segunda-feira, 28 de setembro de 2015

"Se tudo no mundo fosse sensato, nada aconteceria. Sem ti não haveria quaisquer acontecimentos, e é preciso que haja acontecimentos. E então trabalho a contragosto para que haja acontecimentos e crio o insensato cumprindo ordem. Os homens, a despeito de toda a sua indiscutível inteligência, tomam toda essa comédia por alguma coisa séria. Nisto reside sua tragédia. E então sofre, é claro, mas … em compensação, vivem apesar de tudo, vivem na realidade, não na fantasia; porque o sofrimento é que é vida. Sem sofrimento, que prazer poderia haver em viver? – tudo se transformaria num infinito 'Te Deum': é preciso uma coisa sagrada, porém meio chata. Bem, e eu? Sofro, e no entanto não vivo. Sou o x de uma equação indefinida. Sou uma espécie de espectro da vida, que perdeu todos os fins e princípios e acabou esquecendo até como se chama."

Dostoiévski, O Diabo: O Pesadelo de Ivan Fiodorovitch em Os Irmãos Karamazov.


quinta-feira, 24 de setembro de 2015

CANTO 81


fragmento
O que amas de verdade permanece,
o resto é escória
O que amas de verdade não te será arrancado
O que amas de verdade é tua herança verdadeira
Mundo de quem, meu ou deles
ou não é de ninguém?
Veio o visível primeiro, depois o palpável
Elísio, ainda que fosse nas câmaras do inferno,
O que amas de verdade é tua herança verdadeira
O que amas de verdade não te será arrancado
A formiga é um centauro em seu mundo de dragões.
Abaixo tua vaidade, nem coragem
Nem ordem, nem graça são obras do homem,
Abaixo tua vaidade, eu digo abaixo.
Aprende com o mundo verde o teu lugar
Na escala da invenção ou arte verdadeira,
Abaixo tua vaidade,
Paquin, abaixo!
O elmo verde superou tua elegância.
"Domina-te e outros te suportarão"
Abaixo tua vaidade
Tu és um cão surrado e largado ao granizo,
Uma pega inchada sob o sol instável,
Metade branca, metade negra
E confundes a asa com a cauda
Abaixo tua vaidade
Que mesquinhos teus ódios
Nutridos na mentira,
Abaixo tua vaidade,
Ávido em destruir, avaro em caridade,
Abaixo tua vaidade,
Eu digo abaixo.
Mas ter feito em lugar de fazer
isto não é vaidade
Ter, com decência, batido
Para que um Blunt abrisse
Ter colhido no ar a tradição mais viva
ou num belo olho antigo a flama inconquistada
Isto não é vaidade.
Aqui, o erro todo consiste em não ter feito.
Todo: na timidez que vacilou.
Ezra Pound

Tradução conjunta de Augusto e Haroldo de Campos e Décio Pignatari

La esperanza


Villiers de L'Isle Adam

Al atardecer, el venerable Pedro Argüés, sexto prior de los dominicos de Segovia, tercer Gran Inquisidor de España, seguido de un fraile redentor (encargado del tormento) y precedido por dos familiares1 del Santo Oficio provistos de linternas, descendió a un calabozo. La cerradura de una puerta maciza chirrió; el Inquisidor penetró en un hueco mefítico, donde un triste destello del día, cayendo desde lo alto, dejaba percibir, entre dos argollas fijadas en los muros, un caballete ensangrentado, una hornilla, un cántaro. Sobre un lecho de paja sujeto por grillos, con una argolla de hierro en el pescuezo, estaba sentado, hosco, un hombre andrajoso, de edad indescifrable.
Este prisionero era el rabí Abarbanel, judío aragonés, que -aborrecido por sus préstamos usurarios y por su desdén de los pobres- diariamente había sido sometido a la tortura durante un año. Su fanatismo, "duro como su piel", había rehusado la abjuración.

Orgulloso de una filiación milenaria -porque todos los judíos dignos de este nombre son celosos de su sangre-, descendía talmúdicamente de la esposa del último juez de Israel: Hecho que había mantenido su entereza en lo más duro de los incesantes suplicios.

Con los ojos llorosos, pensando que la tenacidad de esta alma hacía imposible la salvación, el venerable Pedro Argüés, aproximándose al tembloroso rabino, pronunció estas palabras:

-Hijo mío, alégrate: Tus trabajos van a tener fin. Si en presencia de tanta obstinación me he resignado a permitir el empleo de tantos rigores, mi tarea fraternal de corrección tiene límites. Eres la higuera reacia, que por su contumaz esterilidad está condenada a secarse... pero sólo a Dios toca determinar lo que ha de suceder a tu alma. ¡Tal vez la infinita clemencia lucirá para ti en el supremo instante! ¡Debemos esperarlo! Hay ejemplos... ¡Así sea! Reposa, pues, esta noche en paz. Mañana participarás en el auto de fe; es decir, serás llevado al quemadero, cuya brasa premonitoria del fuego eternal no quema, ya lo sabes, más que a distancia, hijo mío. La muerte tarda por lo menos dos horas (a menudo tres) en venir, a causa de las envolturas mojadas y heladas con las que preservamos la frente y el corazón de los holocaustos. Seréis cuarenta y dos solamente. Considera que, colocado en la última fila, tienes el tiempo necesario para invocar a Dios, para ofrecerle este bautismo de fuego, que es el del Espíritu Santo. Confía, pues, en la Luz y duerme.

