sábado, 21 de maio de 2016
Un hombre irascible
Anton Chejov
Yo soy un hombre formal y mi cerebro tiene inclinación a la
filosofía. Mi profesión es la de financiero. Estoy estudiando la ciencia
económica, y escribo una disertación bajo el título de El pasado y el porvenir
del impuesto sobre los perros. Usted comprenderá que las mujeres, las novelas,
la luna y otras tonterías por el estilo me tienen completamente sin cuidado.
Son las diez de la mañana. Mi mamá me sirve una taza de café
con leche. Lo bebo, y salgo al balconcito para ponerme inmediatamente a mi
trabajo. Tomo un pliego de papel blanco, mojo la pluma en tinta y caligrafío El
pasado y el porvenir del impuesto sobre los perros. Reflexiono un poco y
escribo: «Antecedentes históricos: A juzgar por indicios que nos revelan
Herodoto y Jenofonte, el impuesto sobre los perros data de...»; en este momento
oigo unos pasos muy sospechosos. Miro hacia abajo y veo a una señorita con cara
larga y talle largo; se llama, según creo, Narinka o Varinka; pero esto no hace
al caso; busca algo y aparenta no haberse fijado en mí. Canta:
Te acuerdas de este cantar apasionado.
Leo lo que escribí y pretendo seguir adelante. Pero la
muchacha parece haberme visto, y me dice en tono triste:
-Buenos días, Nicolás Andreievitch. Imagínese mi desgracia.
Ayer salí de paseo, y se me perdió el dije de mi pulsera...
Leo de nuevo el principio de mi disertación, rectifico el
rabo de la letra b y quiero continuar; mas la muchacha no me deja.
-Nicolás Andreievitch -añade-, sea usted lo bastante amable
para acompañarme hasta mi casa. En la de Karenin hay un perro enorme, y yo no
me atrevo a ir sola.
¿Qué hacer? Dejo a un lado mi pluma y desciendo. Narinka o
Varinka me toma del brazo y ambos nos encaminamos a su morada. Cuando me veo
precisado a acompañar a una señora o a una señorita me siento como un gancho,
del cual pende un gran abrigo de pieles. Narinka o Varinka tiene un
temperamento apasionado -entre paréntesis, su abuelo era armenio-. Ella sabe a
maravilla colgarse del brazo y pegarse a las costillas de su acompañante como
una sanguijuela. De esta suerte, proseguimos nuestra marcha. Al pasar por
delante de la casa de los Karenin veo al perro y me acuerdo del tema de mi
disertación. Recordándolo, suspiro.
-¿Por qué suspira usted? -me pregunta Narinka o Varinka. Y
ella a su vez suspira.
Aquí debo dar una explicación: Narinka o Varinka -de repente
me doy cuenta de que se llama Masdinka- se figura que estoy enamorado de ella,
y se le antoja un deber de humanidad compadecerme y curar la herida de mi
corazón.
-Escuche -me dice-, yo sé por qué suspira usted. Usted ama,
¿no es verdad? Le prevengo que la joven por usted amada tiene por usted un
profundo respeto. Ella no puede corresponderle con su amor; mas no es suya la
culpa, porque su corazón pertenece a otro, tiempo ha.
La nariz de Masdinka se enrojece y se hincha; las lágrimas
afluyen a sus ojos. Ella espera que yo le conteste; pero, felizmente, hemos
llegado. En la terraza se encuentra la mamá de Masdinka, una persona excelente,
aunque llena de supersticiones. La dama contempla el rostro de su hija; y luego
se fija en mí, detenidamente, suspirando, como si quisiera exclamar: «¡Oh,
juventud, que no sabe disimular sus sentimientos!»
Además de la mamá están sentadas en la terraza señoritas de
matices diversos y un oficial retirado, herido en la última guerra en la sien
derecha y en el muslo izquierdo. Este infeliz quería, como yo, consagrar el
verano a la redacción de una obra intitulada Memorias de un militar. Al igual
que yo, aplícase todas las mañanas a la redacción de su libro; pero apenas
escribe la frase «Nací en tal año...», aparece bajo su balcón alguna Varinka o
Masdinka, que está allí como de centinela. Cuantos se hallan en la terraza se
ocupan en limpiar frutas, para hacer dulce con ellas. Saludo y me dispongo a
marchar; pero las señoritas de diversos matices esconden mi sombrero y me incitan
a que no me vaya. Tomo asiento. Me dan un plato con fruta y una horquilla, a
fin de que proceda, como los demás, a la operación de extraer el hueso. Las
señoritas hablan de sus cortejadores; fulano es guapo; mengano lo es también,
pero no es simpático; zutano es feo, aunque simpático; perengano no está mal
del todo, pero su nariz semeja un dedal, etc.
-Y usted, Nicolás -me dice la mamá de Masdinka-, no tiene
nada de guapo; pero le sobra simpatía; en usted hay un no sé qué... La verdad
es -añade suspirando- que para un hombre lo que vale no es la hermosura, sino
el talento.
Las jóvenes me miran y en seguida bajan los ojos. Ellas
están, sin duda, de acuerdo en que para un hombre lo más importante no es la
hermosura, sino el talento. Me observo, a hurtadillas, en el espejo para ver
si, realmente, soy simpático. Veo a un hombre de tupida melena, barba y bigote
poblados, cejas densas, vello en la mejilla, vello debajo de los ojos, todo un
conjunto velludo, en medio del cual descuella, como una torre sólida, su nariz.
-No me parezco mal del todo...
-Pero en usted, Nicolás, son las cualidades morales las que
llevan ventaja -replica la mamá de Masdinka.
Narinka sufre por mí; pero al propio tiempo, la idea de que
un hombre está enamorado de ella la colma de gozo. Ahora charlan del amor. Una
de las señoritas se levanta y se va; todas las demás empiezan a hablar mal de
ella. Todas, todas la hallan tonta, insoportable, fea, con un hombro más bajo
que otro. Por fin aparece mi sirvienta, que mi madre envió para llamarme a
comer. Puedo, gracias a Dios, abandonar esta sociedad estrambótica y entregarme
nuevamente a mi trabajo. Me levanto y saludo. Pero la mamá de Narinka y las
señoritas de diversos matices me rodean y me declaran que no me asiste el
derecho de marcharme porque ayer les prometí comer con ellas y después de la
comida ir a buscar setas en el bosque. Saludo y vuelvo a tomar asiento... En mi
alma hierve la irritación. Presiento que voy a estallar; pero la delicadeza y
el temor de faltar a las conveniencias sociales me obligan a obedecer a las
señoras, y obedezco. Nos sentamos a comer. El oficial retirado, que por efecto
de su herida en la sien tiene calambres en las mandíbulas, come a la manera de
un caballo provisto de su bocado. Hago bolitas de pan, pienso en la
contribución sobre los perros, y, consciente de mi irascibilidad, me callo.
Narinka me observa con lástima. Okroschka, lengua con guisantes, gallina
cocida, compota. Me falta apetito; pero engullo por delicadeza. Después de
comer voy a la terraza para fumar; en esto se me acerca la mamá de Masdinka y
me dice con voz entrecortada:
-No desespere usted, Nicolás... Su corazón es de... Vamos al
bosque.
Varinka se cuelga de mi brazo y establece el contacto. Sufro
inmensamente; pero me aguanto.
-Dígame, señor Nicolás -murmura Narinka-, ¿por qué está
usted tan triste, tan taciturno?
¡Extraña muchacha! ¿Qué se le debe responder? ¡Nada tengo
que decirle!
-Hábleme algo -añade la joven.
En vano busco algo vulgar, accesible a su intelecto. A
fuerza de buscar, lo encuentro, y me decido a romper el silencio.
-La destrucción de los bosques es una cosa perjudicial a
Rusia.
-Nicolás -suspira Varinka, mientras su nariz se colorea-,
usted rehuye una conversación franca... Usted quiere asesinarme con su
reserva... Usted se empeña en sufrir solo...
Me coge de la mano, y advierto que su nariz se hincha; ella
añade:
-¿Qué diría usted si la joven que usted quiere le ofreciera
una amistad eterna?
Yo balbuceo algo incomprensible, porque, en verdad, no sé
qué contestarle; en primer lugar, no quiero a ninguna muchacha; en segundo
lugar, ¿qué falta me hace una amistad eterna? En tercer lugar, soy muy
irritable. Masdinka o Varinka se cubre el rostro con las manos y dice a media
voz, como hablando consigo misma: «Se calla...; veo que desea mi sacrificio.
¿Pero cómo lo he de querer, si todavía quiero al otro?... Lo pensaré, sí, lo
pensaré; reuniré todas las fuerzas de mi alma, y, a costa de mi felicidad, libraré
a este hombre de sus angustias».
No comprendo nada. Es un asunto cabalístico. Seguimos el
paseo silencioso. La fisonomía de Narinka denota una lucha interior. Se oye el
ladrido de los perros. Esto me hace pensar en mi disertación, y suspiro de
nuevo. A lo lejos, a través de los árboles, descubro al oficial inválido, que
cojea atrozmente, tambaleándose de derecha a izquierda, porque del lado derecho
tiene el muslo herido, y del lado izquierdo tiene colgada de su brazo a una
señorita. Su cara refleja resignación. Regresamos del bosque a casa, tomamos el
té, jugamos al croquet y escuchamos cómo una de las jóvenes canta:
Tú no me amas, no...
Al pronunciar la palabra «no», tuerce la boca hasta la
oreja.
