delicias de un plácido despertar; la oía bajo el cielo clarísimo del mediodía, cuando la Naturaleza entera parecía dormir borracha de luz y de calor, y sus “¡ja! ¡ja!” se elevaban sonoros en el silencio de los valles; y la oía en medio de la noche, en que me despertaba el irritante chasquido de aquella risa diabólica, haciéndome dar vueltas en la cama y clavarme las uñas en las palmas de las manos, en un paroxismo de rabia impotente.
Más de una madrugada me levanté con el único objeto de desparramar sus rebaños por las campiñas sembradas, y sólo conseguí escuchar otra vez, por la mañana, su eterna risa, mientras los congregaba de nuevo en sus rediles.
-Pobres bestezuelas -decía-. ¡No tienen culpa, al ir donde su instinto las lleva, buscando mejores pastos!...
Tenía Claverhouse un perro que atendía por Marte, un hermoso animal, mezcla de mastín y galgo, con rasgos característicos de ambas especies. Marte, más que su perro favorito, era casi un amigo para él, y siempre se les veía juntos.
Después de una paciente espera, llegó el día y la hora de poner en práctica mi maquinación. Con halagos atraje al animal, y un pedazo de carne con estricnina hizo el resto, aunque perdí mi tiempo y mi habilidad de una manera lastimosa, pues la risa de Juan siguió siendo tan frecuente como antes y su cara se parecía cada vez más a la luna llena.
Entonces prendí fuego a sus trojes y a sus graneros, y a la mañana del día siguiente, que era domingo, lo encontré tan alegre como de costumbre.
-¿Adónde va? -le pregunté cuando nos cruzamos.
-A pescar truchas -me dijo contentísimo-; me entusiasma la pesca.
¿Ha existido jamás un hombre semejante? Sus trojes y sus hórreos no estaban asegurados -lo sabía-, y el incendio había convertido en humo su fortuna; pero allá iba, lleno de regocijo, en busca de una cesta de truchas, simplemente porque “le entusiasmaba la pesca”.
Si en aquel momento hubiera visto en su cara la expresión de la pena, por poca, por ligera que ésta hubiera sido; si la cara se le hubiese alargado, perdiendo aquel aspecto de luna llena, quizá le habría perdonado el crimen de existir; pero, por el contrario, la desgracia parecía aumentar su alegría.
Lo insulté a propio intento, y no vi en su cara signo alguno de despecho; todo lo más, un gesto de sorpresa bondadosa.
-¿Pelearnos?... ¿Y por qué? -me preguntó con lentitud, y añadió, echándose a reír-. ¡Ja,ja! ¡Qué gracioso es usted! ¡Ja, ja!... De verdad, me hace usted muchísima gracia.
¿Qué hacer? La cosa era horrible, inverosímil, inaguantable... ¡Cómo lo odiaba, Dios poderoso!...
Luego, aquel nombre: Claverhouse. ¿Por qué Claverhouse? Me hacía la pregunta mil veces. No me hubiera importado que se llamara Smith, Brown, Jones; pero... ¡Claverhouse!... ¿Es posible que exista alguien con semejante nombre? “No”, me responderán ustedes, y “no", me respondía yo mismo.
Pensé en su hipoteca y en la imposibilidad de que la pagara, cuando sus cosechas se encontraban destruidas. Bien pronto encontré un prestamista astuto e inhumano que se quedó con todos los créditos, y aunque yo no figuré para nada en la transacción, pude, por medio de este agente, forzar el vencimiento, para tener el gusto de avisar a Claverhouse de los pocos días (ni uno más de los que marca la ley) que le restaban para abandonar la casa y la finca donde había vivido durante veinte años.
Después fui a verlo, esperando leer, al fin, la desesperación en sus ojos; pero ¡ca!; lo encontré sonriente, con su eterna cara de contento y... ¡más parecida que nunca a la luna llena!
Me recibió riendo a carcajadas.
-¡Ja, ja, ja!... ¡Pero qué gracioso es este chiquillo mío! Figúrese usted que estaba jugando en la orilla del río, cuando un trozo del ribazo cayó al agua y lo salpicó, y me dice: “¡Oye, papá! ¡Un charco se ha levantado y me ha dado en la cabeza!..."
Y se detuvo, aguardando, sin duda, a que yo me echara a reír.
-Pues no veo la gracia -le contesté con brusquedad y sintiendo que la cara se me agriaba por momentos.
Me miró con asombro, y luego empezó a extenderse por la suya el resplandor suave de que les he hablado, y que la tornaba casi luminosa:
De nuevo empezó a reír:
-¡Ja, ja!... ¡Esto sí que está bueno!... ¡Que no le ve la gracia!... ¡Ja, ja, ja!... ¡Que no se la ve!... Pero, venga usted acá, venga usted acá; usted ya sabe que los charcos...
No lo dejé terminar; di media vuelta y me marché. ¡Era el colmo! ¡Ya no podía resistirlo! Se hacía indispensable acabar de una vez; era preciso libertar al mundo de semejante monstruo...
Y mientras subía lentamente la colina, su risa maldita me perseguía, resonante siempre, siempre...
*
Me precio de hacer las cosas bien, y cuando resolví matar a Claverhouse estaba dispuesto a hacerlo en forma tal y con tal habilidad, que el recuerdo de mi acción no pudiera avergonzarme nunca. Declaro que aborrezco la torpeza y que siempre me inspiró antipatía la violencia y la fuerza bruta. Matar a un hombre a puñetazos, por ejemplo, tiene todos los caracteres del vandalismo, y me repugna hasta pensar en ello; de modo que la idea de disparar un tiro, clavar un puñal o asestar un golpe ni siquiera entró en mis cálculos; además, no sólo era cuestión de hacerlo bien, científicamente: quedaba por resolver la indispensable forma de evitar que pudieran recaer sospechas sobre mí.
Pensé mucho en ello, y por fin, tras una semana de trabajo mental, encontré lo que buscaba, y me dispuse a poner en obra mi pensamiento.
Empecé por comprar una perra de aguas de cinco meses, y me dediqué en cuerpo y alma a inculcarle la educación necesaria. Si alguien me hubiera observado con atención, pronto se hubiera dado cuenta de que sólo la adiestraba en devolverme las cosas que yo arrojaba lejos de mí.
La perra, a la que di el nombre de Belona, me traía los palos que le tiraba al agua, y no solamente me los traía, sino que lo efectuaba en seguida, sin vacilar, morderlos ni jugar con ellos. Le enseñé a correr detrás de mí con un objeto en la boca, hasta alcanzarme, y como se trataba de un animal listo y despierto, pronto tuve el gusto de ver que mis lecciones fueron bien aprovechadas.
En la primera ocasión favorable regalé el animal a mi enemigo, y al hacerlo, como se comprenderá, llevaba mi idea, pues de antiguo conocía su flaqueza y su hábito inveterado de infringir cierta ley de pesca.
-No -me dijo cuando le puse la traílla en la mano-, no, esto no es en serio, ¿verdad? -y se reía, con su risa ridícula, que le retozaba por toda la cara mofletuda y reluciente-. Yo... yo... pensaba... Vamos, creía, creía que... no le era a usted muy simpático -continuó el imbécil-. ¿Verdad que tiene gracia que haya vivido equivocado, eh?
Y reía, reía hasta desternillarse. ¡Canalla!
-¿Cómo se llama? -me preguntó.
-Belona.
-¿Belona? ¡Ja, ja! ¡Qué nombre más raro!
Rechinando los dientes, que su estúpida alegría me ponía de punta, le contesté:
-Belona era la esposa de Marte.
-¡Ah, ya comprendo, comprendo! Sí, claro, Marte se llamaba mi perro. Bueno, pues... ¡se ha quedado viuda esta Belona!
Ya estaba bien lejos de la cuesta, y todavía llegaban a mí sus carcajadas.
Pasó la semana, y el sábado le dije:
-Se marcha usted el lunes, ¿no?
-Sí -respondió, sin dejar de sonreír.
-Entonces, no podrá meter mano a las truchas antes de irse...
-No sé... no sé -me replicó, sin reparar en el tono agrio de mi pregunta-. De todas maneras, mañana pienso probar... ¡Ja, ja!...
Su respuesta me tranquilizó, y me marché a casa satisfecho.
Al día siguiente, muy temprano, lo vi salir con saco y red, acompañado de Belona, y como tenía la certeza del sitio adonde se dirigían, tomé un atajo y pronto llegué a la cima de la montaña, que bordeé ocultándome, hasta avistar el valle en el cual el riachuelo formaba una pequeña cascada y más allá una laguna límpida y tranquila que reposaba entre las breñas.
Era el sitio, y sentándome en el suelo entre la maleza, desde donde dominaría el espectáculo, encendí mi pipa y esperé tranquilo el desenlace.
Bien pronto, Claverhouse apareció vadeando la corriente del riachuelo, seguido de Belona, que correteaba a su alrededor. Ambos, hombre y animal, llegaban contentos, y los ladridos cortos y vibrantes del uno se confundían con los gritos guturales del otro. Ya junto al remanso, vi que Claverhouse arrojaba la red y el morral al suelo y sacaba del bolsillo algo parecido a una vela gorda y grande. Yo sabía lo que era: un cartucho de los gigantes, pues en eso consistía su sistema para pescar truchas: atontarlas o matarlas con dinamita. Le puso la mecha, envolvió el cartucho en un pedazo de tela, le prendió fuego y lo tiró con fuerza al charco.
Como un relámpago, Belona se precipitó tras él, mientras yo hubiera gritado, de puro gozo, al verlo. En vano Claverhouse llamaba a la perra a gritos; en vano la tiroteaba con piedras y ramas: el animal nadaba rápidamente, y al poco tuvo el cartucho en la boca se dirigió con él hacia la orilla. Entonces, por primera vez, pareció darse cuenta del peligro a que estaba expuesto, y echó a correr por entre la maleza. Mis planes se realizaban a la perfección; la perra, al llegar a la orilla, emprendió sin vacilar su persecución, tal y como yo le había enseñado a hacer conmigo.
¡Oh! El espectáculo era grandioso, y bien merecía el trabajo que me costó prepararlo.
Como ya he dicho, el pequeño remanso formaba el fondo de una especie de anfiteatro natural, y el arroyo tenía pasaderas de piedra a la entrada y a la salida. Claverhouse, seguido de Belona, corría dando vueltas y más vueltas de un lado a otro; ambos, pasando y repasando la corriente, como dos bolas dentro de un plato, persiguiéndose, en un divertido e interesante juego. Nunca hubiera creído que un hombre de su aspecto poseyese tal ligereza, pues Claverhouse corría con una velocidad asombrosa, mientras la perra lo seguía de cerca, ganando terreno a cada paso, a punto de alcanzarlo... Y en el momento en que se tocaban, él a toda carrera, ella con el hocico casi junto a su rodilla, se produjo la explosión: un relámpago, una nube de humo blanquecino y una detonación formidable que retumbó en la montaña... Donde habían estado el hombre y el perro no quedaba sino una hondonada en el suelo de la planicie...
*
El juez calificó el suceso de “muerte accidental en la circunstancia de hallarse pescando por medios prohibidos”.
He aquí por qué me precio de la forma delicada y artística que empleé para acabar con Juan Claverhouse. No hubo brutalidad, no hubo torpeza; nada de qué tener que avergonzarme, convendrán ustedes conmigo.
Y ya su risa infernal no repercute sus ecos entre mis queridas montañas ni me irrita la aparición de su estúpida cara de luna.
Mis días transcurren plácidos y por las noches duermo tranquilamente como un niño...
FIN
Fonte :Noticuento.Biblioteca Digital Ciudad Seva
quinta-feira, 5 de julho de 2012
Roteiro de cinema
BRUNA TIUSSU – O Estado de S.Paulo
“Gostaria de fazer um filme aqui? Vamos pagar por isso.” O convite-patrocínio, sem papas na língua, foi suficiente para que, lá em 2005, Woody Allen transformasse a família originalmente nova-iorquina de sua história em uma típica inglesa, e assim rumasse a Londres para gravar Match Point, seu primeiro longa rodado na Europa. Os rechonchudos incentivos em libras levaram os belos cenários londrinos às telonas em outras três de suas produções. E a mágica receita se espalhou pelo continente. Com a mesma artimanha de ganhá-lo pelo bolso, também entraram no foco das câmeras do cineasta as belezas de Barcelona, Paris e, agora, Roma, onde se passa sua última comédia lançada sexta-feira nos cinemas brasileiros.
Para Roma com Amor começa com uma sequência de cartões-postais clichês, como Allen já mostrou que gosta de fazer: a Piazza del Popolo, o trânsito caótico característico da cidade, a Piazza di Spagna e a Fontana di Trevi. Composto por quatro histórias e um elenco com estrelas como Roberto Benigni, Penélope Cruz, Alec Baldwin e o próprio Woody Allen, segue explorando mais da sempre ensolarada Roma turística, presente em todo e qualquer guia de viagem.
A trama, porém, também abre espaço para a atmosfera descolada de bairros pouco conhecidos da capital, como San Angelo e Garbatella, que ganham cenas em suas ruelas pitorescas e cafés (leia na página ao lado). O suficiente para despertar a curiosidade do espectador e futuro viajante.
A comédia vem para afirmar mais uma vez que a incursão pelo Velho Mundo é uma maratona de inegável sucesso para ambos os lados. Em sete anos de viagens pela Europa, Allen abocanhou US$ 17 milhões em incentivos fiscais e produziu sete longas – voltou à sua Nova York apenas para filmar a comédia Tudo Pode Dar Certo, lançada em 2010, digamos que um período sabático em meio à temporada europeia. É um dos poucos capazes de manter tal ritmo de produção, com liberdade total para conceber suas ideias.
Em contrapartida, a capital italiana e os outros destinos que lhe serviram de set ganharam mais que o importuno movimento causado pelas gravações – durante as filmagens de Vicky Cristina Barcelona, não era raro ver a população enfurecida com as regalias concedidas ao diretor. Com ruas, monumentos, paisagens e sotaques exibidos nas telonas do mundo todo, saíram no lucro com uma incalculável visibilidade turística. Roteiros inteiros enquadrados e selados com a assinatura do gênio nova-iorquino. Que viajante não quer testá-los in loco?
Seguindo passos. Basta conferir na internet o número de referências de buscas pela ‘escadaria de Meia-noite em Paris’. Depois que Gil (Owen Wilson), protagonista da trama de Allen, pegou carona com Scott e Zelda Fitzgerald diante dos degraus da Igreja de Saint Etienne, no 5.º arrondissement, o lugar se tornou parada obrigatória de quem está de passagem pela Cidade Luz – sobretudo à meia-noite, quando os mais crentes vão tentar a sorte de encontrar o tal carro que os levará para a Paris dos anos 1920.
Um crescente interesse por Oviedo e Avilés, cidades das Astúrias, na Espanha, também pode ser percebido depois que Vicky Cristina Barcelona alcançou os cinemas. Viajantes não resistiram às panorâmicas exibidas pelo longa e trataram de incluir os vilarejos em seus roteiros pelo país.
Com Roma, não será diferente. O empurrãozinho de Allen, a favor de seus clichês ou de novas regiões da cidade, virá a calhar em época de crise europeia. E a corrida para próximo candidato à destino cenográfico do diretor já começou. Este ano, ele gravará em São Francisco e Nova York – e, ao que parece, Berlim, Rio de Janeiro e Buenos Aires estão no páreo para ser a sede do roteiro seguinte. Falta saber quem vai abrir a carteira e ganhar o coração do disputado cineasta.
‘Match Point’, o princípio de tudo
Match Point não só iniciou a experiência europeia de Woody Allen como usou bem a vertente aristocrática e sofisticada da cidade como personagem de um jogo de poder e sedução. A história da relação explosiva entre a aspirante a atriz Nola Rice (Scarlett Johansson) e o professor de tênis Chris Wilton (Jonathan Rhys Meyers) começa quando ele passa a dar aulas do esporte ao namorado dela, Tom Hewett (Matthew Goode).
O diretor não fugiu de seu estilo ao filmar em lugares que podem ser visitados na vida real. O elegante Queens Club (queensclub.co.uk) é o ponto de partida para que Chris conheça a irmã de Tom, Chloe (Emily Mortimer), com quem se casa de olho na fortuna da família. As quadras são só para sócios, mas você pode assistir a um dos torneios.
A relação de Chris e Nola se estreita durante uma ópera na Royal Opera House (www.roh.org.uk). Se você não pertence à aristocracia como os personagens, pode tentar comprar tíquetes quatro horas antes do espetáculo pela metade do preço.
Outra passagem curiosa é o jantar do quarteto amoroso na Brasserie Max, restaurante localizado no hobby do luxuoso Covent Garden Hotel (firmdalehotels.com). E repare bem na cena em que Chris joga provas que o incriminam no Rio Tâmisa, no final da Hopton Street, debaixo da Blackfriars Bridge: você verá um grafite do famoso Banksy. / F.M.
Elegantes cafés na capital do chá
ANA , GASSTON – O Estado de S.Paulo
No século 17, antes do chá virar mania nacional na Inglaterra, o café era a bebida mais popular. Nas coffee houses espalhadas pelo centro de Londres, comerciantes e banqueiros se reuniam para tratar de negócios. A primeira da cidade, Pasqua Rosee’s, surgiu em 1652, mas foi destruída no Grande Incêndio e substituída pela Jamaica Coffee House que, hoje, é um bar chamado Jamaica Wine House, em Cornhill, na London City.
Atualmente, café está de novo na moda, para a felicidade dos brasileiros que não passam um dia sem. Nos últimos anos, fantásticas lojas independentes surgiram vendendo o próprio café fabricado com grãos importados de vários países, inclusive do Brasil.
Uma de minhas lojas favoritas é a Monmouth Coffee (monmouthcoffee.co.uk), com três endereços: Covent Garden, Bermondsey e London Bridge. A última, ao lado do Borough Market, é a mais concorrida: quando o mercado está aberto, a fila dobra a esquina. Para comprar um pacote de café, basta pedir instruções para os atendentes no balcão. Ainda no mercado, encontra-se o carrinho do Flat Cap, cujo dono brasileiro fez tanto sucesso que abriu duas lojas, uma delas a elegante Notes Music & Coffee (notesmusiccoffee.com), perto da Trafalgar Square.
Já no Broadway Market, o café do vietnamita Ca Phe VN (caphevn.co.uk) é um dos mais populares. Além de café com leite condensado, quente ou gelado, em sua loja, em Clerkenwell Road, há o caríssimo Weasel coffee, feito com grãos digeridos por doninhas.
Na mesma rua, o moderno Workshop Coffee (workshopcoffee.com) tem um bar no centro e, no fundo, uma máquina onde o café é torrado. Além de café, servem outras bebidas e pratos durante o dia e a noite.
Na movimentada Berwick Street, em Soho, está o Flat White (flatwhitecafe.com), cujo nome foi derivado da bebida trazida para o país pelos donos australianos e que agora faz parte do menu de vários cafés da cidade. Trata-se de um latte mais cremoso com uma dose extra de café.
Perto dali, o pub The Old Coffee Shop, pequeno e escuro, já vendeu muito café e, hoje, serve cervejas independentes fabricadas em Londres, a bebida que nunca saiu da moda.
*É jornalista, paulistana e vive em Londres há 10 anos
Vicky Cristina Barcelona
Woody Allen tomou o cuidado de incluir o nome dos três personagens principais no título: Vicky Cristina Barcelona. Assim como no aclamado Meia-noite em Paris, no filme de 2008 – que rendeu um Oscar de melhor atriz coadjuvante a Penelope Cruz pelo papel da intempestiva Maria Elena – a cidade representa mais que uma mera locação.
É como se o espectador acompanhasse Vicky (Rebecca Hall) e Cristina (Scarlet Johansson) em sua viagem de férias pela capital catalã. Ele desembarca com elas na primeira cena, no aeroporto, e as acompanha pelo city tour que é a película.
Primeira parada, Sagrada Família (sagradafamilia.cat), onde os guindastes fazem tão parte do cenário quanto as torres da catedral projetada por Gaudí (1852-1926)- em construção há mais de 130 anos. Gaudí, aliás, é a razão pela qual Vicky, que está de casamento marcado, escolhe Barcelona. Apaixonada pelo trabalho do artista, ela quer reunir material para seu mestrado em identidade catalã. Sem compromisso amoroso ou emprego fixo, Cristina acompanha a amiga.
O city tour segue por La Pedrera (lapedrera.com), outra maravilha de Gaudí erguida de 1906 a 1912. Depois, vão à galeria de arte onde veem pela primeira vez o sedutor pintor Juan Antonio (Javier Bardem). O local em questão é a Fundação Antoni Tàpies (fundaciotapies.org), cujo objetivo é promover a conexão das artes.
A essa altura, a fome já deve bater – que tal jantar no 4Gats (4gats.com), como fazia Picasso? Vicky e Cristina foram para lá e encontraram outro pintor: Juan Antonio, claro. Que propõe uma viagem a Oviedo, a cerca de 900 quilômetros dali. Mas que em um jatinho particular vira uma escapada de fim de semana.
Apesar de deixar claro suas intenções (comer, beber e fazer sexo), Juan Antonio diz querer ir a Oviedo para ver uma escultura que gosta muito – a imagem de Cristo crucificado da igreja San Julián de los Prados, patrimônio da Unesco erguido entre os anos 812 e 842. De lá, saem para comer doces na Camilo de Blas (camilodeblas.com), em funcionamento desde 1914.
De volta a Barcelona, Vicky se concentra em seu mestrado para esquecer a tórrida noite com Juan Antonio. Cristina, que havia ficado doente em Oviedo, sai para fotografar o Bairro Gótico. Afinal, não faltam pontos atraentes por ali.