Dichas estas palabras, el Inquisidor ordenó que desencadenaran al desdichado y lo abrazó tiernamente. Lo abrazó luego el fraile redentor y, muy bajo, le rogó que le perdonara los tormentos. Después lo abrazaron los familiares, cuyo beso, ahogado por las cogullas, fue silencioso. Terminada la ceremonia, el prisionero se quedó solo, en las tinieblas.

*

El rabí Abarbanel, seca la boca, embotado el rostro por el sufrimiento, miró sin atención precisa la puerta cerrada. "¿Cerrada?..." Esta palabra despertó en lo más íntimo de sus confusos pensamientos un sueño. Había entrevisto un instante el resplandor de las linternas por la hendidura entre el muro y la puerta. Una esperanza mórbida lo agitó. Suavemente, deslizando el dedo con suma precaución, atrajo la puerta hacia él. Por un azar extraordinario, el familiar que la cerró había dado la vuelta a la llave un poco antes de llegar al tope, contra los montantes de piedra. El pestillo, enmohecido, no había entrado en su sitio y la puerta había quedado abierta.

El rabino arriesgó una mirada hacia afuera.

A favor de una lívida oscuridad, vio un semicírculo de muros terrosos en los que había labrados unos escalones; y en lo alto, después de cinco o seis peldaños, una especie de pórtico negro que daba a un vasto corredor del que no le era posible entrever, desde abajo, más que los primeros arcos.

Se arrastró hasta el nivel del umbral. Era realmente un corredor, pero casi infinito. Una luz pálida, con resplandores de sueño, lo iluminaba. Lámparas suspendidas de las bóvedas azulaban a trechos el color deslucido del aire; el fondo estaba en sombras. Ni una sola puerta en esa extensión. Por un lado, a la izquierda, troneras con rejas, troneras que por el espesor del muro dejaban pasar un crepúsculo que debía ser el del día, porque se proyectaba en cuadrículas rojas sobre el enlosado. Quizá allá lejos, en lo profundo de las brumas, una salida podía dar la libertad. La vacilante esperanza del judío era tenaz, porque era la última.

Sin titubear se aventuró por el corredor, sorteando las troneras, tratando de confundirse con la tenebrosa penumbra de las largas murallas. Se arrastraba con lentitud, conteniendo los gritos que pugnaban por brotar cuando lo martirizaba una llaga.

De repente un ruido de sandalias que se aproximaba lo alcanzó en el eco de esta senda de piedra. Tembló, la ansiedad lo ahogaba, se le nublaron los ojos. Se agazapó en un rincón y, medio muerto, esperó.

Era un familiar que se apresuraba. Pasó rápidamente con una tenaza en la mano, la cogulla baja, terrible, y desapareció. El rabino, casi suspendidas las funciones vitales, estuvo cerca de una hora sin poder iniciar un movimiento. El temor de una nueva serie de tormentos, si lo apresaban, lo hizo pensar en volver a su calabozo. Pero la vieja esperanza le murmuraba en el alma ese divino tal vez, que reconforta en las peores circunstancias. Un milagro lo favorecía. ¿Cómo dudar? Siguió, pues, arrastrándose hacia la evasión posible. Extenuado de dolores y de hambre, temblando de angustia, avanzaba. El corredor parecía alargarse misteriosamente. Él no acababa de avanzar; miraba siempre la sombra lejana, donde debía existir una salida salvadora.

De nuevo resonaron unos pasos, pero esta vez más lentos y más sombríos. Las figuras blancas y negras, los largos sombreros de bordes redondos, de dos inquisidores, emergieron de lejos en la penumbra. Hablaban en voz baja y parecían discutir algo muy importante, porque las manos accionaban con viveza.

Ya cerca, los dos inquisidores se detuvieron bajo la lámpara, sin duda por un azar de la discusión. Uno de ellos, escuchando a su interlocutor, se puso a mirar al rabino. Bajo esta incomprensible mirada, el rabino creyó que las tenazas mordían todavía su propia carne; muy pronto volvería a ser una llaga y un grito.

Desfalleciente, sin poder respirar, las pupilas temblorosas, se estremecía bajo el roce espinoso de la ropa. Pero, cosa a la vez extraña y natural: los ojos del inquisidor eran los de un hombre profundamente preocupado de lo que iba a responder, absorto en las palabras que escuchaba; estaban fijos y miraban al judío, sin verlo.

Al cabo de unos minutos los dos siniestros discutidores continuaron su camino a pasos lentos, siempre hablando en voz baja, hacia la encrucijada de donde venía el rabino. No lo habían visto. Esta idea atravesó su cerebro: ¿No me ven porque estoy muerto? Sobre las rodillas, sobre las manos, sobre el vientre, prosiguió su dolorosa fuga, y acabó por entrar en la parte oscura del espantoso corredor.

De pronto sintió frío sobre las manos que apoyaba en el enlosado; el frío venía de una rendija bajo una puerta hacia cuyo marco convergían los dos muros. Sintió en todo su ser como un vértigo de esperanza. Examinó la puerta de arriba abajo, sin poder distinguirla bien, a causa de la oscuridad que la rodeaba. Tentó: Nada de cerrojos ni cerraduras. ¡Un picaporte! Se levantó. El picaporte cedió bajo su mano y la silenciosa puerta giró.