Charmant,
charmant, gimen en francés las otras jóvenes. Ya llega la noche. Por
detrás de los matorrales asoma una luna lamentable. Todo está en silencio. Se
percibe un olor repugnante de heno cortado. Tomo mi sombrero y me voy a
marchar.
-Tengo que comunicarle algo interesante -murmura Masdinka a
mi oído.
Abrigo el presentimiento de que algo malo me va a suceder,
y, por delicadeza, me quedo. Masdinka me coge del brazo y me arrastra hacia una
avenida. Toda su fisonomía expresa una lucha. Está pálida, respira con
dificultad; diríase que piensa arrancarme el brazo derecho. «¿Qué tendrá?»,
pienso yo.
-Escuche usted; no puedo...
Quiere decir algo; pero no se atreve. Veo por su cara que,
al fin, se decide. Me lanza una ojeada, y con la nariz, que va hinchándose
gradualmente, me dice a quema ropa:
-Nicolás, yo soy suya. No lo puedo amar; pero le prometo
fidelidad.
Se aprieta contra mi pecho y retrocede poco después.
-Alguien viene, adiós; mañana a las once me hallaré en la
glorieta.
Desaparece. Yo no comprendo nada. El corazón me late.
Regreso a mi casa. El pasado y el porvenir del impuesto sobre los perros me
aguarda; pero trabajar me es imposible. Estoy rabioso. Me siento terriblemente
irritado. Yo no permito que se me trate como a un chiquillo. Soy irascible, y
es peligroso bromear conmigo. Cuando la sirvienta me anuncia que la cena está
lista, la despido brutalmente:
-¡Váyase en mal hora!
Una irritabilidad semejante nada bueno promete. Al otro día,
por la mañana, el tiempo es el habitual en el campo. La temperatura fría, bajo
cero. El viento frío; lluvia, fango y suciedad. Todo huele a naftalina, porque
mi mamá saca a relucir su traje de invierno. Es el día 7 de agosto de 1887, día
del eclipse de sol. Hay que advertir que cada uno de nosotros, aun sin ser
astrónomo, puede ser de utilidad en esta circunstancia. Por ejemplo: cada uno
puede, primero, marcar el diámetro del sol con respecto al de la luna; segundo,
dibujar la corona del sol; tercero, marcar la temperatura; cuarto, fijar en el
momento del eclipse la situación de los animales y de las plantas; quinto,
determinar sus propias impresiones, etcétera. Todo esto es tan importante, que
por el momento resuelvo dejar aislado el impuesto sobre los perros. Me propongo
observar el eclipse. Todos nos hemos levantado muy temprano. Reparto el trabajo
en la forma siguiente: yo calcularé el diámetro del sol y de la luna; el
oficial herido dibujará la corona. Lo demás correrá a cargo de Masdinka y de
las señoritas de diversos matices.
-¿De qué proceden los eclipses? -pregunta Masdinka.
Yo contesto:
-Los eclipses proceden de que la luna, recorriendo la
elíptica, se coloca en la línea sobre la cual coinciden el sol y la tierra.
-¿Y qué es la elíptica?
Yo se lo explico. Masdinka me escucha con atención, y me
pregunta:
-¿No es posible ver, mediante un vidrio ahumado, la línea
que junta los centros del sol y de la tierra?
-Es una línea imaginaria -le contesto.
-Pero si es imaginaria -replica Masdinka-, ¿cómo es posible
que la luna se sitúe en ella?
No le contesto. Siento, sin embargo, que, a consecuencia de
esta pregunta ingenua, mi hígado se agranda.
-Esas son tonterías -añade la mamá de Masdinka-; nadie es
capaz de predecir lo que ocurrirá. Y, además, usted no estuvo jamás en el
cielo. ¿Cómo puede saber lo que acontece a la luna y al sol? Todo ello son
puras fantasías.
Es cierto; la mancha negra empieza a extenderse sobre el
sol. Todos parecen asustados; las vacas, los caballos, los carneros con los
rabos levantados, corren por el campo mugiendo. Los perros aúllan. Las chinches
creen que es de noche y salen de sus agujeros, con el objeto de picar a los que
hallen a su alcance. El vicario llega en este momento con su carro de pepinos,
se asusta, abandona el vehículo y se oculta debajo del puente; el caballo
penetra en su patio, donde los cerdos se comen los pepinos. El empleado de las
contribuciones, que había pernoctado en la casa vecina, sale en paños menores y
grita con voz de trueno: «¡Sálvese quien pueda!» Muchos veraneantes, incluso
algunas bonitas jóvenes, se lanzan a la calle descalzos. Otra cosa ocurre que
no me atrevo a referir.
-¡Qué miedo! ¡Esto es horrible! -chillan las señoritas de
diversos matices.
-Señora, observe bien, el tiempo es precioso. Yo mismo
calculo el diámetro.
Me acuerdo de la corona, y busco al oficial herido, quien
está parado, inmóvil.
-¿Qué diablos hace usted? ¿Y la corona?
El oficial se encoge de hombros, y con la mirada me indica
sus dos brazos. En cada uno de ellos permanece colgada una señorita, las
cuales, asidas fuertemente a él, le impiden el trabajo. Tomo el lápiz y anoto
los minutos y los segundos: esto es muy importante. Marco la situación
geográfica del punto de observación: esto es también muy importante. Quiero
calcular el diámetro, pero Masdinka me coge de la mano y me dice:
-No se olvide usted: hoy, a las once.
Me desprendo de ella, porque los momentos son preciosos y yo
tengo empeño en continuar mis observaciones. Varinka se apodera de mi otro
brazo y no me suelta. El lápiz, el vidrio ahumado, los dibujos, todo se cae al
suelo. ¡Diantre! Hora es de que esta joven sepa que yo soy irascible, y cuando
yo me irrito, no respondo de mí. En vano pretendo seguir. El eclipse se acabó.
-¿Por qué no me mira usted? -me susurra tiernamente al oído.
Esto es ya más que una burla. No es posible jugar con la
paciencia humana. Si algo terrible sobreviene, no será por culpa mía. ¡Yo no
permito que nadie se mofe de mí! ¡Qué diablo! En mis instantes de irritación no
aconsejo a nadie que se acerque a mí. Yo soy capaz de todo. Una de las
señoritas nota en mi semblante que estoy irritado y trata de calmarme.
-Nicolás Andreievitch, yo he seguido fielmente sus
indicaciones, observé a los mamíferos y apunté cómo, ante el eclipse, el perro
gris persiguió al gato, después de lo cual quedó por algún tiempo meneando la
cola.
Nada resulta, pues, de mis observaciones. Me voy a casa.
Llueve, y no me asomo al balconcito. El oficial herido se arriesga a salir a su
balcón, y hasta escribió: «He nacido en...» Pero desde mi ventana veo cómo una
de las señoritas de marras lo llama, con el fin de que vaya a su casa. Trabajar
me es imposible. El corazón me late con violencia. No iré a la cita de la
glorieta. Es evidente que cuando llueve yo no puedo salir a la calle. A las
doce recibo una esquelita de Masdinka, la cual me reprende, y exige que me
persone en la glorieta, tuteándome. A la una recibo una segunda misiva, y a las
dos una tercera. Hay que ir, no cabe duda. Empero, antes de ir, debo pensar qué
es lo que habré de decirle. Me comportaré como un caballero. En primer lugar,
le declararé que es inútil que cuente con mi amor; no, semejante cosa no se le
dice a las mujeres; decir a una mujer «yo no la amo», es como decir a un
escritor: «usted escribe mal». Le expondré sencillamente mi opinión acerca del
matrimonio. Me pongo, pues, el abrigo de invierno, empuño el paraguas y me
dirijo a la glorieta. Conocedor como soy de mi carácter irritable, temo cometer
alguna barbaridad. Me las arreglaré para refrenarme. En la glorieta, Masdinka
me espera. Narinka está pálida y solloza. Al verme prorrumpe en una exclamación
de alegría y se agarra a mi cuello.
-Por fin; ya abusas de mi paciencia. No he podido cerrar los
ojos en toda la noche. He pensado durante la noche, y a fuerza de pensar, saqué
en consecuencia que cuando te conozca mejor te podré amar.
Me siento a su lado; le expongo mi opinión acerca del matrimonio.
Por no alejarme del tema y abreviarlo hago sencillamente un resumen histórico.
Hablo del casamiento entre los egipcios; paso a los tiempos modernos; intercalo
algunas ideas de Schopenhauer. Masdinka me presta atención, pero luego, sin
transición, me dice:
-Nicolás, dame un beso.
Estoy molesto. No sé qué hacer. Ella insiste. ¿Qué hacer? Me
levanto y le beso su larga cara. Ello me produce la misma sensación que
experimenté cuando, siendo niño, me obligaron a besar el cadáver de mi abuela.
Varinka no parece satisfecha. Salta y me abraza. En el mismo momento, la mamá
de Masdinka aparece en el umbral de la puerta. Hace un gesto de espanto; dice a
alguien: «¡spch», y desaparece como Mefistófeles, por escotillón. Incomodado,
me encamino nuevamente a mi casa. En ella me encuentro a la mamá de Varinka,
que abraza, con lágrimas en los ojos, a mi mamá. Esta llora y exclama: «Yo
misma lo deseaba». A renglón seguido: «¿Qué les parece a ustedes?» La mamá de
Varinka se acerca a mí, me abraza y me dice: «¡Que Dios te bendiga! Tú has de
amarla. No olvides jamás que ella se sacrifica por ti.»