Quando ela e o pintor engatam um romance, Vicky encontra Juan Antonio no Parque Guell (parkguell.es), outra obra de Gaudí. E é aí que ocorre o improvável: os dois conversam demoradamente em frente à icônica salamandra. Normalmente, a fila para tirar foto ali desafia a paciência.
Depois que o noivo de Vicky chega a Barcelona, eles combinam um passeio com Cristina e Juan Antonio no Parque de Tibidabo (www.tibidabo.cat), de onde se vê toda a capital catalã. O verão favorece as cenas externas – e Woody Allen não economiza nas panorâmicas. Como quando Judy e Vicky conversam na saída do Museu Nacional d’Art da Catalunha (mnac.cat). No verão, das 21 às 23 horas, a fonte abaixo do museu ganha música e iluminação especial.
O filme está quase acabando. Ainda há tempo para ver as Ramblas, cafés com mesa na calçada… A atmosfera de Barcelona está toda ali. E, quando sobem os créditos, é como se você também desse adeus à cidade. /ADRIANA MOREIRA
Meia-noite em Paris
O Rio Sena e seus indefectíveis bateaux mouches. Champs-Elysées e Arco do Triunfo. Moulin Rouge, Notre Dame, cafés e bistrôs, e, claro, a Torre Eiffel. Meia-noite em Paris (2011) começa com um passeio pelos cartões-postais da cidade, com chuva e sol, de noite e de dia, sem apresentar nenhum personagem. Ou melhor, apresentando, sim, seu principal personagem: Paris.
A capital francesa, afinal, é o objeto de desejo de Gil (Owen Wilson), escritor americano que sonha em conhecer a Paris nos anos 20. Para ele, andar pela metrópole é inspirador – especialmente na chuva, quando, afirma, a cidade fica ainda mais linda. “Eu me vejo caminhando pela margem esquerda do Sena com uma baguete debaixo do braço, indo para o Café de Flore (cafedeflore.fr) para escrever meu livro”, diz.
E é numa dessas caminhadas que, sem querer, vai parar em frente aos degraus da Igreja de Saint Etienne. Quando os sinos tocam meia-noite, um carro antigo o leva até a Paris dos anos 20, onde conhece Ernest Hemingway, Scott e Zelda Fitzgerald, Picasso e outros gênios da efervescente cultura da época.
A trama se desenrola enquanto são apresentados pontos turísticos. Gil e a noiva, Inez (Rachel McAdams) são convidados por um amigo (o pedante Paul, interpretado por Michael Sheen) a conhecer Versalhes. Paul discorre sobre a história do palácio, encantando Inez e entediando Gil. Em outra ocasião, o grupo se reúne em frente à estátua O Pensador, no Musée Rodin (musee-rodin.fr). Alguns pontos são facilmente reconhecíveis, mesmo por quem nunca pisou em Paris. Outros não são nada óbvios, como o restaurante Relais&Châteaux Le Grand Véfour (legrand-vefour.com), onde Gil e Inez jantam com os pais dela – e encontram Paul.
Quando o grupo vai a uma degustação de vinhos, está no alto do refinado Hotel Le Meurice (lemeurice.com), em frente aos Jardins das Tulherias – um dos lugares favoritos de Woody Allen na cidade, segundo ele contou ao Estado no lançamento do filme. O diretor, assim como Gil, adora caminhar pelas ruas da capital francesa. “A Champs-Elysées é ótima, mas está sempre cheia de turistas. Gosto dos parques.”
Gil e Inez estão hospedados no Le Bristol (lebristolparis.com), um cinco-estrelas aclamado. Allen, contudo, tem como hotel favorito em suas visitas à cidade o Ritz (hoje, fechado para restauração até 2014). E é bem ali, pela Place Vendôme, que Inez e sua mãe caminham, admirando na vitrine um anel de diamantes. A região, afinal, concentra as lojas mais sofisticadas, como Tiffany’s e Dior.
Gil, contudo, prefere o mercado de pulgas de Saint-Ouen, onde compra um disco de Cole Porter (1891-1964) e, mais tarde, brincos para Adriana, uma das musas de Picasso por quem o escritor americano se encanta.
Mesmo pontos retratados no passado durante o filme podem ser visitados no presente. Como o Polidor (polidor.com), onde Gil encontra Hemingway (Corey Stoll) pela primeira vez . De fato, o restaurante, aberto em 1845, era frequentado pelo escritor, assim como por Victor Hugo e outras personalidades. No filme, Gil tenta retornar ao local, que deu lugar a uma lavanderia. Mas não se preocupe: é só licença poética. O Polidor segue no mesmo lugar.
Quando Gil e Adriana voltam a 1890, jantam no Maxim’s (maxims-de-paris.com). Depois, assistem a um espetáculo de cancã no Moulin Rouge (moulinrouge.fr). Tudo funcionando até hoje.
O filme, enfim, é um passeio interminável por Paris. E você nem precisa voltar no tempo para conhecer os lugares onde Gil esteve. Pena mesmo é não poder encontrar os gênios do passado… /ADRIANA MOREIRA
Para Roma com amor
Ao som dos versos de Volare, de Domenico Modugno, cobrindo cenas da Piazza del Popolo, Woody Allen dá início ao filme Para Roma com Amor, sua homenagem à cidade e à tradição cinematográfica da Itália. Para retratar o modo de vida romano, se utilizou de quatro histórias desconexas. “É um lugar muito vasto para caber em um único enredo. Uma cidade artística, que acontece a céu aberto”, explicou no lançamento do filme.
Marcando o retorno do diretor à frente das câmeras – sua última atuação foi em Scoop, há seis anos – Woody vive Jerry, um aposentado produtor musical americano que foi a Roma conhecer seu genro. Turistando pela cidade, sua filha Hayley (Alison Pill) cai de amores pelo mais provável galã italiano, que lhe acompanha em ícones clássicos como Piazza di Spagna e Fontana di Trevi, deslumbrante em cena, sem o aglomerado que a cerca diariamente. Coisa de cinema.
Recém-chegada do interior, a italianinha Milly (Alessandra Mastronardi) é peça-chave da segunda trama. Ela se perde pela capital e acaba percorrendo, em uma ensolarada e sempre alegre Roma, outros pontos que compõem os tradicionais passeios turísticos (turismoroma.it). Caminha pela praça Campo dei Fiori, famosa pelo mercado gastronômico, com barracas de ingredientes típicos (funciona todos os dias, exceto aos domingos). Passa pelo Largo di Argentina, onde estão as ruínas do Teatro Pompeu. E ainda se depara com a pequena Piazza Mattei, decorada com uma fonte construída em 1584.
Áreas menos conhecidas entram em cena com o personagem mais colorido do filme, o italiano Leopoldo (Roberto Benigni), protagonista da terceira história. Tendo de lidar com uma fama repentina, foge dos paparazzi e apresenta ao espectador ruelas, casas baixas e a atmosfera popular de Garbatella e Rione Monte. Bairros que, na vida real, exalam história e convidam a circular sem roteiro, reparando em suas fachadas medievais. O primeiro vale ser visitado ao entardecer para conferir o jogo de luzes e sombras no arco do Palazzo Borgia, coberto por trepadeiras.
Os americanos Monica (Ellen Page) e Jack (Jesse Eisenberg) compõem o quarto núcleo ao lado de John (Alec Baldwin). Do jovem casal, vale ressaltar uma cena de dar inveja aos convictos viajantes: eles exploram as nostálgicas ruínas del Palatino, sob chuva e à noite, quando o local já está fechado para visitas.
Já o arquiteto John está apenas visitando a cidade e relembrando a época em que viveu no simpático bairro de Trastevere. Apesar de Woody Allen ter deixado de fora importantes monumentos dali – como a Basílica Santa Maria, com seus impressionantes mosaicos dourados, e a Colina de Gianicolo, que oferece uma panorâmica espetacular da cidade -, as estreitas ruas de paralelepípedos, com casas medievais caracterizadas pelo amarelo descascado das paredes são fundamentais para compor o retrato de Roma.
De antigo reduto de trabalhadores e artesãos, onde o turismo não tinha vez, se converteu na atual região da moda, destino de quem busca diversão à noite, em descolados bares e casas noturnas que circundam a praça.
Com este mosaico de personagens que vivem cenas de romance, aventura e humor em cenários ora familiar, ora surpreendente, Woody Allen mostra toda sua maestria. E entrega uma tentativa bem-sucedida de representar no cinema as variadas situações que compõem, cotidianamente, a sempre atraente Cidade Eterna. / BRUNA TIUSSU
Entre uma cena e outra, a hora de ‘mangiare’
Woody Allen fez sua parte escolhendo cenários que fogem do centro tradicional para compor o seu Para Roma com Amor. Cabe a nós ajudá-lo, portanto, com sugestões gastronômicas localizadas em tais bairros, essenciais para que seu roteiro de férias fique redondinho.
Endereços saborosos ocupam as ruelas históricas de Trastevere. Aberto em 1860, o Piperno (ristorantepiperno.com) oferece massas tipicamente italianas – invista nelas. Mas somente depois de provar as flores de abobrinha fritas, um dos destaques da casa. Se estiver por lá durante o verão, abuse da sorte e tente uma mesa no terraço.
Se quiser algo mais informal, tente o Caffe del Cinque, (Vicolo del Cinque 5), bar no cruzamento de cinco ruas. Vale em qualquer hora do dia: café da manhã, aperitivos à tarde e até um drinque à noite.
Para matar a sede em Garbatella, circule perto do histórico Teatro Palladium (romaeuropa.net/palladium), onde encontrará o Foschi, bar que é principal ponto de encontro na região. Se o caso for matar a fome, o italianíssimo Ristoro degli Angeli (ristorodegliangeli.it) está a poucos passos.
Ao visitar Rione Monte, vá com disposição para provar vinhos. Ali fica a concorrida adega Ai Tre Scalini (aitrescalini.org/bottiglieria), aberta desde 1895. Se não conseguir mesa, siga para o Charity Café (charitycafe.it) e prove um aperitivo ao som de uma banda de jazz. /B.T.
“Gostaria de fazer um filme aqui? Vamos pagar por isso.” O convite-patrocínio, sem papas na língua, foi suficiente para que, lá em 2005, Woody Allen transformasse a família originalmente nova-iorquina de sua história em uma típica inglesa, e assim rumasse a Londres para gravar Match Point, seu primeiro longa rodado na Europa. Os rechonchudos incentivos em libras levaram os belos cenários londrinos às telonas em outras três de suas produções. E a mágica receita se espalhou pelo continente. Com a mesma artimanha de ganhá-lo pelo bolso, também entraram no foco das câmeras do cineasta as belezas de Barcelona, Paris e, agora, Roma, onde se passa sua última comédia lançada sexta-feira nos cinemas brasileiros.
Para Roma com Amor começa com uma sequência de cartões-postais clichês, como Allen já mostrou que gosta de fazer: a Piazza del Popolo, o trânsito caótico característico da cidade, a Piazza di Spagna e a Fontana di Trevi. Composto por quatro histórias e um elenco com estrelas como Roberto Benigni, Penélope Cruz, Alec Baldwin e o próprio Woody Allen, segue explorando mais da sempre ensolarada Roma turística, presente em todo e qualquer guia de viagem.
A trama, porém, também abre espaço para a atmosfera descolada de bairros pouco conhecidos da capital, como San Angelo e Garbatella, que ganham cenas em suas ruelas pitorescas e cafés (leia na página ao lado). O suficiente para despertar a curiosidade do espectador e futuro viajante.
A comédia vem para afirmar mais uma vez que a incursão pelo Velho Mundo é uma maratona de inegável sucesso para ambos os lados. Em sete anos de viagens pela Europa, Allen abocanhou US$ 17 milhões em incentivos fiscais e produziu sete longas – voltou à sua Nova York apenas para filmar a comédia Tudo Pode Dar Certo, lançada em 2010, digamos que um período sabático em meio à temporada europeia. É um dos poucos capazes de manter tal ritmo de produção, com liberdade total para conceber suas ideias.
Em contrapartida, a capital italiana e os outros destinos que lhe serviram de set ganharam mais que o importuno movimento causado pelas gravações – durante as filmagens de Vicky Cristina Barcelona, não era raro ver a população enfurecida com as regalias concedidas ao diretor. Com ruas, monumentos, paisagens e sotaques exibidos nas telonas do mundo todo, saíram no lucro com uma incalculável visibilidade turística. Roteiros inteiros enquadrados e selados com a assinatura do gênio nova-iorquino. Que viajante não quer testá-los in loco?
Seguindo passos. Basta conferir na internet o número de referências de buscas pela ‘escadaria de Meia-noite em Paris’. Depois que Gil (Owen Wilson), protagonista da trama de Allen, pegou carona com Scott e Zelda Fitzgerald diante dos degraus da Igreja de Saint Etienne, no 5.º arrondissement, o lugar se tornou parada obrigatória de quem está de passagem pela Cidade Luz – sobretudo à meia-noite, quando os mais crentes vão tentar a sorte de encontrar o tal carro que os levará para a Paris dos anos 1920.
Um crescente interesse por Oviedo e Avilés, cidades das Astúrias, na Espanha, também pode ser percebido depois que Vicky Cristina Barcelona alcançou os cinemas. Viajantes não resistiram às panorâmicas exibidas pelo longa e trataram de incluir os vilarejos em seus roteiros pelo país.
Com Roma, não será diferente. O empurrãozinho de Allen, a favor de seus clichês ou de novas regiões da cidade, virá a calhar em época de crise europeia. E a corrida para próximo candidato à destino cenográfico do diretor já começou. Este ano, ele gravará em São Francisco e Nova York – e, ao que parece, Berlim, Rio de Janeiro e Buenos Aires estão no páreo para ser a sede do roteiro seguinte. Falta saber quem vai abrir a carteira e ganhar o coração do disputado cineasta.
‘Match Point’, o princípio de tudo
Match Point não só iniciou a experiência europeia de Woody Allen como usou bem a vertente aristocrática e sofisticada da cidade como personagem de um jogo de poder e sedução. A história da relação explosiva entre a aspirante a atriz Nola Rice (Scarlett Johansson) e o professor de tênis Chris Wilton (Jonathan Rhys Meyers) começa quando ele passa a dar aulas do esporte ao namorado dela, Tom Hewett (Matthew Goode).
O diretor não fugiu de seu estilo ao filmar em lugares que podem ser visitados na vida real. O elegante Queens Club (queensclub.co.uk) é o ponto de partida para que Chris conheça a irmã de Tom, Chloe (Emily Mortimer), com quem se casa de olho na fortuna da família. As quadras são só para sócios, mas você pode assistir a um dos torneios.
A relação de Chris e Nola se estreita durante uma ópera na Royal Opera House (www.roh.org.uk). Se você não pertence à aristocracia como os personagens, pode tentar comprar tíquetes quatro horas antes do espetáculo pela metade do preço.
Outra passagem curiosa é o jantar do quarteto amoroso na Brasserie Max, restaurante localizado no hobby do luxuoso Covent Garden Hotel (firmdalehotels.com). E repare bem na cena em que Chris joga provas que o incriminam no Rio Tâmisa, no final da Hopton Street, debaixo da Blackfriars Bridge: você verá um grafite do famoso Banksy. / F.M.
Elegantes cafés na capital do chá
ANA , GASSTON – O Estado de S.Paulo
No século 17, antes do chá virar mania nacional na Inglaterra, o café era a bebida mais popular. Nas coffee houses espalhadas pelo centro de Londres, comerciantes e banqueiros se reuniam para tratar de negócios. A primeira da cidade, Pasqua Rosee’s, surgiu em 1652, mas foi destruída no Grande Incêndio e substituída pela Jamaica Coffee House que, hoje, é um bar chamado Jamaica Wine House, em Cornhill, na London City.
Atualmente, café está de novo na moda, para a felicidade dos brasileiros que não passam um dia sem. Nos últimos anos, fantásticas lojas independentes surgiram vendendo o próprio café fabricado com grãos importados de vários países, inclusive do Brasil.
Uma de minhas lojas favoritas é a Monmouth Coffee (monmouthcoffee.co.uk), com três endereços: Covent Garden, Bermondsey e London Bridge. A última, ao lado do Borough Market, é a mais concorrida: quando o mercado está aberto, a fila dobra a esquina. Para comprar um pacote de café, basta pedir instruções para os atendentes no balcão. Ainda no mercado, encontra-se o carrinho do Flat Cap, cujo dono brasileiro fez tanto sucesso que abriu duas lojas, uma delas a elegante Notes Music & Coffee (notesmusiccoffee.com), perto da Trafalgar Square.
Já no Broadway Market, o café do vietnamita Ca Phe VN (caphevn.co.uk) é um dos mais populares. Além de café com leite condensado, quente ou gelado, em sua loja, em Clerkenwell Road, há o caríssimo Weasel coffee, feito com grãos digeridos por doninhas.
Na mesma rua, o moderno Workshop Coffee (workshopcoffee.com) tem um bar no centro e, no fundo, uma máquina onde o café é torrado. Além de café, servem outras bebidas e pratos durante o dia e a noite.
Na movimentada Berwick Street, em Soho, está o Flat White (flatwhitecafe.com), cujo nome foi derivado da bebida trazida para o país pelos donos australianos e que agora faz parte do menu de vários cafés da cidade. Trata-se de um latte mais cremoso com uma dose extra de café.
Perto dali, o pub The Old Coffee Shop, pequeno e escuro, já vendeu muito café e, hoje, serve cervejas independentes fabricadas em Londres, a bebida que nunca saiu da moda.
*É jornalista, paulistana e vive em Londres há 10 anos
Vicky Cristina Barcelona
Woody Allen tomou o cuidado de incluir o nome dos três personagens principais no título: Vicky Cristina Barcelona. Assim como no aclamado Meia-noite em Paris, no filme de 2008 – que rendeu um Oscar de melhor atriz coadjuvante a Penelope Cruz pelo papel da intempestiva Maria Elena – a cidade representa mais que uma mera locação.
É como se o espectador acompanhasse Vicky (Rebecca Hall) e Cristina (Scarlet Johansson) em sua viagem de férias pela capital catalã. Ele desembarca com elas na primeira cena, no aeroporto, e as acompanha pelo city tour que é a película.
Primeira parada, Sagrada Família (sagradafamilia.cat), onde os guindastes fazem tão parte do cenário quanto as torres da catedral projetada por Gaudí (1852-1926)- em construção há mais de 130 anos. Gaudí, aliás, é a razão pela qual Vicky, que está de casamento marcado, escolhe Barcelona. Apaixonada pelo trabalho do artista, ela quer reunir material para seu mestrado em identidade catalã. Sem compromisso amoroso ou emprego fixo, Cristina acompanha a amiga.
O city tour segue por La Pedrera (lapedrera.com), outra maravilha de Gaudí erguida de 1906 a 1912. Depois, vão à galeria de arte onde veem pela primeira vez o sedutor pintor Juan Antonio (Javier Bardem). O local em questão é a Fundação Antoni Tàpies (fundaciotapies.org), cujo objetivo é promover a conexão das artes.
A essa altura, a fome já deve bater – que tal jantar no 4Gats (4gats.com), como fazia Picasso? Vicky e Cristina foram para lá e encontraram outro pintor: Juan Antonio, claro. Que propõe uma viagem a Oviedo, a cerca de 900 quilômetros dali. Mas que em um jatinho particular vira uma escapada de fim de semana.
Apesar de deixar claro suas intenções (comer, beber e fazer sexo), Juan Antonio diz querer ir a Oviedo para ver uma escultura que gosta muito – a imagem de Cristo crucificado da igreja San Julián de los Prados, patrimônio da Unesco erguido entre os anos 812 e 842. De lá, saem para comer doces na Camilo de Blas (camilodeblas.com), em funcionamento desde 1914.
De volta a Barcelona, Vicky se concentra em seu mestrado para esquecer a tórrida noite com Juan Antonio. Cristina, que havia ficado doente em Oviedo, sai para fotografar o Bairro Gótico. Afinal, não faltam pontos atraentes por ali.
Quando ela e o pintor engatam um romance, Vicky encontra Juan Antonio no Parque Guell (parkguell.es), outra obra de Gaudí. E é aí que ocorre o improvável: os dois conversam demoradamente em frente à icônica salamandra. Normalmente, a fila para tirar foto ali desafia a paciência.
Depois que o noivo de Vicky chega a Barcelona, eles combinam um passeio com Cristina e Juan Antonio no Parque de Tibidabo (www.tibidabo.cat), de onde se vê toda a capital catalã. O verão favorece as cenas externas – e Woody Allen não economiza nas panorâmicas. Como quando Judy e Vicky conversam na saída do Museu Nacional d’Art da Catalunha (mnac.cat). No verão, das 21 às 23 horas, a fonte abaixo do museu ganha música e iluminação especial.
O filme está quase acabando. Ainda há tempo para ver as Ramblas, cafés com mesa na calçada… A atmosfera de Barcelona está toda ali. E, quando sobem os créditos, é como se você também desse adeus à cidade. /ADRIANA MOREIRA
Meia-noite em Paris
O Rio Sena e seus indefectíveis bateaux mouches. Champs-Elysées e Arco do Triunfo. Moulin Rouge, Notre Dame, cafés e bistrôs, e, claro, a Torre Eiffel. Meia-noite em Paris (2011) começa com um passeio pelos cartões-postais da cidade, com chuva e sol, de noite e de dia, sem apresentar nenhum personagem. Ou melhor, apresentando, sim, seu principal personagem: Paris.