*

La puerta se abría sobre jardines, bajo una noche de estrellas. En plena primavera, la libertad y la vida. Los jardines daban al campo, que se prolongaba hacia la sierra, en el horizonte. Ahí estaba la salvación. ¡Oh, huir! Correría toda la noche, bajo esos bosques de limoneros, cuyas fragancias lo buscaban. Una vez en las montañas, estaría a salvo. Respiró el aire sagrado, el viento lo reanimó, sus pulmones resucitaban. Y para bendecir otra vez a su Dios, que le acordaba esta misericordia, extendió los brazos, levantando los ojos al firmamento. Fue un éxtasis.

Entonces creyó ver la sombra de sus brazos retornando sobre él mismo; creyó sentir que esos brazos de sombra lo rodeaban, lo envolvían, y tiernamente lo oprimían contra su pecho. Una alta figura estaba, en efecto, junto a la suya. Confiado, bajó la mirada hacia esta figura, y se quedó jadeante, enloquecido, los ojos sombríos, hinchadas las mejillas y balbuceando de espanto. Estaba en brazos del Gran Inquisidor, del venerable Pedro Argüés, que lo contemplaba, llenos los ojos de lágrimas y con el aire del pastor que encuentra la oveja descarriada.

Mientras el rabino, los ojos sombríos bajo las pupilas, jadeaba de angustia en los brazos del Inquisidor y adivinaba confusamente que todas las fases de la jornada no eran más que un suplicio previsto, el de la esperanza, el sombrío sacerdote, con un acento de reproche conmovedor y la vista consternada, le murmuraba al oído, con una voz debilitada por los ayunos:

-¡Cómo, hijo mío! ¿En vísperas, tal vez, de la salvación, querías abandonarnos?

FIN

1888

1. Familiar: agente de la Inquisición Española.


Biblioteca Digital Ciudad Seva

segunda-feira, 14 de setembro de 2015

O mês de setembro de 2015

O mês de setembro de 2015 será decisivo para os rumos da política do nosso país. Como vimos nos editoriais dos grandes veículos de comunicação nesse final de semana, uma parte poderosa do setor empresarial já deu "gardez le dame" na presidente Dilma e não há mais margem para negociar meios termos com esse grupo. Ao que tudo indica, há uma radicalização das estratégias e agora o governo terá que decidir entre dois caminhos opostos: o de aprofundar o ajuste fiscal orientado pelo Levy, reduzindo drasticamente os gastos sociais, flexibilizar direitos trabalhistas e previdenciários, entregar o pré-sal e gerar receita através da venda de ativos do Estado, para aumentar o superávit ("reduzir o risco Brasil"); ou o de apostar em uma nova governabilidade para adotar um programa de reformas estruturais, dando um "cavalo de pau" nos rumos da política econômica que tem seguido até então nesse segundo mandato.
Cada escolha tem suas conseqüências. Está claro que, caso a Dilma se recuse a adotar o caminho do aprofundamento do ajuste, e busque uma alternativa minimamente desenvolvimentista, haverá um tsunami de notícias do caos institucional e veremos uma aprofundamento da estratégia do impeachment, como não vimos até então. Diante a este quadro, o governo teria força hoje para impor uma nova agenda política para o Brasil?
Ao mesmo tempo, aumentar a intensidade nas medidas de ajuste custará alto para os trabalhadores e aos pequenos empresários, mesmo que os bancos e suas agências de risco respondam com certo entusiasmo. Todavia, a cada passo da Dilma para assegurar o equilíbrio no terreno da política, através da adoção do programa Levy, vemos um novo ciclo de ações para enquadrar o seu governo, mostrando que tratar-se sempre de uma falsa pacificação com os setores que a sangram.
As novas medidas de ajuste que se desenham, se adotadas, certamente irão fragilizar o governo junto à sua base social, o que o tornará ainda mais suscetível às pressões da turma do ajuste. E quando a Dilma estiver em frangalhos, sem força sequer para governar com a política da oposição, daí tira-la, pela via da destituição ou eleitoral, será uma tarefa menos trabalhosa.
Entre a cruz e a espada, me parece que resta à Dilma, diante às imposições deste setor do empresariado que deseja o ajuste, adotar o caminho da soberania e tomar as medidas enérgicas necessárias para estimular o consumo popular, fortalecer o mercado interno, aumentar a massa salarial dos trabalhadores, estacar a desindustrialização e as demissões, fortalecer as empresas públicas, reduzir os juros, estabelecer um rígido controle do fluxo de capitais, tributar as grandes fortunas e acabar com os privilégios do sistema financeiro.


André Castelo Branco Machado

O Estado brasileiro

O Estado brasileiro -- Congresso, Judiciário, Polícia Federal, órgãos administrativos e de fiscalização -- é profundamente conservador e convive pacificamente, há séculos, com a corrupção, o autoritarismo e a ineficiência. Exatamente por isso ele não aceita as políticas implementadas por Lula e Dilma no sentido de democratizar o Estado, dar transparência às instituições públicas, investigar e punir casos de corrupção e promover o fortalecimento da cidadania e dos direitos sociais. O aparelho do Estado burguês -- que não se resume ao governo federal -- é um dos principais articuladores do golpe, ao lado da mídia, para manter os privilégios da Casa Grande.

Claudio Daniel

domingo, 13 de setembro de 2015



"Bacharelei-me em direito mas pau que nasce torto não tem jeito. Minhas Elipses Sertanejas não mentem: fiz tudo ao contrário. Sou todo ao convulsivo."