He aquí que me casan. Mientras esto escribo, los testigos
del matrimonio se encuentran cerca de mí y me dan prisa. Decididamente esta
gente no conoce mi irascibilidad. Soy terrible. No respondo de mí. ¡Por vida
de!... Ustedes adivinarán lo que puede ocurrir. Casar a un hombre irritado,
rabioso, es igual que meter la mano en la jaula de un tigre. Veremos cuál será
el desenlace final...
Estoy casado... Todos me felicitan. Varinka se apoya contra
mí y me dice:
-Ahora sí que eres mío. Sé que me amas, ¡dilo!
Su nariz se hincha. Me entero por los testigos de que el
oficial retirado fue bastante hábil para esquivar el casamiento. A una de las
señoritas le exhibió un certificado médico según el cual, a causa de su herida
en la sien, no tiene sano juicio, y, por tanto, le está prohibido contraer
matrimonio. ¡Qué idea! Yo también pude presentar un certificado. Uno de mis
tíos fue borracho. Otro era distraído. En cierta ocasión, en lugar de una
gorra, se cubrió la cabeza con un manguito de señora. Una tía mía era muy
aficionada al piano, y sacaba la lengua al tropezar con un hombre. Además, mi
carácter extremadamente irritable induce a sospechas. ¿Por qué las buenas ideas
acuden a la mente siempre demasiado tarde?...
FIN
Biblioteca Digital Ciudad Seva
Canción II
Víctor Hugo
Si nada de mí queréis,
¿por qué os acercáis a mí?
Y si así me enloquecéis,
¿por qué me miráis así?
Si nada de mí queréis,
¿por qué os acercáis a mí?
Si nada intentáis decir,
¿por qué mi mano apretáis?
Del hermoso porvenir,
de la dicha en que soñáis,
si nada intentáis decir,
¿por qué mi mano apretáis?
Si queréis que aquí no esté,
¿por qué pasáis por aquí?
Sois mi afán y sois mi fe;
tiemblo al veros ¡ay de mí!
Si queréis que aquí no esté,
¿por qué pasáis por aquí?
Volver a poemas de Víctor Hugo
Biblioteca Digital Ciudad Seva
sábado, 14 de maio de 2016
Notícia passada e relevante. Antigamente o porto de Santos e
a política carioca eram acusados de formarem uma associação entre escroques
cariocas e contrabandistas santistas. Imponentes fortunas históricas surgiram
em Santos e foram gastas no Rio de Janeiro. Quem conhece a trajetória da
família Guinle, do Copacabana Palace e do falecido playboy Jorginho Guinle, que
se orgulhava de ter gasto dezenas de milhões sem nunca precisar ter trabalhado
na sua vida. Eis que também se verifica uma conexão entre Cunha-Temer, RJ e
Santos, reforçando estereótipos sociais, tipos ideais, na suposta
"malandragem carioca" e no "bacharel de negócios paulista",
juntos e associados.
RCO
Pensamento selvagem. Isto é o Brasil dos dominantes. A
modernidade e o iluminismo nunca chegaram ao parlamento brasileiro. Família
importa, importa muito nas mentalidades e relações sociais deles. Sem
entendermos as conexões e redes familiares dos parlamentares não entenderemos
muitos detalhes da desigualdade na política brasileira. A nuvem de palavras e
de ideias dos discursos dos deputados mostra o que pesquisamos há anos:
Famílias, evocações religiosas, e formas de pensamento político ainda muito
tradicionais e conservadoras formam uma cultura política também muito atrasada
e retrógrada. Um retrato das bases sociais locais e regionais dos deputados.
Nepotismo, patrimonialismo e propriedade. A classe dominante brasileira e a sua
elite política parlamentar produziram isto. O parlamento também apresenta
alguns bons representantes, cujas lutas nos dignificam. A luta continua.
RCO
Conhecemos várias referências políticas para o tipo de golpe
apresentado no Brasil, não apenas na teoria, mas também na cultura e nas artes.
O tipo descarado de novo golpe "soft power" é conduzido pelos mais
ricos, os mais corruptos, de dentro das estruturas mais conservadoras do
Estado, com a participação de membros das burocracias públicas mais
privilegiadas e dos magnatas da mídia. Protagonistas conhecidos por negociatas
públicas, alguns com antigas genealogias do poder e bastante expertise nos
meandros dos poderes estatais, formam os ativos bastidores do golpe, ao lado de
empresários e interesses estrangeiros. Segmentos tradicionais, com vasta
experiência no poder legislativo e no sistema judicial atuam de forma a
ocultarem as suas flagrantes ilegalidades na condução do golpe no Brasil. Um
dos melhores exemplos de golpe soft-power de dentro dos bastidores do
"civil service" foi a série britânica de ficção "A Very British
Coup", em que um popular líder trabalhista, uma mistura de Lula-Mujica,
tenta ser derrubado por poderosos empresários e aristocratas, das altas
burocracias públicas, que atuam de maneira ilegal nos bastidores da
administração ao forjarem irregularidades de evidências financeiras contra o
chefe trabalhista. Série televisiva baseada em livro anterior. No final somente
eleições e mais democracia neutralizam os golpistas.
RCO
O Temer não tem popularidade nem legitimidade para assumir, já que não
terá sido eleito por votos. Quem comandará tudo por trás dele será o Eduardo
Cunha. Ele é pior do que o Temer, porque é réu confesso num processo de lavagem
de dinheiro e corrupção passiva.A insatisfação da população com a crise vai crescer rápido
demais e haverá mais confrontos nas ruas, paralisações nas empresas e o aumento
da corrupção. Será um cenário de muita dificuldade para todos. Retrocesso.Os
velhos poderes terão chance para triunfar. Aquela velha mídia manipuladora, os
velhos políticos e o Judiciário, aqueles velhos empresários que antigamente
queriam tirar os direitos sociais dos trabalhadores, acredito que vão todos
voltar. As bolsas sociais do governo podem ficar ameaçadas também”
RCO
O caos provocado pelos golpistas prejudica muito mais os
golpistas agora. Surreal ver os golpistas receberem a decisão política de
Maranhão como um golpe. Quanto mais os golpistas avançam no golpe, mais surgem
contradições e agora um Cunha ressentido, por dentro e por fora, atemorizando
muito mais o golpista Temer. Os golpistas mereciam um Maranhão para embaralhar
o fácil jogo triunfal de suas manobras e manipulações, numa vitória que já
consideravam inexpugnável e definida em poucas horas no Senado. Se for para o
STF, com os vícios de origem, tudo é possível por lá, de novos golpes até mesmo
o impedimento do impedimento naquela fogueira de vaidades. Aconteça o que
acontecer parte do golpe brando desmoronou hoje por dentro, contrariando a
pretensa hegemonia parlamentar golpista, no que parecia ser uma semana fácil de
simples votações no Senado para afastarem tranquilamente Dilma, o que revela
toda a instabilidade, desequilíbrios e ameaças contra os golpistas e sua ordem
de direita antipopular e antidemocrática.
RCO
"Nas favelas, no senado. Sujeira pra todo lado. Ninguém
respeita a constituição". A cereja de ilegitimidade no bolo dos golpistas,
caso o STF não faça nada, será o voto de senadores sem-votos, dez suplentes sem
votos populares diretos para decidirem o esbulho eleitoral dos mais de 54
milhões de votos diretos na Dilma. Sim, aquele do helicóptero de carreira
também está lá como um dos grandes símbolos do processo.
O golpe foi dado pelo que existe de pior, mais atrasado e
mais corrupto no sistema político brasileiro. Golpe covarde dos que não ganham
no voto popular. O tamanho do buraco do golpe será do tamanho para o salto das
novas forças propulsoras pós-golpe. Nós teremos novamente outra grande
oportunidade histórica de lutarmos pela realização da democracia no Brasil, com
as novas gerações, contra o que não conseguimos mudar nos anos 1980. Os
golpistas corruptos liderados por Temer e Cunha apresentarão uma oportunidade
única para um novo ciclo de lutas e de modernização democrática no país. Já
vivemos situações miseráveis antes e digo que a conjuntura vai mudar de novo
muito rapidamente. Já vi a ARENA e o PDS se acabarem. Vi os fiscais do Sarney
sumirem. Vi os defensores do Collor evaporarem. Vi o PSDB-FHC diminuir nas
universidades. A direita disfarça, some e nunca assume os seus fracassos
anteriores, como o voto em um Beto Richa. Em breve ninguém assumirá ter apoiado
e votado com Cunha, Renan e Temer. Ninguém quererá estar associado ao golpe
sujo de 2016. Antes a democracia no Brasil era incompatível com o AI-5, com o
DOI-CODI, com a censura e com a ARENA. Agora a democracia é incompatível com a
manipulação da grande mídia monopolista familiar, incompatível com os excessos
oligárquicos dos nepotismos da classe dominante, com os imensos privilégios
golpistas de muitos setores atrasados do legislativo, judiciário e do mp. O
novo ciclo democrático transformará todas essas instituições arcaicas e golpistas,
tal como começou a mudar as dos anos 1970. Lutaremos pelos direitos sociais e
trabalhistas, contra a privataria e a desigualdade promovidas pelo empresariado
saqueador neoliberal. Denazistificaremos pessoas e corporações nos que violam
os direitos humanos com o passado ditatorial de violências superadas. As
derrotas da liberdade são apenas momentâneas e venceremos no final. Segurem o
fôlego e as emoções para já vivermos intensa retomada, talvez nunca antes vista
no Brasil e que marcará os novos tempos. Amanhã será um novo dia. A Democracia
sempre vencerá.
RCO
1912: SPD conquista maioria no Parlamento do Império Alemão
Nas eleições de 12 de janeiro de 1912, o Partido Social
Democrata da Alemanha (SPD) torna-se pela primeira vez a maior bancada do
Parlamento do Império, com 34,8% dos votos, que lhe garantiram 110 deputados.