A capital francesa, afinal, é o objeto de desejo de Gil (Owen Wilson), escritor americano que sonha em conhecer a Paris nos anos 20. Para ele, andar pela metrópole é inspirador – especialmente na chuva, quando, afirma, a cidade fica ainda mais linda. “Eu me vejo caminhando pela margem esquerda do Sena com uma baguete debaixo do braço, indo para o Café de Flore (cafedeflore.fr) para escrever meu livro”, diz.
E é numa dessas caminhadas que, sem querer, vai parar em frente aos degraus da Igreja de Saint Etienne. Quando os sinos tocam meia-noite, um carro antigo o leva até a Paris dos anos 20, onde conhece Ernest Hemingway, Scott e Zelda Fitzgerald, Picasso e outros gênios da efervescente cultura da época.
A trama se desenrola enquanto são apresentados pontos turísticos. Gil e a noiva, Inez (Rachel McAdams) são convidados por um amigo (o pedante Paul, interpretado por Michael Sheen) a conhecer Versalhes. Paul discorre sobre a história do palácio, encantando Inez e entediando Gil. Em outra ocasião, o grupo se reúne em frente à estátua O Pensador, no Musée Rodin (musee-rodin.fr). Alguns pontos são facilmente reconhecíveis, mesmo por quem nunca pisou em Paris. Outros não são nada óbvios, como o restaurante Relais&Châteaux Le Grand Véfour (legrand-vefour.com), onde Gil e Inez jantam com os pais dela – e encontram Paul.
Quando o grupo vai a uma degustação de vinhos, está no alto do refinado Hotel Le Meurice (lemeurice.com), em frente aos Jardins das Tulherias – um dos lugares favoritos de Woody Allen na cidade, segundo ele contou ao Estado no lançamento do filme. O diretor, assim como Gil, adora caminhar pelas ruas da capital francesa. “A Champs-Elysées é ótima, mas está sempre cheia de turistas. Gosto dos parques.”
Gil e Inez estão hospedados no Le Bristol (lebristolparis.com), um cinco-estrelas aclamado. Allen, contudo, tem como hotel favorito em suas visitas à cidade o Ritz (hoje, fechado para restauração até 2014). E é bem ali, pela Place Vendôme, que Inez e sua mãe caminham, admirando na vitrine um anel de diamantes. A região, afinal, concentra as lojas mais sofisticadas, como Tiffany’s e Dior.
Gil, contudo, prefere o mercado de pulgas de Saint-Ouen, onde compra um disco de Cole Porter (1891-1964) e, mais tarde, brincos para Adriana, uma das musas de Picasso por quem o escritor americano se encanta.
Mesmo pontos retratados no passado durante o filme podem ser visitados no presente. Como o Polidor (polidor.com), onde Gil encontra Hemingway (Corey Stoll) pela primeira vez . De fato, o restaurante, aberto em 1845, era frequentado pelo escritor, assim como por Victor Hugo e outras personalidades. No filme, Gil tenta retornar ao local, que deu lugar a uma lavanderia. Mas não se preocupe: é só licença poética. O Polidor segue no mesmo lugar.
Quando Gil e Adriana voltam a 1890, jantam no Maxim’s (maxims-de-paris.com). Depois, assistem a um espetáculo de cancã no Moulin Rouge (moulinrouge.fr). Tudo funcionando até hoje.
O filme, enfim, é um passeio interminável por Paris. E você nem precisa voltar no tempo para conhecer os lugares onde Gil esteve. Pena mesmo é não poder encontrar os gênios do passado… /ADRIANA MOREIRA
Para Roma com amor
Ao som dos versos de Volare, de Domenico Modugno, cobrindo cenas da Piazza del Popolo, Woody Allen dá início ao filme Para Roma com Amor, sua homenagem à cidade e à tradição cinematográfica da Itália. Para retratar o modo de vida romano, se utilizou de quatro histórias desconexas. “É um lugar muito vasto para caber em um único enredo. Uma cidade artística, que acontece a céu aberto”, explicou no lançamento do filme.
Marcando o retorno do diretor à frente das câmeras – sua última atuação foi em Scoop, há seis anos – Woody vive Jerry, um aposentado produtor musical americano que foi a Roma conhecer seu genro. Turistando pela cidade, sua filha Hayley (Alison Pill) cai de amores pelo mais provável galã italiano, que lhe acompanha em ícones clássicos como Piazza di Spagna e Fontana di Trevi, deslumbrante em cena, sem o aglomerado que a cerca diariamente. Coisa de cinema.
Recém-chegada do interior, a italianinha Milly (Alessandra Mastronardi) é peça-chave da segunda trama. Ela se perde pela capital e acaba percorrendo, em uma ensolarada e sempre alegre Roma, outros pontos que compõem os tradicionais passeios turísticos (turismoroma.it). Caminha pela praça Campo dei Fiori, famosa pelo mercado gastronômico, com barracas de ingredientes típicos (funciona todos os dias, exceto aos domingos). Passa pelo Largo di Argentina, onde estão as ruínas do Teatro Pompeu. E ainda se depara com a pequena Piazza Mattei, decorada com uma fonte construída em 1584.
Áreas menos conhecidas entram em cena com o personagem mais colorido do filme, o italiano Leopoldo (Roberto Benigni), protagonista da terceira história. Tendo de lidar com uma fama repentina, foge dos paparazzi e apresenta ao espectador ruelas, casas baixas e a atmosfera popular de Garbatella e Rione Monte. Bairros que, na vida real, exalam história e convidam a circular sem roteiro, reparando em suas fachadas medievais. O primeiro vale ser visitado ao entardecer para conferir o jogo de luzes e sombras no arco do Palazzo Borgia, coberto por trepadeiras.
Os americanos Monica (Ellen Page) e Jack (Jesse Eisenberg) compõem o quarto núcleo ao lado de John (Alec Baldwin). Do jovem casal, vale ressaltar uma cena de dar inveja aos convictos viajantes: eles exploram as nostálgicas ruínas del Palatino, sob chuva e à noite, quando o local já está fechado para visitas.
Já o arquiteto John está apenas visitando a cidade e relembrando a época em que viveu no simpático bairro de Trastevere. Apesar de Woody Allen ter deixado de fora importantes monumentos dali – como a Basílica Santa Maria, com seus impressionantes mosaicos dourados, e a Colina de Gianicolo, que oferece uma panorâmica espetacular da cidade -, as estreitas ruas de paralelepípedos, com casas medievais caracterizadas pelo amarelo descascado das paredes são fundamentais para compor o retrato de Roma.
De antigo reduto de trabalhadores e artesãos, onde o turismo não tinha vez, se converteu na atual região da moda, destino de quem busca diversão à noite, em descolados bares e casas noturnas que circundam a praça.
Com este mosaico de personagens que vivem cenas de romance, aventura e humor em cenários ora familiar, ora surpreendente, Woody Allen mostra toda sua maestria. E entrega uma tentativa bem-sucedida de representar no cinema as variadas situações que compõem, cotidianamente, a sempre atraente Cidade Eterna. / BRUNA TIUSSU
Entre uma cena e outra, a hora de ‘mangiare’
Woody Allen fez sua parte escolhendo cenários que fogem do centro tradicional para compor o seu Para Roma com Amor. Cabe a nós ajudá-lo, portanto, com sugestões gastronômicas localizadas em tais bairros, essenciais para que seu roteiro de férias fique redondinho.
Endereços saborosos ocupam as ruelas históricas de Trastevere. Aberto em 1860, o Piperno (ristorantepiperno.com) oferece massas tipicamente italianas – invista nelas. Mas somente depois de provar as flores de abobrinha fritas, um dos destaques da casa. Se estiver por lá durante o verão, abuse da sorte e tente uma mesa no terraço.
Se quiser algo mais informal, tente o Caffe del Cinque, (Vicolo del Cinque 5), bar no cruzamento de cinco ruas. Vale em qualquer hora do dia: café da manhã, aperitivos à tarde e até um drinque à noite.
Para matar a sede em Garbatella, circule perto do histórico Teatro Palladium (romaeuropa.net/palladium), onde encontrará o Foschi, bar que é principal ponto de encontro na região. Se o caso for matar a fome, o italianíssimo Ristoro degli Angeli (ristorodegliangeli.it) está a poucos passos.
Ao visitar Rione Monte, vá com disposição para provar vinhos. Ali fica a concorrida adega Ai Tre Scalini (aitrescalini.org/bottiglieria), aberta desde 1895. Se não conseguir mesa, siga para o Charity Café (charitycafe.it) e prove um aperitivo ao som de uma banda de jazz. /B.T.
Elegia
ELEGY
TO HIS MISTRESS GOING TO BED.
John Donne, 1616
COME, madam, come, all rest my powers defy ;
Until I labour, I in labour lie.
The foe ofttimes, having the foe in sight,
Is tired with standing, though he never fight.
Off with that girdle, like heaven’s zone glittering,
But a far fairer world encompassing.
Unpin that spangled breast-plate, which you wear,
That th’ eyes of busy fools may be stopp’d there.
Unlace yourself, for that harmonious chime
Tells me from you that now it is bed-time.
Off with that happy busk, which I envy,
That still can be, and still can stand so nigh.
Your gown going off such beauteous state reveals,
As when from flowery meads th’ hill’s shadow steals.
Off with your wiry coronet, and show
The hairy diadems which on you do grow.
Off with your hose and shoes ; then softly tread
In this love’s hallow’d temple, this soft bed.
In such white robes heaven’s angels used to be
Revealed to men ; thou, angel, bring’st with thee
A heaven-like Mahomet’s paradise ; and though
Ill spirits walk in white, we easily know
By this these angels from an evil sprite ;
Those set our hairs, but these our flesh upright.
Licence my roving hands, and let them go
Before, behind, between, above, below.
O, my America, my Newfoundland,
My kingdom, safest when with one man mann’d,
My mine of precious stones, my empery ;
How am I blest in thus discovering thee !
To enter in these bonds, is to be free ;
Then, where my hand is set, my soul shall be.
Full nakedness ! All joys are due to thee ;
As souls unbodied, bodies unclothed must be
To taste whole joys. Gems which you women use
Are like Atlanta’s ball cast in men’s views ;
That, when a fool’s eye lighteth on a gem,
His earthly soul might court that, not them.
Like pictures, or like books’ gay coverings made
For laymen, are all women thus array’d.
Themselves are only mystic books, which we
—Whom their imputed grace will dignify—
Must see reveal’d. Then, since that I may know,
As liberally as to thy midwife show
Thyself ; cast all, yea, this white linen hence ;
There is no penance due to innocence :
To teach thee, I am naked first ; why then,
What needst thou have more covering than a man?
(John Donne)
_____________________________
ELEGIA: INDO PARA O LEITO
Vem, Dama, vem, que eu desafio a paz;
Até que eu lute, em luta o corpo jaz.
Como o inimigo diante do inimigo,
Canso-me de esperar se nunca brigo.
Solta esse cinto sideral que vela,
Céu cintilante, uma área ainda mais bela.
Desata esse corpete constelado,
Feito para deter o olhar ousado.
Entrega-te ao torpor que se derrama
De ti a mim, dizendo: hora da cama.
Tira o espartilho, quero descoberto
O que ele guarda, quieto, tão de perto.
O corpo que de tuas saias sai
É um campo em flor quando a sombra se esvai.
Arranca essa grinalda armada e deixa
Que cresça o diadema da madeixa.
Tira os sapatos e entra sem receio
Nesse templo de amor que é o nosso leito.
Os anjos mostram-se num branco véu
Aos homens. Tu, meu anjo, és como o céu
De Maomé. E se no branco têm contigo
Semelhança os espíritos, distingo:
O que o meu anjo branco põe não é
O cabelo mas sim a carne em pé.
Deixa que a minha mão errante adentre
Atrás, na frente, em cima, em baixo, entre.
Minha América! Minha terra à vista,
Reino de paz, se um homem só a conquista,
Minha mina preciosa, meu Império,
Feliz de quem penetre o teu mistério!
Liberto-me ficando teu escravo;
Onde cai minha mão, meu selo gravo.
Nudez total! Todo o prazer provém
De um corpo (como a alma sem corpo) sem
Vestes. As jóias que a mulher ostenta
São como as bolas de ouro de Atalanta:
O olho do tolo que uma gema inflama
Ilude-se com ela e perde a dama.
Como encadernação vistosa, feita
Para iletrados, a mulher se enfeita;
Mas ela é um livro místico e somente
A alguns (a que tal graça se consente)
É dado lê-la. Eu sou um que sabe;
Como se diante da parteira, abre-
Te: atira, sim, o linho branco fora,
Nem penitência nem decência agora.
Para ensinar-te eu me desnudo antes:
A coberta de um homem te é bastante.
(Tradução: Augusto de Campos)
TO HIS MISTRESS GOING TO BED.
John Donne, 1616
COME, madam, come, all rest my powers defy ;
Until I labour, I in labour lie.
The foe ofttimes, having the foe in sight,
Is tired with standing, though he never fight.
Off with that girdle, like heaven’s zone glittering,
But a far fairer world encompassing.
Unpin that spangled breast-plate, which you wear,
That th’ eyes of busy fools may be stopp’d there.
Unlace yourself, for that harmonious chime
Tells me from you that now it is bed-time.
Off with that happy busk, which I envy,
That still can be, and still can stand so nigh.
Your gown going off such beauteous state reveals,
As when from flowery meads th’ hill’s shadow steals.
Off with your wiry coronet, and show
The hairy diadems which on you do grow.
Off with your hose and shoes ; then softly tread
In this love’s hallow’d temple, this soft bed.
In such white robes heaven’s angels used to be
Revealed to men ; thou, angel, bring’st with thee
A heaven-like Mahomet’s paradise ; and though
Ill spirits walk in white, we easily know
By this these angels from an evil sprite ;
Those set our hairs, but these our flesh upright.
Licence my roving hands, and let them go
Before, behind, between, above, below.
O, my America, my Newfoundland,
My kingdom, safest when with one man mann’d,
My mine of precious stones, my empery ;
How am I blest in thus discovering thee !
To enter in these bonds, is to be free ;
Then, where my hand is set, my soul shall be.
Full nakedness ! All joys are due to thee ;
As souls unbodied, bodies unclothed must be
To taste whole joys. Gems which you women use
Are like Atlanta’s ball cast in men’s views ;
That, when a fool’s eye lighteth on a gem,
His earthly soul might court that, not them.
Like pictures, or like books’ gay coverings made
For laymen, are all women thus array’d.
Themselves are only mystic books, which we
—Whom their imputed grace will dignify—
Must see reveal’d. Then, since that I may know,
As liberally as to thy midwife show
Thyself ; cast all, yea, this white linen hence ;
There is no penance due to innocence :
To teach thee, I am naked first ; why then,
What needst thou have more covering than a man?
(John Donne)
_____________________________
ELEGIA: INDO PARA O LEITO
Vem, Dama, vem, que eu desafio a paz;
Até que eu lute, em luta o corpo jaz.
Como o inimigo diante do inimigo,
Canso-me de esperar se nunca brigo.
Solta esse cinto sideral que vela,
Céu cintilante, uma área ainda mais bela.
Desata esse corpete constelado,
Feito para deter o olhar ousado.
Entrega-te ao torpor que se derrama
De ti a mim, dizendo: hora da cama.
Tira o espartilho, quero descoberto
O que ele guarda, quieto, tão de perto.
O corpo que de tuas saias sai
É um campo em flor quando a sombra se esvai.
Arranca essa grinalda armada e deixa
Que cresça o diadema da madeixa.
Tira os sapatos e entra sem receio
Nesse templo de amor que é o nosso leito.
Os anjos mostram-se num branco véu
Aos homens. Tu, meu anjo, és como o céu
De Maomé. E se no branco têm contigo
Semelhança os espíritos, distingo:
O que o meu anjo branco põe não é
O cabelo mas sim a carne em pé.
Deixa que a minha mão errante adentre
Atrás, na frente, em cima, em baixo, entre.
Minha América! Minha terra à vista,
Reino de paz, se um homem só a conquista,
Minha mina preciosa, meu Império,
Feliz de quem penetre o teu mistério!
Liberto-me ficando teu escravo;
Onde cai minha mão, meu selo gravo.
Nudez total! Todo o prazer provém
De um corpo (como a alma sem corpo) sem
Vestes. As jóias que a mulher ostenta
São como as bolas de ouro de Atalanta:
O olho do tolo que uma gema inflama
Ilude-se com ela e perde a dama.
Como encadernação vistosa, feita
Para iletrados, a mulher se enfeita;
Mas ela é um livro místico e somente
A alguns (a que tal graça se consente)
É dado lê-la. Eu sou um que sabe;
Como se diante da parteira, abre-
Te: atira, sim, o linho branco fora,
Nem penitência nem decência agora.
Para ensinar-te eu me desnudo antes:
A coberta de um homem te é bastante.
(Tradução: Augusto de Campos)
É preciso estar sempre embriagado
Il faut être toujours ivre
Charles Baudelaire
“Il faut être toujours ivre. Tout est là: c’est l’unique question. Pour ne pas sentir l’horrible fardeau du Temps qui brise vos épaules et vous penche vers la terre, il faut vous enivrer sans trêve.
Mais de quoi? De vin, de poésie ou de vertu, à votre guise. Mais enivrez-vous. Et si quelquefois, sur les marches d’un palais, sur l’herbe verte d’un fossé, dans la solitude morne de votre chambre, vous vous réveillez, l’ivresse déjà diminuée ou disparue, demandez au vent, à la vague, à l’étoile, à l’oiseau, à l’horloge, à tout ce qui fuit, à tout ce qui gémit, à tout ce qui roule, à tout ce qui chante, à tout ce qui parle, demandez quelle heure il est et le vent, la vague, l’étoile, l’oiseau, l’horloge, vous répondront: “Il est l’heure de s’enivrer! Pour n’être pas les esclaves martyrisés du Temps, enivrez-vous; enivrez-vous sans cesse! De vin, de poésie ou de vertu, à votre guise.”
É preciso estar sempre embriagado
Charles Baudelaire
“É preciso estar sempre embriagado. Eis aí tudo: é a única questão. Para não sentirdes o horrível fardo do Tempo que rompe os vossos ombros e vos inclina para o chão, é preciso embriagar-vos sem trégua.
Mas de quê? De vinho, de poesia ou de virtude, à vossa maneira. Mas embriagai-vos.
E se, alguma vez, nos degraus de um palácio, sobre a grama verde de um precipício, na solidão morna do vosso quarto, vós acordardes, a embriaguez já diminuída ou desaparecida, perguntai ao vento, à onda, à estrela, ao pássaro, ao relógio, a tudo que foge, a tudo que geme, a tudo que anda, a tudo que canta, a tudo que fala, perguntai que horas são; e o vento, a onda, a estrela, o pássaro, o relógio, responder-vos-ão: ‘É hora de embriagar-vos! Para não serdes os escravos martirizados do Tempo, embriagai-vos: embriagai-vos sem cessar! De vinho, de poesia ou de virtude, à vossa maneira’.”
Humphrey Boggart traduzindo Baudelaire
“A humanidade está sempre três doses atrasada.”
(Humphrey Boggart)
Alors, “Il faut être toujours ivre”… (Baudelaire)
O corpo e a alma precisam estar bêbados para enfrentar o mundo, seja do que for: virtude, alguma droga legalizada ou não, whisky ou poesia (ou literatura erótica, para os mais arrojados e sexuais ou acelerados). Caso contrário, pedimos água, ops, vinho, ops, whisky.
Embriaguêmo-nos. Amém.
Charles Baudelaire
“Il faut être toujours ivre. Tout est là: c’est l’unique question. Pour ne pas sentir l’horrible fardeau du Temps qui brise vos épaules et vous penche vers la terre, il faut vous enivrer sans trêve.
Mais de quoi? De vin, de poésie ou de vertu, à votre guise. Mais enivrez-vous. Et si quelquefois, sur les marches d’un palais, sur l’herbe verte d’un fossé, dans la solitude morne de votre chambre, vous vous réveillez, l’ivresse déjà diminuée ou disparue, demandez au vent, à la vague, à l’étoile, à l’oiseau, à l’horloge, à tout ce qui fuit, à tout ce qui gémit, à tout ce qui roule, à tout ce qui chante, à tout ce qui parle, demandez quelle heure il est et le vent, la vague, l’étoile, l’oiseau, l’horloge, vous répondront: “Il est l’heure de s’enivrer! Pour n’être pas les esclaves martyrisés du Temps, enivrez-vous; enivrez-vous sans cesse! De vin, de poésie ou de vertu, à votre guise.”
É preciso estar sempre embriagado
Charles Baudelaire
“É preciso estar sempre embriagado. Eis aí tudo: é a única questão. Para não sentirdes o horrível fardo do Tempo que rompe os vossos ombros e vos inclina para o chão, é preciso embriagar-vos sem trégua.
Mas de quê? De vinho, de poesia ou de virtude, à vossa maneira. Mas embriagai-vos.
E se, alguma vez, nos degraus de um palácio, sobre a grama verde de um precipício, na solidão morna do vosso quarto, vós acordardes, a embriaguez já diminuída ou desaparecida, perguntai ao vento, à onda, à estrela, ao pássaro, ao relógio, a tudo que foge, a tudo que geme, a tudo que anda, a tudo que canta, a tudo que fala, perguntai que horas são; e o vento, a onda, a estrela, o pássaro, o relógio, responder-vos-ão: ‘É hora de embriagar-vos! Para não serdes os escravos martirizados do Tempo, embriagai-vos: embriagai-vos sem cessar! De vinho, de poesia ou de virtude, à vossa maneira’.”
Humphrey Boggart traduzindo Baudelaire
“A humanidade está sempre três doses atrasada.”