Waly Salomão
os homens não melhoram
e matam-se como percevejos.
os percevejos, heroicos, renascem.
inabitável, o mundo é cada vez mais habitado.
e se os olhos reaprendessem a chorar,
seria um segundo dilúvio.
.
[carlos drummond de andrade]

Para quem acredita que a Literatura não tem nenhuma utilidade

"Se hoje eu me pergunto por que amo a literatura, a resposta, que de forma espontânea vem à minha cabeça é: porque me ajuda a viver. Já não lhe peço, como na adolescência, que me evite as feridas que poderia sofrer nos meus contatos com pessoas reais. Mais que excluir as experiências vividas, me permite descobrir mundos que situam- se em continuidade com elas e entendê- las melhor. Creio que sou o único que a vê assim. A literatura, mais densa e eloquente que a vida cotidiana, mas não radicalmente diferente, amplia o nosso universo, nos convida a imaginar outras maneiras de concebê- lo e de organizá- lo. Todos nos conformamos a partir do que nos oferecem as outras pessoas: a princípio nossos pais, depois os que nos rodeiam. A literatura abre até o infinito esta possibilidade de interação com os outros, portanto, nos enriquece infinitamente. Nos oferece sensações insubstituíveis que fazem que o mundo real tenha mais sentido e seja mais belo. Não é só um simples divertimento, uma distração reservada às pessoas mais cultas, senão, permite que todos respondamos melhor a nossa vocação de seres humanos."

( tradução: Fernanda Jiménez, "La literatura en peligro", Tzvetan Todorov, p.17).

L'homme et la mer

- Baudelaire -

L'homme et la mer

Homme libre, toujours tu chériras la mer !
La mer est ton miroir ; tu contemples ton âme
Dans le déroulement infini de sa lame,
Et ton esprit n'est pas un gouffre moins amer.
Tu te plais à plonger au sein de ton image ;
Tu l'embrasses des yeux et des bras, et ton coeur
Se distrait quelquefois de sa propre rumeur
Au bruit de cette plainte indomptable et sauvage.
Vous êtes tous les deux ténébreux et discrets :
Homme, nul n'a sondé le fond de tes abîmes ;
Ô mer, nul ne connaît tes richesses intimes,
Tant vous êtes jaloux de garder vos secrets !
Et cependant voilà des siècles innombrables
Que vous vous combattez sans pitié ni remord,
Tellement vous aimez le carnage et la mort,
Ô lutteurs éternels, ô frères implacables !

Merci à Maryline Sagot


Fonte : Rue verbe 

"Sou sírio."

"Sou sírio." Essa frase tem sido usada em Istambul, na Turquia, por pessoas que pedem algumas liras de esmola. Vim para a cidade a fim de participar de um evento e acabei sendo abordado várias vezes por homens e mulheres, com filhos ou não, utilizando o mesmo argumento. Que diante da comoção internacional envolvendo a fuga de centenas de milhares de sírios em direção à Europa, deixando mortos no meio do caminho, possui um rosário de significados em si mesmo e não precisa de muito mais para chamar a atenção.
Fui informado que parte deles realmente diz a verdade. Outros, não - seriam imigrantes pobres de outras nacionalidades ou mesmo turcos que se aproveitam dessa comoção para com os sírios.
Você ficaria irritado se descobrisse que a pessoa em questão mentiu dizendo que era sírio para conseguir uns trocados? Se sim, por quê?
Você se sente mais na obrigação de doar para um refugiado sírio do que para qualquer outra pessoa em situação de extrema necessidade ou mesmo outros refugiados? Só doaria porque aquela história é a mesma que você tem ouvido na TV e visto na internet nos últimos dias e provocou um sentimento forte em muita gente ao redor do mundo?
E se a pessoa lhe contou uma mentira para lhe arrancar umas moedas? Decerto, há muita gente que esmola sem precisar, quase como uma profissão. Mas como você não tem como saber, vai ter que confiar na palavra alheia. E se essa pessoa estiver passando dificuldade e percebeu que é mais fácil os cidadãos de seu país se compadecerem com determinada nacionalidade? Enfim a pessoa em grande necessidade que mente e pede esmola deveria ser punida por entender as atuais regras desse jogo? A mentira não seria, neste caso, socialmente perdoável, tal qual o furto famélico?
Que mundo é esse em que alguém miserável se passa por outra pessoa em situação deplorável no intuito de garantir a sua sobrevivência?
É claro que a atual crise dos refugiados é gravíssima, como já disse aqui antes. E refugiados de guerra contam com o agravante de que, se ficarem, em sua própria terra, podem morrer, portanto merecem o acolhimento e a inserção social e econômica urgentes por parte dos Estados. E leia-se por inserção econômica, empregos decentes e não superexploração de mão de obra, como é o costume.
Mas acho pedagógico a dúvida posta neste "dilema da esmola síria": por que o sentimento de solidariedade muitas vezes é seletivo? Por que há brasileiros que sentem empatia por refugiados sírios e não por refugiados haitianos, que buscam sobreviver em São Paulo? Por que autoridades brasileiras têm aproveitado este momento para dar declarações de boas vindas a determinado grupo, quando deveriam dizer o mesmo para tantos outros que buscam ajuda?
Não estou defendendo aqui que doe ou não uma moeda. Você pode considerar que dar esmolas é uma ação pontual e não estrutural ou que não vai ao encontro do que acredita e se negar sempre. Mas o julgamento que fazemos dessa situação diz muito mais sobre nós mesmos do que sobre ela em si.