Foi uma lenta, porém contínua história de sucesso que se
concretizou em 12 de janeiro de 1912. Fundado nos anos 60 do século 19, o SPD
representava, principalmente, o operariado do setor industrial. O número de
seus filiados duplicara ao longo de apenas uma geração.
O governo de Otto von Bismarck, o "chanceler de
ferro", tentou sem sucesso conter o crescimento do partido. Durante 12
anos, todos os jornais, associações e reuniões do SPD ficaram proibidos pela
"lei contra as reivindicações da social-democracia, perigosas para a
coletividade". Mas, apesar da repressão e difamação, o eleitorado dos
social-democratas continuou crescendo.
Onda vermelha
O Sinzinger Zeitung, jornal ligado ao governo, advertia na
época:
"Funcionários e servidores públicos alemães! A onda
vermelha eleva-se cada vez mais. É preciso enfrentá-la com um muro inabalável e
insuperável. O núcleo desse muro deve ser a fidelidade constante ao imperador e
ao Império, ao príncipe e à pátria, que vive no coração do funcionalismo
público alemão. A social-democracia quer destruir o que lhes é caro nos campos
religioso, cultural e econômico. No dia 12 de janeiro e no segundo turno das
eleições, cada voto conta. Votem todos, mas que nenhum funcionário ou servidor
público eleja um social-democrata".
Nesse tom, o Sinzinger Zeitung tentava moblizar contra a
social-democracia, na véspera da eleição. Sem sucesso, porque em 12 de janeiro
de 1912 o SPD obteve seu melhor resultado eleitoral durante o Império. Com
quase 35% dos votos, era disparado o partido mais forte, seguido pelo centro
católico, com 16,4%, e os conservadores, com apenas 9,2%.
O sucesso eleitoral dos social-democratas deveu-se a
problemas políticos internos, sobretudo à latente crise econômica.
Maioria dos votos x maioria no Parlamento
Ter o voto da maioria dos eleitores, porém, não representava
automaticamente uma maioria dos assentos no Parlamento, uma vez que a
legislação eleitoral do império desfavorecia o SPD. Em 1890, por exemplo, o
partido obtivera a maioria dos votos, mas em função das alianças dos partidos
burgueses e da desfavorável divisão dos distritos eleitorais, só conquistou 35
dos 391 mandatos.
Em 1912, porém, o SPD aliara-se ao Partido Progressista,
liberal de esquerda, na luta contra a lei eleitoral discriminatória, o armamentismo
e a política colonial da Prússia. Essa aliança ajudou o partido a conquistar um
grande número de cadeiras no segundo turno das eleições, em 25 de janeiro. Com
110 deputados, o SPD tornou-se, pela primeira vez, a bancada majoritária no
Reichstag.
Poder reduzido
No entanto, mesmo como principal bancada, seu poder de
influenciar a política imperial era restrito. De acordo com a Constituição, o
chanceler imperial e seus ministros só deviam explicações ao imperador, e não
ao Parlamento. O Reichstag só tinha poder para aprovar ou rejeitar o orçamento.
Como, além disso, o imperador podia dissolver o Parlamento a
qualquer momento, a autoconfiança dos parlamentares era mínima. Os próprios
deputados não escondiam sua desconfiança na instituição, como demonstrou um
integrante da ala conservadora em 1910: "O rei da Prússia e imperador da
Alemanha deve estar em condições de, a qualquer momento, dizer a um comandante:
pegue dez homens e feche o Reichstag!"
É o que, de fato, ocorreu uma ou outra vez. Em 1906, por exemplo,
o chanceler imperial Bernhard von Bülow mandou dissolver o Parlamento porque
este não lhe havia liberado novos recursos para a guerra colonial contra os
hotentotes na África do Sudoeste (hoje Namíbia).
Dois anos após a vitória eleitoral de 1912, os social-democratas
foram confrontados com um pedido de empréstimos para a Primeira Guerra Mundial,
que, desta vez, aprovaram. Com a liberação dos recursos e a renúncia a qualquer
oposição durante o conflito, o SPD tentou livrar-se da imagem de partido sem patriotismo.
"As consequências da política imperial irromperam sobre
a Europa como uma tempestade. Estamos diante do fato inegável da guerra. Neste
momento, cumprimos o que sempre ressaltamos: na hora do perigo, não abandonamos
a pátria".
Rachel Gessat/ DW
Bismarck e o 2º Império
A Revolução Francesa contribuiu para a queda do Sacro
Império em 1806. Uma nova unificação política só foi possível em 1871, graças
ao progresso econômico registrado a partir de meados do século 19.
O impacto da Revolução Francesa – que em 1789 proclamou
Liberté, Egalité, Fraternité na França, eliminando a ordem social feudal e
promovendo a separação de poderes – foi o que faltava para fazer desmoronar o
Sacro Império Romano de Nação Germânica. Os ideais revolucionários ouvidos na
França não chegaram a se alastrar na Alemanha devido à estrutura federalista do
império. Mas as ofensivas militares desencadeadas pela revolução tiveram amplo
efeito sobre a região.
A Prússia e a Áustria resolveram intervir nos acontecimentos
do país vizinho e acabaram provocando uma contraofensiva das tropas
revolucionárias. Atacado pelo exército de Napoleão Bonaparte, que se
considerava herdeiro da Revolução Francesa, o Sacro Império sucumbiu
definitivamente, e a França anexou a margem esquerda do rio Reno.
Essa reorganização territorial deu-se às custas dos
principados menores e dos religiosos. Os estados de porte médio foram os
grandes beneficiados, unindo-se em 1806 na Liga Renana (ou Confederação do
Reno), sob o protetorado francês. No mesmo ano, o imperador Francisco 2º
abdicou da coroa, pondo fim ao Sacro Império Romano de Nação Germânica. A
necessidade de expulsar os invasores franceses acabou dando asas ao espírito
nacional, e um novo movimento nacional culminou nas Guerras de Libertação.
A Alemanha, contudo, não ficou imune às grandes
transformações sociais vindas da França e acabou instituindo a sociedade
burguesa. Reformas, como a abolição da vassalagem, a liberdade profissional, a
autonomia municipal, a igualdade perante a lei e o serviço militar obrigatório,
foram implementadas inicialmente nos estados da Liga Renana e mais tarde também
na Prússia, dando continuidade à reforma judicial e outras obras avançadas
realizadas no século anterior por Frederico, o Grande (1740–1786), um legítimo
representante do despotismo esclarecido.
A Liga Alemã
Seguro-saúde para trabalhadores
Após a derrota de Napoleão, o Congresso de Viena (1814–1815)
estabeleceu uma nova ordem na Europa. Porém, as aspirações de muitos alemães a
um Estado nacional livre e homogêneo não se concretizaram. A Liga Alemã, que
substituiu o antigo império, era uma união de estados soberanos pouco coesos. O
único órgão, a Dieta de Frankfurt, não era um parlamento eleito, e sim um
congresso de delegados. A Liga Alemã só podia agir com o beneplácito das duas
grandes potências Prússia e Áustria. Nas décadas seguintes, a Liga reprimiu
todas as tentativas de unificação e liberdade.
O desenvolvimento econômico incipiente trazia modernidade,
contrariando essas tendências retrógradas. Em 1834, foi fundada a União
Alfandegária Alemã, que implantou um mercado nacional uniforme. Em 1835, foi
inaugurada a primeira estrada de ferro. Começava a industrialização. Com as
fábricas, formou-se uma nova classe operária fabril. No entanto, o forte crescimento
demográfico levou a um excedente de mão de obra. Como não havia legislação
previdenciária ou trabalhista, a massa dos operários vivia na miséria.
A Revolução de 1848
A revolução de fevereiro de 1848 na França teve eco imediato
na Alemanha, ao contrário do que acontecera com a Revolução Francesa. Em março,
insurreições populares em todos os estados da federação obrigaram os
amedrontados príncipes a fazerem grandes concessões. Em maio, reuniu-se a
Assembleia Nacional em Frankfurt. O arquiduque austríaco João foi eleito
regente do império.
O centro liberal, que visava a uma monarquia constitucional
com direito eleitoral limitado, era a força dominante na Assembleia. Contudo, a
excessiva fragmentação partidária dificultava o trabalho legislativo. A classe
política estava dividida entre a chamada "grande solução" e a
"pequena solução", ou seja, um império alemão com ou sem a Áustria.
Afinal, foi aprovada uma Constituição democrática, na qual
se tentava conjugar o velho com o novo. Ela previa que o governo prestasse
contas ao Parlamento. Como a Áustria insistisse em incorporar ao futuro império
todo o seu território, composto de mais de uma dúzia de povos, venceu a tese da
pequena solução.
A Assembleia Nacional ofereceu ao rei da Prússia, Frederico
Guilherme 4º, a coroa hereditária do Império Alemão. Mas o soberano não aceitou
a dignidade de imperador concedida por uma revolução. Em maio, fracassaram os
levantes populares que pretendiam impor a Constituição "de baixo para
cima". Selada a derrota da revolução alemã, a maioria das conquistas foram
anuladas e em 1850 foi restabelecida a Liga Alemã.
A ascensão de Bismarck
O grande progresso econômico registrado em meados do século
19 trabalhou a favor da unificação, tornando a Alemanha um país industrial, com
destaque para a indústria pesada e a construção de máquinas. Na vanguarda desse
desenvolvimento estava a Prússia.
