quarta-feira, 24 de fevereiro de 2016

HÁ UMA HORA CERTA, HÁ UMA HORA CERTA.


Há uma hora, há uma hora certa
que um milhão de pessoas está a sair para a rua.
Há uma hora, desde as sete e meia horas da manhã
que um milhão de pessoas está a sair para a rua.
Estamos no ano da graça de 1946
em Lisboa, a sair para, o meio da rua.
Saímos? Mas sim, saímos!
Saímos: seres usuais, gente gente! olhos, narinas, bocas,
gente feliz, gente infeliz, um banqueiro, alfaiates, telefonistas,
varinas, caixeiros desempregados,
uns com os outros, uns dentro dos outros
tossicando, sorrindo, abrindo os sobretudos, descendo aos
mictórios para apanhar eléctricos,
gente atrasada em relação ao barco para o Barreiro
que afinal ainda lá estava apitando estridentemente,
gente de luto, normalmente silenciosa
mas obrigada a falar ao vizinho da frente
na plataforma veloz do eléctrico, em marcha,
gente jovial a acompanhar enterros
e uma mãe triste a aceitar dois bolos para a sua menina.
Há uma hora, isto: Lisboa e muito mais.
Humanidade cordial, em suma,
com todas as consequências disso mesmo
e a sair a sair para o meio da rua. (...)"

— Mário Cesariny

Gracias, vientre leal



Mario Benedetti

"A nadie", le había dicho el Colorado, "a nadie, ni siquiera a tu mujer. ¿Estamos?" Y él había contestado: "Estamos". "Ni el menor indicio, ¿eh? Bastante caro hemos pagado ya esos y otros liberalismos. Y la acción de mañana es particularmente riesgosa. Aun extremando las medidas de seguridad, vos y Alfredo van a correr mucho peligro. Eso lo sabés, ¿verdad?" "Está bien, está bien", había dicho él. El Colorado había resoplado antes de concretar: "Bueno, a las siete te recogerá Alfredo en Durazno y Convención".

Ahora Marta le servía lo que ella denominaba "costillitas de cerdo a la riojana, versión libre". Siempre, para bromear, le ponía un papelito sobre el plato con el menú del día. Ñoquis a la romana. Escalope a la viena. Crême parmentière. Y así por el estilo. Esto de "a la riojana" le había quedado de cierta vez que fueron a Buenos Aires y a él le había gustado aquella combinación. Era la época en que todavía podían ir de compras cada tres meses, y de paso veían cine, teatro, exposiciones. A ellos, que en Montevideo vivían rodeados de padres, suegros, tíos, primos, sobrinos, aquellas escapadas les servían como una puesta al día de su mejor intimidad. Se sentían más unidos, más pareja, caminando del brazo por Corrientes que en su propia casa donde había ojos en todos los rincones y en todos los retratos. Pero hacía tiempo que esas "lunas de miel" se habían acabado. Ahora había que hacer milagros con la plata.

-¿Te llamó tu madre? -preguntó Marta.

-Sí. Veinte minutos. De un tirón.

-¿Qué quería?

-Lo de siempre: compasión. Pobre vieja. Cómo se mira el ombligo. El mundo puede venirse abajo, pero para ella no hay nada más importante que el almacenero que le cobró de más y le pesó de menos.

-¿Sabés lo que pasa? Es bravo llegar a los setenta, y estar sola, y no haber hecho otra cosa que pensar en sí misma. Además, a esa edad, ¿vas a pretender cambiarla?

-Ni se me ocurre. Apenas si alguna vez le digo: "Vieja, ¿por qué no lees los diarios? Así a lo mejor te enteras de que la gente muere de hambre en el Nordeste brasileño, de los niños que en Vietnam son quemados diariamente con napalm, y también de los botijas que aquí en tu país, no han probado jamás leche. Enterate de todo eso y vas a ver cómo mañana vas corriendo a darle un besito al almacenero que, con toda humildad, apenas si te afanó treinta pesos".

Cuando iba por la mitad de la última frase, se fijó de pronto en lo linda que estaba Marta esta noche. No venía nadie, y sin embargo se había puesto el vestidito azul. O sea que era para él, nada más que por él. Simultáneamente con la comprobación de lo bien que le quedaba el vestido, le vinieron unas tremendas ganas de quitárselo. Pero se contuvo.

-Que linda estás hoy.

-¿Hoy nomás?

Ese juego de frases era casi una tradición entre ellos. Tenían varias series de esos dialoguitos automáticos. A veces funcionaban bien y provocaban otros dialoguitos, esto sí improvisados. Otras veces, en cambio, sonaban a rutina. Dependía de tantas cosas: del estado de ánimo de uno, o de los dos; de la buena o mala digestión; de la noticia desalentadora en la radio; hasta de la niebla, la lluvia o el sol, que podía registrase en la ventana del living.

-Vos en cambio estás feo.

-El hombre es como el oso, ¿no?

-Sí, cuanto más feo más espantoso.

En realidad, la variante era de él, pero ella se había reído mucho cuando él la había incorporado al folklore doméstico.

-¿Te pido algo? No limpies la cocina esta noche. Dejala para mañana.

-¿Vos me ayudás mañana?

Él vaciló, y ella se dio cuenta.

-Ah, no me ayudás.

-Mira, no voy a ayudarte mañana, porque tengo que salir temprano. Pero igual te pido que no limpies la cocina esta noche.

-Bueno, el argumento no es muy convincente.

-¿Y la mirada?

-La mirada sí.

-¿Entonces no limpiás?

-Entonces no limpio.

Todo estaba implícito. Ocho años de matrimonio, ocho buenos años de matrimonio, crean rutinas, claro, pero también crean entrelíneas, claves, contraseñas. "No tenemos que dejar que nos aplaste la costumbre", decía él a menudo. "Siempre hay que crear, siempre hay que inventar." "¿Y yo te empujo mucho a la costumbre?", preguntaba Marta. "No, en absoluto. Porque no alcanza con que invente un solo integrante de la pareja; no alcanza con que se renueve uno solo. Algunas noches vos me hacés una caricia nueva, una caricia inédita, y fíjate qué curioso, esa caricia nueva también sirve para revitalizar las viejas caricias, como si las contagiara de su novedad."

-Vení. Quiero quitarte yo el vestido.

-¿Qué pasa, amor?

-Nada. Sólo que quiero quitarte yo el vestido. Ya que es tan lindo.

Marta se enfrentó a él, alegre y sorprendida, como dispuesta a iniciar un juego del que aún no había captado totalmente el sentido.

-Quite, pues.

Él descorrió lentamente los cierres, desabotonó lo que había que desabotonar, y luego presionó hacia abajo. El vestido azul quedó arrollado a los pies de Marta. Ella iba a recogerlo, pero él dijo: "Después" "Se va a arrugar." "No importa." La hizo girar frente a sí, le desprendió el sostén.

-Realmente estás mucho más linda que cuando nos casamos.

-Pero, ¡qué pasa, amor?

-Eso es lo que quería confirmar. Ya lo he confirmado. Ahora vení.

-¿No se piensa desvestir, compañero?

-¿Lo crees necesario?

-Absolutamente.

"A nadie", había dicho el Colorado, "ni siquiera a tu mujer". Quizá por eso, él sentía oscuramente que en ese acto de amor iba a haber una trampa. Pero estaba resuelto a trampear. Estaba resuelto, aun en el instante de empezar a recorrer morosamente el cuerpo de Marta. Sus manos estaban esa noche como nuevas. Su tacto tenía hoy una increíble sensibilidad, todo lo captaba, todo lo excitaba, todo lo enamoraba. Le pareció incluso que sus manos se habían vuelto repentinamente memoriosas, ya que al acariciar un pecho, o un trozo de cintura, o un muslo, recobraba con sorpresa sensaciones muy anteriores, es decir, volvía a sentir (junto con el tacto nuevo) un recuperado tacto antiguo.

Marta advirtió que ésta era una noche excepcional. No sabía la razón. Pero dejó para averiguarlo luego. No era ésta una noche para estar pasiva, dejándose amar y punto. Era una noche para amar ella también activamente, entre otras cosas, porque se sentía invadida por un deseo tierno, fuera de serie. Él le susurraba: "Linda, tierna, buena", y ella sentía que efectivamente lo era, en ese instante al menos. Por su parte, ella no decía nada. Le gustaba que él le dijera cosas, pero ella callaba. Sólo sus ojos y sus manos hablaban. Y eso bastaba. Mientras los ojos y las manos de Marta hablaran, a él no le importaba que no hubieran palabras. Las palabras la ponía él. Siempre había alguna nueva, y la palabra nueva era como una nueva caricia, y también enriquecía las palabras de siempre.

Sólo en un instante, cuando él sintió que se conmovía casi hasta el llanto, ella abrió desmesuradamente los ojos, suspendió todo ritmo y murmuró en su oído: "¿Qué hay?" Él balbuceó promesas, pidió perdones, juró amor, pero todo en un lenguaje cifrado que ella no alcanzó a comprender. Allí el deseo reclamó sus derechos, y también esa duda quedó para después.

Quedaron fatigados, satisfechos, unidos. Él pasó el brazo bajo el cuello de Marta, y permanecieron en silencio, los dos fumando.