(Íntegra no blog)

Crise dos refugiados e a nossa solidariedade seletiva


BLOGDOSAKAMOTO.BLOGOSFERA.UOL.COM.BR


|POR LEONARDO SAKAMOTO

Como a aristocracia financeira recuperou poderes e regalias que levaram ao terremoto de 2008

Como a aristocracia financeira recuperou poderes e regalias que levaram ao terremoto de 2008. Por que, ao poupar este setor, políticas como “ajuste fiscal” brasileiro abrem caminho para novo desastre
Por Susan George | Tradução: Gabriela Leite | Imagem: Sj J, Bankers, 2010

Sempre otimista, não acreditei que os bancos sairiam da crise de 2007 a 2008 mais fortes que antes, sobretudo em termos políticos. É verdade que alguns pagaram multas que os fizeram cambalear — um total de 178 bilhões de dólares para os bancos norte-americanos e europeus — mas consideram que tais desembolsos são “o preço de fazer negócios”. Nenhum líderes do setor que quebrou a economia mundial passou uma só noite na prisão, nem teve que pagar, pessoalmente, uma única multa.

Ainda não superamos os efeitos do terremoto financeiro vivido em 2007-2008, mas os políticos e os próprios banqueiros já estão preparando o cenário para a próxima crise. Estudos matemáticos mostraram a densa teia interconectada dos atores financeiros mundiais, na qual a falha de um deles poderia desencadear o colapso de todos. Nos colocaram no fio da navalha, e temos boas razões para ser pessimistas:

– Os governos e as instituições financeiras internacionais não demonstraram nenhuma intenção de regular os bancos, o que nos expõe ao perigo de ter que suportar uma repetição da jogada. Os bancos e os banqueiros não só são grandes demais para falir — ou para ser presos –, mas também para ser desafiados. Por isso, permitem-se fazer o que lhes dê vontade.

– A adoção de dispositivos de segurança no setor financeiro foi sistematicamente sabotada. Não se produziu a separação necessária entre os bancos comerciais e os bancos de investimento (o que impediria que o dinheiro dos depositantes continuasse a ser usado para especular). Durante mais de sessenta anos, a lei norte-americana Glass-Steagull, aprovada durante o New Deal do governo Roosevelt separou-os, protegendo o sistema financeiro norte-americano. Foi revogada, em 1998, sob o mandato do presidente Bill Clinton — com um grande empurrão de seu secretário do Tesouro, Robert Rubin, ex-executivo do banco Goldman Sachs. Foi necessário menos de uma década para produzir-se a quebra devastadora do Lehman Brother e do mercado. Os políticos não atendem a razões, mas sim ao lobby bancário. Por isso, as exigências de reservas (capital) dos bancos continuam baixos demais. Não se aprovou nenhum novo imposto sobre as transações financeiras. Um imposto debatido por onze paízes da União Europeia ainda está em debate.

– Os volumes diários de transações com derivativos e moedas cresceram 25% ou 30% em comparação com os níveis de antes da crise, e somam trilhões a cada dia. As operações anuais totais com derivados somam em torno de cem vezes o Produto Mundial Bruto. O surgimento de transações automatizadas, impulsionadas por algorítimos, move este crescimento, mas até as máquinas e os nerds matemáticos podem cometer erros perigosos.

TEXTO-MEIO
– Grandes quantidades de empréstimos convertidos em bônus de risco poderiam inundar uma vez mais as carteiras de investidores institucionais. Desta vez não estariam associados às hipotecas subprime, mas a lotes de outras categorias de dívida, como os empréstimos a estudantes ou consumidores.

– Em 2008, a especulação desenfreada nos mercados de matérias primas causou uma dramática alta dos preços dos alimentos, acrescentando 150 milhões de pessoas às listas dos famintos mundiais. Estas cifras não se repetirão nem nesse ano, nem no próximo: os preços dos grãos despencaram e 150 trilhões de dólares procedentes de Wall Street foram retirados desses mercados nos últimos dois anos. Contudo, outras leis protetoras do New Deal também foram revogadas e os mercados poderão mais uma vez ser alvo de apostas sem limites, quando as mudanças climáticas e a falta de alimento fizerem com que sejam rentáveis.

– Os paraísos fiscais triunfaram. Eles não beneficiam apenas o 1% mais rico. Especializaram-se também na evasão fiscal corporativa. As maiores corporações deixaram de pagar os impostos que lhes correspondem. Por exemplo, as empresas francesas sonegam anualmente de 60 a 80 bilhões de dólares. As corporações beneficiam-se de serviços públicos como a polícia e os bombeiros, a energia, a água, o saneamento, o transporte, a saúde, a educação e a formação para seu pessoal, e o Estado de direito, mas não contribuem para mantê-los, de maneira que estes se deterioram. Quem perde são os cidadãos e cidadãs, e a rede de infraestrutura. O escândalo Luxleaks –  que desmascarou a evasão fiscal de mais de 300 empresas — demonstra que os Estados-membros da União Europeia fazem intencionalmente vistas grossas, com a cumplicidade das quatro grandes “agências de risco”, quando as empresas transferem continuamente seus lucros para Luxemburgo, onde quase não pagam impostos. Os paraísos fiscais das Ilhas Britânicas também contribuem para essa prática. Estima-se que 25% ou mais do faturamento dos maiores bancos da União Europeia está em “centros offshore”; ninguém conhece ao certo esta cifra.