(Humphrey Boggart)
Alors, “Il faut être toujours ivre”… (Baudelaire)
O corpo e a alma precisam estar bêbados para enfrentar o mundo, seja do que for: virtude, alguma droga legalizada ou não, whisky ou poesia (ou literatura erótica, para os mais arrojados e sexuais ou acelerados). Caso contrário, pedimos água, ops, vinho, ops, whisky.
Embriaguêmo-nos. Amém.
o pornógrafo alusivo
cli-
vagens voraginosas
o olho-verga do fotógrafo
ver de vergasta contra vergonhas
involucradas consigo mesmas
(maestrinas masturbatórias)
mais saradas do que saradinhas (como
consta na carta de caminha)
pornografemas ronronar e gozo
e logo o malogro do gozo
senos tronchados (octavio
paz dixit)
contra-plongè
o ômega da boca
num delinear de felatio
racimos de velos
arabesco em velossístole de
medusa ruiva mas
o inopinado pente que revem
é mais embaixo
dor cheia de dedos ardil
priápicoapetitoso
tamborilar linguodental
carnação em pasta polpa de nata
(o pescoço de alabastro de leda
enquanto zeus doloso
pescoço grosso de cisne-signo a empala)
bestialógico de musas pálidas
capitosas
vagens voraginosas
o olho-verga do fotógrafo
ver de vergasta contra vergonhas
involucradas consigo mesmas
(maestrinas masturbatórias)
mais saradas do que saradinhas (como
consta na carta de caminha)
pornografemas ronronar e gozo
e logo o malogro do gozo
senos tronchados (octavio
paz dixit)
contra-plongè
o ômega da boca
num delinear de felatio
racimos de velos
arabesco em velossístole de
medusa ruiva mas
o inopinado pente que revem
é mais embaixo
dor cheia de dedos ardil
priápicoapetitoso
tamborilar linguodental
carnação em pasta polpa de nata
(o pescoço de alabastro de leda
enquanto zeus doloso
pescoço grosso de cisne-signo a empala)
bestialógico de musas pálidas
capitosas
poeiras sobre a estante.
Todas as noites ele voltava par a aquele mesmo quarto de pensão para reencontrar os móveis velhos e os livros gastos,os jornais carcomidos por notícias de novas notícias velhas as quais se repetiam nos telejornais -no estuário da ilusão.
Deitava-se na prisão de seus sonhos sem luzes,sua cama de colchão mofado e travesseiro babado de salivas de um idioma de sonhos em pedaços ,exalando o enfado de seus fados oníricos sem poesias só a ilusão do pó de seus dias.
Levantava-se sempre com o coração soterrado por correntes de aço ,as quais não mais sentia acostumara-se a elas ,ao peso do barulho ao caminhar ,ao caminhar molhava a testa enrugada com a água salgada de sua existência ;não clamava pela fragorosa flagrância da derrota dos exércitos de pano diante do fogo de ideais de incêndio ,os quais na batalha dos dias de juventude duraram tantos minutos de poeira soprados com o mau-hálito da escória da memória ,que escorria pegajosa no olho da janela ,tão opaca que a menina morena de seus olhos ,cega não vira o sol que lhe sorria e beijava-lhe com uma piscadela para vê-la uma vez mais dançar.
Wilson Roberto Nogueira
Deitava-se na prisão de seus sonhos sem luzes,sua cama de colchão mofado e travesseiro babado de salivas de um idioma de sonhos em pedaços ,exalando o enfado de seus fados oníricos sem poesias só a ilusão do pó de seus dias.
Levantava-se sempre com o coração soterrado por correntes de aço ,as quais não mais sentia acostumara-se a elas ,ao peso do barulho ao caminhar ,ao caminhar molhava a testa enrugada com a água salgada de sua existência ;não clamava pela fragorosa flagrância da derrota dos exércitos de pano diante do fogo de ideais de incêndio ,os quais na batalha dos dias de juventude duraram tantos minutos de poeira soprados com o mau-hálito da escória da memória ,que escorria pegajosa no olho da janela ,tão opaca que a menina morena de seus olhos ,cega não vira o sol que lhe sorria e beijava-lhe com uma piscadela para vê-la uma vez mais dançar.
Wilson Roberto Nogueira
domingo, 1 de julho de 2012
Mulher e Gata
Paul Verlaine
Ela brincava com a gata
E era admirável ver as duas,
A branca mão e a branca pata,
Brincando à noite, na penumbra.
Ela escondia – a celerada ! -
Sob as mitenes de fio escuro
As assassinas unhas de ágata,
Claras, cortantes, como um gume.
Fingia-se a outra adoçada
E retraía a garra afiada,
Mas o diabo nada perdia…
E no toucador retinia
O som de aéreas gargalhadas
E quatro pontos fosforesciam
Ela brincava com a gata
E era admirável ver as duas,
A branca mão e a branca pata,
Brincando à noite, na penumbra.
Ela escondia – a celerada ! -
Sob as mitenes de fio escuro
As assassinas unhas de ágata,
Claras, cortantes, como um gume.
Fingia-se a outra adoçada
E retraía a garra afiada,
Mas o diabo nada perdia…
E no toucador retinia
O som de aéreas gargalhadas
E quatro pontos fosforesciam
As conchas
Paul Verlaine
Cada concha, no interior
dessa gruta onde a gente se ama,
tem o seu especial sabor.
Uma, a púrpura tem da chama
roubada ao nosso coração,
quando o desejo nos inflama.
Finge esta a tua lassidão
se me vês, pálida e irritada,
a olhar-te cheio de intenção.
Nesta, a tua orelha é imitada
com graça; e aquela copiou
tua nuca rósea e torneada.
Uma, porém, me perturbou.
(Tradução de Onestaldo de Pennafort Fragonard)
Cada concha, no interior
dessa gruta onde a gente se ama,
tem o seu especial sabor.
Uma, a púrpura tem da chama
roubada ao nosso coração,
quando o desejo nos inflama.
Finge esta a tua lassidão
se me vês, pálida e irritada,
a olhar-te cheio de intenção.
Nesta, a tua orelha é imitada
com graça; e aquela copiou
tua nuca rósea e torneada.
Uma, porém, me perturbou.
(Tradução de Onestaldo de Pennafort Fragonard)
LE SPLEEN DE PARIS
Une chambre qui ressemble à une rêverie, une chambre véritablement spirituelle, où l’atmosphère stagnante est légèrement teintée de rose et de bleu.
L’âme y prend un bain de paresse, aromatisé par le regret et le désir. – C’est quelque chose de crépusculaire, de bleuâtre et de rosâtre; un rêve de volupté pendant une éclipse.
Les meubles ont des formes allongées, prostrées, alanguies. Les meubles ont l’air de rêver; on les dirait doués d’une vie somnambulique, comme le végétal et le minéral. Les étoffes parlent une langue muette, comme les fleurs, comme les ciels, comme les soleils couchants.
Sur les murs nulle abomination artistique. Relativement au rêve pur, à l’impression non analysée, l’art défini, l’art positif est un blasphème. Ici, tout a la suffisante clarté et la délicieuse obscurité de l’harmonie.
Une senteur infinitésimale du choix le plus exquis, à laquelle se mêle une très légère humidité, nage dans cette atmosphère, où l’esprit sommeillant est bercé par des sensations de serre chaude.
La mousseline pleut abondamment devant les fenêtres et devant le lit; elle s’épanche en cascades neigeuses. Sur ce lit est couchée l’Idole, la souveraine des rêves. Mais comment est-elle ici? Qui l’a amenée? quel pouvoir magique l’a installée sur ce trône de rêverie et de volupté? Qu’importe? la voilà! je la reconnais.
Voilà bien ces yeux dont la flamme traverse le crépuscule; ces subtiles et terribles mirettes, que je reconnais à leur effrayante malice! Elles attirent, elles subjuguent, elles dévorent le regard de l’imprudent qui les contemple. Je les ai souvent étudiées, ces étoiles noires qui commandent la curiosité et l’admiration.
A quel démon bienveillant dois-je d’être ainsi entouré de mystère, de silence, de paix et de parfums? O béatitude! ce que nous nommons généralement la vie, même dans son expansion la plus heureuse, n’a rien de commun avec cette vie suprême dont j’ai maintenant connaissance et que je savoure minute par minute, seconde par seconde!
Non! il n’est plus de minutes, il n’est plus de secondes! Le temps a disparu; c’est l’Eternité qui règne, une éternité de délices!
Mais un coup terrible, lourd, a retenti à la porte, et, comme dans les rêves infernaux, il m’a semblé que je recevais un coup de pioche dans l’estomac.
Et puis un Spectre est entré. C’est un huissier qui vient me torturer au nom de la loi; une infâme concubine qui vient crier misère et ajouter les trivialités de sa vie aux douleurs de la mienne; ou bien le saute-ruisseau d’un directeur de journal qui réclame la suite du manuscrit.
La chambre paradisiaque, l’idole, la souveraine des rêves, la Sylphide, comme disait le grand René, toute cette magie a disparu au coup brutal frappé par le Spectre.
Horreur! je me souviens! je me souviens! Oui! ce taudis, ce séjour de l’éternel ennui, est bien le mien. Voici les meubles sots, poudreux, écornés; la cheminée sans flamme et sans braise, souillée de crachats; les tristes fenêtres où la pluie a tracé des sillons dans la poussière; les manuscrits, raturés ou incomplets; l’almanach où le crayon a marqué les dates sinistres!
Et ce parfum d’un autre monde, dont je m’enivrais avec une sensibilité perfectionnée, hélas! il est remplacé par une fétide odeur de tabac mêlée à je ne sais quelle nauséabonde moisissure. On respire ici maintenant le ranci de la désolation.
Dans ce monde étroit, mais si plein de dégoût, un seul objet connu me sourit: la fiole de laudanum; une vieille et terrible amie; comme toutes les amies, hélas! féconde en caresses et en traîtrises.
Oh! oui! Le Temps a reparu; Le Temps règne en souverain maintenant; et avec le hideux vieillard est revenu tout son démoniaque cortège de Souvenirs, de Regrets, de Spasmes, de Peurs, d’Angoisses, de Cauchemars, de Colères et de Névroses.
Je vous assure que les secondes maintenant sont fortement et solennellement accentuées, et chacune, en jaillissant de la pendule, dit: – “Je suis la Vie, l’insupportable, l’implacable Vie!”
Il n’y a qu’une Seconde dans la vie humaine qui ait mission d’annoncer une bonne nouvelle, la bonne nouvelle qui cause à chacun une inexplicable peur.
Oui! le Temps règne; il a repris sa brutale dictature. Et il me pousse, comme si j’étais un boeuf, avec son double aiguillon. – “Et hue donc! bourrique! Sue donc, esclave! Vis donc, damné!”
Charles Baudelaire
Une chambre qui ressemble à une rêverie, une chambre véritablement spirituelle, où l’atmosphère stagnante est légèrement teintée de rose et de bleu.
L’âme y prend un bain de paresse, aromatisé par le regret et le désir. – C’est quelque chose de crépusculaire, de bleuâtre et de rosâtre; un rêve de volupté pendant une éclipse.
Les meubles ont des formes allongées, prostrées, alanguies. Les meubles ont l’air de rêver; on les dirait doués d’une vie somnambulique, comme le végétal et le minéral. Les étoffes parlent une langue muette, comme les fleurs, comme les ciels, comme les soleils couchants.
Sur les murs nulle abomination artistique. Relativement au rêve pur, à l’impression non analysée, l’art défini, l’art positif est un blasphème. Ici, tout a la suffisante clarté et la délicieuse obscurité de l’harmonie.
Une senteur infinitésimale du choix le plus exquis, à laquelle se mêle une très légère humidité, nage dans cette atmosphère, où l’esprit sommeillant est bercé par des sensations de serre chaude.
La mousseline pleut abondamment devant les fenêtres et devant le lit; elle s’épanche en cascades neigeuses. Sur ce lit est couchée l’Idole, la souveraine des rêves. Mais comment est-elle ici? Qui l’a amenée? quel pouvoir magique l’a installée sur ce trône de rêverie et de volupté? Qu’importe? la voilà! je la reconnais.
Voilà bien ces yeux dont la flamme traverse le crépuscule; ces subtiles et terribles mirettes, que je reconnais à leur effrayante malice! Elles attirent, elles subjuguent, elles dévorent le regard de l’imprudent qui les contemple. Je les ai souvent étudiées, ces étoiles noires qui commandent la curiosité et l’admiration.
A quel démon bienveillant dois-je d’être ainsi entouré de mystère, de silence, de paix et de parfums? O béatitude! ce que nous nommons généralement la vie, même dans son expansion la plus heureuse, n’a rien de commun avec cette vie suprême dont j’ai maintenant connaissance et que je savoure minute par minute, seconde par seconde!
Non! il n’est plus de minutes, il n’est plus de secondes! Le temps a disparu; c’est l’Eternité qui règne, une éternité de délices!
Mais un coup terrible, lourd, a retenti à la porte, et, comme dans les rêves infernaux, il m’a semblé que je recevais un coup de pioche dans l’estomac.
Et puis un Spectre est entré. C’est un huissier qui vient me torturer au nom de la loi; une infâme concubine qui vient crier misère et ajouter les trivialités de sa vie aux douleurs de la mienne; ou bien le saute-ruisseau d’un directeur de journal qui réclame la suite du manuscrit.
La chambre paradisiaque, l’idole, la souveraine des rêves, la Sylphide, comme disait le grand René, toute cette magie a disparu au coup brutal frappé par le Spectre.
Horreur! je me souviens! je me souviens! Oui! ce taudis, ce séjour de l’éternel ennui, est bien le mien. Voici les meubles sots, poudreux, écornés; la cheminée sans flamme et sans braise, souillée de crachats; les tristes fenêtres où la pluie a tracé des sillons dans la poussière; les manuscrits, raturés ou incomplets; l’almanach où le crayon a marqué les dates sinistres!
Et ce parfum d’un autre monde, dont je m’enivrais avec une sensibilité perfectionnée, hélas! il est remplacé par une fétide odeur de tabac mêlée à je ne sais quelle nauséabonde moisissure. On respire ici maintenant le ranci de la désolation.
Dans ce monde étroit, mais si plein de dégoût, un seul objet connu me sourit: la fiole de laudanum; une vieille et terrible amie; comme toutes les amies, hélas! féconde en caresses et en traîtrises.
Oh! oui! Le Temps a reparu; Le Temps règne en souverain maintenant; et avec le hideux vieillard est revenu tout son démoniaque cortège de Souvenirs, de Regrets, de Spasmes, de Peurs, d’Angoisses, de Cauchemars, de Colères et de Névroses.
Je vous assure que les secondes maintenant sont fortement et solennellement accentuées, et chacune, en jaillissant de la pendule, dit: – “Je suis la Vie, l’insupportable, l’implacable Vie!”
Il n’y a qu’une Seconde dans la vie humaine qui ait mission d’annoncer une bonne nouvelle, la bonne nouvelle qui cause à chacun une inexplicable peur.
Oui! le Temps règne; il a repris sa brutale dictature. Et il me pousse, comme si j’étais un boeuf, avec son double aiguillon. – “Et hue donc! bourrique! Sue donc, esclave! Vis donc, damné!”
Charles Baudelaire
O quarto duplo
Um quarto que parece um devaneio, um quarto verdadeiramente espiritual onde a atmosfera estagnante é ligeiramente tingida de rosa e azul.
A alma toma um banho de preguiça, aromatizada pelos pesares e o desejo. É algo de crepuscular, de azulado e de rosado; um sonho de volúpia durante um eclipse.
Os móveis têm as formas alongadas, prostradas, lânguidas. Os móveis têm o ar de que sonham; diríamos dotados de uma vida sonambúlica como um vegetal ou um mineral. Os tecidos falam uma língua muda como as flores, como os céus, como os sóis poentes.
Nas paredes nenhuma abominação artística. Relativamente ao puro sonho, à impressão não analisada, a arte definida, a arte positiva é uma blasfêmia. Aqui tudo tem suficiente clareza e a deliciosa obscuridade da harmonia.
Um aroma infinitesimal da mais original escolha, ao qual se mistura uma levíssima umidade, flutua nessa atmosfera, onde o espírito sonolento é embalado por uma sensação de estufas aquecidas.
A musselina chora abundantemente diante das janelas e diante do leito; ela se derrama em cascatas de neve. Sobre esse leito está deitado o Ídolo, a soberana dos sonhos. Mas como ela está aqui? Quem a trouxe? Que poder mágico instalou-se nesse trono de devaneios e volúpia? Que importa! Ei-la! Eu a reconheço.
São esses olhos cuja flama atravessa o crepúsculo; esses sutis e terríveis olhares que eu reconheço em sua assustadora malícia! Eles atraem, eles subjugam, eles devoram o olhar do imprudente que os contempla. Já estudei muitas vezes essas estrelas negras que comandam a curiosidade e a admiração.
Por qual demônio benevolente devo eu ter sido envolvido assim de mistério, de silêncio, de paz e de perfumes? Ó beatitude! Isso que nós chamamos geralmente de vida, mesmo em sua expansão mais feliz, nada tem de comum com essa vida suprema que, agora, eu conheço e saboreio minuto a minuto, segundo a segundo.
Não! Não há mais minutos, não há mais segundos! O tempo desapareceu; é a Eternidade que reina, uma eternidade de delícias.
Mas uma pancada terrível, fortíssima, ressoou na porta e, como nos sonhos infernais, pareceu-me que recebia um golpe de uma enxada no estômago.
E depois um Espectro entrou. É um oficial de justiça que vem me torturar, em nome da lei; uma infame concubina que vem exibir sua miséria e juntar as trivialidades de sua vida às dores da minha; ou então um jovem secretário de diretor de jornal que vem reclamar a entrega de um manuscrito.
O quarto paradisíaco, o Ídolo, a soberana dos sonhos, a Sílfide, como dizia o grande René, toda aquela magia desapareceu com o golpe disparado pelo Espectro.
Horror! Eu me lembro! Eu me lembro! Sim! Este chiqueiro, este ambiente de eterno desgosto está bem dentro de mim. Vejam os móveis burros, empoeirados, capengas, a lareira sem chamas e sem brasas, suja de escarros, as tristes janelas onde a chuva traçou seus sulcos na poeira; os manuscritos rasurados ou incompletos; o almanaque onde o lápis marcou as datas sinistras!
E esse perfume de um outro mundo, com o qual eu me embriagava com uma sensibilidade aperfeiçoada, ei-lo substituído por fétido odor de tabaco misturado a um mofo nauseabundo. Respira-se aqui, agora, o ranço da desolação.
Nesse mundo estreito, mas tão repleto de desgostos, um único objeto conhecido me sorri: a garrafinha de láudano; uma velha e terrível amiga, como todas as outras. Oh! fecundas em carinho e traições.
Oh! Sim, o Tempo reapareceu, o Tempo reina soberano agora; e com o horroroso velho voltou todo o demoníaco cortejo de Lembranças, de Arrependimentos, de Espasmos, de Medos, de Angústias, de Pesadelos, de Cóleras e de Neuroses.
Eu vos asseguro que os segundos agora são fortemente e solenemente acentuados e cada um saltando do pêndulo diz:
“Eu sou a Vida, a insuportável, a implacável Vida.”
Só há um Segundo na vida humana com a missão de anunciar uma boa nova, a boa nova que causa em cada um de nós um medo inexplicável.
Sim! O Tempo reina, ele retomou sua brutal ditadura. Ele me empurra, como se eu fosse um boi, com seu duplo aguilhão. “Eia Vamos, então, burrico! Sua então, escravo! vive, então, condenado!
LE SPLEEN DE PARIS de Charles Baudelaire
A alma toma um banho de preguiça, aromatizada pelos pesares e o desejo. É algo de crepuscular, de azulado e de rosado; um sonho de volúpia durante um eclipse.
Os móveis têm as formas alongadas, prostradas, lânguidas. Os móveis têm o ar de que sonham; diríamos dotados de uma vida sonambúlica como um vegetal ou um mineral. Os tecidos falam uma língua muda como as flores, como os céus, como os sóis poentes.
Nas paredes nenhuma abominação artística. Relativamente ao puro sonho, à impressão não analisada, a arte definida, a arte positiva é uma blasfêmia. Aqui tudo tem suficiente clareza e a deliciosa obscuridade da harmonia.
Um aroma infinitesimal da mais original escolha, ao qual se mistura uma levíssima umidade, flutua nessa atmosfera, onde o espírito sonolento é embalado por uma sensação de estufas aquecidas.
A musselina chora abundantemente diante das janelas e diante do leito; ela se derrama em cascatas de neve. Sobre esse leito está deitado o Ídolo, a soberana dos sonhos. Mas como ela está aqui? Quem a trouxe? Que poder mágico instalou-se nesse trono de devaneios e volúpia? Que importa! Ei-la! Eu a reconheço.
São esses olhos cuja flama atravessa o crepúsculo; esses sutis e terríveis olhares que eu reconheço em sua assustadora malícia! Eles atraem, eles subjugam, eles devoram o olhar do imprudente que os contempla. Já estudei muitas vezes essas estrelas negras que comandam a curiosidade e a admiração.
Por qual demônio benevolente devo eu ter sido envolvido assim de mistério, de silêncio, de paz e de perfumes? Ó beatitude! Isso que nós chamamos geralmente de vida, mesmo em sua expansão mais feliz, nada tem de comum com essa vida suprema que, agora, eu conheço e saboreio minuto a minuto, segundo a segundo.
Não! Não há mais minutos, não há mais segundos! O tempo desapareceu; é a Eternidade que reina, uma eternidade de delícias.