A riqueza econômica, por sua vez, fortalecia a consciência
política da burguesia liberal. O Partido Progressista Alemão, fundado em 1861,
tornou-se a principal força no Parlamento da Prússia, opondo-se muitas vezes ao
governo.
Empossado em 1862 como chanceler, Otto von Bismarck aceitou
o desafio de governar contra o Parlamento e sem um orçamento por ele aprovado.
Para impor a cobrança de novas taxas, e assim financiar a reforma militar que
pretendia fazer, recorreu a medidas repressivas, como a censura da imprensa e a
restrição ao direito de reunião.
Os êxitos na política exterior compensaram a fraca posição
de Bismarck na política nacional. Ao vencer a guerra contra a Dinamarca (1864),
a Alemanha obteve os territórios de Schleswig e Holstein, no norte, passando a
administrá-los conjuntamente com a Áustria. O objetivo de Bismarck, contudo,
era anexar os dois ducados.
O conflito acabou levando a uma guerra contra a Áustria, que
saiu derrotada (1866). A Liga Alemã foi dissolvida e substituída pela Liga
Setentrional Alemã, que reunia todos os estados germânicos ao norte do rio
Meno, tendo Otto von Bismarck como chanceler (primeiro-ministro).
O 2º Império
Proclamação em
Versalhes em 1871
Completando a unificação da Alemanha no sentido da
"pequena solução", Bismarck conquistou a Alsácia e a Lorena, numa
guerra contra a França (1870–1871) deflagrada por um conflito diplomático.
Imbuídos de patriotismo, os estados do sul da Alemanha uniram-se à Liga
Setentrional Alemã, constituindo o 2º Império Alemão ou Reich. Em Versalhes, o
rei Guilherme 1º da Prússia foi proclamado imperador da Alemanha, no dia 18 de
janeiro de 1871.
A unidade alemã, portanto, não resultou da vontade do povo,
"de baixo para cima", mas de um pacto entre os príncipes, isto é,
"de cima para baixo" e com a supremacia esmagadora da Prússia. O
Parlamento do Império, o Reichstag, era eleito por sufrágio igualitário e tinha
apenas uma influência indireta no governo. O chanceler do Império, embora só
devesse prestar contas ao imperador, era obrigado a procurar apoio para a sua
política no Parlamento.
Não eram uniformes as leis eleitorais relativas às
representações populares dos diferentes estados no Reichstag. Em 11 estados,
existia o sistema eleitoral por classes, dependente dos impostos pagos pelo
eleitor e, em outros quatro, mantinha-se a representação por corporações. Com
maior tradição parlamentar, os estados do sul da Alemanha reformaram seu
direito eleitoral, adaptando sua legislação eleitoral à do Império.
Bismarck governou o Império por 19 anos, fortalecendo sua
posição na nova constelação de forças na Europa através de uma política de paz
e de alianças. Sua política nacional, porém, estava distante dessa sabedoria.
Bismarck combateu tendências democráticas por considerá-las inimigas do
Império.
Lutou contra a ala esquerda da burguesia liberal, contra os
políticos católicos e, principalmente, contra o movimento operário organizado,
que reprimiu durante 12 anos. Bismarck, de certa forma, terminou sendo vítima
do seu próprio sistema. A política personalista do jovem imperador Guilherme 2º
forçou-o à demissão em 1890.
Deutsche Welle
1878: A lei antissocialista de Bismarck
No dia 18 de outubro de 1878, o chanceler imperial Otto von
Bismarck aprovou uma lei proibindo os partidos social-democrata, socialista e
comunista.
Era um fantástico domingo primaveril de maio, o sol brilhava
e o imperador Guilherme 1º fazia um passeio de carruagem com sua filha pela
pomposa alameda Unter den Linden em Berlim. De repente, um tiro. O imperador
não foi ferido. Mas o chanceler Otto von Bismarck telegrafou imediatamente ao
seu secretário de Estado: "Não deveríamos tomar o atentado como motivo
para medidas urgentes contra os socialistas e sua imprensa?"
Bismarck temia os social-democratas, que se tornavam cada
vez mais fortes. Ele lhes atribuiu a culpa pelo atentado e, no verão europeu de
1878, preparou um projeto de lei proibindo as organizações socialistas. Mas o
chanceler não conseguiu o apoio da maioria dos deputados no Parlamento alemão,
o Reichstag. Uma semana após a votação, houve outro atentado contra o imperador
e, desta vez, Guilherme foi ferido. A fim de obter a aprovação da lei, Bismarck
mandou forjar uma confissão, segundo a qual o autor do atentado teria admitido
ser socialista.
Divulgada a falsa confissão, Bismarck fez com que fosse
eleito um novo Parlamento. No dia 18 de outubro de 1878, a chamada lei
antissocialista foi votada pela terceira vez no Reichstag e, desta vez,
Bismarck tinha o apoio garantido da maioria. Um dia depois, a "lei contra
as metas perigosas da social-democracia" entrou em vigor.
Começa era difícil para social-democratas
A imprensa social-democrata foi proibida, da mesma maneira
como as suas organizações. Somente a representação parlamentar pôde continuar
existindo. No final de novembro, inúmeros socialistas foram expulsos de Berlim.
Outras cidades seguiram o exemplo.
No entanto, um panfleto conclamava os banidos a não promover
uma revolução e sim a manter a calma: "Qualquer erro de uma única pessoa
poderia ter consequências desastrosas e daria à reação uma justificativa para
os seus atos de violência".
O trabalho na clandestinidade começou com mil marcos na
caixa do partido. Nas cidades grandes, surgiram associações socialistas,
disfarçadas de clubes de fumantes, de jogadores de cartas ou clubes de
ginástica. Panfletos e revistas eram impressos no exterior e contrabandeados
para a Alemanha.
Num castelo, nas proximidades de Zurique, o partido
reuniu-se em agosto de 1880 para debater seu futuro. A revolução e o anarquismo
foram rechaçados. A bancada do Reichstag, ainda existente, assumiu oficialmente
a direção do partido.
"Agitadores em busca de simpatizantes"
Apesar da proibição, os socialistas conquistavam cada vez
mais adeptos. Para o deputado Ignatz Auer, tal fato era também uma conseqüência
da lei antissocialista: "Se antes era necessário enviar agitadores pagos a
todo o país para difundir os princípios do socialismo, esses foram agora
substituídos em grande número por trabalhadores instruídos. Eles se tornaram
agitadores e buscavam simpatizantes para a social-democracia entre os
trabalhadores que antes não tinham nenhum conhecimento da existência do
partido".
Nas eleições seguintes, os social-democratas conquistaram
cada vez mais votos, embora oficialmente não pudessem fazer campanha eleitoral.
Bismarck introduziu o seguro-saúde, o seguro-desemprego e o seguro de acidentes,
a fim de reconciliar os trabalhadores com o Estado e esvaziar a força dos social-democratas. Mas, em 1890, o
Partido Socialista dos Trabalhadores tornou-se a principal força no Reichstag e
a lei antissocialista não foi mais prorrogada.
Ralf Geissler/ DW
1890: Criação da primeira central sindical da Alemanha
Após anos de proibição, em 1890 o imperador Guilherme 2º
liberou a atividade sindical. Em 17 de novembro daquele ano, líderes operários
aprovaram a criação de uma união sindical, fundada dois anos mais tarde.
No ano de 1878, o chanceler Otto von Bismarck promulgou as
chamadas leis antissocialistas, após dois atentados contra o imperador
Guilherme 1º e por temer uma revolução. Embora a validade dessa "lei
contra os perigosos propósitos da socialdemocracia" tenha sido em
princípio limitada a dois anos, sua vigência acabou por ser prorrogada diversas
vezes.
Nesse período, foram proibidas também todas as atividades
sindicais no país. Quem não podia ou não queria atuar ilegalmente, estava
fadado ao exílio. Este foi o caso de Adolph Johannes von Elm, um exemplo típico
de sindicalista social-democrata alemão do século 19. Ele emigrou para os
Estados Unidos, onde viveu por 12 anos.
Fim da ilegalidade
Em 1890, a situação política na Alemanha mudou radicalmente
em poucos meses. O novo imperador, Guilherme 2º, não estava mais disposto a
tolerar um chanceler que pretendesse dar curso a sua própria política e
promulgou, contra a vontade de Bismarck, leis de proteção ao trabalhador nos
chamados Decretos de Fevereiro. Pouco depois, a 20 de março de 1890, quando a
vigência das leis antissocialistas não foi mais prorrogada, Bismarck renunciou
ao cargo.
Com a queda dessas leis, ficou relegado ao passado o tempo
de ilegalidade dos sindicatos e das perseguições aos líderes operários. Mesmo
assim, a discriminação social era grande em relação aos sindicalistas e
social-democratas. Ainda no início do século 20, eles eram considerados na
Alemanha "cidadãos sem amor à pátria". Apesar de sua atitude, o
imperador não tinha qualquer simpatia pelo movimento trabalhista, o que ficava
claro em seus pronunciamentos.
Em 1891, Guilherme 2º discursou aos recrutas de um regimento
de guarda em Potsdam: "Há para vocês apenas um inimigo, e este é meu
inimigo. Considerando as manobras socialistas em curso, pode acontecer que eu
venha a ordenar que vocês atirem em seus parentes, irmãos ou pais. Que Deus não
permita que isso aconteça, mas se for o caso vocês têm que obedecer sem
reclamar".
Congresso de sindicalistas
O ano de 1890 foi o ano da arrancada da social-democracia e
do sindicalismo na Alemanha. Pela primeira vez na história, sindicalistas
puderam trabalhar livremente e sem medo de perseguições. Como vários outros,
também Adolph Johannes von Elm voltou do exílio e retomou suas atividades
políticas, tendo participado do primeiro congresso de sindicatos livres,
realizado em novembro daquele ano na Alemanha.