-Hacía mucho que... -empezó él.

-¿Verdad que sí? ¿Por qué será? Después de todo somos los mismos hoy que la semana pasada.

-Quién sabe.

-Estoy contenta, ¿sabés?

-¿De qué? ¿De que el país ande como el diablo?

-No. Estoy contenta porque nosotros andamos bien. Lo del país me amarga, claro. Pero te confieso que todavía no soy lo suficientemente generosa como para anteponer el destino del país al destino nuestro.

-¿No te parece que el destino del país nos incluye a nosotros?

-Sí, claro.

-¿Y entonces?

-Ya te dije que no soy lo suficientemente generosa.

-No es cierto.

-Bueno, a veces soy generosa casi por egoísmo. Con vos, por ejemplo. ¿Cómo no ser generosa con vos? Pero eso también es egoísmo.

-Todo mezclado, como dice Guillén.

-Pero estoy contenta. ¿Y vos?

-También.

-Estoy contenta porque intuyo que todo lo nuestro va a ir cada día mejor. Y a corto plazo.

-Ojalá Dios mejore de su sordera.

-¿Y eso?

-Es mi modo de decir que Dios te oiga.

Ella sonrió por entre el humo.

-Decime: ¿pensás seguir militando?

-Sí.

-¿Lo crees realmente necesario?

-Sí, Marta, lo creo. Sobre todo para mí, para nosotros.

-A veces tengo miedo. Todo se está complicando tanto. No sé si vale la pena el sacrificio.

-Siempre vale la pena.

-Ese miedo es la única nube a la vista. Ya han caído tantos. ¿Puedo pedirte algo?

-Claro.

-No asumas riesgos mayores.

-No hay riesgos mayores y riesgos menores. Hay riesgos. Punto. Y a ésos no pienso sacarles el cuerpo.

-Vos bien sabés a qué me refiero. No podría soportar que te pasara algo.

-No me va a pasar nada.

-Ya sé. Ya sé. Pero...

-¿Vos me querrías si supieras que le escapo a los riesgos, que me acobardo y flaqueo?

-No sé. No creas que es tan simple. A lo mejor mi cabeza te haría reproches, pero creo que mi vientre te querría igual. ¿Sabés una cosa? Mi cabeza puede atenerse a principios, y hasta asumir compromisos. Pero para mi vientre vos sos mi único compromiso. Lo que pasa es que es un vientre leal, ¿no crees?

Él siguió fumando en silencio, conmovido. Ella esperó la respuesta, luego insistió.

-¿Qué? ¿No lo crees?

-Sí, lo creo.

Y la volvió a abrazar. Esta vez sin otra intención de saberla cerca, y sentir de paso la lealtad de aquel vientre.

Se durmieron de a poco, despertándose o semidespertándose sólo para sentirse confortados con la piel del otro, como si el simple tacto los pusiera a salvo de toda desgracia.

Él se despejó por completo diez minutos antes de que sonara el despertador. Durante la noche Marta se había apartado y ahora dormía boca abajo, sin sábana: realmente una gloria. No la tocó siquiera. Se levantó en silencio, fue al baño, se vistió de apuro. La miró una vez más. En un papel garabateó una frase: "Gracias, vientre leal", y lo dejó sobre la cama en desorden.

Salió a la calle y miró el reloj: tenía tiempo justo para encontrarse con Alfredo en Convención y Durazno.

FIN



Biblioteca Digital Ciudad Seva

terça-feira, 23 de fevereiro de 2016

Sociólogo que no se haga sentir, no merece llamarse Sociólogo.

Simón Sáez Mérida. (Ven)

O partido da sociedade para poucos


..."Não é, então, muitíssimo estranho que se fale tão pouco em uma reforma política profunda que torne a relação entre a economia e a política mais transparente - que é o que importa no combate à corrupção - e se fale tão somente em pessoas e partidos (políticos) específicos?"
...É que a fulanização da corrupção só serve à sua continuidade. Se o foco se deslocar para uma reforma política profunda, os endinheirados e seus amigos da mídia conservadora perdem seu filão. Pense comigo: se depois de Getúlio, Jango, Lula e Dilma (os alvos do combate à corrupção seletiva no passado e no presente) vier outro representante da sociedade inclusiva? Como a rapinagem econômica e seu braço midiático vão destruir o adversário? Como iriam legitimar de outro modo a drenagem dos recursos de todos - via mercado e Estado - para seus bolsos?"

..."O combate à corrupção seletiva - que como sabemos blinda alguns políticos e persegue outros arbitrariamente - confere à rapinagem a aparência de luta por algo importante para todos. É nisso que somos feitos de tolos. Nesse contexto, confie em mim quando digo que um debate sério no Brasil sobre corrupção dificilmente existirá. A manipulação do tema da corrupção é o verdadeiro núcleo da legitimação do poder no país."

 de Jessé Souza, na Folha de São Paulo  21.02.2016.
"Escrever é também não falar. É calar-se. É gritar sem ruído.".

 Marguerite Duras

Derrotado no alvo principal com Dilma e Lula, agora o alvo secundário do "estilo da justiça paraguaia" de Moro é a interrupção da internacionalização dos grandes serviços de marketing político e das grandes empreiteiras brasileiras no exterior. Grandes obras e serviços na África, América do Sul e Central devem ser detidos e impedidos para que os concorrentes internacionais dos velhos imperialismos retomem seus lugares.
Ricardo Costa de Oliveira

domingo, 21 de fevereiro de 2016

O combate à 'corrupção seletiva' – que como sabemos blinda alguns políticos e persegue outros arbitrariamente – confere à rapinagem a 'aparência' de luta por algo importante para todos. É nisso que somos feitos de tolos. Nesse contexto, leitor e leitora, confie em mim quando lhe digo que um debate sério no Brasil sobre a corrupção dificilmente existirá. A manipulação do tema da corrupção é o verdadeiro núcleo da legitimação do poder no Brasil." (Jessé Souza)
Mais um genocídio de imigrantes pobres silenciado pela mídia e pelos poderes globais. Não é no Mediterrâneo e nem apenas no Mar Egeu, mas na América do Norte. Mais de seis mil descendentes de nativos americanos pobres morreram ressecados nos últimos anos ao se deslocarem pelo mesmo Continente Americano em que suas famílias habitam há mais de dez mil anos. O número deve ser bem maior. Os Estados Unidos sempre exploraram e garantiram a pobreza com fragilidade das nações Centro-Americanas ao apoiarem ditaduras, crimes e corrupção nas juntas militares. O narcotráfico financiado pelos compradores desestabiliza a região. Imaginem se as maiores potências mundiais do século 18 estivessem ao lado da repressão do Império Britânico contra os insurgentes americanos de 1776 na sua luta pela liberdade e independência. Para a direita a culpa sempre é da vítima. Quem manda atravessar a fronteira sendo um invisível, um mestiço indígena pobre, tal qual sendo negro na KKK, sendo judeu no nazismo, sendo palestino em Israel das ocupações ilegais. O que é silenciado pela política é revelado pela genética.

Ricardo Costa de Oliveira

segunda-feira, 15 de fevereiro de 2016


"A doença da razão é que a razão nasceu da ânsia do homem para dominar a natureza, e sua ‘recuperação’ depende da compreensão da natureza da doença original, não de uma cura dos seus sintomas tardios. A verdadeira crítica da razão irá necessariamente desvelar as camadas mais profundas da civilização e explorará sua história mais remota.” (Max Horkheimer, com tradução de Carlos Henrique Pissardo).
"Teoria Crítica e sociedade contemporânea", organizada por Sinésio Ferraz Bueno
Privamo-nos para mantermos a nossa integridade, poupamos a nossa saúde, a nossa capacidade de gozar a vida, as nossas emoções, guardamo-nos para alguma coisa sem sequer sabermos o que essa coisa é. E este hábito de reprimirmos constantemente as nossas pulsões naturais é o que faz de nós seres tão refinados. Por que é que não nos embriagamos? Porque a vergonha e os transtornos das dores de cabeça fazem nascer um desprazer mais importante que o prazer da embriaguez. Por que é que não nos apaixonamos todos os meses de novo? Porque, por altura de cada separação, uma parte dos nossos corações fica desfeita. Assim, esforçamo-nos mais por evitar o sofrimento do que na busca do prazer."
— Sigmund Freud.

" Mourir auprès de mon amour "

Demis Roussos 

S'il faut mourir un jour
Je veux que tu sois là
Car c'est ton amour
Qui m'aidera a m'en aller vers l'au-delà

Alors,je partirai
Sans peur et sans regrets
Et dans mon délire
Je revivrai toute une vie de souvenirs

Pour traverser le miroir
Je ne veux que ton regard !
Pour mon voyage sans retour
Mourir auprès de mon amour
Et m'endormir sur ton sourire

Le temps qui nous poursuit
Ne peut nous séparer
Même après la vie
Nos joies passées
Pour nos unir à l'infini

Pour m'enfoncer dans la nuit
Et renoncer à la vie
Je veux dans tes bras qui m'entourent
Mourir auprès de mon amour
Et m'endormir sur ton sourire

Pour traverser le miroir
Je ne veux que ton regard !
Pour mon voyage sans retour
Mourir auprès de mon amour

Et m'endormir sur ton sourire .