Mas uma pancada terrível, fortíssima, ressoou na porta e, como nos sonhos infernais, pareceu-me que recebia um golpe de uma enxada no estômago.
E depois um Espectro entrou. É um oficial de justiça que vem me torturar, em nome da lei; uma infame concubina que vem exibir sua miséria e juntar as trivialidades de sua vida às dores da minha; ou então um jovem secretário de diretor de jornal que vem reclamar a entrega de um manuscrito.
O quarto paradisíaco, o Ídolo, a soberana dos sonhos, a Sílfide, como dizia o grande René, toda aquela magia desapareceu com o golpe disparado pelo Espectro.
Horror! Eu me lembro! Eu me lembro! Sim! Este chiqueiro, este ambiente de eterno desgosto está bem dentro de mim. Vejam os móveis burros, empoeirados, capengas, a lareira sem chamas e sem brasas, suja de escarros, as tristes janelas onde a chuva traçou seus sulcos na poeira; os manuscritos rasurados ou incompletos; o almanaque onde o lápis marcou as datas sinistras!
E esse perfume de um outro mundo, com o qual eu me embriagava com uma sensibilidade aperfeiçoada, ei-lo substituído por fétido odor de tabaco misturado a um mofo nauseabundo. Respira-se aqui, agora, o ranço da desolação.
Nesse mundo estreito, mas tão repleto de desgostos, um único objeto conhecido me sorri: a garrafinha de láudano; uma velha e terrível amiga, como todas as outras. Oh! fecundas em carinho e traições.
Oh! Sim, o Tempo reapareceu, o Tempo reina soberano agora; e com o horroroso velho voltou todo o demoníaco cortejo de Lembranças, de Arrependimentos, de Espasmos, de Medos, de Angústias, de Pesadelos, de Cóleras e de Neuroses.
Eu vos asseguro que os segundos agora são fortemente e solenemente acentuados e cada um saltando do pêndulo diz:
“Eu sou a Vida, a insuportável, a implacável Vida.”
Só há um Segundo na vida humana com a missão de anunciar uma boa nova, a boa nova que causa em cada um de nós um medo inexplicável.
Sim! O Tempo reina, ele retomou sua brutal ditadura. Ele me empurra, como se eu fosse um boi, com seu duplo aguilhão. “Eia Vamos, então, burrico! Sua então, escravo! vive, então, condenado!
LE SPLEEN DE PARIS de Charles Baudelaire
As tentações, ou Eros, Plutus e a Glória
Charles Baudelaire
Dois soberbos Satanases e uma Diabinha não menos extraordinária, na noite passada, subiram a misteriosa escada por onde o Inferno assalta a fraqueza do homem que dorme e comunica-se em segredo com ele. E eles vieram colocar-se gloriosamente diante de mim, em pé como sobre um estrado. Um esplendor sulfuroso emanava desses três personagens que se destacavam do fundo opaco da noite. Eles tinham um ar tão arrogante, tão pleno de dominação, que eu, primeiramente, os tomei, todos os três, por verdadeiros Deuses.
O rosto do primeiro diabo tinha uma sexualidade ambígua e possuía, também, na linha de seu corpo, a flacidez dos antigos Bacos. Seus belos olhos, lânguidos, de cor tenebrosa e indecisa, pareciam violetas carregadas ainda de pesados choros da tempestade e seus lábios entreabertos como defumadores quentes, de onde exalava o bom cheiro de uma perfumaria; e a cada vez que ele suspirava, insetos almiscarados se iluminavam, esvoaçando aos ardores de sua respiração.
Em volta de sua túnica de púrpura como se fosse um cinto, enlaçava sua cintura uma serpente cintilante que, com a cabeça levantada, virava para ele seus olhos de brasas, langorosamente. Nesse cinto vivo estavam pendurados, alternando com frascos cheios de licores sinistros, facas brilhantes e instrumentos de cirurgia. Em sua mão direita ele tinha um frasco cujo conteúdo era de um vermelho luminoso e que tinha como etiqueta essas palavras bizarras: Bebam, esse é o meu sangue, um perfeito cordial”; na esquerda, um violino que lhe servia, sem dúvida, para cantar seus prazeres, suas dores e para difundir o contágio de sua loucura nas noites de sabá.
Os tornozelos delicados arrastavam alguns anéis de uma corrente de ouro rompida e, quando o incômodo que resultava forçava-o a baixar o olhar para o chão, ele, vaidosamente, contemplava as unhas dos pés, brilhantes e polidas como pedras bem trabalhadas.
Fitou-me com seus olhos inconsolavelmente desolados, de onde escorria insidiosa embriaguez, e me disse com sua voz cantante: “Se quiseres, se quiseres, eu te farei o Senhor das almas e serás o mestre da matéria viva mais ainda que um escultor pode ser do barro, e conhecerás o prazer sempre renascente, incessantemente, e sair de ti mesmo para te esqueceres em outro e atrair outras almas ate se confundirem com a tua.”
Respondi-lhe: “Muito obrigado! Eu não teria o que fazer com esses seres de pacotilha que, sem dúvida, não valem mais do que o meu pobre eu. É verdade que tenho certa vergonha de minhas lembranças, mas não quero esquecer nada. E, mesmo quando eu não te conhecia, velho monstro, tua misteriosa cutelaria, teus equívocos frascos, as correntes que embaraçam teus pés são os símbolos que explicam claramente as inconveniências de tua amizade. Guarda teus presentes.”
O segundo diabo não tinha aquele ar ao mesmo tempo trágico e sorridente, nem aquelas belas maneiras insinuantes, nem a beleza delicada e perfumada. Era um vasto homem de cara grande sem olhos, cujo ventre pesado pendia sobre as coxas e cuja pele do corpo era dourada e ilustrada, como uma tatuagem, com uma multidão de pequenas figuras moventes representando as numerosas formas da miséria universal. Havia pequenos homens emagrecidos que se penduravam, voluntariamente, a um prego; e, ainda, pequenos gnomos, disformes, magros, cujos olhos suplicantes reclamavam esmolas mais bem ainda que suas mãos trêmulas; e depois as velhas mães levando seus abortos pendurados em seus mamilos extenuados. E muitos outros mais.
O grande Satanás batia com seu próprio punho no ventre imenso de onde provinha um tilintar de metais que terminava em um vago gemido feito de numerosas vozes humanas. E ele ria mostrando, sem qualquer pudor, seus dentes estragados em um riso imbecil, como o de certos homens em todos os países, depois de jantarem bem.
E ele me disse: “Posso te dar o que tudo consegue, o que vale tudo, o que tudo substitui!” E bateu em seu monstruoso ventre, cujo eco sonoro fez como que o comentário de sua fala grosseira.
Virei-me, com nojo, e respondi: “Não tenho necessidade, para minha alegria, da miséria de ninguém; e não quero uma riqueza entristecida como um papel pintado com todas as desgraças representadas em tua pele.”
Quanto à Diabinha, eu mentiria se não confessasse que, à primeira vista, encontrei nela um bizarro charme. Para definir esse charme não saberia compará-lo a nada melhor do que ao de certas mulheres muito bonitas que, apesar do tempo vivido, não envelhecem e cuja beleza guarda a magia penetrante das ruínas. Ela tinha um ar imperioso, desajeitado e seus olhos batidos continham uma força fascinante, O que me tocou mais foi o mistério de sua voz, na qual eu reencontrei a lembrança dos mais deliciosos contraiu e, também, um pouco da rouquidão das gargantas incessantemente lavadas pelas aguardentes.
“Queres conhecer meu poder?”, disse a falsa deusa com sua voz charmosa e paradoxal. “Escuta.”
E ela então botou na boca uma gigantesca trombeta, cheia de fitas, como uma flauta antiga, com manchetes de todos os jornais do universo e, através dessa trombeta, gritou meu nome, que se espalhou assim pelo espaço com o barulho de cem mil trovões e voltou para mim repercutido pelo eco do mais longínquo planeta.
“Diabo!”, disse eu, já meio subjugado. “Vejam que precioso.” Mas examinando mais atentamente a sedutora virago, pareceu-me que a reconhecia vagamente por tê-la visto bebendo e comemorando com uns pândegos de minhas relações, e o som rouco do cobre trazia a meus ouvidos não sei que lembranças de uma trombeta prostituída.
Eu respondi, também, com todo o meu desdém: “Vai-te. Eu não fui feito para casar com a amante de certas pessoas cujo nome não quero pronunciar.
Certamente, tinha o direito de ficar orgulhoso da minha corajosa abnegação. Mas, infelizmente, acordei e todas as forças me abandonaram. “Na verdade”, disse-me eu, “era preciso que eu estivesse pesadamente adormecido para mostrar tais escrúpulos. Ah! se eles pudessem voltar quando eu estivesse acordado, eu não seria tão delicado!”
E eu os invoquei em altos brados, suplicando-lhes que me perdoassem, oferecendo-lhes me desonrar tantas vezes quanto necessário para merecer seus favores; mas eu os havia ofendido gravemente, pois nunca mais voltaram.
“Pequenos Poemas em Prosa” (Le Spleen de Paris) de Charles Baudelaire
Dois soberbos Satanases e uma Diabinha não menos extraordinária, na noite passada, subiram a misteriosa escada por onde o Inferno assalta a fraqueza do homem que dorme e comunica-se em segredo com ele. E eles vieram colocar-se gloriosamente diante de mim, em pé como sobre um estrado. Um esplendor sulfuroso emanava desses três personagens que se destacavam do fundo opaco da noite. Eles tinham um ar tão arrogante, tão pleno de dominação, que eu, primeiramente, os tomei, todos os três, por verdadeiros Deuses.
O rosto do primeiro diabo tinha uma sexualidade ambígua e possuía, também, na linha de seu corpo, a flacidez dos antigos Bacos. Seus belos olhos, lânguidos, de cor tenebrosa e indecisa, pareciam violetas carregadas ainda de pesados choros da tempestade e seus lábios entreabertos como defumadores quentes, de onde exalava o bom cheiro de uma perfumaria; e a cada vez que ele suspirava, insetos almiscarados se iluminavam, esvoaçando aos ardores de sua respiração.
Em volta de sua túnica de púrpura como se fosse um cinto, enlaçava sua cintura uma serpente cintilante que, com a cabeça levantada, virava para ele seus olhos de brasas, langorosamente. Nesse cinto vivo estavam pendurados, alternando com frascos cheios de licores sinistros, facas brilhantes e instrumentos de cirurgia. Em sua mão direita ele tinha um frasco cujo conteúdo era de um vermelho luminoso e que tinha como etiqueta essas palavras bizarras: Bebam, esse é o meu sangue, um perfeito cordial”; na esquerda, um violino que lhe servia, sem dúvida, para cantar seus prazeres, suas dores e para difundir o contágio de sua loucura nas noites de sabá.
Os tornozelos delicados arrastavam alguns anéis de uma corrente de ouro rompida e, quando o incômodo que resultava forçava-o a baixar o olhar para o chão, ele, vaidosamente, contemplava as unhas dos pés, brilhantes e polidas como pedras bem trabalhadas.
Fitou-me com seus olhos inconsolavelmente desolados, de onde escorria insidiosa embriaguez, e me disse com sua voz cantante: “Se quiseres, se quiseres, eu te farei o Senhor das almas e serás o mestre da matéria viva mais ainda que um escultor pode ser do barro, e conhecerás o prazer sempre renascente, incessantemente, e sair de ti mesmo para te esqueceres em outro e atrair outras almas ate se confundirem com a tua.”
Respondi-lhe: “Muito obrigado! Eu não teria o que fazer com esses seres de pacotilha que, sem dúvida, não valem mais do que o meu pobre eu. É verdade que tenho certa vergonha de minhas lembranças, mas não quero esquecer nada. E, mesmo quando eu não te conhecia, velho monstro, tua misteriosa cutelaria, teus equívocos frascos, as correntes que embaraçam teus pés são os símbolos que explicam claramente as inconveniências de tua amizade. Guarda teus presentes.”
O segundo diabo não tinha aquele ar ao mesmo tempo trágico e sorridente, nem aquelas belas maneiras insinuantes, nem a beleza delicada e perfumada. Era um vasto homem de cara grande sem olhos, cujo ventre pesado pendia sobre as coxas e cuja pele do corpo era dourada e ilustrada, como uma tatuagem, com uma multidão de pequenas figuras moventes representando as numerosas formas da miséria universal. Havia pequenos homens emagrecidos que se penduravam, voluntariamente, a um prego; e, ainda, pequenos gnomos, disformes, magros, cujos olhos suplicantes reclamavam esmolas mais bem ainda que suas mãos trêmulas; e depois as velhas mães levando seus abortos pendurados em seus mamilos extenuados. E muitos outros mais.
O grande Satanás batia com seu próprio punho no ventre imenso de onde provinha um tilintar de metais que terminava em um vago gemido feito de numerosas vozes humanas. E ele ria mostrando, sem qualquer pudor, seus dentes estragados em um riso imbecil, como o de certos homens em todos os países, depois de jantarem bem.
E ele me disse: “Posso te dar o que tudo consegue, o que vale tudo, o que tudo substitui!” E bateu em seu monstruoso ventre, cujo eco sonoro fez como que o comentário de sua fala grosseira.
Virei-me, com nojo, e respondi: “Não tenho necessidade, para minha alegria, da miséria de ninguém; e não quero uma riqueza entristecida como um papel pintado com todas as desgraças representadas em tua pele.”
Quanto à Diabinha, eu mentiria se não confessasse que, à primeira vista, encontrei nela um bizarro charme. Para definir esse charme não saberia compará-lo a nada melhor do que ao de certas mulheres muito bonitas que, apesar do tempo vivido, não envelhecem e cuja beleza guarda a magia penetrante das ruínas. Ela tinha um ar imperioso, desajeitado e seus olhos batidos continham uma força fascinante, O que me tocou mais foi o mistério de sua voz, na qual eu reencontrei a lembrança dos mais deliciosos contraiu e, também, um pouco da rouquidão das gargantas incessantemente lavadas pelas aguardentes.
“Queres conhecer meu poder?”, disse a falsa deusa com sua voz charmosa e paradoxal. “Escuta.”
E ela então botou na boca uma gigantesca trombeta, cheia de fitas, como uma flauta antiga, com manchetes de todos os jornais do universo e, através dessa trombeta, gritou meu nome, que se espalhou assim pelo espaço com o barulho de cem mil trovões e voltou para mim repercutido pelo eco do mais longínquo planeta.
“Diabo!”, disse eu, já meio subjugado. “Vejam que precioso.” Mas examinando mais atentamente a sedutora virago, pareceu-me que a reconhecia vagamente por tê-la visto bebendo e comemorando com uns pândegos de minhas relações, e o som rouco do cobre trazia a meus ouvidos não sei que lembranças de uma trombeta prostituída.
Eu respondi, também, com todo o meu desdém: “Vai-te. Eu não fui feito para casar com a amante de certas pessoas cujo nome não quero pronunciar.
Certamente, tinha o direito de ficar orgulhoso da minha corajosa abnegação. Mas, infelizmente, acordei e todas as forças me abandonaram. “Na verdade”, disse-me eu, “era preciso que eu estivesse pesadamente adormecido para mostrar tais escrúpulos. Ah! se eles pudessem voltar quando eu estivesse acordado, eu não seria tão delicado!”
E eu os invoquei em altos brados, suplicando-lhes que me perdoassem, oferecendo-lhes me desonrar tantas vezes quanto necessário para merecer seus favores; mas eu os havia ofendido gravemente, pois nunca mais voltaram.
“Pequenos Poemas em Prosa” (Le Spleen de Paris) de Charles Baudelaire
In a silent way
para Miles Davis
Folhas soltas
idéias-folhas
poucas
nessa sala
a fumaça
vaza
embaça
a vidraça
dessa quase manhã
um silêncio
se instala
na casa vazia
na varanda
só a mais solta
idéia de vazio
(concha onde
pérola alguma
se esconde)
ao invés
dias e dias se passam
sem nenhuma
mais completa
idéia de vazio:
um sol pousa
desliza, rebrilha
em cada folha
Rodrigo Garcia Lopes
Folhas soltas
idéias-folhas
poucas
nessa sala
a fumaça
vaza
embaça
a vidraça
dessa quase manhã
um silêncio
se instala
na casa vazia
na varanda
só a mais solta
idéia de vazio
(concha onde
pérola alguma
se esconde)
ao invés
dias e dias se passam
sem nenhuma
mais completa
idéia de vazio:
um sol pousa
desliza, rebrilha
em cada folha
Rodrigo Garcia Lopes
terça-feira, 26 de junho de 2012
Lassidão
Lassitude
Paul Verlaine (1844-1896)
De la douceur, de la douceur, de la douceur!
Calme un peu ces transports fébriles, ma charmante.
Même au fort du déduit parfois, vois-tu, l’amante
Doit avoir l’abandon paisible de la sœur.
Sois langoureuse, fais ta caresse endormante,
Bien égaux tes soupirs et ton regard berceur.
Va, l’étreinte jalouse et le spasme obsesseur
Ne valent pas un long baiser, même qui mente!
Mais dans ton cher coeur d’or, me dis-tu, mon enfant,
La fauve passion va sonnant l’olifant!…
Laisse-la trompeter à son aise, la gueuse!
Mets ton front sur mon front et ta main dans ma main,
Et fais-moi des serments que tu rompras demain,
Et pleurons jusqu’au jour, ô petite fougueuse!
Lasitud
Paul Verlaine
Encantadora mía, ten dulzura, dulzura…
calma un poco, oh fogosa, tu fiebre pasional;
la amante, a veces, debe tener una hora pura
y amarnos con un suave cariño fraternal.
Sé lánguida, acaricia con tu mano mimosa;
yo prefiero al espasmo de la hora violenta
el suspiro y la ingenua mirada luminosa
y una boca que me sepa besar aunque me mienta.
Dices que se desborda tu loco corazón
y que grita en tu sangre la más loca pasión;
deja que clarinee la fiera voluptuosa.
En mi pecho reclina tu cabeza galana;
júrame dulces cosas que olvidarás mañana
Y hasta el alba lloremos, mi pequeña fogosa.
Paul Verlaine (1844-1896)
De la douceur, de la douceur, de la douceur!
Calme un peu ces transports fébriles, ma charmante.
Même au fort du déduit parfois, vois-tu, l’amante
Doit avoir l’abandon paisible de la sœur.
Sois langoureuse, fais ta caresse endormante,
Bien égaux tes soupirs et ton regard berceur.
Va, l’étreinte jalouse et le spasme obsesseur
Ne valent pas un long baiser, même qui mente!
Mais dans ton cher coeur d’or, me dis-tu, mon enfant,
La fauve passion va sonnant l’olifant!…
Laisse-la trompeter à son aise, la gueuse!
Mets ton front sur mon front et ta main dans ma main,
Et fais-moi des serments que tu rompras demain,
Et pleurons jusqu’au jour, ô petite fougueuse!
Lasitud
Paul Verlaine
Encantadora mía, ten dulzura, dulzura…
calma un poco, oh fogosa, tu fiebre pasional;
la amante, a veces, debe tener una hora pura
y amarnos con un suave cariño fraternal.
Sé lánguida, acaricia con tu mano mimosa;
yo prefiero al espasmo de la hora violenta
el suspiro y la ingenua mirada luminosa
y una boca que me sepa besar aunque me mienta.
Dices que se desborda tu loco corazón
y que grita en tu sangre la más loca pasión;
deja que clarinee la fiera voluptuosa.
En mi pecho reclina tu cabeza galana;
júrame dulces cosas que olvidarás mañana
Y hasta el alba lloremos, mi pequeña fogosa.
Serenata
Sérénade
Paul Verlaine
Comme la voix d’un mort qui chanterait
Du fond de sa fosse,
Maîtresse, entends monter vers ton retrait
Ma voix aigre et fausse.
Ouvre ton âme et ton oreille au son
De ma mandoline:
Pour toi j’ai fait, pour toi, cette chanson
Cruelle et câline.
Je chanterai tes yeux d’or et d’onyx
Purs de toutes ombres,
Puis le Léthé de ton sein, puis le Styx
De tes cheveux sombres.
Comme la voix d’un mort qui chanterait
Du fond de sa fosse,
Maîtresse, entends monter vers ton retrait
Ma voix aigre et fausse.
Puis je louerai beaucoup, comme il convient,
Cette chair bénie
Dont le parfum opulent me revient
Les nuits d’insomnie.
Et pour finir, je dirai le baiser
De ta lèvre rouge,
Et ta douceur à me martyriser,
- Mon Ange! – Ma Gouge!
Ouvre ton âme et ton oreille au son
De ma mandoline:
Pour toi j’ai fait, pour toi, cette chanson
Cruelle et câline.
Comme la voix d’un mort qui chanterait
Du fond de sa fosse,
Maîtresse, entends monter vers ton retrait
Ma voix aigre et fausse.
Serenata
Paul Verlaine
Como la voz de un muerto que cantara
desde el fondo de su fosa,
amante, escucha subir hasta tu retiro
mi voz agria y falsa.
Abre tu alma y tu oído al son
de mi mandolina:
para ti he hecho, para ti, esta canción
cruel y zalamera.
Cantaré tus ojos de oro y de onix
puros de toda sombra,
cantaré el Leteo de tu seno, luego el
de tus cabellos oscuros.
Como la voz de un muerto que cantara
desde el fondo de su fosa,
amante, escucha subir hasta tu retiro
mi voz agria y falsa.
Después loare mucho, como conviene,
A esta carne bendita
Cuyo perfume opulento evoco
Las noches de insomnio.
Y para acabar cantaré el beso
de tu labio rojo
y tu dulzura al martirizarme,
¡Mi ángel, mi gubia!