Nos anos da ilegalidade, eram pequenas representações locais
que lutavam pelos direitos dos trabalhadores. Essas associações de torneiros,
marceneiros e pedreiros, entre outros, enviaram seus representantes para o
primeiro congresso de sindicalistas, que aconteceu em Berlim. Também o
movimento das mulheres trabalhadoras esteve presente ao encontro, através de
sua representante Emma Ihrer, da cidade de Velten.
O principal ponto de discórdia girava em torno da estrutura
da futura união sindical. Questionava-se se o melhor seria continuar
trabalhando em pequenas associações locais de profissionais, ou se a melhor
alternativa seria unir-se em uma grande organização central. No dia 17 de
novembro, quando o congresso chegou a uma resolução final, os defensores da
união haviam prevalecido.
A resolução definia: "Considerando que a organização
local não corresponde mais às relações de produção e que a situação econômica
de emergência dos trabalhadores requer a concentração de todas as forças, a
conferência declara que a forma de organização centralizada apresenta-se no
momento como a correta. A conferência aconselha por isso todas as associações
locais a unirem-se à organização central em questão".
No entanto, a disputa entre centralistas e defensores das
estruturas descentralizadas não foi com isso encerrada. Dé cadas se passaram
até que fosse aceita a posição de que exatamente uma associação de
trabalhadores necessita de uma união nacional forte e unida.
Para finalizar o encontro, foi formada uma comissão, que
passou a ser responsável pela organização do próximo congresso: "A
conferência elege uma comissão de sete membros que deverá elaborar as premissas
do próximo congresso, definir seu local e data, bem como convocar os
trabalhadores para dele participarem".
Entre esses sete membros, estava o representante dos
trabalhadores em fábricas de cigarros, Adolph Johannes von Elm, e o presidente
da Associação Nacional de Torneiros, Carl Legien, que se tornaria dois anos
mais tarde presidente da primeira união sindical alemã.
Há 200 anos nascia Otto von Bismarck, o "chanceler de ferro"
Em 1º de abril de 1815 nasceu o futuro primeiro-ministro da
Prússia e chanceler do Império Alemão. Uma figura ambivalente: para uns,
promotor da paz e da justiça social. Para outros, pioneiro do militarismo
germânico.
Há um quadro que define a imagem que muitos alemães têm do
político Otto von Bismarck (1815-1898): de uniformes escuros, generais e
príncipes alemães se reúnem no salão de espelhos do Palácio de Versalhes, na
França, e saúdam de braço estendido o imperador alemão Guilherme 1º. Contudo,
quem está no centro geométrico da cena não é o monarca, mas Bismarck, ainda
mais destacado por trajar uniforme branco.
A tela de Anton von
Werner representa de forma estilizada o 18 de janeiro de 1871, data oficial da
fundação do Império Alemão, quando 25 estados foram unificados sob a liderança
da Prússia. E atribui-se à política bismarckiana a façanha de, na época,
superar a fragmentação da Alemanha em minúsculos estados.
Por todo o país há homenagens ao "chanceler de
ferro": monumentos, torres, ruas e até carvalhos foram batizados com o seu
nome. Na escola, aprende-se que ele não só unificou a Alemanha, como, em sua
gestão como reichskanzler, de 1871 a 1890, introduziu o direito ao voto e
sistemas de seguridade social, incluindo os seguros de saúde, aposentadoria e
contra acidentes.
Mas há também quem veja em Otto von Bismarck e seu capacete
de ponta o chanceler da guerra, um pioneiro do militarismo alemão. Afinal,
somente com as guerras contra a Dinamarca em 1864, a Áustria em 1866 e a França
em 1870-71 aplainou-se o caminho para a fundação do império.
Na qualidade de primeiro-ministro da Prússia, Bismarck
preparara politicamente todas essas três guerras. Além disso, com seus valores
conservadores, ele é responsabilizado pela perseguição do Reich aos
socialistas; por uma cultura parlamentar subdesenvolvida na Alemanha do fim de
século 19 e início do 20; assim como pela criação de colônias alemãs na África
e na Ásia.
Super-herói ou arquivilão?
"Bismarck precisa ser visto menos como superfície de
projeção para uma avaliação positiva ou negativa da história nacional
alemã", aconselha o historiador Christoph Nonn. Por ocasião do
bicentenário do político, nesta quarta-feira (1º/04), o professor de Düsseldorf
se ocupou intensamente com ele e sua época, publicando o resultado de suas pesquisas
no livro Bismarck – ein Preusse und sein Jahrhundert (Um prussiano e seu
século).
A fundação do Reich, por exemplo, não foi uma iniciativa
puramente alemã e muito menos obra pessoal de Bismarck, aponta Nonn.
"Desse prolongado e complexo processo participaram muitas instâncias,
tanto na Alemanha como também no exterior, com o que elas fizeram ou deixaram
de fazer. Por exemplo, ao não tentar impedir a unificação."
O chanceler tampouco foi responsável pelas três guerras que
antecederam a fundação do império. Nonn assegura que ele não era nem militar
nem agressor, apostando, antes, em negociações. Seu colega Arnd Bauerkämper, da
Universidade Livre de Berlim, concorda: foi somente em suas memórias, escritas
em 1890, que Bismarck "se autoencenou um pouco como chanceler da
guerra".
Entretanto a legitimidade dessas guerras estava acima de
qualquer dúvida para Bismarck, ressalva Bauerkämper. Por outro lado, ambos os
historiadores enfatizam que o Império Alemão sob Bismarck não reivindicou novos
territórios, mas perseguiu uma política moderada, a fim de se concentrar no
desenvolvimento econômico interno.
Colônias como instrumento interno
Mas então onde se encaixa a política colonial nesse quadro?
Bismarck não repetia sempre que o Império Alemão não precisava de colônias? E,
mesmo assim, menos de 15 anos após a fundação do Reich, ele permitiu a criação
dos assim chamados protetorados na África e na Ásia.
"A questão não eram propriamente as colônias. Elas
foram apenas um meio na luta pelo poder travada em Berlim", afirma Nonn. O
conservador Bismarck queria enfraquecer os liberais, seus oponentes políticos,
e o príncipe herdeiro Frederico, simpatizante deles.
Os liberais tinham ligações com o Reino Unido, que
ativamente mantinha colônias. Para criar uma fissura nessa aliança, em 1884 e
1885 o reichskanzler cedeu temporariamente ao clamor por colônias alemãs, que
já se fazia ouvir há décadas.
Contudo, em 1885 os liberais perderam as eleições, ficando
politicamente debilitados. E o príncipe Frederico assegurou que seguiria
associado ao chanceler conservador, mesmo depois da morte de seu pai, o
imperador Guilherme 1º.
"A partir daí, Bismarck encerrou imediatamente o
episódio da política colonial", conta Nonn. Bauerkämper igualmente lhe
atribui uma política colonial hesitante: "Com as colônias, ele queria
evitar, e se possível equacionar, os atritos com as outras grandes potências
europeias."
Parlamento decorativo
Na política interna, pelo contrário, mediação ou diálogo nem
sempre estiveram no foco da política bismarckiana. Apesar de o Império Alemão
fundado em 1871 ser uma monarquia parlamentarista, o Parlamento não tinha
qualquer influência sobre a política do governo.
O primeiro chanceler alemão até mesmo designava o movimento
trabalhista em ascensão como "inimigo do Reich". Com a assim chamada
"lei dos socialistas", ele baniu, na prática, os partidos
social-democratas. Também a introdução dos seguros de saúde, aposentadoria e
contra acidentes se deveu à rejeição de Bismarck ao movimento dos
trabalhadores.
"As reformas sociais visavam minar o apoio aos
social-democratas, assegurando para o novo Estado alemão a lealdade da maioria
da população e da classe trabalhadora em crescimento", analisa
Bauerkämper.
A fim de preservar o próprio poder e o da nobreza, a
Constituição do Império Alemão não concedia direito de codeterminação ao
Reichstag, o Parlamento. "Não se formou uma espécie de cultura do consenso
parlamentar, de tomada de decisões entre os partidos", observa o
historiador berlinense.
Como Bismarck foi um dos autores da Constituição, seu
biógrafo Nonn lhe atribui o fato de o Parlamento não ter arcado com qualquer
responsabilidade política desde 1871 até a proclamação da República, em 1918.
"Foi difícil se libertar dessa mentalidade de
irresponsabilidade depois de 1918, quando o Reichstag passou a realmente ter
poder na Alemanha. Essa foi uma hipoteca pesada para a democracia alemã, para a
República de Weimar", diz Nonn.
Paralelos com a Reunificação
E, no entanto, políticos democraticamente eleitos da
Alemanha recordam agora o nascimento, 200 anos atrás, do primeiro chanceler do
Reich. Bauerkämper constata que, nos últimos 30 a 40 anos, a tendência tem sido
rever positivamente a imagem de Otto von Bismarck. E Nonn traça paralelos entre
a fundação do Reich e a Reunificação Alemã, em 1990.
Em ambas as ocasiões circulava na Europa o medo de que a
Alemanha voltasse a se expandir. Pois, assim como em 1871, o país assegurou
também em 1990 que não faria exigências territoriais.
"Praticou-se a mesma política de tranquilização dos
vizinhos europeus", compara o autor de Um prussiano e o seu século. Para
ele, o maior feito do "chanceler de ferro" na política externa foi,
como responsável por ela, a partir de 1871, ter contribuído de forma decisiva
para que o recém-fundado Império Alemão não travasse guerras por mais de 40
anos.