El romance de la felicidad

José Santos Chocano

Felicidad: yo te he encontrado
Más de una vez en mi camino;
Pero al tender hacia ti el ruego
De mis dos manos has huido,
Dejando en ellas, solamente,
Cual una dádiva, cautivo
Algún mechón de tus cabellos
O algún jirón de tus vestidos.

Tanto mejor fuera no haberte
Hallado nunca en mi camino.
Por ser tu dueño, siento a veces
Que no soy dueño de mí mismo...
Toda esperanza es un engaño;
Todo deseo es un martirio...

Felicidad: te vi de cerca;
Pero no pude hablar contigo.

Ya voy sintiéndome cansado...
Cuando en la orilla del camino
Me siento a ver pasar a muchos
Que hacia ti vayan cual yo he ido,
Tal vez te atraiga mi reposo,
Mi displicente escepticismo,
Mi resignada indiferencia,
Mi corazón firme y tranquilo;
Y, paso a paso, a mí te acerques,
Sin que yo llegue a percibirlo,
Y, al fin, sentándote a mi lado,
Hablarme empieces: -Buen amigo...

¿Será mejor el no buscarte?
¿Será mejor el ser altivo
En la desgracia y no sentirse
Juguete vil de tus caprichos?

Yo solo sé que cuantas veces
Con más afán te he perseguido,
Más fácilmente, hacia más lejos,
Más desdeñosa huir te he visto.
Yo solo sé que cuantas veces
Tornó perfil un sueño mío,
Felicidad, te vi de cerca,
Pero no pude hablar contigo.
Volver a Poemas de José Santos Chocano




Biblioteca Digital Ciudad Seva

sábado, 13 de fevereiro de 2016

Núcleo duro étnico brasileiro e governabilidade

Núcleo duro étnico brasileiro e governabilidade. Nenhum governo será derrubado se tiver pelo menos força e alguns firmes apoios neste estratégico grupo etno-histórico brasileiro: Homens brasileiros "brancos" de origem miscigenada, famílias e clãs com sobrenomes brasileiros de origem portuguesa ou aqui identificados desde o período colonial, criadores da língua denominada de português brasileiro juntos com todos os outros grupos, genealogizáveis nas genealogias regionais, Católicos (praticantes ou não e mesmo ateus) e parentes de padres, descendentes de "homens bons" das sesmarias escravistas, descendentes e parentes da nobreza da terra colonial, da nobreza titulada imperial e da elite política republicana, descendentes de formados em Coimbra e com várias gerações escolarizadas nas escolas de elite e nos cursos superiores nacionais, descendentes e parentes de homens armados e integrantes das Forças Armadas, como Oficiais Superiores e Generais. Em 500 anos de Brasil e nos 300 anos do Sul do Brasil (PR, SC, RS) sempre houve um centro de gravidade e sustentação aos poderes e governos existentes, bem como seus membros também foram os atores que proporcionaram as mudanças nas continuidades e rupturas políticas ao longo das várias gerações. Lula, Dilma e o PT se sustentam enquanto tiverem pelo menos algum apoio neste setor social crucial e eles têm bastante apoio neste núcleo duro étnico brasileiro. Este grupo étnico brasileiro geralmente ocupa muitas das posições sociais mais elevadas na burocracia, empresariado, letras, artes, educação, cultura e Forças Armadas pela sua própria principalidade e antiguidade. Segmentos de elites da antiga classe dominante tradicional, Mazombos, Quatrocentões, Trezentões, hoje apoiadores da causa da modernização da crítica social e do seu lastro de governabilidade e de apoio. Nossa gente sempre acolhedora.


Ricardo Costa de Oliveira 

sexta-feira, 12 de fevereiro de 2016

Havia ainda naquela época outra circunstância que me torturava: precisamente o fato de que ninguém se parecia comigo e eu não era parecido com ninguém. “Eu sou único e eles são todos”, pensava eu.
Daí se vê que eu ainda era inteiramente criança.

— Fiódor Dostoiévski, in Memórias do Subsolo – trecho do texto 01, da segunda parte, pág 58.
Política I
Um dos campos onde a inteligência nacional mais desabou foi o debate político. Em clima de Fla-Flu é difícil formular ideias. Queria fazer uma reflexão básica sem coloração partidária.
Premissa inicial: somos uma sociedade marcada pela desigualdade de renda, de educação e de acesso a serviços como saúde. A desigualdade é um fato objetivo, logo, não cabe discussão. Não interessa aqui se há sociedades mais ou menos desiguais, pensarei apenas a nossa, a sociedade brasileira.
Diante da desigualdade, existem duas (entre centenas) de atitudes básicas. Destacarei apenas estas duas (há mais sim)
01) A desigualdade é provocada pelas diferentes energias aplicadas ao trabalho, pelo empreendedorismo de cada um, pela capacidade de crescer quanto à renda e quanto ao conhecimento. Logo, a desigualdade registra pessoas mais ou menos aptas e é, de certa forma, a recompensa pela inteligência, pelo trabalho, pela estratégia e pelo esforço. A desigualdade será resolvida pela energia das próprias pessoas quando estas pararam de esperar coisas, pararem com sua dependência do Estado e começarem a produzir e trabalhar mais. A ambição individual e o trabalho são a chave. Esta seria, grosso modo, a postura liberal (com muitas variações ) e a defesa Adam Smith do trabalho.
02) A desigualdade é dada estruturalmente pelo capitalismo e suas formas de dominação. Ela não é um acidente e nem pode ser eliminada porque o capitalismo precisa de massas desiguais. Mesmo que alguns cresçam, a grande maioria nunca poderá sair de onde está, porque há demanda de mão de obra barata e de controle político. A saída é quebrar o sistema por uma ação organizada contendo em maior ou menor grau a noção de revolução. Esta seria a postura, em geral, do pensamento de Marx e de muitos grupos marxistas.
A partir destes dois pólos generalizantes (com muitas diferenças, eu sei) as pessoas se posicionam sobre bolsa família, cotas raciais, reforma agrária , incentivos fiscais para áreas pobres etc. A noção básica é: quem é o responsável pela desigualdade e quem pode resolvê-la? Os exemplos históricos e dados levantados pelos debatedores não são a base para sua posição política. São, em geral, a posteriori, ou seja, cada grupo seleciona da história e de outros países o que acha relevante para embasar sua posição. A posição é anterior aos fatos, quase sempre. Voltaremos a este fato.


messianismos políticos

Ricardo Costa de Oliveira


Até que ponto observamos os resultados dos muitos messianismos políticos existentes por aí ? Os inimigos e desafetos de Lula devem saber que quanto mais o perseguirem, mais o injustiçarem e mais o caluniarem com todas as suas perfídias - Só farão o Mito Lula crescer e se agigantar mais ainda. Sempre foi assim desde 1978 e Lula já entrou na História do Brasil como um dos Grandes. As seguidas derrotas eleitorais que Lula infligiu à direita e à extrema esquerda só consolidaram o nome de Lula nestes últimos 14 anos vitoriosos do PT. O PT antes de ser um partido político foi uma ideia e a sua vasta base social e política sempre estará disposta a resolver as diferenças pelos votos democráticos. Lula da Silva veio do fundo do povo brasileiro como o grande chefe civilista contemporâneo. Lula se confunde com mitos muito profundos e arcaicos da sociedade brasileira. O messianismo da Bandeira Vermelha do Divino e o estandarte de que ele voltará de novo e nascerá do povo ! Nunca houve momento tão especial e tão importante como na criação do nosso Estado há quase mil anos. O Estado do Brasil é o prolongamento guerreiro messiânico do Estado de Portugal. O messianismo sempre acompanhou a política na língua portuguesa e foi o que nos assegurou um território gigantesco nestes últimos séculos, com muito mais vitórias do que derrotas. Um Lula da Silva, cabra nordestino, da classe trabalhadora dos anos 1970, um Brasileiro renascido nas lutas políticas em quarenta anos de duros embates, com erros e acertos ! Lula da Silva representa as raízes profundas dos Cristãos X Mouros pós-modernos ! Como canta a música: Que o homem seja livre e que a justiça sobreviva ! Que seguiram a estrela guia, a bandeira segue em frente atrás de melhores dias !
Cae la nieve
ya tienen de qué hablar
padre e hijo

(de Shuson)
Cuando mi vida
atienda el crisantemo
se tranquiliza

(de Mizuhara Shuoshi)
En una brizna
de hierba se aposenta
el viento fresco

(de Kobayashi Issa)
A la intemperie,
se va infiltrando el viento
hasta mi alma

(de Matsuo Bashō)

Venganza moruna



Vicente Blasco Ibáñez

Casi todos los que ocupaban aquel vagón de tercera conocían a Marieta, una buena moza vestida de luto, que, con un niño de pechos en el regazo, estaba junto a una ventanilla, rehuyendo las miradas y la conversación de sus vecinas.

Las viejas labradoras la miraban, unas con curiosidad y otras con odio, a través de las asas de sus enormes cestas y de los fardos que descansaban sobre sus rodillas, con todas las compras hechas en Valencia. Los hombres, mascullando la tagarnina, lanzábanle ojeadas de ardoroso deseo.