Abre tu alma y tu oído al son
de mi mandolina:
para ti he hecho, para ti, esta canción
cruel y zalamera.
Paul Verlaine
Comme la voix d’un mort qui chanterait
Du fond de sa fosse,
Maîtresse, entends monter vers ton retrait
Ma voix aigre et fausse.
Ouvre ton âme et ton oreille au son
De ma mandoline:
Pour toi j’ai fait, pour toi, cette chanson
Cruelle et câline.
Je chanterai tes yeux d’or et d’onyx
Purs de toutes ombres,
Puis le Léthé de ton sein, puis le Styx
De tes cheveux sombres.
Comme la voix d’un mort qui chanterait
Du fond de sa fosse,
Maîtresse, entends monter vers ton retrait
Ma voix aigre et fausse.
Puis je louerai beaucoup, comme il convient,
Cette chair bénie
Dont le parfum opulent me revient
Les nuits d’insomnie.
Et pour finir, je dirai le baiser
De ta lèvre rouge,
Et ta douceur à me martyriser,
- Mon Ange! – Ma Gouge!
Ouvre ton âme et ton oreille au son
De ma mandoline:
Pour toi j’ai fait, pour toi, cette chanson
Cruelle et câline.
Comme la voix d’un mort qui chanterait
Du fond de sa fosse,
Maîtresse, entends monter vers ton retrait
Ma voix aigre et fausse.
Serenata
Paul Verlaine
Como la voz de un muerto que cantara
desde el fondo de su fosa,
amante, escucha subir hasta tu retiro
mi voz agria y falsa.
Abre tu alma y tu oído al son
de mi mandolina:
para ti he hecho, para ti, esta canción
cruel y zalamera.
Cantaré tus ojos de oro y de onix
puros de toda sombra,
cantaré el Leteo de tu seno, luego el
de tus cabellos oscuros.
Como la voz de un muerto que cantara
desde el fondo de su fosa,
amante, escucha subir hasta tu retiro
mi voz agria y falsa.
Después loare mucho, como conviene,
A esta carne bendita
Cuyo perfume opulento evoco
Las noches de insomnio.
Y para acabar cantaré el beso
de tu labio rojo
y tu dulzura al martirizarme,
¡Mi ángel, mi gubia!
Abre tu alma y tu oído al son
de mi mandolina:
para ti he hecho, para ti, esta canción
cruel y zalamera.
sábado, 23 de junho de 2012
terça-feira, 19 de junho de 2012
domingo, 17 de junho de 2012
sábado, 16 de junho de 2012
¿Que dirá el Santo Padre?
Miren cómo nos hablan
de libertad
cuando de ella nos privan
en realidad.
Miren cómo pregonan
tranquilidad
cuando nos atormenta
la autoridad.
¿Qué dirá el santo Padre
que vive en Roma,
que le están degollando
a su paloma?
Miren cómo nos
hablan del paraíso
cuando nos llueven balas
como granizo.
Miren el entusiasmo
con la sentencia
sabiendo que mataban
a la inocencia.
El que ofició la muerte
como un verdugo
tranquilo está tomando
su desayuno.
Con esto se pusieron
la soga al cuello,
el quinto mandamiento
no tiene sello.
Mientras más injusticias,
señor fiscal,
más fuerzas tiene mi alma
para cantar.
Lindo segar el trigo
en el sembrao,
regado con tu sangre
Julián Grimau.
(Violeta Parra)
de libertad
cuando de ella nos privan
en realidad.
Miren cómo pregonan
tranquilidad
cuando nos atormenta
la autoridad.
¿Qué dirá el santo Padre
que vive en Roma,
que le están degollando
a su paloma?
Miren cómo nos
hablan del paraíso
cuando nos llueven balas
como granizo.
Miren el entusiasmo
con la sentencia
sabiendo que mataban
a la inocencia.
El que ofició la muerte
como un verdugo
tranquilo está tomando
su desayuno.
Con esto se pusieron
la soga al cuello,
el quinto mandamiento
no tiene sello.
Mientras más injusticias,
señor fiscal,
más fuerzas tiene mi alma
para cantar.
Lindo segar el trigo
en el sembrao,
regado con tu sangre
Julián Grimau.
(Violeta Parra)
segunda-feira, 11 de junho de 2012
As cidades e os símbolos
"(...)cada pessoa tem em mente uma cidade feita exclusivamente de diferenças, uma cidade sem figuras e sem forma , preenchida pelas cidades particulares.
(...)O viajante anda de um lado para outro e enche-se de dúvidas: incapaz de distinguir os pontos da cidade , os pontos que ele conserva distintos na mente se confundem. Chega-se à seguinte conclusão: se a existência em todos os momentos é uma única , a cidade de Zoé é o lugar da existência indivisível. Mas então qual é o motivo da cidade ?Qual é a linha que separa a parte de dentro da de fora , o estampido das rodas do uivo dos lobos ? "
Ítalo Calvino.As Cidades Invisíveis.
p 36-37.
(...)O viajante anda de um lado para outro e enche-se de dúvidas: incapaz de distinguir os pontos da cidade , os pontos que ele conserva distintos na mente se confundem. Chega-se à seguinte conclusão: se a existência em todos os momentos é uma única , a cidade de Zoé é o lugar da existência indivisível. Mas então qual é o motivo da cidade ?Qual é a linha que separa a parte de dentro da de fora , o estampido das rodas do uivo dos lobos ? "
Ítalo Calvino.As Cidades Invisíveis.
p 36-37.
"... O escritor Ítalo Calvino diz que vivemos em cidades escritas, que deixamos nossas marcas em cada segmento do espaço urbano.Símbolos que não só refletem o que somos, como também nos situam, dão indicações, informam , permitem nosso passo ou o interditam. Sem a possibilidade de comunicação com o mundo que nos rodeia, nós nos perdemos nele e, com isso, perdemos parte da condição de sujeitos.
Os refugiados que se fixaram no Brasil sentem isso na pele. "
Figueró, Inês. Português para refugiados. Ponto-e-vírgula.Revista Educação.número 119. Março 2007.p 67.
Os refugiados que se fixaram no Brasil sentem isso na pele. "
Figueró, Inês. Português para refugiados. Ponto-e-vírgula.Revista Educação.número 119. Março 2007.p 67.
Preguiça
para Rose
Algo de sol se infiltra
no quarto e , por um ápice,
embora, mais que fibra
de lã puída, esfiape-se ,
ainda recalcitra,
riscando, como lápis
que escreve um verso capaci
osíssimo , a tez vítrea
de quem permite, imersa
em si mesma, conforme
o escuro se dispersa,
que um grão de luz se forme
no âmago da inércia
e , sem notá-lo, dorme.
Nelson Ascher
Algo de sol se infiltra
no quarto e , por um ápice,
embora, mais que fibra
de lã puída, esfiape-se ,
ainda recalcitra,
riscando, como lápis
que escreve um verso capaci
osíssimo , a tez vítrea
de quem permite, imersa
em si mesma, conforme
o escuro se dispersa,
que um grão de luz se forme
no âmago da inércia
e , sem notá-lo, dorme.
Nelson Ascher
«Resto lì a lungo, la mano appoggiata al bordo della finestra, a fissare il punto in cui è sparita. Magari potrebbe accorgersi di aver dimenticato di dirmi qualcosa, e tornare indietro. Ma non torna. In quel punto rimane solo una specie di cavità invisibile che ha la forma della sua assenza».
Haruki Murakami, "Kafka sulla spiaggia"
"Descanse lá por muito tempo, a mão apoiada na borda da janela, olhando para o local onde ela desapareceu. Talvez você possa perceber que você esqueceu de me dizer alguma coisa, e voltar. Mas não vá. Nesse ponto permanece apenas um tipo de cavidade invisível que tem a forma de sua ausência. "
Haruki Murakami, "Kafka on the Shore"
Haruki Murakami, "Kafka sulla spiaggia"
"Descanse lá por muito tempo, a mão apoiada na borda da janela, olhando para o local onde ela desapareceu. Talvez você possa perceber que você esqueceu de me dizer alguma coisa, e voltar. Mas não vá. Nesse ponto permanece apenas um tipo de cavidade invisível que tem a forma de sua ausência. "
Haruki Murakami, "Kafka on the Shore"
sábado, 9 de junho de 2012
Aquele que me ler ,saiba:
Eso es la ultima prof&cia.
Última no sentido demais ressente, e no sentido de finitiva.
Isto disto, ba bamos escarecer que o trexto é prescrito em
entranha língua.Cada parlava vem do âmargo, portanto deve ser
linda com a máxima anteção, para que não se tome uma letra por
loutra
A beabase é o português, trespassado por anglais, french,
italiano e espinhol, et ambém por neologilhos , trocadismos,nonsentes,
abreviações, transefigurações, fussões e , sobrestudo, erros, significativos
ou não.
A razão de tão mix não vende uma pré-tensão de etctabelecetera
espécime de esperanto.
É que este que vos escravo est vítima de bombom bardeio informa
(ativo e ático).
Arnaldo bloch
(Geração de 90. Os Transgressores. in OESP. c 2. 13/05/03)
Eso es la ultima prof&cia.
Última no sentido demais ressente, e no sentido de finitiva.
Isto disto, ba bamos escarecer que o trexto é prescrito em
entranha língua.Cada parlava vem do âmargo, portanto deve ser
linda com a máxima anteção, para que não se tome uma letra por
loutra
A beabase é o português, trespassado por anglais, french,
italiano e espinhol, et ambém por neologilhos , trocadismos,nonsentes,
abreviações, transefigurações, fussões e , sobrestudo, erros, significativos
ou não.
A razão de tão mix não vende uma pré-tensão de etctabelecetera
espécime de esperanto.
É que este que vos escravo est vítima de bombom bardeio informa
(ativo e ático).
Arnaldo bloch
(Geração de 90. Os Transgressores. in OESP. c 2. 13/05/03)
De que sedas se fizeram os teus dedos,
de que marfim as tuas coxas lisas,
De que alturas chegou ao teu andar
a graça de camurça com que pisas.
De que amoras maduras se espremeu
o gosto acidulado do teu seio,
De que Índias o bambu da tua cinta,
O oiro dos teus olhos, donde veio.
A que balanço de onda vais buscar
A linha serpentina dos quadris,
Onde nasce a frescura dessa fonte
Que sai da tua boca quando ris.
de que bosques marinhos se soltou
A folha de coral das tuas portas,
Que perfume te anuncia quando vens
Cercar-me de desejo a horas mortas.
José Saramago
Inventário.Poemas Possíveis.
de que marfim as tuas coxas lisas,
De que alturas chegou ao teu andar
a graça de camurça com que pisas.
De que amoras maduras se espremeu
o gosto acidulado do teu seio,
De que Índias o bambu da tua cinta,
O oiro dos teus olhos, donde veio.
A que balanço de onda vais buscar
A linha serpentina dos quadris,
Onde nasce a frescura dessa fonte
Que sai da tua boca quando ris.
de que bosques marinhos se soltou
A folha de coral das tuas portas,
Que perfume te anuncia quando vens
Cercar-me de desejo a horas mortas.
José Saramago
Inventário.Poemas Possíveis.
Se la mosca ti avessa vista
anche una sola volta
quanto amore ti avrebbe
accordato.Non è facile
per me dare se non
per interposta persona,
cosa direbbe la Gina
Se decidessi d'essere
padre all'improviso
Eugênio Montale
Diário Póstumo (1)
Se a mosca te houvesse visto
uma só vez que fosse
quanto amor te teria
dedicado. Não me é fácil
dar-me senão
por interposta pessoa,
que diria Gina
se eu me decidisse
a ser pai de improviso.
Tradução Ivo Barroso
anche una sola volta
quanto amore ti avrebbe
accordato.Non è facile
per me dare se non
per interposta persona,
cosa direbbe la Gina
Se decidessi d'essere
padre all'improviso
Eugênio Montale
Diário Póstumo (1)
Se a mosca te houvesse visto
uma só vez que fosse
quanto amor te teria
dedicado. Não me é fácil
dar-me senão
por interposta pessoa,
que diria Gina
se eu me decidisse
a ser pai de improviso.
Tradução Ivo Barroso
DECÁLOGO DO LEITOR
DECÁLOGO DO LEITOR
Por Alberto Mussa
I - Nunca leia por hábito: um livro não é uma escova de dentes. Leia por vício, leia por dependência química. A literatura é a possibilidade de viver vidas múltiplas, em algumas horas. E tem até finalidades práticas: amplia a compreensão do mundo, permite a aquisição de conhecimentos objetivos, aprimora a capacidade de expressão, reduz os batimentos cardíacos, diminui a ansiedade, aumenta a libido. Mas é essencialmente lúdica, é essencialmente inútil, como devem ser as coisas que nos dão prazer.
II - Comece a ler desde cedo, se puder. Ou pelo menos comece. E pelos clássicos, pelos consensuais. Serão cinqüenta, serão cem. Não devem faltar As mil e uma noites, Dostoiévski, Thomas Mann, Balzac, Adonias, Conrad, Jorge de Lima, Poe, García Márquez, Cervantes, Alencar, Camões, Dumas, Dante, Shakespeare, Wassermann, Melville, Flaubert, Graciliano, Borges, Tchekhov, Sófocles, Machado, Schnitzler, Carpentier, Calvino, Rosa, Eça, Perec, Roa Bastos, Onetti, Boccaccio, Jorge Amado, Benedetti, Pessoa, Kafka, Bioy Casares, Asturias, Callado,Rulfo, Nelson Rodrigues, Lorca, Homero, Lima Barreto, Cortázar, Goethe, Voltaire, Emily Brontë, Sade, Arregui, Verissimo, Bowles, Faulkner, Maupassant, Tolstói, Proust, Autran Dourado, Hugo, Zweig, Saer, Kadaré, Márai, Henry James, Castro Alves.
III - Nunca leia sem dicionário. Se estiver lendo deitado, ou num ônibus, ou na praia, ou em qualquer outra situação imprópria, anote as palavras que você não conhece, para consultar depois. Elas nunca são escritas por acaso.
IV - Perca menos tempo diante do computador, da televisão, dos jornais e crie um sistema de leitura, estabeleça metas. Se puder ler um livro por mês, dos 16 aos 75 anos, terá lido 720 livros. Se, no mês das férias, em vez de um, puder ler quatro, chegará nos 900. Com dois por mês, serão 1.440. À razão de um por semana, alcançará 3.120. Com a média ideal de três por semana, serão 9.360. Serão apenas 9.360. É importante escolher bem o que você vai ler.
V - Faça do livro um objeto pessoal, um objeto íntimo. Escreva nele; assinale as frases marcantes, as passagens que o emocionam. Também é importante criticar o autor, apontar falhas e inverossimilhanças. Anote telefones e endereços de pessoas proibidas, faça cálculos nas inúteis páginas finais. O livro é o mais interativo dos objetos. Você pode avançar e recuar, folheando, com mais comodidade e rapidez que mexendo em teclados ou cursores de tela. O livro vai com você ao banheiro e à cama. Vai com você de metrô, de ônibus, e de táxi. Vai com você para outros países. Há apenas duas regras básicas: use lápis; e não empreste.
VI - Não se deixe dominar pelo complexo de vira-lata. Leia muito, leia sempre a literatura brasileira. Ela está entre as grandes. Temos o maior escritor do século XIX, que foi Machado de Assis; e um dos cinco maiores do século XX, que foram Borges, Perec, Kafka, Bioy Casares e Guimarães Rosa. Temos um dos quatro maiores épicos ocidentais, que foram Homero, Dante, Camões e Jorge de Lima. E temos um dos três maiores dramaturgos de todos os tempos, que foram Sófocles, Shakespeare e Nelson Rodrigues.
VII - Na natureza, são as espécies muito adaptadas ao próprio hábitat que tendem mais rapidamente à extinção. Prefira a literatura brasileira, mas faça viagens regulares. Das letras européias e da América do Norte vem a maioria dos nossos grandes mestres. A literatura hispano-americana é simplesmente indispensável. Particularmente os argentinos. Mas busque também o diferente: há grandezas literárias na África e na Ásia. Impossível desconhecer Angola, Moçambique e Cabo Verde. Volte também ao passado: à Idade Média, ao mundo árabe, aos clássicos gregos e latinos. E não esqueça o Oriente; não esqueça que literatura nenhuma se compara às da Índia e às da China. E chegue, finalmente, às mitologias dos povos ágrafos, mergulhe na poesia selvagem. São eles que estão na origem disso tudo; é por causa deles que estamos aqui.
VIII - Tente evitar a repetição dos mesmos gêneros, dos mesmos temas, dos mesmos estilos, dos mesmos autores. A grande literatura está espalhada por romances, contos, crônicas, poemas e peças de teatro. Nenhum gênero é, em tese, superior a outro. Não se preocupe, aliás, com o conceito de gênero: história, filosofia, etnologia, memórias, viagens, reportagem, divulgação científica, auto-ajuda – tudo isso pode ser literatura. Um bom livro tem de ser inteligente, bem escrito e capaz de provocar alguma espécie de emoção.
IX - A vida tem outras coisas muito boas. Por isso, não tenha pena de abandonar pelo meio os livros desinteressantes. O leitor experiente desenvolve a capacidade de perceber logo, em no máximo 30 páginas, se um livro será bom ou mau. Só não diga que um livro é ruim antes de ler pelo menos algumas linhas: nada pode ser tão estúpido quanto o preconceito.
X - Forme seu próprio cânone. Se não gostar de um clássico, não se sinta menos inteligente. Não se intimide quando um especialista diz que determinado autor é um gênio, e que o livro do gênio é historicamente fundamental. O fato de uma obra ser ou não importante é problema que tange a críticos; talvez a escritores. Não leve nenhum deles a sério; não leve a literatura a sério; não leve a vida a sério. E faça o seu próprio decálogo: neste momento, você será um leitor.
Disponível em: http://www2.uol.com.br/entrelivros/reportagens/decalogo_do_leitor.html
Por Alberto Mussa
I - Nunca leia por hábito: um livro não é uma escova de dentes. Leia por vício, leia por dependência química. A literatura é a possibilidade de viver vidas múltiplas, em algumas horas. E tem até finalidades práticas: amplia a compreensão do mundo, permite a aquisição de conhecimentos objetivos, aprimora a capacidade de expressão, reduz os batimentos cardíacos, diminui a ansiedade, aumenta a libido. Mas é essencialmente lúdica, é essencialmente inútil, como devem ser as coisas que nos dão prazer.
II - Comece a ler desde cedo, se puder. Ou pelo menos comece. E pelos clássicos, pelos consensuais. Serão cinqüenta, serão cem. Não devem faltar As mil e uma noites, Dostoiévski, Thomas Mann, Balzac, Adonias, Conrad, Jorge de Lima, Poe, García Márquez, Cervantes, Alencar, Camões, Dumas, Dante, Shakespeare, Wassermann, Melville, Flaubert, Graciliano, Borges, Tchekhov, Sófocles, Machado, Schnitzler, Carpentier, Calvino, Rosa, Eça, Perec, Roa Bastos, Onetti, Boccaccio, Jorge Amado, Benedetti, Pessoa, Kafka, Bioy Casares, Asturias, Callado,Rulfo, Nelson Rodrigues, Lorca, Homero, Lima Barreto, Cortázar, Goethe, Voltaire, Emily Brontë, Sade, Arregui, Verissimo, Bowles, Faulkner, Maupassant, Tolstói, Proust, Autran Dourado, Hugo, Zweig, Saer, Kadaré, Márai, Henry James, Castro Alves.
III - Nunca leia sem dicionário. Se estiver lendo deitado, ou num ônibus, ou na praia, ou em qualquer outra situação imprópria, anote as palavras que você não conhece, para consultar depois. Elas nunca são escritas por acaso.
IV - Perca menos tempo diante do computador, da televisão, dos jornais e crie um sistema de leitura, estabeleça metas. Se puder ler um livro por mês, dos 16 aos 75 anos, terá lido 720 livros. Se, no mês das férias, em vez de um, puder ler quatro, chegará nos 900. Com dois por mês, serão 1.440. À razão de um por semana, alcançará 3.120. Com a média ideal de três por semana, serão 9.360. Serão apenas 9.360. É importante escolher bem o que você vai ler.
V - Faça do livro um objeto pessoal, um objeto íntimo. Escreva nele; assinale as frases marcantes, as passagens que o emocionam. Também é importante criticar o autor, apontar falhas e inverossimilhanças. Anote telefones e endereços de pessoas proibidas, faça cálculos nas inúteis páginas finais. O livro é o mais interativo dos objetos. Você pode avançar e recuar, folheando, com mais comodidade e rapidez que mexendo em teclados ou cursores de tela. O livro vai com você ao banheiro e à cama. Vai com você de metrô, de ônibus, e de táxi. Vai com você para outros países. Há apenas duas regras básicas: use lápis; e não empreste.
VI - Não se deixe dominar pelo complexo de vira-lata. Leia muito, leia sempre a literatura brasileira. Ela está entre as grandes. Temos o maior escritor do século XIX, que foi Machado de Assis; e um dos cinco maiores do século XX, que foram Borges, Perec, Kafka, Bioy Casares e Guimarães Rosa. Temos um dos quatro maiores épicos ocidentais, que foram Homero, Dante, Camões e Jorge de Lima. E temos um dos três maiores dramaturgos de todos os tempos, que foram Sófocles, Shakespeare e Nelson Rodrigues.