1881: Tunísia tornava-se protetorado francês
No dia 12 de maio de 1881, a Tunísia tornou-se protetorado
francês. Nos bastidores, estava o alemão Otto von Bismarck, que desviava a
atenção dos franceses para a política colonial, a fim de afastar as tensões de
Berlim.
Bismarck atuou nos bastidores
A corrida das nações europeias por "um lugar ao
sol" começou nas duas últimas décadas do século 19, mais exatamente após o
Congresso de Berlim, em junho/julho de 1878.
A ameaça de uma grande guerra pairava no ar. O
"equilíbrio de forças", que desde o Congresso de Viena em 1815
garantira relativa estabilidade na Europa, balançava após a vitória da Prússia
sobre a França. A Alemanha, uma "nação tardia", ambicionava tornar-se
potência hegemônica.
O papel de Bismarck
O chanceler imperial Otto von Bismarck, que em 1875
provocara a França, ansiosa por uma revanche, tentava acalmar os vizinhos. Após
as guerras de unificação contra a Dinamarca (1864), a Áustria (1866) e a França
(1870/71), ele garantiu que a Alemanha estava "saturada": "A Alemanha
está satisfeita. Ela não tem intenção de fazer novas conquistas".
Em Berlim, ele se apresentava como um "corretor
sincero, realmente interessado no fechamento do negócio". O
"negócio" em questão era salvar a ameaçada paz europeia (sobretudo
depois da guerra russo-turca) e, ao mesmo tempo, repartir o mundo entre as
grandes potências.
O Império Otomano – a esta altura conhecido como "o
doente da Europa" – perdera seus últimos territórios nos Bálcãs após o
acordo de paz de San Stefano, imposto pela Rússia. A Inglaterra e a Áustria
protestavam contra o crescente poder da Rússia que, ironicamente, mantinha
desde 1872 uma tríplice aliança imperial com a Áustria e a Alemanha.
O pesadelo de Bismarck era um conflito com duas frentes de
batalha: contra a arqui-inimiga França e contra a Rússia, que saíra desapontada
do Congresso de Berlim. Era um temor plausível, visto que Paris não engolira a
humilhação de 1871.
Estratégia frustrada
Em 1873, o chefe de Estado francês, George Clemenceau,
anunciou a intenção de transformar a Rússia (que fora o carrasco na derrota
francesa para a Prússia) num "instrumento da nossa plena
reabilitação".
Por mais de uma década, Bismarck conseguiu impedir a
revanche francesa, por meio de uma tática pérfida: mantinha o vínculo com São
Petersburgo e isolava a França. Ou ainda: desviava a atenção dos franceses para
a política colonial, a fim de afastar as tensões de Berlim.
Bismarck apostava num conflito entre a França e a
Inglaterra, principal potência colonial da época. O império britânico sonhava
em dominar a África, do Cairo ao Cabo da Boa Esperança. Mesmo assim, aceitava o
protetorado francês na Tunísia imposto pelo Tratado de Bardo.
O tratado de Casr el Said Bardo foi assinado em 12 de maio
de 1881. Ele significou, por um lado, melhorias na infraestrutura da África do
Norte, mas trouxe também outros problemas, cujas consequências são sentidas
ainda hoje.
Um ano depois, a França ocupava toda a Argélia. Até 1911, o
país conquistou 10 milhões de quilômetros quadrados de colônias com 60 milhões
de habitantes. Assim, os franceses tornaram-se a segunda maior potência
colonial, depois da Inglaterra, e passaram a sonhar com um império da África
Ocidental à Índia.
A política colonial, que entre 1881 e 1884 até chegou a
aproximar a Alemanha e a França, nunca passou de um mero instrumento de poder
para Bismarck. Mas, ao contrário do que ele esperava, a França não deixou
desviar por muito tempo suas atenções para os territórios ultramarinos. Sua
aproximação com a Rússia estava em pleno andamento. Poucos anos depois, quem
estava isolada era a Alemanha.
1870: Paris é cercada pelos alemães
Em 19 de setembro de 1870, o cerco das tropas alemãs a Paris
marcou o início do fim da guerra de Bismarck contra Napoleão 3º.
Após a guerra teuto-francesa, Bismarck governou a Prússia de
1871 a 1890
O fato que conduziu diretamente ao irrompimento da Guerra
Franco-Prussiana de 1870 foi a candidatura do príncipe Leopoldo von
Hohenzollern-Sigmaringen, um parente distante do rei prussiano Guilherme 1º, ao
trono espanhol, que havia ficado vago após a revolução de 1868.
Embora sem o consentimento de Guilherme 1º, o então chefe de
governo da Prússia, Otto von Bismarck, convenceu Leopoldo de que o trono espanhol
deveria ser ocupado por alguém da dinastia Hohenzollern. Já a França, governada
por Napoleão 3º, sobrinho de Napoleão Bonaparte, foi contra, por temer um
desequilíbrio de poder na Europa em favor dos alemães.
Num gesto extremo, Paris ameaçou a Prússia com guerra, caso
não retirasse o apoio ao candidato ao trono espanhol. A pressão de Guilherme 1º
cresceu, a ponto de Leopoldo desistir oficialmente. Mas Napoleão 3º, que
pretendia ver a Prússia humilhada, exigiu do soberano alemão um pedido oficial
de desculpas e, acima de tudo, a garantia de que também no futuro a dinastia
Hohenzollern não ambicionaria o trono espanhol.
Esta exigência foi manipulada por Bismarck para ser
entendida como um ultimato da França. Ele não só acreditava que seu país
estivesse preparado para um conflito armado; apostava, também, no efeito
psicológico que uma declaração de guerra contra a Prússia teria nos países
vizinhos. Contando com a solidariedade dos países de idioma alemão, estaria
praticamente atingida a meta da unificação.
Vizinhos do sul aliaram-se à Prússia
A guerra foi declarada pela França a 19 de julho de 1870 e,
imediatamente, a Alemanha e seus vizinhos sulinos uniram-se numa frente contra
Napoleão 3º e suas tropas. O Império Áustro-Húngaro, a Rússia, a Itália e a Inglaterra
preferiram manter a neutralidade. Enquanto as tropas alemãs, do
comandante-em-chefe conde Helmuth von Moltke, dispunham de 400 mil soldados, os
franceses conseguiram mobilizar apenas 200 mil.
A primeira batalha, a 2 de agosto, em Saarbrücken, foi vencida
pela França. Quatro dias depois, entretanto, o país sofria a primeira derrota.
As seguintes seriam em Vionville (15 de agosto), Gravelotte (18) e Beaumont
(30/08).
A batalha decisiva foi iniciada na manhã de 1º de setembro,
em Sedan. Napoleão chegou ao campo de batalha na tarde do mesmo dia e assumiu o
comando militar. Ao conscientizar-se da situação desoladora, ordenou que fosse
içada a bandeira branca. Na mesma noite, foi negociada a capitulação e a prisão
de Napoleão e 83 mil soldados franceses.
Quando esta notícia chegou a Paris, houve uma rápida
rebelião, a Assembleia Constituinte foi dissolvida e, a 4 de setembro,
proclamada a República Francesa. No dia 19 de setembro de 1870, as tropas
alemãs cercaram Paris. Nos conflitos que se seguiram, comandados pelo governo
da resistência, em Tours, os franceses foram derrotados pelos prussianos. Os
sérios problemas de abastecimento e a forma rudimentar com que a população civil
tentava evitar a tomada da capital apressaram a capitulação, a 19 de janeiro de
1871.
Um dia antes, Guilherme 1º havia sido coroado imperador
alemão no Palácio de Versalhes, selando o objetivo de Bismarck, de uma grande
potência alemã. A capitulação formal de Paris e o armistício aconteceram a 28
de janeiro de 1871. Seguiram-se a composição da Assembleia Nacional francesa e
a constituição da Terceira República. O acordo de paz foi selado em Frankfurt,
a 10 de maio de 1871. Como reparação de guerra, a França abdicou da Alsácia e
foi forçada a pagar uma alta soma em dinheiro.
1871: Fundação do Império Alemão
Com a guerra contra a França vencida, o rei Guilherme 1º da
Prússia foi proclamado imperador alemão em Paris em 18 de janeiro de 1871.
Bismarck convencera os principados e reinos alemães a se unificarem num só
Estado.
Otto von Bismarck, primeiro chefe de governo do Império
Sala dos Espelhos do Palácio de Versalhes, em Paris. A luz
de 32 lustres de prata se multiplica pelo reflexo das paredes ao longo do salão
de 73 metros. Flores, laranjeiras e móveis barrocos luxuosos compõem o cenário
ao redor de centenas de pessoas em trajes de gala. Lá estão o rei prussiano e
sua corte, muitos príncipes alemães e numerosos militares de alto escalão
exibindo suas medalhas.
O coral encerra a cerimônia religiosa encomendada pelos
soberanos alemães no palácio real do inimigo já praticamente derrotado. Mas não
é a missa em ação de graças que eles celebram. Eles vieram para concretizar um
velho sonho alemão: o sonho do Império Alemão, o sonho de ter novamente um
imperador. Aos 71 anos, Guilherme 1º, rei da Prússia, é proclamado imperador
alemão pelos príncipes presentes.
Na cerimônia cheia de ostentação, o escolhido não se sentia
muito confortável. Na véspera, havia escrito:
"Assumo um império apenas nas aparências. Não serei
mais do que um 'presidente'. Mas se já chegamos até aqui, tenho de carregar
esta cruz. Amanhã me despedirei da velha Prússia, à qual sempre estive ligado e
sempre estarei. Nem consigo expressar como me sinto desesperado."