En todos los extremos del vagón hablábase de ella relatando su historia.

Era la primera vez que Marieta se atrevía a salir de casa después de la muerte de su marido. Tres meses habían pasado desde entonces. Sin duda sentía miedo a Teulaí, el hermano menor de su marido, un sujeto que a los veinticinco años era el terror del distrito; un amante loco de la escopeta y la valentía que, naciendo rico, había abandonado los campos para vivir unas veces en los pueblos, por la tolerancia de los alcaldes, y otras en la montaña, cuando se atrevían a acusarle los que le querían mal.

Marieta parecía satisfecha y tranquila. ¡Oh, la mala piel! Con un alma tan negra, y miradla qué guapetona, qué majestuosa; parecía una reina.

Los que nunca la habían visto se extasiaban ante su hermosura. Era como las vírgenes patronas de los pueblos: la tez, con pálida transparencia de cera, bañada a veces por un oleaje de rosa; los ojos negros, rasgados, de largas pestañas; el cuello soberbio, con dos líneas horizontales que marcaban la tersura de la blanca carnosidad; alta, majestuosa, con firmes redondeces, que al menor movimiento poníanse de relieve bajo el negro vestido.

Sí, era muy guapa. Así se comprendía la locura de su pobre marido.

En vano se había opuesto al matrimonio la familia de Pepet. Casarse con una pobre, siendo él rico, resultaba un absurdo; y aún lo parecía más al saberse que la novia era hija de una bruja, y por tanto, heredera de todas sus malas artes.

Pero él firme que firme. La madre de Pepet murió del disgusto; según decían las vecinas, prefirió irse del mundo antes que ver en su casa a la hija de la Bruixa; y Teulaí, con ser un perdido que no respetaba gran cosa el honor de la familia, casi riñó con su hermano. No podía resignarse a tener por cuñada una buena moza que, según afirmaban en la taberna testigos presenciales (y allí la reunión era de lo más respetable), preparaba malas bebidas, ayudaba a sacar a su madre las mantecas a los niños vagabundos para confeccionar misteriosos ungüentos, y la untaba los sábados a media noche, antes de salir volando por la chimenea.

Pepet, que se reía de todo, acabó casándose con Marieta, y con esto fueron de la hija de la bruja sus viñas, sus algarrobos, la gran casa de la calle Mayor y las onzas que su madre guardaba en los arcones del estudi.

Estaba loco. Aquel par de lobas le habían dado alguna mala bebida, tal vez polvos seguidores, que, según afirmaban las vecinas más experimentadas, ligan para siempre con una fuerza infernal.

La bruja, arrugada, de ojillos malignos, que no podía atravesar la plaza del pueblo sin que los muchachos la persiguieran a pedradas, se quedó sola en su casucha de las afueras, ante la cual no pasaba nadie por la noche sin hacer la señal de la cruz. Pepet sacó a Marieta de aquel antro, satisfecho de tener como suya la mujer más hermosa del distrito.

¡Qué manera de vivir! Las buenas mujeres lo recordaban con escándalo. Bien se veía que el tal casamiento era por arte del Malo. Apenas si Pepet salía de su casa: olvidaba los campos, dejaba en libertad a los jornaleros, no quería apartarse ni un momento de su mujer; y las gentes, a través de la puerta entornada o por las ventanas siempre abiertas, sorprendían los abrazos; los veían persiguiéndose entre risotadas y caricias, en plena borrachera de felicidad, insultando con su hartura a todo el mundo. Aquello no era vivir como cristianos. Eran perros furiosos persiguiéndose, con la sed de la pasión nunca extinguida. ¡Ah, la grandísima perdida! Ella y la madre le abrasaban las entrañas con sus bebidas.

Bien se veía en Pepet, cada vez más flaco, más amarillo, más pequeño, como un cirio que se derretía.

El médico del pueblo, único que se burlaba de brujas, bebedizos y de la credulidad de la gente, hablaba de separarles como único remedio. Pero los dos siguieron unidos; él cada vez más decaído y miserable; ella engordando, rozagante y soberbia, insultando a la murmuración con sus aires de soberana. Tuvieron un hijo, y dos meses después murió Pepet lentamente, como luz que se extingue, llamando a su mujer hasta el último momento, extendiendo hacia ella sus manos ansiosas.

¡La que se armó en el pueblo! Ya estaba allí el efecto de las malas bebidas. La vieja se encerró en su casucha temiendo a la gente; la hija no salió a la calle en algunas semanas y los vecinos oían sus lamentos. Por fin, algunas tardes, desafiando las miradas hostiles, fue con su niño al cementerio.

Al principio le tenía cierto miedo a Teulaí, el terrible cuñado, para el cual matar era ocupación de hombres, y que, indignado por la muerte del hermano, hablaba en la taberna de hacer pedazos a la mujer y a la bruja de la suegra. Pero hacía un mes que había desaparecido. Estaría con los roders en la montaña, o los negocios le habrían llevado al otro extremo de la provincia. Marieta se atrevió, por fin, a salir del pueblo; a ir a Valencia para sus compras... ¡Ah, la señora! ¡Qué importancia se daba con el dinero de su pobre marido! Tal vez buscaba que los señoritos le dijesen algo, viéndola tan guapetona...

Y zumbaba en todo el vagón el cuchicheo hostil; las miradas afluían a ella, pero Marieta abría sus ojazos imperiosos, sorbía aire ruidosamente con gesto de desprecio, y volvía a mirar los campos de algarrobos, los empolvados olivares, las blancas casas, que huían trazando un círculo en torno del tren en marcha, mientras el horizonte inflamábase al contacto del sol, que se hundía entre espesos vellones de oro.

Detúvose el tren en una pequeña estación, y las mujeres que más habían hablado de Marieta se apresuraron a bajar, echando por delante sus cestas y capazos.

Unas se quedaban en aquel pueblo y se despedían de las otras, de las vecinas de Marieta, que aún tenían que andar una hora para llegar a sus casas.

La hermosa viuda, con el niño en brazos y apoyando en la fuerte cadera la cesta de las compras, salió de la estación con paso lento. Quería que la adelantasen en el camino aquellas comadres hostiles; que la dejasen marchar sola, sin tener que sufrir el tormento de sus murmuraciones.

En las calles del pueblo, estrechas, tortuosas y de avanzados aleros, había poca luz. Las últimas casas extendíanse en dos filas a lo largo de la carretera. Más allá veíanse los campos, que azuleaban con la llegada del crepúsculo, y a lo lejos, sobre la ancha y polvorienta faja del camino, marcábanse como un rosario de hormigas las mujeres que, con los fardos en la cabeza, marchaban hacia el inmediato pueblo, cuya torre asomaba tras una loma su montera de tejas barnizadas, brillantes con el último reflejo de sol.

Marieta, brava moza, sintió repentinamente cierta inquietud al verse sola en el camino. Este era muy largo, y cerraría la noche antes que llegase a su casa.

Sobre una puerta balanceábase el ramo de olivo, empolvado y seco, indicador de una taberna. Bajo de él, y de espaldas al pueblo, estaba un hombre pequeño, apoyado en el quicio y con las manos en la faja.

Marieta se fijó en él... Si al volver la cabeza resultase que era su cuñado, ¡Dios mío, qué susto! Pero segura de que estaba muy lejos, siguió adelante, saboreando la cruel idea del encuentro, por lo mismo que lo creía imposible, temblando al pensar que fuese Teulaí el que estaba a la puerta de la taberna.

Pasó junto a él sin levantar los ojos.

-Buenas tardes, Marieta.

Era él... Y la viuda, ante la realidad, no experimentó la emoción de momentos antes. No podía dudar. Era Teulaí, el bárbaro de sonrisa traidora, que la miraba con aquellos ojos más molestos y crueles que sus palabras.

Contestó con un ¡hola! desmayado, y ella, tan grande, tan fuerte, sintió que las piernas le flaqueaban y hasta hizo un esfuerzo para que el niño no cayera de sus brazos.

Teulaí sonreía socarronamente. No había por qué asustarse. ¿No eran parientes? Se alegraba del encuentro; la acompañaría al pueblo, y por el camino hablarían de algunos asuntos.

-Avant, avant -decía el hombrecillo.

Y la mocetona siguió tras él, sumisa como una oveja, formando rudo contraste aquella mujer grande, poderosa, de fuertes músculos, que parecía arrastrada por Teulaí, enteco, miserable y ruin, en el cual únicamente delataban el carácter los alfilerazos de extraña luz que despedían sus ojos. Marieta sabía de lo que era capaz. Hombres fuertes y valerosos habían caído vencidos por aquel mal bicho.

En la última casa del pueblo una vieja barría canturreando su portal.

-¡Bòna dòna, bòna dòna! -gritó Teulaí.

La buena mujer acudió, tirando la escoba. Era demasiado célebre el cuñado de Marieta en muchas leguas a la redonda para no ser obedecido inmediatamente.

Cogió al niño de brazos de su cuñada, y sin mirarlo, como si quisiera evitar un enternecimiento indigno de él, lo pasó a los brazos de la vieja, encargándole su cuidado... Era asunto de media hora: volverían pronto por él, en cuanto terminasen cierto encargo.