VII - Na natureza, são as espécies muito adaptadas ao próprio hábitat que tendem mais rapidamente à extinção. Prefira a literatura brasileira, mas faça viagens regulares. Das letras européias e da América do Norte vem a maioria dos nossos grandes mestres. A literatura hispano-americana é simplesmente indispensável. Particularmente os argentinos. Mas busque também o diferente: há grandezas literárias na África e na Ásia. Impossível desconhecer Angola, Moçambique e Cabo Verde. Volte também ao passado: à Idade Média, ao mundo árabe, aos clássicos gregos e latinos. E não esqueça o Oriente; não esqueça que literatura nenhuma se compara às da Índia e às da China. E chegue, finalmente, às mitologias dos povos ágrafos, mergulhe na poesia selvagem. São eles que estão na origem disso tudo; é por causa deles que estamos aqui.
VIII - Tente evitar a repetição dos mesmos gêneros, dos mesmos temas, dos mesmos estilos, dos mesmos autores. A grande literatura está espalhada por romances, contos, crônicas, poemas e peças de teatro. Nenhum gênero é, em tese, superior a outro. Não se preocupe, aliás, com o conceito de gênero: história, filosofia, etnologia, memórias, viagens, reportagem, divulgação científica, auto-ajuda – tudo isso pode ser literatura. Um bom livro tem de ser inteligente, bem escrito e capaz de provocar alguma espécie de emoção.
IX - A vida tem outras coisas muito boas. Por isso, não tenha pena de abandonar pelo meio os livros desinteressantes. O leitor experiente desenvolve a capacidade de perceber logo, em no máximo 30 páginas, se um livro será bom ou mau. Só não diga que um livro é ruim antes de ler pelo menos algumas linhas: nada pode ser tão estúpido quanto o preconceito.
X - Forme seu próprio cânone. Se não gostar de um clássico, não se sinta menos inteligente. Não se intimide quando um especialista diz que determinado autor é um gênio, e que o livro do gênio é historicamente fundamental. O fato de uma obra ser ou não importante é problema que tange a críticos; talvez a escritores. Não leve nenhum deles a sério; não leve a literatura a sério; não leve a vida a sério. E faça o seu próprio decálogo: neste momento, você será um leitor.
Disponível em: http://www2.uol.com.br/entrelivros/reportagens/decalogo_do_leitor.html
La babe
Y yo me levanto de la cama relleno de los últimos gestos íntimos y besos de despedida. Todo antes que la mente despierte, tras sombras y puertas cerradas en una oscurecida casa
Donde los habitantes vagan insatisfechos en la noche,
Fantasmas desnudos buscándose en el silencio.
Allen Ginsberg
Donde los habitantes vagan insatisfechos en la noche,
Fantasmas desnudos buscándose en el silencio.
Allen Ginsberg
Sueños Rotos
-William Butler Yeats-
Hay gris en tus cabellos;
los jóvenes ya no se quedan sin aliento
a tu paso;
acaso te bendiga algún vejete
porque fue tu plegaria
la que lo salvó en el lecho de muerte.
Por tu bien -que ha sabido de todo dolor del corazón,
y que ha impartido todo el dolor del corazón,
desde la magra niñez acumulando
onerosa belleza- por tu solo bien
el cielo desvió el golpe de su sino,
tan grande su porción en la paz que estableces
con sólo penetrar dentro de un cuarto.
Tu belleza no puede sino dejar entre nosotros
vagos recuerdos, recuerdos nada más.
Cuando los viejos se cansen de hablar, un joven
le dirá a un viejo: «Háblame de esa dama
que terco en su pasión nos cantaba el poeta
cuando ya su sangre debiera estar helada por los años».
Vagos recuerdos, recuerdos nada más.
Pero en la tumba todos, todos se verán renovados.
La certidumbre de que veré a esa dama
reclinada o erecta o caminando
en el primor inicial de su feminidad
y con el fervor de mis ojos juveniles,
me ha puesto a balbucear como un tonto.
Era más bella que cualquiera
no obstante tu cuerpo tenía una tacha;
tus manos pequeñas no eran bellas,
y temo que has de correr
y las hundirás hasta la muñeca
en ese lago misterioso, siempre rebosante
donde todos los que cumplieron la ley sacra
se hunden y resurgen perfectos. Deja intactas
las manos que besé,
por bien del viejo bien.
Muere el último toque de media noche.
Todo el día, en la misma silla
de sueño a sueño y rima a rima he errado,
en charla incoherente con una imagen de aire:
vagos recuerdos, recuerdos nada más.
Versión: Hernando Valencia Goelkel
Hay gris en tus cabellos;
los jóvenes ya no se quedan sin aliento
a tu paso;
acaso te bendiga algún vejete
porque fue tu plegaria
la que lo salvó en el lecho de muerte.
Por tu bien -que ha sabido de todo dolor del corazón,
y que ha impartido todo el dolor del corazón,
desde la magra niñez acumulando
onerosa belleza- por tu solo bien
el cielo desvió el golpe de su sino,
tan grande su porción en la paz que estableces
con sólo penetrar dentro de un cuarto.
Tu belleza no puede sino dejar entre nosotros
vagos recuerdos, recuerdos nada más.
Cuando los viejos se cansen de hablar, un joven
le dirá a un viejo: «Háblame de esa dama
que terco en su pasión nos cantaba el poeta
cuando ya su sangre debiera estar helada por los años».
Vagos recuerdos, recuerdos nada más.
Pero en la tumba todos, todos se verán renovados.
La certidumbre de que veré a esa dama
reclinada o erecta o caminando
en el primor inicial de su feminidad
y con el fervor de mis ojos juveniles,
me ha puesto a balbucear como un tonto.
Era más bella que cualquiera
no obstante tu cuerpo tenía una tacha;
tus manos pequeñas no eran bellas,
y temo que has de correr
y las hundirás hasta la muñeca
en ese lago misterioso, siempre rebosante
donde todos los que cumplieron la ley sacra
se hunden y resurgen perfectos. Deja intactas
las manos que besé,
por bien del viejo bien.
Muere el último toque de media noche.
Todo el día, en la misma silla
de sueño a sueño y rima a rima he errado,
en charla incoherente con una imagen de aire:
vagos recuerdos, recuerdos nada más.
Versión: Hernando Valencia Goelkel
Soneto XVIII
Da vez primeira em que me assassinaram
Perdi um jeito de sorrir que eu tinha...
Depois, de cada vez que me mataram,
Foram levando qualquer coisa minha...
E hoje, dos meu cadáveres, eu sou
O mais desnudo, o que não tem mais nada...
Arde um toco de Vela amarelada...
Como único bem que me ficou!
Vinde, corvos, chacais, ladrões da estrada!
Ah! Desta mão, avaramente adunca,
Ninguém há de arrancar-me a luz sagrada
Aves da noite! Asas de horror! Voejai!
Que a luz, trêmula e triste como um ai,
A luz do morto não se apaga nunca.
Mario Quintana
Perdi um jeito de sorrir que eu tinha...
Depois, de cada vez que me mataram,
Foram levando qualquer coisa minha...
E hoje, dos meu cadáveres, eu sou
O mais desnudo, o que não tem mais nada...
Arde um toco de Vela amarelada...
Como único bem que me ficou!
Vinde, corvos, chacais, ladrões da estrada!
Ah! Desta mão, avaramente adunca,
Ninguém há de arrancar-me a luz sagrada
Aves da noite! Asas de horror! Voejai!
Que a luz, trêmula e triste como um ai,
A luz do morto não se apaga nunca.
Mario Quintana
quinta-feira, 7 de junho de 2012
In Galleria
Un occhio di stelle
ci spia da quello stagno
e filtra la sua benedizione ghiaociata
su quest'acquario
di sonnmbula noia.
Giuseppe Ungaretti
Na Galeria
Um olho de estrelas
nos espia daquele charco
e filtra sua benção gelada
sobre este aquário
de tédio sonâmbulo.
Trad: Sérgio Wax
ci spia da quello stagno
e filtra la sua benedizione ghiaociata
su quest'acquario
di sonnmbula noia.
Giuseppe Ungaretti
Na Galeria
Um olho de estrelas
nos espia daquele charco
e filtra sua benção gelada
sobre este aquário
de tédio sonâmbulo.
Trad: Sérgio Wax
futebol.Lamentavelmente transformado em lavanderia de dinheiro, tão corroída de corrupção.Onde os pés de obra(a maioria ,não os poucos astros miliardários desse picadeiro )são não mais escravos ,tratados como mera mercadoria vivemos momentos de escapismo e histeria, arremessamos nossas tragédias na ópera futebol.
Wilson Roberto Nogueira
Wilson Roberto Nogueira
mirror
I am silver and exact. I have no preconceptions.
Whatever I see I swallow immediately
Just as it is, un misted by love or dislike.
I am not cruel, only truthful -
The eye of a little god, four-cornered.
Sylvia Plath, Mirror
Sou prata e exato. Não tenho preconceitos.
Tudo o que vejo engolir imediatamente
Assim como é, un misted de amor ou aversão.
Não sou cruel, apenas verdadeiro -
O olho de um pequeno deus, de quatro cantos.
Sylvia Plath, Mirror
Whatever I see I swallow immediately
Just as it is, un misted by love or dislike.
I am not cruel, only truthful -
The eye of a little god, four-cornered.
Sylvia Plath, Mirror
Sou prata e exato. Não tenho preconceitos.
Tudo o que vejo engolir imediatamente
Assim como é, un misted de amor ou aversão.
Não sou cruel, apenas verdadeiro -
O olho de um pequeno deus, de quatro cantos.
Sylvia Plath, Mirror
?Est-ce que vous faites quelquefois votre prière?? demanda-t-elle.
Elle vit le chapeau noir bouger entre les omoplates.
?Jamais?, dit-il.
Il y eut un coup de pistolet dans le bois, suivi presque immédiatement d’un second. Puis tout fut silence. La tête de la grand-mère pivota vers le bois. Elle entendit la rumeur du vent qui glissait dans les cimes des arbres, comme une longue aspiration voluptueuse.
Flannery O’Connor, Les braves gens ne courent pas les rues
Você às vezes reza ? , perguntou ela.
Ela viu o chapéu preto se movendo entre as omoplatas.
Nunca?, Disse.
Um tiro de pistola na floresta.Um estampido e Tudo era silêncio. A cabeça da avó virou para os bosques. Ela ouviu o som do vento que caiu nas copas das árvores, como uma aspiração muito voluptuosa.
Flannery O'Connor, As pessoas boas não crescem em árvores
Elle vit le chapeau noir bouger entre les omoplates.
?Jamais?, dit-il.
Il y eut un coup de pistolet dans le bois, suivi presque immédiatement d’un second. Puis tout fut silence. La tête de la grand-mère pivota vers le bois. Elle entendit la rumeur du vent qui glissait dans les cimes des arbres, comme une longue aspiration voluptueuse.
Flannery O’Connor, Les braves gens ne courent pas les rues
Você às vezes reza ? , perguntou ela.
Ela viu o chapéu preto se movendo entre as omoplatas.
Nunca?, Disse.
Um tiro de pistola na floresta.Um estampido e Tudo era silêncio. A cabeça da avó virou para os bosques. Ela ouviu o som do vento que caiu nas copas das árvores, como uma aspiração muito voluptuosa.
Flannery O'Connor, As pessoas boas não crescem em árvores
LADRO
Oggi mi sento un ladro
non prendo in prestito
ma rubo con destrezza.
Non esiste ingordigia
nella mia bocca
ma solo stile di convinzione.
Cadono gesti difformi
la vista li cattura
ne arresta l’evoluzione
prevedendoli
ma il sorriso,
ne decreta la libertà.
tra i miei bottini vi sono
nudi baleni sospesi
tra rocce laviche,
frescura silente bianca e umile
occhi rassicuranti
di genitori lontani.
Rubo ragnatele di pensieri
nascosto tra le cosce della musica
soave ridacchio dei mie averi
Rubo...rubo senz’alibi
come un animale privo di istinto
la luce del sole penserà a coprirmi
Marco Scarpulla
non prendo in prestito
ma rubo con destrezza.
Non esiste ingordigia
nella mia bocca
ma solo stile di convinzione.
Cadono gesti difformi
la vista li cattura
ne arresta l’evoluzione
prevedendoli
ma il sorriso,
ne decreta la libertà.
tra i miei bottini vi sono
nudi baleni sospesi
tra rocce laviche,
frescura silente bianca e umile
occhi rassicuranti
di genitori lontani.
Rubo ragnatele di pensieri
nascosto tra le cosce della musica
soave ridacchio dei mie averi
Rubo...rubo senz’alibi
come un animale privo di istinto
la luce del sole penserà a coprirmi
Marco Scarpulla
En arrivant ici, j’ai toujours l’impression d’avoir été engloutie par un monstre. Je m’assieds, et mes cheveux, mes sourcils et le corsage de mon uniforme ne tardent pas à s’imprégner de la chaleur ambiante et à devenir moites. Je baigne dans une humidité plus douce que la transpiration, d’où s’élève une discrète odeur de crésol.
Yôko Ogawa, La piscine
(Chegando até aqui, tenho a impressão de ter sido engolida por um monstro. Sento-me, e meu cabelo, minhas sobrancelhas e o corpete do meu uniforme não demorara muito tempo para absorver o calor do ambiente e tornar-se úmido. banhei-me numa umidade mais suave do que uma transpiração, do qual ergue-se um leve cheiro de cresol)
Yôko Ogawa, La piscine
(Chegando até aqui, tenho a impressão de ter sido engolida por um monstro. Sento-me, e meu cabelo, minhas sobrancelhas e o corpete do meu uniforme não demorara muito tempo para absorver o calor do ambiente e tornar-se úmido. banhei-me numa umidade mais suave do que uma transpiração, do qual ergue-se um leve cheiro de cresol)
Ser Poeta
Ser poeta é ser mais alto, é ser maior
Do que os homens! Morder como quem beija!
É ser mendigo e dar como quem seja
Rei do Reino de Áquem e de Além Dor!
É ter de mil desejos o esplendor
E não saber sequer que se deseja!
É ter cá dentro um astro que flameja,
É ter garras e asas de condor!
É ter fome, é ter sede de Infinito!
Por elmo, as manhãs de oiro e de cetim...
É condensar o mundo num só grito!
E é amar-te, assim, perdidamente...
É seres alma, e sangue, e vida em mim
E dizê-lo cantando a toda a gente!
Florbela Espanca
Do que os homens! Morder como quem beija!
É ser mendigo e dar como quem seja
Rei do Reino de Áquem e de Além Dor!
É ter de mil desejos o esplendor
E não saber sequer que se deseja!
É ter cá dentro um astro que flameja,
É ter garras e asas de condor!
É ter fome, é ter sede de Infinito!
Por elmo, as manhãs de oiro e de cetim...
É condensar o mundo num só grito!
E é amar-te, assim, perdidamente...
É seres alma, e sangue, e vida em mim
E dizê-lo cantando a toda a gente!
Florbela Espanca
sábado, 2 de junho de 2012
Feliz
Deitado no alto do carro de feno… com os braços e as pernas abertos em X… e as nuvens, os vôos passando por cima… Por que estradas de abril viajei assim um dia? De que tempos, de que terras guardei essa antiga lembrança, que talvez seja a mais feliz das minhas falsas recordações?
_________Mario Quintana - Sapato florido
Deitado no alto do carro de feno… com os braços e as pernas abertos em X… e as nuvens, os vôos passando por cima… Por que estradas de abril viajei assim um dia? De que tempos, de que terras guardei essa antiga lembrança, que talvez seja a mais feliz das minhas falsas recordações?
_________Mario Quintana - Sapato florido
Pós-Modernidade e Academia.
Se é pra ser "pós-moderno" (um isso!!), ok, até seja,mas antes, em 1º lugar, assuma que "nunca fomos tão modernos", pra daí então avaliar se esse "um isso" (viço?!) que vc acredita ter encontrado, é mesmo uma "experiência" sólida, a qual não te deixaria escorrer e/ou escorregar, dentro e fora da academia.
Monica Castro
O melhor lugar do mundo não é aqui e não é agora, sabemos disso. Agora o duro é saber disso e, tentando driblar essa constatação óbvia, jogar e apostar na hipótese de que haveria um lugar e um tempo imponderáveis, nos quais se teria a "oportunidade" de verificar isso REALMENTE... ESPERANDO PRA VER O ÓBVIO... Não creio que devamos perder nosso tempo (nem tão precioso assim, mas enfim, é o tempo que temos), discutindo/ debatendo o óbvio, afinal, há questões bem mais urgentes a serem pensadas, dentro e fora da nossa Galáxia. Há necessidade (não discuto o "sentido"...), de se atribuir ao "Infinito" um caráter teológico que ele não tem, para apaziguar a sensação de que "não estamos sozinhos"?! Eu posso até entender a criação dessa necessidade, até mesmo historicamente determinada, mas o que não entendo de forma alguma, é a obrigação de se "enxergar" um sentido teológico atribuído ao Universo.... seria algo tão vasto e por isso mesmo, para além do nosso entendimento?!
Monica Castro
bem... até onde pude observar... a academia é um palco de ilusões também... Tem muito trabalho sério, é claro, mas até chegar lá, há muita imitação, uma mimese desvairada de textos, autores, pessoas, estilos, caras e bocas e olhares... e a gente vai tendo que encontrar o caminho no meio desta selva de troncos mortos, outros nascendo... outros que nunca serviram prá nada e continuam atravancando o caminho!!! mas isso é a vida, não é? não é diferente em outros domínios também... o bom é entender que a "academia" não tem nenhuma prerrogativa a mais... é a sociedade em miniatura ali dentro! seguimos em frente...
Selma Baptista,antropóloga, cantora
Penso também que a "academia" apenas reflete, em micro, o que é macro... o duro da questão é que, afora a pretensão desse "locus academicum", há uma patente inércia, no sentido mesmo de uma pretensão mal "utilizada"... sim porque se a pretensão estivesse efetivamente gerando troncos (em meio a selva na qual todos vivemos) e assim, fazendo com que os troncos velhos fossem deslocados de seus cômodos lugares, ok, beleza, mas, não é assim... Na "academia" há que se ser "pós-moderno", como se esse qualificativo (indefinível e inefável...) tivesse uma certa potência, a qual, mesmo que inescrutável, carregasse os seus sujeitos de atribuições apáticas (?!), as quais de caráter inquestionável, os fazem inquestionáveis e... bem, tudo volta ao círculo e ele, a si mesmo.
Monica Castro,filosofa,professora
Monica Castro
O melhor lugar do mundo não é aqui e não é agora, sabemos disso. Agora o duro é saber disso e, tentando driblar essa constatação óbvia, jogar e apostar na hipótese de que haveria um lugar e um tempo imponderáveis, nos quais se teria a "oportunidade" de verificar isso REALMENTE... ESPERANDO PRA VER O ÓBVIO... Não creio que devamos perder nosso tempo (nem tão precioso assim, mas enfim, é o tempo que temos), discutindo/ debatendo o óbvio, afinal, há questões bem mais urgentes a serem pensadas, dentro e fora da nossa Galáxia. Há necessidade (não discuto o "sentido"...), de se atribuir ao "Infinito" um caráter teológico que ele não tem, para apaziguar a sensação de que "não estamos sozinhos"?! Eu posso até entender a criação dessa necessidade, até mesmo historicamente determinada, mas o que não entendo de forma alguma, é a obrigação de se "enxergar" um sentido teológico atribuído ao Universo.... seria algo tão vasto e por isso mesmo, para além do nosso entendimento?!
Monica Castro
bem... até onde pude observar... a academia é um palco de ilusões também... Tem muito trabalho sério, é claro, mas até chegar lá, há muita imitação, uma mimese desvairada de textos, autores, pessoas, estilos, caras e bocas e olhares... e a gente vai tendo que encontrar o caminho no meio desta selva de troncos mortos, outros nascendo... outros que nunca serviram prá nada e continuam atravancando o caminho!!! mas isso é a vida, não é? não é diferente em outros domínios também... o bom é entender que a "academia" não tem nenhuma prerrogativa a mais... é a sociedade em miniatura ali dentro! seguimos em frente...
Selma Baptista,antropóloga, cantora
Penso também que a "academia" apenas reflete, em micro, o que é macro... o duro da questão é que, afora a pretensão desse "locus academicum", há uma patente inércia, no sentido mesmo de uma pretensão mal "utilizada"... sim porque se a pretensão estivesse efetivamente gerando troncos (em meio a selva na qual todos vivemos) e assim, fazendo com que os troncos velhos fossem deslocados de seus cômodos lugares, ok, beleza, mas, não é assim... Na "academia" há que se ser "pós-moderno", como se esse qualificativo (indefinível e inefável...) tivesse uma certa potência, a qual, mesmo que inescrutável, carregasse os seus sujeitos de atribuições apáticas (?!), as quais de caráter inquestionável, os fazem inquestionáveis e... bem, tudo volta ao círculo e ele, a si mesmo.
Monica Castro,filosofa,professora
terça-feira, 29 de maio de 2012
La casa de Molière
A fines de los años cincuenta, cuando vine a vivir a París, aunque uno fuera paupérrimo podía darse el lujo supremo de un buen teatro, por lo menos una vez por semana. La Comédie Française tenía las matinés escolares, no recuerdo si los martes o los jueves, y esas tardes representaba las obras clásicas de su repertorio. Las funciones se llenaban de chiquillos con sus profesores, y las entradas sobrantes se vendían al público muy baratas, al extremo de que las del ‘gallinero’ –desde donde se veía sólo las cabezas de los actores– costaban apenas cien francos (pocos centavos de un euro de hoy). Las puestas en escena solían ser tradicionales y convencionales, pero era un gran placer escuchar el cadencioso francés de Corneille, Racine y Molière (sobre todo el de este último), y, también, muy divertido, en los entreactos, escuchar los comentarios y discusiones de los estudiantes sobre las obras que estaban viendo.