– Pesquisas realizadas pelo Banco Central Europeu sobre os 130 maiores bancos da União Europeia descobriram que estes não apoiam a economia real — onde as pessoas vivem, trabalham, produzem e consomem. As pequenas e médias empresas da União Europeia oferecem 80% ou 90% de todo o emprego disponível, mas continuam tendo muitos problemas para receber empréstimos. Desde 2008, os bancos endureceram suas condições de concessão de crédito. O Finance Watch – um think thank progressista de Bruxelas — afirma que só 28% de toda atividade bancária vai para a economia real; o que sobra infla o setor dos produtos financeiros que multiplicam o dinheiro sem passar por fases tão “incômodas” como a produção e a distribuição…

– É verdade que os Estados Unidos têm vivido crescimento econômico e criação de emprego, porém mais de 90% do valor de tal crescimento tem sido abocanhado pelo 1% mais rico. O desemprego europeu continua crescendo, e em vez de crescer, a União Europeia escorrega rumo à deflação.

– Já em 2011, os lucros dos bancos norte-americanos haviam chegado aos níveis recorde de antes da crise. E ainda antes, em 2009, os nove maiores bancos desse país distribuíam gratificações de um milhão de dólares ou mais, a mais de cinco mil banqueiros e operadores financeiros, usando para isso o dinheiro público dos empréstimo que receberam dos Estados. Ao menos 5 bilhões de dólares provenientes do dinheiro dos contribuintes norte-americanos foram para indivíduos da indústria financeira. Seus colegas britânicos receberam 20 bilhões de dólares por meio de gratificações em 2010 e 2011, e os banqueiros franceses receberam outro tanto.

– As robustas gratificações contribuem para o grande salto adiante da desigualdade. São conhecidas as comparações chocantes entre a parte da riqueza mundial que é apropriada pelos multimilionários e o que sobra para o resto do mundo. Estão sintetizadas num relatório da Oxfan ou nos informes sobre a riqueza mundial que falam sobre as alturas douradas, onde moram não o um por cento — pobres perdedores! — mas um em cada dez milhões.

– A lista de bilionários da Forbes, de 2014, enumera os 1542 terráqueos que ultrapassaram a marca, com um volume total de 6,5 bilhões de dólares. A desigualdade não é obscena em termos monetários. Em Desigualdade: uma análise da (in)felicidade coletiva, Richard Wilkinson e Kate Pickett demonstraram de maneira indiscutível que a desigualdade tem correlação necessária com todos os fenômenos sociais desagradáveis e custosos, de doenças à violência, à obesidade e as populações carcerárias. Mas as finanças estão organizadas agora de tal maneira que ao chegar ao status de bilionário, é muito  difícil perdê-lo.

Recompensas, recompensas

Os banqueiros aprenderam também como organizar as instituições internacionais para que estas os recompensem tanto nos momentos bons como nos maus, por investimentos financeiros geniais ou desastrosos. Desta maneira, governos da zona do euro como Alemanha e França trazem dinheiro ao Mecanismo Europeu de Estabilidade Financeira; este dá dinheiro ao governo grego (irlandês, espanhol…) que, por sua vez, o entrega aos bancos gregos (irlandeses, espanhois…) com a intenção de que estes devolvam os empréstimos recebidos dos bancos franceses e alemães.

A maioria das pessoas não se dá conta que os enormes “empréstimos” concedidos à Grécia pela “Troika” (Comissão Europeia, Banco Central Europeu e Fundo Monetário Internacional) entre 2010 e 2012 não se destinaram a “ajudar os gregos”, mas sim a canalizar dinheiro aos bancos que haviam comprado títulos gregos. E por que compraram? É uma boa pergunta: porque estes valiam em euros, mas pagavam juros mais altos, por exemplo, que os títulos alemães, igualmente denominados em euros.

O trabalho da Troika é, portanto, garantir que se devolva o dinheiro aos bancos, desde os planos de “regate” sejam associados a condições drásticas da austeridade. Os bancos podem perder algo em seus investimentos nos países do Sul da Europa ou da periferia — mas não no nível em que isso ocorreria sem a porta giratória da Troika.

Os povos — que não criaram a crise — devem, contudo, sofrer com ela. Até certo ponto, isso pode ser medido em fome crescente, fechamento de hospitais e escolas, violência e migração dos jovens. Mas as verdadeiras consequências para incontáveis seres humanos que não têm responsabilidade pelos problemas econômicos não podem ser quantificadas. Sustento: minha afirmação de que os bancos aprenderam que podem fazer o que quiserem não era um recurso retórico…


E chegamos ao ponto em que o leitor diz: “sim, mas o que podemos fazer?” Em geral, as respostas são conhecidas, e muitas delas consistem em fazer o contrário do que se resumiu acima. Separar os bancos comerciais dos de investimento, cobrar imposto das instituições financeiras, proscrever os paraísos fiscais, obrigar Luxemburgo a desmantelar sua proteção às empresas sonegadoras, negar-se a assinar os novos acordos de “livre” comércio.

Mudar as regras do Banco Central Europeu (BCE), que não empresta aos países, mas apenas aos bancos privados. Estes pedem créditos ao BCE a menos de 1% de juros ao ano, para em seguida emprestar os mesmos recursos aos países com os maiores juros possíveis — às vezes mais de 6% — o que constitui outro presente à banca. O BCE deveria emprestar diretamente aos países, cobrando os mesmos 1% ou menos, e os governos europeus deveriam poder emitir títulos em euros.