Marieta rompió en sollozos y se abalanzó al niño para besarle. Pero su cuñado tiró de ella.

-Avant, avant.

Se hacía tarde.

Subyugada por el terror que inspiraba aquel hombrecillo venenoso a cuantos le rodeaban, siguió adelante, sin el niño y sin la cesta, mientras la vieja, santiguándose, se apresuraba a meterse en casa.

Apenas si se distinguían como puntos indecisos en el blanco camino las mujeres que marchaban al pueblo. Los pardos vapores del anochecer extendíanse a ras de los campos, la arboleda tomaba un tono de oscuro azul, y arriba, en el cielo, de color violeta, palpitaban las primeras estrellas.

Continuaron en silencio algunos minutos, hasta que Marieta se detuvo con una decisión inspirada por el miedo... Lo que tuviera que decirle, lo mismo podía ser allí que en otra parte. Y la temblaban las piernas, balbuceaba y no se atrevía a alzar los ojos por no ver a su cuñado.

A lo lejos sonaban chirridos de ruedas; voces prolongadas se llamaban a través de los campos, rasgando el silencioso ambiente del crepúsculo.

Marieta miraba con ansiedad el camino. Nadie. Estaban solos ella y su cuñado.

Este, siempre con su sonrisa infernal, hablaba con lentitud... Lo que tenía que decirle era que rezase; y si sentía miedo, podía echarse el delantal por la cara. A un hombre como él no le mataban un hermano impunemente.

Marieta se hizo atrás, con la expresión aterrada del que despierta en pleno peligro. Su imaginación, ofuscada por el miedo, había concebido antes de llegar allí las mayores brutalidades; palizas horrorosas, el cuerpo magullado, la cabellera arrancada, pero... ¡rezar y taparse la cara! ¡Morir! ¡Y tal enormidad dicha tan fríamente!...

Con palabra atropellada, temblando y suplicante, intentó enternecer a Teulaí. Todo eran mentiras de la gente. Había querido con el alma a su pobre hermano, le quería aún; si había muerto fue por no creerle a ella, a ella que no había tenido valor para ser esquiva y fría con un hombre tan enamorado.

Pero el valentón la escuchaba acentuando cada vez más su sonrisa, que era ya una mueca.

-¡Calla, filla de la Bruixa!

Ella y su madre habían muerto al pobre Pepet. Todo el mundo lo sabía; le habían consumido con malas bebidas... Y si él la escuchaba ahora sería capaz de embrujarlo también. Pero no; él no caería como el tonto de su hermano.

Y para probar su firmeza de hiena, sin otro amor que el de la sangre, cogió con sus manos huesosas la cara de Marieta, la levantó para verla más de cerca, contemplando sin emoción las pálidas mejillas, los ojos negros y ardientes que brillaban tras las lágrimas.

-¡Bruixa... envenenaora!

Pequeñín y miserable en apariencia, abatió de un empujón a la buena moza; hizo caer de rodillas aquella soberbia máquina de dura carne, y retrocediendo buscó algo en su faja.

Marieta estaba anonadada. Nadie en el camino. A lo lejos los mismos gritos, el mismo chirriar de ruedas: cantaban las ranas en una charca inmediata; en los ribazos alborotaban los grillos, y un perro aullaba lúgubremente allá en las últimas casas del pueblo. Los campos hundíanse en los vapores de la noche.

Al verse sola, al convencerse de que iba a morir, desapareció toda su arrogancia de buena moza; se sintió débil como cuando era niña y le pegaba su madre, y rompió en sollozos.

-¡Mátam, mátam! -gimió echándose a la cara el negro delantal, enrollándolo en torno de su cabeza.

Teulaí se acercó a ella impasible, con una pistola en la mano. Aún oyó la voz de su cuñada gimiendo a través de la negra tela con lamentos de niña, rogándole que la rematase pronto, que no la hiciera sufrir intercalando sus súplicas entre fragmentos de oraciones que recitaba atropelladamente. Y como hombre experimentado, buscó con la boca de la pistola en aquel envoltorio negro, disparando los dos cañones a la vez.

Entre el humo y los fogonazos viose a Marieta erguirse como impulsada por un resorte y desplomarse con un pataleo de agonía que desordenó sus ropas.

En la masa negra e inerte quedaron al descubierto las blancas medias de seductora redondez, estremeciéndose con el último estertor.

Teulaí, tranquilo como hombre que a nadie teme y cuenta en último término con un refugio en la montaña, volvió al inmediato pueblo en busca de su sobrino, satisfecho de su hazaña.

Al tomar al pequeñuelo de manos de la aterrada vieja, casi lloró.

-¡Pobret! ¡pobret meu! -dijo besándole.

Y su conciencia de tío inundábase de satisfacción, seguro de haber hecho por el pequeño una gran cosa.


FIN

quinta-feira, 11 de fevereiro de 2016

El barrio - Cuando el rio suena



Que extraño silencio en mi alma,
Que oscura la luz de mis ojos,
Me asusta tener esta calma,
Me da que el destino me ha puesto un cerrojo.

Te miro y no te conozco, presiento que no eres la misma,
Te analizo y te veo de reojo rotundamente distinta.

Que pena de ver mi persona, como se ha enraizao a tu cama,
Y pa tu pelo una hermosa corona y pa mi cabeza manojos de canas.

El sol entra por mi ventana, el día corrige la aurora,
El sudor empapa mi cama y mi almohada se siente muy sola.

Como el novio de la muerte, he defendio lo indefendible,
Siempre con miedo a perderte, siempre hablandote sensible,
He jugado con mi suerte de manera incomprensible.
Siempre midiendo las palabras, siempre con buenas maneras,
Siempre con abracadabra pa tus pintas de embustera.
Y pa tus crueles miradas, dueñas de toas mis cegueras.

Te vas, soy una sombra de tristeza arrumbaito en el olvio,
Ya no te vale siquiera lo mucho que te he querio,
Se respira en el ambiente que tu cariño ha adormecio.

Te vas, y me quedo tan solo con mi soledad,
Hablo con mi almohada, nadie sabe contestar
Que los desengaños siempre son pa el que más da.

Es tanto lo que te quiero,
Que me conformo con ser una orquillita pa tu pelo.

Y mira si yo a tí te quiero...
Pero hoy está pa mí, no señalo a nadie, no me gusta señalar,
Pienso que el destino me ha elegido al azar
Hoy esta pa mí (tris)
Tal vez con el mañana me tenga yo que alegrar ,
De haber pasao por alto las locuras del sufrir,
Hoy está pa mi (tris)
Me voy con paso firme , sin volver la cara atrás ,
Dicen que si te vuelves solo haces recordar
Cuando eras muy feliz .

Hoy está pa mí (bis)

Haré que tu egoísmo nunca me vea llorar
Veras que en mis facciones solo ves el sonreír

Hoy esta pa mi (bis)

Obrajes e mensus

Quando a expedição comandada pelo tenente engenheiro José Joaquim Firmino chegou em 22 de novembro de 1889 na foz do rio Iguaçu encontrou uma terra dominada por empresas concessionárias da exploração de erva-mate e madeira de lei. Nos obrajes, o trabalho era escravo e os trabalhadores, suas mulheres e filhos eram tratados com violência.

Os mensus, uma derivação do espanhol mensualista, eram a mão-de-obra quase absoluta empregada nos trabalhos de extração. Sua arregimentação era feita pela força e eles deviam obediência irrestrita aos obrajeros e seus capatazes, verdadeiros monarcas, com poder de vida e morte sobre os trabalhadores.

Essa situação perdurou mesmo depois da instalação da Colônia Militar. As autoridades constituídas da Colônia atuavam sempre em defesa dos donos dos obrajes.

Arthur Martins de Franco, em suas Recordações de viagem ao Alto Paraná, conta que o Tenente Pimenta de Araújo, comandante da força pública, para melhor castigar os peões que caiam em seu desagrado, mandara colocar dentro de um dos quartos da casa, que servia de cadeia, uma caixa grande onde cabia uma pessoa de cócoras ou mal sentada e dentro dela mandava prender quem desejava castigar.

A arbitrariedade e a corrupção não se restringiam unicamente à força policial.Segundo ainda Martins de Franco muitos oficiais encarregados de administrar a Colônia Militar agiam de maneira, no mínimo incorreta, fazendo vistas grossas ao que acontecia nos obrajes.

A violência, corriqueira nos acampamentos madeireiros e de extração da erva-mate, não era contestada pelos mensus. Fracos, descalços, eles passavam meses embrenhados no mato. Fugir era impossível. Quem se aventurava acabava boiando nas águas do rio Paraná ou preso na caixa do Tenente Pimenta. A vigilância sobre eles era severa e constante.

Os atos de violência mais contundentes ocorriam na hora do acerto de contas. Os mensus estavam sempre devendo para o patrão. Esse endividamento constante e progressivo aumentava o grau de dependência, que já começava na contratação do peão. Ao começar a trabalhar a peonada recebia um adiantamento, chamado de antecipo. O dinheiro era dado a peonada antes do embarque para os futuros locais de trabalho. As embarcações atrasavam de propósito até cinco dias e durante esse tempo os peões gastavam todo o antecipo com mulheres e bebidas e já chegavam no obraje devendo para o patrão. O desgraçado do trabalhador nunca mais conseguia pagar o que havia recebido.