Papel de Bismarck
Uma pessoa, ao menos, estava mais do que satisfeita. Afinal
o restabelecimento do Império era basicamente obra sua, cujos frutos ele
finalmente podia colher após longos anos de trabalho: Otto von Bismarck,
primeiro-ministro prussiano e primeiro chanceler (chefe de governo) do Império
recém-fundado.
Demorou longos anos até que a colcha de retalhos Alemanha,
com seus pequenos principados e reinos, formasse um Estado nacional único, sob
liderança da Prússia. O reino de Guilherme 1º e Bismarck travou duas guerras
para atingir seu objetivo: em 1866, contra a Áustria, e em 1870/71, contra a
França.
Através da guerra contra a França, Bismarck conseguiu
despertar o entusiasmado espírito nacional que lhe permitiu conquistar a adesão
dos principados que ainda resistiam à unificação nacional. No fim de 1870,
chegara a hora. A Liga Setentrional Alemã rebatizou-se como Império e, em vez
de uma presidência, passaria a ter um imperador. Apenas o rei Ludwig da Baviera
hesitava ainda em declarar sua adesão.
Data histórica para a Prússia
Na última noite de 1870, o príncipe herdeiro da Prússia e
futuro rei Frederico 3º anotou em seu diário:
"O imperador declarou não desejar fazer qualquer
manifestação amanhã, porque a Baviera ainda não aderiu. Por outro lado,
Delbrück comunicou que, hoje à noite, já estará impressa em Berlim a nova
Constituição Imperial, que entrará em vigor amanhã, proclamando o imperador e o
Império. Bismarck, que eu encontrei na cama e cujo quarto mais parece um
verdadeiro depósito de tralha, desaconselhou uma proclamação sem a adesão da
Baviera. Então, o remeti à histórica data de 18 de janeiro, com o que ele
pareceu concordar."
De fato, não teria havido dia melhor para encenar o novo
capítulo da história nacional, pois o 18 de janeiro é dia santo para os
prussianos. Neste dia, 170 anos antes, em 1701, o príncipe eleitor de
Brandemburgo fora coroado como o primeiro rei da Prússia. Desde então, a data
era lembrada todos os anos.
E a encenação foi bem-sucedida. Embora o Império já
existisse formal e juridicamente há algumas semanas, a proclamação festiva de
Guilherme 1º em Paris como imperador entrou para os livros de história como a
data de fundação do Império Alemão.
1883: Alemanha torna-se potência colonial
No dia 9 de abril de 1883, o comerciante Adolf Lüderitz
iniciou oficialmente a política colonialista alemã ao estabelecer-se na atual
Namíbia. A Alemanha perdeu o território durante a Primeira Guerra Mundial.
A aventura e a ambição pela riqueza levaram um grupo de
alemães, entre eles alguns comerciantes, a aportar na África em 1883. As terras
por eles administradas logo passaram a protetorado alemão durante o governo de
Otto von Bismarck.
No dia 9 de abril de 1883, o navio Tilly, do comerciante
Adolf Lüderitz, de Bremen, ancorou numa peque na baía na costa africana. Hoje,
a cidade ali fundada tem o nome de seu colonizador. Era o início do
colonialismo alemão.
Em pouco tempo, no entanto, a experiência provou que os
protetorados do então Império Alemão traziam mais problemas do que vantagens.
Por volta de 1900, pertenciam à Alemanha o Sudoeste Africano Alemão (hoje
Namíbia), Togo, Camarões, África Oriental Alemã (partes do que hoje é Tanzânia,
Burundi e Ruanda), Nova Guiné Alemã (partes do que hoje é Papua-Nova Guiné),
além de algumas ilhas do Pacífico e o protetorado de Kiautshu, na China.
A área total desses territórios era de 2,5 milhões de
quilômetros quadrados, com uma população de aproximadamente 15 milhões de
habitantes. Essas pessoas interessavam à Alemanha como mão de obra barata, já
que a escravidão fora abolida.
Rebeliões reprimidas com violência
Nunca ninguém se preocupou em saber se os nativos tinham
interesse em fazer parte do Império Alemão. As rebeliões eram sempre reprimidas
violentamente. Em princípio, Otto von Bismarck aceitou participar do jogo,
oferecendo proteção aos comerciantes lá estabelecidos.
No dia 26 de junho de 1884, Bismarck pronunciou-se da
seguinte forma no Parlamento da época: "Nosso objetivo não é fundar
províncias, mas empresas e negócios. Trata-se, em sentido figurado, de cultivar
as plantas semeadas pelos comerciantes. Se por acaso uma delas definhar, não
será culpa do governo, e sim de seus administradores".
Com o passar dos anos, a situação acabou extrapolando as
expectativas. As áreas sob proteção cresceram tanto que o Império Alemão foi
forçado a intervir para ajudar na administração, não só através de pessoal, mas
também com subvenções.
As guerras coloniais consumiram as finanças e acabaram com a
imagem do país. Durante a Primeira Guerra Mundial, foi impossível manter a
segurança militar dos protetorados e eles acabaram sendo tomados pelos
inimigos.
1884: Proteção imperial alemã sobre África do Sudoeste
No dia 24 de abril de 1884, o Império Alemão enviou o navio
Nautilus, armado com canhões, a Angra Pequena, na costa sudoeste da África,
hoje Namíbia. O primeiro protetorado alemão fora adquirido por um comerciante.
"No sul da costa ocidental da África, limitando ao
norte com a zona tropical, encontra-se a África do Sudoeste, que se originou da
primeira colônia da Alemanha – Angra Pequena, um nome que desde 1884 é
conhecido de todos."
Com essa inofensiva descrição começa o capítulo
"Deutsch- Südwest", do manual Colônias da Alemanha, escrito em 1898
por Rochus Schmidt, um comandante das tropas imperiais.
Em comparação com as grandes potências coloniais como, por
exemplo, o Reino Unido e a França, que se apoderavam de novos territórios com
objetivos políticos e rudeza militar, a breve e modesta atuação alemã no
além-mar foi atípica e, em se tratando do chanceler Otto von Bismarck, até
bastante cautelosa. Pelo menos foi assim na atual Namíbia – a ex-África do
Sudoeste.
Ideia de um comerciante
Comerciante Franz Adolf Lüderitz
O coiniciador da delimitação do primeiro "protetorado
alemão" foi Franz Adolf Eduard Lüderitz, comerciante de tabaco de Bremen.
Ambicioso, Lüderitz atuara sem grande sucesso nos negócios com o sudoeste da
África.
Fora dele a ideia de estabelecer uma base comercial nas
costas daquela região desértica, para retomar o comércio de armas com os
autóctones, iniciado pela Companhia das Missões Renanas. Além disso, ele
pretendia burlar as taxas de importação cobradas pelos ingleses, que ocupavam a
faixa costeira, a fim de controlar o comércio de armas.
Lüderitz sabia que logo seria barrado pelo britânicos, se a
região que reivindicava para seus interesses econômicos não fosse colocada
"sob proteção da bandeira alemã". Assim, fundamentou seu "pedido
de proteção" com o argumento de que isso garantiria a exploração de
enormes reservas minerais pela indústria alemã.
Receio da Inglaterra
Temendo atritos com a Inglaterra, Berlim relutou,
inicialmente, dando a entender que Lüderitz deveria estabelecer a base
comercial por conta própria.
O comerciante de Bremen acabou arrancando de Bismarck pelo
menos a promessa verbal de uma proteção, mas com uma ressalva: era preciso
conferir se a Inglaterra não tinha ou pretendia obter direitos de soberania
sobre o território.
Bismarck não queria, de jeito nenhum, colidir com os
interesses britânicos. Tanto maior sua irritação, ao saber através da imprensa
em agosto de 1883, que a 12 de maio Lüderitz havia içado a bandeira alemã
"em sinal de tomada de posse".
A colônia que a Alemanha não queria
Lüderitz chegou a dar a sua possessão caráter de soberania
imperial, o que foi rejeitado por Berlim. Bismarck deixou claro que se tratava
apenas de uma "propriedade particular de Lüderitz" na África do
Sudoeste.
Otto von
Bismarck
O "imperador de ferro" mandou verificar, mais uma
vez, se a Inglaterra não tinha direitos sobre o território. "Caso a coroa
britânica não tenha tomado posse, a soberania nacional pertence ao referido
príncipe negro ou a Lüderitz, mas não ao Império Alemão", observou
Bismarck.
Um dos princípios da política externa alemã do final do
século 19 era respeitar o interesse de terceiros no fomento das relações
comerciais com territórios do além-mar.
Apesar da impertinência de Lüderitz, o Ministério das
Relações Exteriores deu-lhe proteção como a qualquer outro comerciante alemão
no exterior, isto é, "proteção consular" para um alemão com
propriedade particular fora do país.
Namíbia: colonizada e ocupada
A 24 de abril de 1884, Bismarck anunciou que enviaria o
navio Nautilus, armado com canhões, a Angra Pequena. Foi o primeiro passo da
Alemanha no sentido de tornar-se potência colonial.
Colonizada pelos alemães a partir de 1890, a Namíbia é um
dos mais jovens países do mundo. Durante a Primeira Guerra Mundial, foi ocupada
pela África do Sul, que, em 1920, recebeu da Liga das Nações um mandato para
administrar o território.
A luta pela libertação eclodiu em 1966 e se arrastou até 21
de março de 1990, quando a independência entrou em vigor.
Volker Vagener / Deutsche Welle
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