As políticas de “austeridade” devem ser descartadas, porque não funcionam, nem humana nem economicamente. Os europeus do norte entendem isso: a palavra em alemão para dívida é Schuld, que significa também pecado ou culpa; mas a crise persistente não tem a ver com moralidade. Necessitamos de menos golpes no peito (o dos outros) e mais economia inteligente. Nas palavras de um economista alemão que escrevia no Financial Times: “Existem dois tipos de economistas alemães: os que não leram Keynes e os que não entenderam.”

É preciso lembrar primeiro que a dívida os países não se parece, em absoluto, com a de uma família. Na verdade, ao longo da história, a maior parte da dívida soberana era perdoada; em todo caso, como disse o economista e acadêmico norte-americano Paul Krugman: “é preciso vigiar os fluxos, não as ações.”

Enquanto os países continuarem obrigados ao pagamento de juros elevados, terão dúvidas eternas. As nações não desaparecem. A Grécia, por exemplo, tem um superávit orçamentário, quando levam-se em conta apenas a arrecadação de tributos e os investimentos e despesas não-financeiras. Deveria estar qualificada para pagar juros de 1% do ano. O país deveria também reduzir drasticamente seu orçamento militar, tributar a igreja — o maior proprietário de terrenos e imóveis — e como disse o partido governante Syriza, “perseguir a oligarquia”.

Se a próxima crise for de fato deflagrada, será imensa e mortalmente perigosa para as pessoas comuns, que poderiam perder sua poupança, seguros, aposentadorias e mais. Não estou propondo que se criem refúgios antiaéreos ao estilo de 1950, construam-se depósitos de alimentos e se autorize a posse de uma arma por casa — mas não faria mal começar a desenvolver sistemas sociais mais resistentes e uma autoconfiança maior. As pessoas trabalham bem quando cooperam entre si, e o fazem instintivamente ou  por necessidade quando têm que enfrentar um colapso econômico, como fizeram os argentinos há quinze anos ou fazem os gregos hoje. Organizam cantinas populares, hortas comunitárias, clínicas de saúde solidárias, creches, moedas sociais, soluções habitacionais e assim por diante.

Sobretudo, precisamos enfrentar a mortífera ideologia neoliberal que contaminou o pensamento e a ação, enquanto os bancos podem fazer o que lhes der na telha.




Invenção do Amor (2010) - Curta de Animação

Sartre: um ateu que tem vontade de ser deus | Franklin Leopoldo e Silva

Documentário argentino sobre Lula

sábado, 12 de setembro de 2015

"A classe média paga mais impostos que as pessoas mais ricas do Brasil, isentas pelo ex-presidente Fernando Henrique Cardoso, afirma o embaixador Samuel Pinheiro Guimarães. Segundo dados recentes da Receita Federal 71 mil brasileiros detêm 1/3 da renda nacional, o que corresponde a 1 trilhão e 200 bilhões de reais em propriedades. "Nenhum jornal repercutiu, não se fala nisso", destaca o embaixador. E a política econômica neoliberal implementada pela presidenta Dilma Rousseff é preocupante porque cria uma crise que vai justificar certas ações que contrariam as necessidades do processo de desenvolvimento brasileiro, comenta o embaixador."

Cálculo político

Sérgio Braga:Alguém poderia me informar que tipo de cálculo político maquiavélico estaria por trás da nomeação de Kátia Abreu para a chefia da casa civil? Ou será só um balão de ensaio para nomear outro menos ruim para o lugar do Mercadante?


Stéphane Monclaire :Os erros de cálculo da parte dos principais atores políticos é um sintona da existência de uma forte crise política. Pois quanto mais aumenta a fuidez da situação e a perca de recursos políticos, mais diminui a visibilidade a curto e médio prazo. O que complica os cálculos e a definição da estratégia dos atores.

Sérgio Braga :Se for verdadeira a notícia e não apenas "intriga da oposição" acho que é isso mesmo, prof. Stéphane Monclaire. O que revelaria uma completa desorientação política do governo e aumentaria a probabilidade do impeachment, e não o contrário a meu ver.


Dimas Soares Ferreira :Prof. Sérgio Braga, nós que estamos na base, longe das cúpulas dirigentes, pouco sabemos o que se passa nas hostes do governo, principalmente o que se passa no interior dos palácios e gabinetes ministeriais. Aliás, há um claro distanciamento entre o Partido e o governo Dilma. As teses de radicalização à esquerda e de a crítica ao tal ajuste fiscal mal mal está presente nos cadernos de teses do último Congresso. Os diretórios municipais estão mergulhados em disputas internas já visando-se as eleições municipais do ano que vem e a companheirada parece ainda não ter se dado conta dos impactos desastrosos dessa conjuntura extremamente desfavorável que poderão recair sobre a disputa eleitoral que se avizinha. Além disso, aqui em Minas o Partido foi tomado por um bando de gente que só se interessa mesmo pela disputa por cargos e nomeações no governo. O debate é cada vez menos qualificado. Nós sobreviventes dos tempos em que o partido era referência de oposição ao projeto neoliberal somos cada vez mais sufocados por essa gente que faz qualquer coisa pelo poder, até mesmo se juntar a velhos inimigos e adversários.