* Aluizio Palmar é jornalista em Foz do Iguaçu. http://aluiziopalmar.blogspot.com/

http://aluiziopalmar.blogspot.com.br/2016/01/obrajes-e-mensus.html


A Cidade e as Serras

Na Natureza nunca eu descobriria um contorno feio ou repetido! Nunca duas folhas de hera, que, na verdura ou recorte, se assemelhassem! Na Cidade, pelo contrário, cada casa repete servilmente a outra casa; todas as faces reproduzem a mesma indiferença ou a mesma inquietação; as ideias têm todas o mesmo valor, o mesmo cunho, a mesma forma, como as libras; e até o que há mais pessoal e íntimo, a ilusão, é em todos idêntica, e todos a respiram, e todos se perdem nela como no mesmo nevoeiro… A mesmice – eis o horror das cidades!

- Eça de Queiroz
Carnaval de sucesso na plena normalidade política e estética. Baile dos mascarados. Escola de Samba Mocidade Independente do bicheiro Castor de Andrade falar de corrupção é como a grande mídia-PIG, o japonês bonzinho do contrabando, a justiça demorou e desmoronou enviesada pelo Banestado, o PSDB do governo Richa nas operações Publicano e Quadro Negro, a quinta categoria de colunistas, as pesquisas de opinião fajutas direcionadas pelos mesmos interesses milionários, afinal eles são os milhões de Cunhas impunes e até a pelada do impeachment foi expulsa do trajeto.

Ricardo Costa de Oliveira

O mundo passou e Carolina não viu...
O verso de Chico Buarque vem à mente quando vc nota certos atos que eram tolerados até um tempo atrás, e de repente deixam de sê-lo.
O primeiro caso é o do Bar Quitandinha, em SP, no qual gerente e policiais foram tolerantes com clientes que assediaram duas moças - e ríspidos com elas. Mais de cem mil protestos depois, o Bar fechou para o carnaval. Seu prejuízo pode ser enorme. Uma marca pode ser destruída, simplesmente porque sua gerência ou mesmo seus donos não viram que o mundo mudou, e que ações que antes eram encobertas agora podem gerar reações fortes na sociedade.
Este é um alerta importante para quem pensa que pode dizer qualquer coisa, sem atentar para as consequências.
Ainda há muito machismo, muito desrespeito, mas quem os pratica ou com eles é conivente pode correr riscos sérios. Inclusive no bolso.

No caso específico, não dá mais para tocar um negócio sem estar alerta a esses riscos. E, melhor do que depois gastar dinheiro com advogado, gestor de riscos e publicitário, é antes disso se preparar para este mundo novo.

Renato Janine Ribeiro

Las Cuarenta - Adriana Varela

Carlos Gardel - Mi noche triste (1930)

Garúa - Pedro Laurenz - Alberto Podesta

LO MEJOR DE ENRIQUE CADICAMO - ORQUESTAS Y CANTORES

Juanjo Dominguez - Serie de Oro (Full álbum)

segunda-feira, 1 de fevereiro de 2016

Um romance de geração

Entrevista | Fernando Bonassi

Um romance de geração

Em novo livro, escritor Fernando Bonassi faz uma radiografia da ascenção e queda de uma classe social pela via do consumo

Luiz Rebinski e Marcio Renato dos Santos

Há 5 anos, Fernando Bonassi começou a elaborar uma narrativa a respeito do Brasil, “país que se deitou embriagado, sonhou um pesadelo previsível, sem graça, e acordou sufocado, endividado até o pescoço”. O resultado acaba de se materializar no romance Luxúria que, de acordo com o autor, trata “dessa confusão entre cidadania e consumo e endividamento, típica do que aconteceu nos últimos anos. Transformamos os desgraçados em consumidores sem que se tornassem cidadãos.” Luxúria apresenta a ruína de uma família, de um operário que pretende construir uma piscina no quintal de sua casa. Mas o livro trata, simultaneamente, de várias questões, entre as quais, o tempo. “O tempo é a substância básica de Luxúria. O tempo vendido e comprado, o tempo usado, o tempo jogado fora, mal aproveitado, arremessado na cara de quem não tem por aquele que é o seu dono, seu feitor, o tempo que eu roubo de você para que sobre tempo para mim”, diz o autor que, nesta entrevista, também fala sobre a sua trajetória, que inclui outras obras literárias e roteiros para TV e cinema, como os longas-metragens Cazuza — O tempo não para (2004) e Carandiru (2003). “Reconheço que estraguei algumas boas ideias de romance, novela ou conto para escrever uma sinopse de afogadilho, cenas banais de seriados e de longas-metragens. Às vezes as necessidades da sobrevivência te obrigam a dispor de forma leviana de algo muito querido e acalentado. Mas a vida é isso também. Estou disponível pro jogo. Sem mágoas”, afirma Bonassi, 53 anos.

Quando, em que momento, você teve o insight, o ponto de partida, para elaborar Luxúria? Desse primeiro momento até entregar o arquivo para a editora, quanto tempo se passou? Reescreveu quantas vezes? Colegas leram, deram algumas sugestões? Como foi, enfim, o processo de idealizar e escrever o romance?
Eu andava com vontade de escrever algo sobre a profunda frustração que viveu a minha geração. Eu me refiro àquelas pessoas que nasceram na primeira metade dos anos 1960 e que assistiram às várias promessas de civilização que foram sendo feitas e traídas pela venalidade cotidiana do nosso violento, autodestrutivo e autodepreciativo, fazer político: tentamos eleger um presidente de maneira direta, mas a ditadura só nos permitiu o colégio eleitoral; o menos ruim daqueles que concorreram ao colégio eleitoral venceu, mas teve o mal gosto de morrer antes de assumir, vivemos a era Sarney, as funestas e cosméticas presenças de Collor e de Itamar Franco, depois assistimos a cinco mandatos de governos eleitos pelo povo alienarem os seus mais caros ideais democráticos e de igualdade social e governarem reféns dos partidos derrotados, em alianças de bandidos num congresso de criminosos retroalimentado pelo tesão de permanecer no Estado... É um paisinho de merda, não é, parceiro? Também queria tratar dessa confusão entre cidadania e consumo e endividamento, típica do que aconteceu nos últimos anos. Transformamos os desgraçados em consumidores sem que se tornassem cidadãos. Também fui operário, minha antiga atividade (ajustagem mecânica), por exemplo, entrou em extinção faz tempo: as máquinas realizam melhor o serviço do que o melhor dos operários. Os homens são desnecessários, e nunca houve tanto conforto disponível. Fácil, falso, mas disponível, e todos acreditaram. Queria tratar de um país que se deitou embriagado, sonhou um pesadelo previsível, sem graça, e acordou sufocado, endividado até o pescoço. A desgraça de um operário que tenta construir uma piscina em sua casa e é vencido pela insurreição dos elementos de seu mundo, me pareceu um maravilhoso microcosmo, grotesco, do que fizemos de nós próprios. É uma literatura do que está acontecendo, embora o romance tenha começado a ser escrito faz 5 anos. A história tornou-se tristemente atual, isso é indiscutível. Luiz Ruffato foi o único leitor do original e deu sugestões importantes, que eu usei nas várias vezes em que reescrevi a narrativa. O livro teve umas boas cinco versões, com mudanças substantivas em cada uma delas, até chegar a esta última.

Há quem diga que a primeira frase deve definir, sintetizar o romance e, em Luxúria, a narração começa da seguinte maneira: “É um momento histórico de prosperidade num país acostumado a viver na merda.” Para quem ainda não leu e mesmo para quem já conhece, considera que a primeira frase faz uma apresentação da proposta de Luxúria?
Acho que sim. Neste sentido a frase é uma ótima síntese. O romance trata justamente da construção desse imaginário que nos envolveu e embriagou nos últimos tempos. Vivemos a falsa ilusão de que tínhamos resolvido tudo porque os miseráveis estavam comprando carro popular e viajando de avião. É claro que é maravilhoso que todos os cidadãos brasileiros disponham de bens e vivam os prazeres e lazeres de uma viagem. No entanto, não conseguimos superar esta fase infantil de nosso pseudodesenvolvimento. Os governos de esquerda não realizaram a promessa de redução das diferenças em níveis consideráveis. Governaram como governou desde sempre a direita, apresentando resultados práticos, mantendo a injustiça social perto do intolerável, jogando no lixo os valores que os levaram ao poder. Na hora em que sobrevém a crise e o desemprego, sobram dívidas, quando deveria ter havido educação integral e de qualidade e compreensão cultural das coisas do mundo em que vivemos, antes. Ademais a imprensa e o governo estão cagando para os livros. Luxúria também trata disso.