Desde entonces me acostumbré a venir regularmente a la Comédie Française y lo he seguido haciendo a lo largo de más de medio siglo, en todos mis viajes a París: Francia ha cambiado mucho en todo este tiempo, pero no en la perfecta dicción y entonación de estos comediantes que convierten en conciertos las representaciones de sus clásicos.
Vine también ahora y me encontré con que la Gran Sala Richelieu estaba cerrada por trabajos en la cúpula que tomarán todavía más de un año. Para reemplazarla se ha construido en el patio del Palais Royal un auditorio provisional muy apropiadamente llamado el Théâtre Éphémère. El local es precario, el frío siberiano de estos días parisinos se cuela por los techos y rendijas y los acomodadores (nunca había visto algo semejante) nos reparten a los ateridos y heroicos espectadores unas gruesas mantas para protegernos del resfrío y la pulmonía. Pero todos esos inconvenientes se esfuman cuando se corre el telón, comienza el espectáculo y el genio y la lengua de Molière se adueñan de la noche.
Se representa Le Malade imaginaire, la última obra que escribió Jean-Baptiste Poquelin, que haría famoso el nombre de pluma de Molière, y en la que estaba actuando él mismo la infausta tarde del 17 de febrero de 1673, en el papel de Argan, el enfermo imaginario, víctima de lo que los fisiólogos de la época llamaban deliciosamente “la melancolía hipocondríaca”. Era la cuarta función y el teatro llamado entonces del Palais Royal estaba repleto de nobles y burgueses. A media representación el autoritario y delirante Argan tuvo un acceso de tos interminable que, sin duda, los presentes creyeron parte de la ficción teatral. Pero no, era una tos real, cruda, dura e inesperada. La función debió suspenderse y el actor, llevado de urgencia a su casa vecina con una vena reventada por la violencia del acceso, fallecería unas cuatro horas después. Había cumplido cincuenta y un años y, como no tuvo tiempo de confesarse, los comediantes de la compañía formada y dirigida por él, junto con su viuda, debieron pedir una dispensa especial al arzobispo de París para que recibiera una sepultura cristiana.
Buena parte de esos 51 años de existencia se los pasó Molière viviendo no en la realidad cotidiana sino en la fantasía y haciendo viajar a sus contemporáneos –campesinos, artesanos, clérigos, burócratas, comerciantes, nobles– al sueño y la ilusión. Las milimétricas investigaciones sobre su vida de ejércitos de filólogos y biógrafos a lo largo de cuatro siglos arrojan casi exclusivamente las idas y venidas del actor J.B. Poquelin a lo largo de los años por todas las provincias de Francia, actuando en plazas públicas, patios, atrios, palacios, ferias, jardines, carpas, y, luego de su instalación en París, escribiendo, dirigiendo y encarnando a los personajes de obras suyas y ajenas de manera incesante. Y, cuando no lo hacía, contrayendo o pagando deudas de los teatros que alquilaba, compraba o vendía, de tal modo que, se puede decir, la vida de Molière consistió casi exclusivamente –además de casarse con una hija de su amante y producir de paso unos vástagos que solían morirse a poco de nacer– en vivir y difundir unas ficciones que eran unos espejos risueños y deformantes, y, a veces, luciferinamente críticos de la sociedad y las creencias y costumbres de su tiempo.
Llegó a ser muy famoso y considerado por unos y otros el más grande comediante de la época, insuperable en el dominio de la farsa y el humor, pero, detrás de la risa, la gracia y el ingenio que a todos seducían, sus obras provocaron a veces violentas reacciones de las autoridades civiles y eclesiásticas –el Tartufo fue prohibido por ambas en varias ocasiones– y el propio Luis XIV, que lo admiraba e invitó a su compañía a actuar en Versalles y en los palacios de París y alrededores ante la corte, y fue a menudo a aplaudirlo al teatro del Palais Royal, se vio obligado también en dos ocasiones a censurar las mismas obras que en privado había celebrado.
El enfermo imaginario no tiene la complejidad sociológica y moral del Tartufo, ni la chispeante sutileza de El avaro, ni la fuerza dramática de Don Juan, pero entre el melodrama rocambolesco y la leve intriga amorosa hay una astuta meditación sobre la enfermedad y la muerte y la manera como ambas socavan la vida de las gentes.
Cuando escribió la obra, estaba de moda –él había contribuido a fomentarla– incorporar a las comedias números musicales y de danza –el propio Rey y los príncipes acostumbraban a acompañar a los bailarines en las coreografías– y la estructura original de El enfermo imaginario es la de una opereta, con coros y bailes que se entrelazan constantemente con la peripecia anecdótica. Pero en este excelente montaje del fallecido Claude Stratz, esas infiltraciones de música y ballet se han reducido, con buen criterio, a su mínima expresión.
Paso dos horas y media magníficas y, casi tanto como lo que ocurre en el escenario, me fascina el espectáculo que ofrecen los espectadores: su atención sostenida, sus carcajadas y sonrisas, el estado de trance de los niños a los que sus padres han traído consigo abrigados como osos, las ráfagas de aplausos que provocan ciertas réplicas. Una vez más compruebo, como en mis años mozos, que Molière está vivo y sus comedias tan frescas y actuales como si las acabara de escribir con su pluma de ganso en papel pergamino. El público las reconoce, se reconoce en sus situaciones, caricaturas y exageraciones, goza con sus gracias y con la vitalidad y belleza de su lengua.
Viene ocurriendo aquí hace más de cuatro siglos y ésa es una de las manifestaciones más flagrantes de lo que quiere decir la palabra civilización: un ritual compartido, en el que una pequeña colectividad, elevada espiritual, intelectual y emocionalmente por una vivencia común que anula momentáneamente todo lo que hay en ella de encono, miseria y violencia y exalta lo que alberga de generosidad, amplitud de visión y sentimiento, se trasciende a sí misma. Entre estas vivencias que hacen progresar de veras a la especie, ocupa un papel preponderante aquello a lo que Molière dedicó su vida entera: la ficción. Es decir, la creación imaginaria de mundos donde podemos refugiarnos cuando aquel en el que estamos sumidos nos resulta insoportable, mundos en los que transitoriamente somos mejores de lo que en verdad somos, mundos que son el mundo real y a la vez mundos soberanos y distintos, con sus leyes, sus ritmos, sus valores, su música, sus ideas, sostenidos por una conjunción milagrosa de la fantasía y la palabra.
Pocos creadores de su tiempo ayudaron tanto a los franceses, y luego al mundo entero, como el autor de El enfermo imaginario, a salir de los quebrantos, las infamias, la coyunda y las rutinas cotidianas y a transformar las amarguras y los rencores en alegría, esperanza, contento, a descubrir la solidaridad y la importancia de los rituales y las formas que desanimalizan al ser humano y lo vuelven menos carnicero. La historia, más que una lucha de religiones o de clases, ha opuesto siempre esos pequeños espacios de civilización a la barbarie circundante, en todas las culturas y las épocas y a todos los niveles de la escala social. Uno de esos pequeños espacios que nos defienden y nos salvan de ser arrollados del todo por la estupidez y la crueldad oceánicas que nos rodean es éste que creó Molière en el corazón de París y no hay palabras bastantes en el diccionario para agradecérselo como es debido.
París, febrero de 2012
Mario Vargas Llosa
Fonte– LA REPÚBLICA. Lima.Domingo, 12 de febrero de 2012
Desde entonces me acostumbré a venir regularmente a la Comédie Française y lo he seguido haciendo a lo largo de más de medio siglo, en todos mis viajes a París: Francia ha cambiado mucho en todo este tiempo, pero no en la perfecta dicción y entonación de estos comediantes que convierten en conciertos las representaciones de sus clásicos.
Vine también ahora y me encontré con que la Gran Sala Richelieu estaba cerrada por trabajos en la cúpula que tomarán todavía más de un año. Para reemplazarla se ha construido en el patio del Palais Royal un auditorio provisional muy apropiadamente llamado el Théâtre Éphémère. El local es precario, el frío siberiano de estos días parisinos se cuela por los techos y rendijas y los acomodadores (nunca había visto algo semejante) nos reparten a los ateridos y heroicos espectadores unas gruesas mantas para protegernos del resfrío y la pulmonía. Pero todos esos inconvenientes se esfuman cuando se corre el telón, comienza el espectáculo y el genio y la lengua de Molière se adueñan de la noche.
Se representa Le Malade imaginaire, la última obra que escribió Jean-Baptiste Poquelin, que haría famoso el nombre de pluma de Molière, y en la que estaba actuando él mismo la infausta tarde del 17 de febrero de 1673, en el papel de Argan, el enfermo imaginario, víctima de lo que los fisiólogos de la época llamaban deliciosamente “la melancolía hipocondríaca”. Era la cuarta función y el teatro llamado entonces del Palais Royal estaba repleto de nobles y burgueses. A media representación el autoritario y delirante Argan tuvo un acceso de tos interminable que, sin duda, los presentes creyeron parte de la ficción teatral. Pero no, era una tos real, cruda, dura e inesperada. La función debió suspenderse y el actor, llevado de urgencia a su casa vecina con una vena reventada por la violencia del acceso, fallecería unas cuatro horas después. Había cumplido cincuenta y un años y, como no tuvo tiempo de confesarse, los comediantes de la compañía formada y dirigida por él, junto con su viuda, debieron pedir una dispensa especial al arzobispo de París para que recibiera una sepultura cristiana.
Buena parte de esos 51 años de existencia se los pasó Molière viviendo no en la realidad cotidiana sino en la fantasía y haciendo viajar a sus contemporáneos –campesinos, artesanos, clérigos, burócratas, comerciantes, nobles– al sueño y la ilusión. Las milimétricas investigaciones sobre su vida de ejércitos de filólogos y biógrafos a lo largo de cuatro siglos arrojan casi exclusivamente las idas y venidas del actor J.B. Poquelin a lo largo de los años por todas las provincias de Francia, actuando en plazas públicas, patios, atrios, palacios, ferias, jardines, carpas, y, luego de su instalación en París, escribiendo, dirigiendo y encarnando a los personajes de obras suyas y ajenas de manera incesante. Y, cuando no lo hacía, contrayendo o pagando deudas de los teatros que alquilaba, compraba o vendía, de tal modo que, se puede decir, la vida de Molière consistió casi exclusivamente –además de casarse con una hija de su amante y producir de paso unos vástagos que solían morirse a poco de nacer– en vivir y difundir unas ficciones que eran unos espejos risueños y deformantes, y, a veces, luciferinamente críticos de la sociedad y las creencias y costumbres de su tiempo.
Llegó a ser muy famoso y considerado por unos y otros el más grande comediante de la época, insuperable en el dominio de la farsa y el humor, pero, detrás de la risa, la gracia y el ingenio que a todos seducían, sus obras provocaron a veces violentas reacciones de las autoridades civiles y eclesiásticas –el Tartufo fue prohibido por ambas en varias ocasiones– y el propio Luis XIV, que lo admiraba e invitó a su compañía a actuar en Versalles y en los palacios de París y alrededores ante la corte, y fue a menudo a aplaudirlo al teatro del Palais Royal, se vio obligado también en dos ocasiones a censurar las mismas obras que en privado había celebrado.
El enfermo imaginario no tiene la complejidad sociológica y moral del Tartufo, ni la chispeante sutileza de El avaro, ni la fuerza dramática de Don Juan, pero entre el melodrama rocambolesco y la leve intriga amorosa hay una astuta meditación sobre la enfermedad y la muerte y la manera como ambas socavan la vida de las gentes.
Cuando escribió la obra, estaba de moda –él había contribuido a fomentarla– incorporar a las comedias números musicales y de danza –el propio Rey y los príncipes acostumbraban a acompañar a los bailarines en las coreografías– y la estructura original de El enfermo imaginario es la de una opereta, con coros y bailes que se entrelazan constantemente con la peripecia anecdótica. Pero en este excelente montaje del fallecido Claude Stratz, esas infiltraciones de música y ballet se han reducido, con buen criterio, a su mínima expresión.
Paso dos horas y media magníficas y, casi tanto como lo que ocurre en el escenario, me fascina el espectáculo que ofrecen los espectadores: su atención sostenida, sus carcajadas y sonrisas, el estado de trance de los niños a los que sus padres han traído consigo abrigados como osos, las ráfagas de aplausos que provocan ciertas réplicas. Una vez más compruebo, como en mis años mozos, que Molière está vivo y sus comedias tan frescas y actuales como si las acabara de escribir con su pluma de ganso en papel pergamino. El público las reconoce, se reconoce en sus situaciones, caricaturas y exageraciones, goza con sus gracias y con la vitalidad y belleza de su lengua.
Viene ocurriendo aquí hace más de cuatro siglos y ésa es una de las manifestaciones más flagrantes de lo que quiere decir la palabra civilización: un ritual compartido, en el que una pequeña colectividad, elevada espiritual, intelectual y emocionalmente por una vivencia común que anula momentáneamente todo lo que hay en ella de encono, miseria y violencia y exalta lo que alberga de generosidad, amplitud de visión y sentimiento, se trasciende a sí misma. Entre estas vivencias que hacen progresar de veras a la especie, ocupa un papel preponderante aquello a lo que Molière dedicó su vida entera: la ficción. Es decir, la creación imaginaria de mundos donde podemos refugiarnos cuando aquel en el que estamos sumidos nos resulta insoportable, mundos en los que transitoriamente somos mejores de lo que en verdad somos, mundos que son el mundo real y a la vez mundos soberanos y distintos, con sus leyes, sus ritmos, sus valores, su música, sus ideas, sostenidos por una conjunción milagrosa de la fantasía y la palabra.
Pocos creadores de su tiempo ayudaron tanto a los franceses, y luego al mundo entero, como el autor de El enfermo imaginario, a salir de los quebrantos, las infamias, la coyunda y las rutinas cotidianas y a transformar las amarguras y los rencores en alegría, esperanza, contento, a descubrir la solidaridad y la importancia de los rituales y las formas que desanimalizan al ser humano y lo vuelven menos carnicero. La historia, más que una lucha de religiones o de clases, ha opuesto siempre esos pequeños espacios de civilización a la barbarie circundante, en todas las culturas y las épocas y a todos los niveles de la escala social. Uno de esos pequeños espacios que nos defienden y nos salvan de ser arrollados del todo por la estupidez y la crueldad oceánicas que nos rodean es éste que creó Molière en el corazón de París y no hay palabras bastantes en el diccionario para agradecérselo como es debido.
París, febrero de 2012
Mario Vargas Llosa
Fonte– LA REPÚBLICA. Lima.Domingo, 12 de febrero de 2012
sábado, 26 de maio de 2012
Una furtiva lacrima
Una furtiva lagrima
Negli occhi suoi spunto:
Quelle festose giovani
Invidiar sembro.
Che piu cercando io vo?
Che piu cercando io vo?
M'ama! Sì, m'ama, lo vedo, lo vedo.
Un solo instante i palpiti
Del suo bel cor sentir!
I miei sospir, confondere
Per poco a' suoi sospir!
I palpiti, i palpiti sentir,
Confondere i miei coi suoi sospir
Cielo, si puo morir!
Di piu non chiedo, non chiedo.
Ah! Cielo, si puo, si puo morir,
Di piu non chiedo, non chiedo.
Si puo morir, si puo morir d'amor.
Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos,
van marcando mi retorno.
Son las mismas que alumbraron,
con sus pálidos reflejos,
hondas horas de dolor.
Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor.
La vieja calle donde el eco dijo:
"Tuya es su vida, tuyo es su querer",
bajo el burlón mirar de las estrellas
que con indiferencia hoy me ven volver.
Volver,
con la frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir, que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir,
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez.
Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida.
Tengo miedo de las noches
que, pobladas de recuerdos,
encadenen mi soñar.
Pero el viajero que huye,
tarde o temprano detiene su andar.
Y aunque el olvido que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guarda escondida una esperanza humilde,
que es toda la fortuna de mi corazón.
Volver,
con la frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir, que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir,
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez.
Negli occhi suoi spunto:
Quelle festose giovani
Invidiar sembro.
Che piu cercando io vo?
Che piu cercando io vo?
M'ama! Sì, m'ama, lo vedo, lo vedo.
Un solo instante i palpiti
Del suo bel cor sentir!
I miei sospir, confondere
Per poco a' suoi sospir!
I palpiti, i palpiti sentir,
Confondere i miei coi suoi sospir
Cielo, si puo morir!
Di piu non chiedo, non chiedo.
Ah! Cielo, si puo, si puo morir,
Di piu non chiedo, non chiedo.
Si puo morir, si puo morir d'amor.
Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos,
van marcando mi retorno.
Son las mismas que alumbraron,
con sus pálidos reflejos,
hondas horas de dolor.
Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor.
La vieja calle donde el eco dijo:
"Tuya es su vida, tuyo es su querer",
bajo el burlón mirar de las estrellas
que con indiferencia hoy me ven volver.
Volver,
con la frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir, que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir,
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez.
Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida.
Tengo miedo de las noches
que, pobladas de recuerdos,
encadenen mi soñar.
Pero el viajero que huye,
tarde o temprano detiene su andar.
Y aunque el olvido que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guarda escondida una esperanza humilde,
que es toda la fortuna de mi corazón.
Volver,
con la frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir, que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir,
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez.
Mano a mano
Letra de Celedonio Esteban Flores
Musica de Carlos Gardel
-------------------------------------------------------------------------
letra de esta interpretación
---------------
Rechiflao en mi tristeza, que es lo primero que has sido,
en mi pobre vida paria sólo una buena mujer,
tu presencia de bacana puso calor en mi nido,
fuiste buena, consecuente y yo sé que me has querido
como no quisiste a nadie, como no podrás querer.
Se dio el juego de remanye cuando vos, pobre percanta,
gambeteabas la pobreza en la casa de pensión,
hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta,
los morlacos del otario los tirás a la marchanta
como juega el gato maula con el mísero ratón.
Hoy tenés el mate lleno de infelices ilusiones,
te engrupieron los otarios, las amigas, el gavión,
la milonga entre magnates con sus locas tentaciones
donde triunfan y claudican milongueras pretensiones
se te ha entrado muy adentro en el pobre corazón.
Nada debo agradecerte, mano a mano hemos quedado,
no me importa lo que has hecho, lo que haces y lo que harás.
los favores recibidos creo habértelos pagado
y si alguna deuda chica sin querer se me ha olvidado
en la cuenta del otario que tenés se la cargás.
Mientras tanto que tus triunfos, pobres triunfos pasajeros,
sean una larga fila de riquezas y placer,
que el bacán que te acamala tenga pesos duraderos
que te abrás en las paradas con cafishios milongueros,
y que digan los muchachos.Es una buena mujer
Y mañana, cuando seas descolado mueble viejo
y no tengas esperanzas en el pobre corazón,
si precisás una ayuda, si te hace falta un consejo,
acordate de este amigo que ha de jugarse el pellejo
pa ayudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión
Por entonces la Corporación Argentina de Films importaba la tecnología de banda de sonido incorporada, el sistema movietone. Aquí la pista sonora estaba incorporada a la película y evitaba los inconvenientes de sincronización de los sistemas anteriores -El mismo equipamiento será empleado por la empresa Cinematográfica Valle, del cineasta documentalista Federico Valle, asociado al actor-director y productor ejecutivo Eduardo Morera, el productor capitalista Francisco Canaro y José Razzano, apoderado legal de Gardel, para la filmación de una serie de cortos musicales en 1930
Musica de Carlos Gardel
-------------------------------------------------------------------------
letra de esta interpretación
---------------
Rechiflao en mi tristeza, que es lo primero que has sido,
en mi pobre vida paria sólo una buena mujer,
tu presencia de bacana puso calor en mi nido,
fuiste buena, consecuente y yo sé que me has querido
como no quisiste a nadie, como no podrás querer.
Se dio el juego de remanye cuando vos, pobre percanta,
gambeteabas la pobreza en la casa de pensión,
hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta,
los morlacos del otario los tirás a la marchanta
como juega el gato maula con el mísero ratón.
Hoy tenés el mate lleno de infelices ilusiones,
te engrupieron los otarios, las amigas, el gavión,
la milonga entre magnates con sus locas tentaciones
donde triunfan y claudican milongueras pretensiones
se te ha entrado muy adentro en el pobre corazón.
Nada debo agradecerte, mano a mano hemos quedado,
no me importa lo que has hecho, lo que haces y lo que harás.
los favores recibidos creo habértelos pagado
y si alguna deuda chica sin querer se me ha olvidado
en la cuenta del otario que tenés se la cargás.
Mientras tanto que tus triunfos, pobres triunfos pasajeros,
sean una larga fila de riquezas y placer,
que el bacán que te acamala tenga pesos duraderos
que te abrás en las paradas con cafishios milongueros,
y que digan los muchachos.Es una buena mujer
Y mañana, cuando seas descolado mueble viejo
y no tengas esperanzas en el pobre corazón,
si precisás una ayuda, si te hace falta un consejo,
acordate de este amigo que ha de jugarse el pellejo
pa ayudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión
Por entonces la Corporación Argentina de Films importaba la tecnología de banda de sonido incorporada, el sistema movietone. Aquí la pista sonora estaba incorporada a la película y evitaba los inconvenientes de sincronización de los sistemas anteriores -El mismo equipamiento será empleado por la empresa Cinematográfica Valle, del cineasta documentalista Federico Valle, asociado al actor-director y productor ejecutivo Eduardo Morera, el productor capitalista Francisco Canaro y José Razzano, apoderado legal de Gardel, para la filmación de una serie de cortos musicales en 1930
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