Luxúria apresenta uma família que, a partir das possibilidades do crédito fácil, vai flertar com a sugestão de paraíso, via consumo, e, em seguida, pagar a conta. Como foi criar esses personagens, o pai operário, a esposa dependente de antidepressivos e o filho adolescente? Elaborou a partir de pesquisa e observação?
Digo que o livro é lamentavelmente sobre pessoas e acontecimentos reais e não minto. Percebi cedo que vinha de uma cepa de vermes preguiçosos, estelionatários e puxa-sacos que sempre preferiram encostar-se num sofá, de preferência com um copo de cachaça, a ler um livro, gente que sempre olhou a ousadia e o progresso, com desconfiança e medo. Observo estas péssimas qualidades por onde ando, também, especialmente entre os paulistanos à minha volta, na violência de nossa polícia e do trânsito da cidade de São Paulo, nas cadeias administradas pelo crime organizado na cidade mais rica do país, na cegueira cultural, histórica e política do cidadão comum. O desleixo de alunos e professores com o verdadeiro ensino. Livre, em tempo integral, laico... Estamos um traste. E não é preciso pesquisar muito para notar estes personagens: basta abrir os olhos e os ouvidos. Nossa degradação é progressiva, insistente, inexorável até a burrice final.

Ao comprar uma piscina, a vida do operário ferramenteiro, o super- -herói do relato, vai mudar, para sempre. A tentativa de instalação da piscina no quintal da casa vai ocupar parte significativa deLuxúria. O livro traz informações detalhadas, por exemplo, o que se lê na página 273: “A malha de aço, a portuguesa, mas quadrada, ou retangular, num rococó reto e definido por ângulos recortados. Cada quatro ferros de oito e cada estribo de quatro milímetros são amarrados quatro vezes entre eles, em cada ângulo reto da junção. Cada figura se gruda numa outra, gêmea, espelhada. Do mesmo tamanho.” Você pesquisou sobre o assunto? Consultou manuais? Entrevistou profissionais da área? A ideia foi provocar um efeito irônico?
O mundo do trabalho não requereu pesquisa nenhuma, pois fiz o curso de ajustagem mecânica numa unidade do Serviço Nacional de Aprendizagem Industrial (SENAI), numa fábrica de engrenagens do ABC paulista (A ZF de São Caetano) em meados dos anos 1970, além de conviver numa família de operários metalúrgicos reacionários, brutos e semialfabetizados (sabiam contar dinheiro e calcular ângulos simples nos tornos, nada mais). Já a construção de piscinas, seus tipos e seu funcionamento, isso sim me interessou pesquisar e colhi algumas pastas de dados. Descobri coisas engraçadas e aterradoras. Usei muita coisa.

O capítulo 12 — “Recorde de acessos na semana” — traz praticamente a descrição de um vídeo, a decupagem de um audiovisual. Neste caso, você se valeu do seu conhecimento de com TV e cinema para incluir a linguagem de roteiro dentro do romance?
Sou um escritor que teve a vantagem de viver num momento histórico em que há diversas mídias que ainda necessitam desta coisa antiga, mas sofisticadíssima, que é a dramaturgia, a literatura, enfim. Roteiro e livro tem naturezas diferentes, mas brincar com as conexões entre as suas linguagens específicas, é parte do meu prazer e interesse estético, desde sempre. Posso fazer você “visualizar uma cena” num livro; ou fazer o espectador ouvir determinado texto, viver certa emoção literária num filme. São questões que cada modalidade de arte impõe aos verdadeiros criadores todos os dias, aliás.

Antes do fim do livro, há uma sequência de capítulos com linguagens diferentes entre si, mas que, de maneira geral, funcionam — o efeito, para o leitor, é surpreendente. O capítulo 71 traz a narração presente em grande parte de Luxúria, o narrador em terceira pessoa apresentando uma situação dramática. Já o capítulo 72, a exemplo do que foi perguntado na questão anterior, mostra quase a decupagem de um audiovisual. O capítulo 73 é uma carta de demissão. A sua estratégia, para conduzir Luxúria, foi, enfim, fazer uma mistura, uma mescla, de opções narrativas?
Aprecio a ideia de narrar usando documentos (como a carta de demissão, por exemplo), que substituem, ou melhor, que incluem em si próprios, uma narrativa. O fato de os capítulos representarem abordagens diferentes, tem à ver com o meu gosto pelas diversas linguagens que compõem a arte e a vida. Sempre gostei de cinema, troço cosmopolita em essência, e de cultura pop em geral. Aprendi filosofia com a Nouvelle Vague, política com Eisenstein e o Cinema Novo, geografia e história com o Rock´n´Roll e assim por diante.

Em Luxúria há, na falta de palavra/ expressão mais precisa, alguns núcleos: a casa da família, a empresa, a escola, a rua e a igreja. Esses são, ou podem ser, os espaços, os cenários, em que personagens da realidade — em diálogo com os personagens que aparecem no livro — circulam neste Brasil onde teve crédito fácil em tempos recentes?
Na verdade, meus personagens são, tragicamente, “limitados” por estes núcleos/ cenários. A vida da maioria dos meus sempre foi um deslocamento entre o trabalho, lugar de sofrimento, e a casa, lugar de solidão. A religião é triste e punitiva. O serviço a prestar uma repetição tola e infinita. Os prazeres sexuais e gastronômicos limitados, a insegurança material e espiritual constante. Culpa, cobrança, inveja, desprezo pela liberdade, mesquinhez, desalento. A impressão generalizada é que se recebe pouco por andar dentro da lei. É um caldo de cultura péssimo este em que estamos submersos, e que vai nos levar à autodestruição em poucas décadas, é quase certo.

O tempo é uma questão em Luxúria: “Na fábrica o relógio anda para trás, na escola o relógio não anda e em casa o relógio anda para o lado.” (Sem mencionar a última, e arrebatadora frase do romance) os personagens de Luxúria são engolidos pelo tempo?
O tempo é a substância básica de Luxúria. O tempo vendido e comprado, o tempo usado, o tempo jogado fora, mal aproveitado, arremessado na cara de quem não tem por aquele que é o seu dono, seu feitor, o tempo que eu roubo de você para que sobre tempo para mim. As relações de trabalho, em países pobres, burros e violentos como o nosso, são extremamente danosas para quem não estudou e ganha pouco. O tempo dessas pessoas é um tempo inferior ao dos outros, os que acham que podem fazer o que querem... Mas esta destruição do tempo, essa banalização do tempo, no livro, é uma de suas partes artísticas mais bem-sucedidas, na minha opinião. Acho verdadeiro aquilo que está lá, conheço bem a perversidade, vivi e fui vivido por aquilo, fui humilhado e humilhei dentro daqueles moldes.

A relação entre os personagens de Luxúria é marcada pela tensão, há hostilidade e violência no convívio, seja entre os membros da família ou outros personagens. Os brasileiros, os humanos, são violentos? Essa é a característica que pode nos definir?
Violência é o traço de convivência que define sociedades e países que desprezam a cultura, o ensino que aproxima o aprendizado das várias gerações e os valores civilizatórios em geral, como é o caso do Brasil, em que educação é merda até para os altos burocratas pau-mandados da educação privada que, em São Paulo, por exemplo, advogam o ensino técnico. Eu pergunto: quem vai dizer ao jovem: pare de conhecer, de se interessar e ampliar seus horizontes e vá para a primeira linha de montagem que o aceitar, apertar parafusos? Ridículos estes homens de poder, são ridículos e jurássicos todos eles...

Thor, o cachorro de estimação da família do operário ferramenteiro, tem espaço, e destaque, em Luxúria. Um dos mercados que mais crescem entre as micro e pequenas empresas é o dos pet shops. Há pensatas sobre a relação entre cachorro e ser humano no romance. A relevância dos cães é cada vez mais no Brasil contemporâneo?
Fiz a experiência de tentar doar um cão na Internet e quase fui linchado. Os cães domésticos costumam preencher o vazio moral, sexual e amoroso dos seus proprietários e este livro apenas esboça um quadro, muito tênue, disso. Nada demais.

Você estreou com o livro de poesia Fibra ótica, ainda nos anos 1980. Desde então, escreveu coletâneas de contos, romances, histórias infantojuvenis, peças de teatro e roteiros para o cinema e a TV. Como você entrou e se adaptou a tantos gêneros, que, apesar de utilizarem a mesma matriz — a palavra — são idiossincraticamente diferentes?
Como já anotei, faço parte de uma geração em que as mídias se abriram para o texto. Vindo de um ambiente operário eu sabia que devia fazer algo que me permitisse pagar as contas. A ideia e a vontade de vender meu texto, de entrar em embates criativos com a indústria cultural, me levou a me interessar e praticar diversas linguagens. Estar preparado para enfrentar as encomendas sem sofrer, mas produzindo o melhor possível.

Em alguns de seus projetos, seja na literatura ou no teatro, há uma clara tentativa de subverter a linguagem, mas, ao mesmo tempo, sempre com o objetivo de “contar” uma história. Como você dosa a vontade de transgredir, inerente a maior parte dos escritores, com o princípio básico da literatura, que é a narrativa?
A melhor solução de prosa, portanto estamos no campo da narrativa, para mim, é aquela que contempla a linguagem, que apresenta o que há para ser expresso sob uma forma que determina seu conteúdo, que o torna muito específico, e único, e ao mesmo tempo, dotada de beleza e força poética, de verdade ficcional, em todos os seus detalhes. Parece teórico. E não é muito simples mesmo. Arte é originalidade. Foda de alcançar.

Você se envolveu com roteiro de cinema e TV, algo que consome tempo e ideias. E também não é um escritor apenas de livros, trafega em outras linguagens. Isso, de alguma forma, atrapalhou sua carreira como ficcionista (contista e romancista)?
Sim, atrapalhou. Hoje, com 53 anos a agilidade mental não é a mesma, reconheço que estraguei algumas boas ideias de romance, novela ou conto para escrever uma sinopse de afogadilho, cenas banais de seriados e de longas-metragens. Às vezes as necessidades da sobrevivência te obrigam a dispor de forma leviana de algo muito querido e acalentado. Mas a vida é isso também. Estou disponível pro jogo. Sem mágoas.

Até a década de 1980, o escritor, em geral, se tornava jornalista, professor ou funcionário público para ganhar a vida. Hoje há muitas outras possibilidades, como a produção audiovisual, a internet, etc. Para você, a televisão (e o cinema, em menor medida) é apenas uma forma de ganhar a vida ou é uma atividade que também te completa como criador?
É uma atividade para ganhar a vida que amoleceu e tornou muito mais versátil o meu texto literário.

Vários de seus livros falam sobre a periferia. Mas uma periferia menos miserável, pelo menos economicamente, se comparada aos morros cariocas. É a classe média baixa, o trabalhador com emprego, mas que ganha pouco. Praticamente o mesmo tema dos livros do escritor Luiz Ruffato. Vê semelhanças entre a sua produção e a dele?
Nossas literaturas, com todas as nossas diferenças formais, políticas, pessoais e estilísticas, abordam este mesmo lugar e tempo, que foi a transformação do Brasil do século XX, aquele país em que se “amarrava cachorro com linguiça”, neste em que vivemos agora, de alta tecnologia e alta miséria em permanente coexistência. O Ruffato leu isto com uma voz e uma poética incomuns. Eles eram muitos cavalos é grande, é porrada, já tem o seu lugar na História.

Você e Marçal Aquino foram parceiros em diversos projetos, por exemplo, na série Força tarefa, da TV Globo. Ele é o escritor com quem tem mais afinidade? Como surgiu essa parceria?
Marçal Aquino e eu formamos uma dupla de criação em que o respeito mútuo e a prevalência do que é melhor, guia o trabalho. Trabalhamos ombro a ombro na casa dele (tenho duas filhas pequenas e um tanto barulhentas, na minha casa, no momento), decidindo a cada passo o que é melhor e mais original para o que escrevemos, nas condições e para o público que almejamos. Marçal tem um repertório e memória incríveis. Dá muito conforto trabalhar com um artista assim. Eu faço o que eu gosto; me divirto fabulando, inventando, e depois encontrando palavras para descrevê-lo. Não é ruim.

E falando de geração, que avaliação você faz da sua própria geração e, em geral, do cenário literário brasileiro? Além dos meios de publicação, o que mudou dos anos 1980 pra cá em termos literários?
Minha geração... Cacete, o que é isso? Quem somos? Bem, há certa diversidade, pelo menos. E uma impressão de leitor/escritor que fomos um tanto inúteis, nos rendemos aos prazeres fáceis da indústria cultural, da conivência com uma política de criminosos, não retratamos o que fizemos de nós todos e o que todos nós fizemos do país, dos sonhos, dos pesadelos e dos abortos... Eu gostaria de dizer “fomos considerados indigestos pelos autoritários e ousados diante dos poderosos”, mas não acho que seja o nosso caso. Hoje em dia, de todo modo, é bem mais fácil publicar. O livro ficou barato. E há os incentivos fiscais, os prêmios... Os blogs, que permitem exercício permanente. A tecnologia foi madrinha disso, felizmente. Os caras acima de 50, como eu, sabem que era mais complicado antes.

Para finalizar, você tem algum hábito diário, além de ler e escrever. Por exemplo, caminha? Vai em algum lugar olhar o movimento? Fica parado pensando? Um hábito que se repete e que você não abre mão? Caso sim, o que é?
Ando uma hora por dia, leio bons livros, vejo bons filmes e procuro me manter estimulado, artisticamente, conhecendo ou revisitando a obra de gente que me toca, me desafia, me incomoda, me tira de minha mesquinhez e do ramerrão cotidianos. Não é hábito, mas uma certa disciplina criativa: escrever um punhado de literatura, nem que seja um tiquinho, todos os dias.

(Cândido, Jornal da Biblioteca Pública do Paraná, dezembro de 2015)
http://www.candido.bpp.pr.gov.br/modules/conteudo/conteudo.php?conteudo=1009

domingo, 31 de janeiro de 2016

Oración

Miguel de Cervantes Saavedra

A Ti me vuelvo, gran Señor, que alzaste,
a costa de tu sangre y de tu vida,
la mísera de Adán primer caída
y adonde él nos perdió, Tú nos cobraste.

A Ti, Pastor bendito, que buscaste
de las cien ovejuelas, la perdida
y hallándola del lobo perseguida,
sobre tus hombros santos te la echaste.

A Ti me vuelvo en mi aflicción amarga
y a Ti toca, Señor, el darme ayuda,
que soy cordera de tu aprisco ausente

y temo que a carrera corta o larga,
cuando a mi daño tu favor no acuda
me ha de alcanzar esta infernal serpiente.
Fragmento de obra de teatro La Gran Sultana doña Catalina de Oviedo


Biblioteca Digital Ciudad Seva
“Acredito que as pessoas aprendem com os próprios erros e com o tempo. Acredito também que quem traiu uma vez e foi perdoado vai trair de novo. Acredito que aquelas pessoas que vivem falando mal dos outros vão falar mal de você com esses outros. Acredito que as pessoas só mudam por vontade própria e nunca pelo pedido de outra pessoa. Acredito que tudo que eu acredito hoje vai mudar com o tempo. E que, no futuro, talvez, eu acredite em menos coisas. Ou em nada mais.”

— Clarice Lispector.

Adam Przeworski

Adam Przeworski (pronúncia em polonês: [pʂɛˈvɔrskʲi]; 1940- ) é um cientista político e professor da Universidade de Chicago nascido na Polônia.

Seu método procura conciliar as análises macroestruturais com um individualismo metodológico e considera as ações dos indivíduos como dotadas de sentido racional. Isso significa que as práticas dos sujeitos não são condicionadas por forças estruturantes (economia, Estado, ideologia, classe social, etc) . Essa visão transformava os sujeitos sociais em massa de manipulação das estruturas - o político, o econômico e o ideológico.

Para Adam Przeworski, a prática desses atores sociais não parte de determinação estrutural, mas de escolhas entre alternativas disponíveis, o que caracteriza a teoria da escolha racional. Esse método tornou possível (e foi tornado possível por) o estudo de realidades em que suas condições estruturais haviam partido de acordos ou compromissos entre as distintas classes sociais e não de imposição de uma delas.

Tem o tema democracia como principal eixo de reflexão, em torno do qual não escapam estudos sobre o Estado, a social-democracia, representatividade, eleições, etc.
É autor da obra "Estado e Economia no Capitalismo", possuindo tradução para o português de Argelina Cheibud Figueiredo e Pedro Paulo Zahluth Bastos pela editora Relume Dumará - Rio de Janeiro.


Quando Nietzsche Chorou

“Eis um homem tão oprimido pela gravidade - sua cultura, sua posição, sua família -, que jamais conheceu sua própria vontade. Tão preso à conformidade, que parece espantado quando falo de escolha, como se estivesse falando uma língua estrangeira. Quando o confronto com o fato de que permitiu que sua vida fosse um acidente, ele nega a possibilidade de escolha. Ele me diz que ninguém imerso em uma cultura dispõe de escolha.
É curioso como ele teve o conceito ao seu alcance em uma idade precoce, mas nunca desenvolveu a visão para enxergá-lo Ele era o “rapaz infinitamente promissor” - como todos nós somos -, mas nunca entendeu a natureza de sua promissão. Ele nunca compreendeu que seu dever era aperfeiçoar a natureza, superar a si mesmo, sua cultura, sua família, seu desejo, sua natureza animalesca brutal, para se tornar quem ele foi. o que ele foi. Ele nunca cresceu, ele nunca se desvencilhou de sua primeira pele: ele confundiu a promissão com a realização de objetivos materiais e profissionais. E quando alcançou esses objetivos sem jamais ter aquietado a voz que dizia “Torna-te quem tu és”, recaiu no desespero e invectivou a peça nele pregada. Mesmo agora ele não capta a verdade!
Existe esperança para ele? Ele ao menos pensa sobre as questões corretas e não recorre a embustes religiosos. Mas é medroso demais. Como lhe ensinar a se tornar rijo? Ele uma vez contou que banhos frios ajudam a enrijar a pele. Haverá uma receita para enrijar a determinação? Ele chegou à percepção de que somos regidos não pelo desejo divino, mas pelo desejo do tempo. Ele percebe que a vontade é impotente contra o “assim se deu”. Terei a habilidade de lhe ensinar a transmutar o “assim se deu” no “assim o quis”?”

— Irvin Yalom,