Wilson Roberto Nogueira :Tentar chamar ou cooptar o agronegócio para o governo com vistas a não ser derrotado no Centro- Oeste e sul,tanto nas eleições municipais quanto na aprovação de emendas por parte da bancada ruralista (alguns já em partidos da base -infiel- do governo) nas casas parlamentares .Uma guinada sim, a direita , mas procurando se adaptar ao novo quadro reacionário que se apresenta para manter-se até o fim do mandato.A perda das bases  sociais coma administração optando por lotear   poder a adversários ideológicos , se submetendo a novas agendas exógenas , por força da tempestade de crises oportunamente majorada pelo sistema financeiro e suas agencias de extorsão (S&P,et caterva ), as corporações de mídia e seus interesses empresariais rentistas. O governo hipotecou o galinheiro  a voracidade de lobos e chacais atingindo não somente a administração , os interesses nacionais e do povo trabalhador mas  embrulhando as conquistas da esquerda em chumbo e jogando as no Tietê .Bom , elas flutuaram , espero. No mais sei que devo estar errado na minha análise .

A flor do embiroçu



"Noite, melhor que o dia, quem não te ama?

Fil. Elis."

Quando a noturna sombra envolve a terra
E à paz convida o lavrador cansado,
À fresca brisa o seio delicado
A branca flor do embiroçu descerra.
E das límpidas lágrimas que chora
A noite amiga, ela recolhe alguma;
A vida bebe na ligeira bruma,
Até que rompe no horizonte a aurora.
Então, à luz nascente, a flor modesta,
Quando tudo o que vive alma recobra,
Languidamente as suas folhas dobra,
E busca o sono quando tudo é festa,
Suave imagem da alma que suspira
E odeia a turba vã! da alma que sente
Agitar-se-lhe a asa impaciente
E a novos mundos transportar-se aspira!
Também ela ama as horas silenciosas,
E quando a vida as lutas interrompe,
Ela da carne os duros elos rompe,
E entrega o seio às ilusões viçosas.
É tudo seu, — tempo, fortuna, espaço,
E o céu azul e os seus milhões de estrelas;
Abrasada de amor, palpita ao vê-las,
E a todas cinge no ideial abraço.
O rosto não encara indiferente,
Nem a traidora mão cândida aperta;
Das mentiras da vida se liberta
E entra no mundo que jamais não mente.
Noite, melhor que o dia, quem não te ama?
Labor ingrato, agitação, fadiga,
Tudo faz esquecer tua asa amiga
Que a alma nos leva onde a ventura a chama.
Ama-te a flor que desabrocha à hora
Em que o último olhar o sol lhe estende,
Vive, embala-se, orvalha-se, rescende,
E as folhas cerra quando rompe a aurora.


[Machado de Assis]

O construtor em tempos líquidos.


Ele se apresenta como sociólogo e faz questão de mostrar a sociologia como ciência capaz de desfazer impasses que atormentam a humanidade há séculos. Se não todos, pelo menos os mais prementes. Passou pelo Rio numa fulminante temporada e aos quase 90 anos exibe formidável disposição para mediações e compartilhamentos. Do inspirador, Sócrates, pediu emprestada a capacidade de armar diálogos e produzir sínteses – sempre intensas mesmo quando breves. O saber enciclopédico flui com incrível naturalidade e isso a tal ponto que os interlocutores mal distinguem o que é seu ou deles. Prodígios da maiêutica.

Polonês meio-inglês, Zygmunt Bauman tem sobrenome alemão, certamente por conta dos antepassados judeus: construtor. Ironicamente é dele o conceito de que nosso tempo é essencialmente líquido, nada consegue solidificar-se em formas estáveis. Para Bauman, o problema não é nossa incapacidade para remediar esta condição líquida mas a falta de um agente capaz de produzir o conhecimento necessário para corrigir a situação com a necessária urgência.

Para ele, tudo é gerenciável: por isso enquadra-se como pessimista a curto prazo e otimista numa perspectiva maior. O mal-estar e desconforto que dominam o mundo contemporâneo não são indícios de uma guerra iminente e inevitável. Parafraseando Klausewitz, pondera que existem guerras por outros meios.

A Europa tem jeito, garante, falta apenas a experiência para lidar com circunstâncias inéditas. Afinal, para manter um continente sem guerras nem fronteiras faz-se necessário desenvolver um repertório de soluções compatível com as diferentes situações.

Este gerenciador contumaz de aflições preocupa-se seriamente com o consumismo desenfreado, esta felicidade “faz-de-conta” – líquida — de acumular coisas. O mundo não tem condições de suportar este tipo de desgaste. E não será com o mero clicar de um teclado que produziremos as saídas para este impasse. Esse crítico dos meios de comunicação está mais próximo do quase esquecido Marshall McLuhan cuja preocupação maior eram os meios convertidos em mensagem.

Ao ser questionado sobre o seu segredo para vender quase 600 mil exemplares com os 35 títulos editados pela Zahar no Brasil ao longo de 26 anos abriu uma gostosa gargalhada: “eu não conhecia estes números !…”.


(Por Alberto Dines em 11/09/2015 na edição 867 do Observatório da Imprensa)

russ

"How're you?" or "How is life" which in Russian are "Kak dela?"(Как дела) or "Kak zhizn'?" (Как жизнь?). Usually you are responded with "Excellent!" (Atlichna - Отлично); Ok (Narmalna - Нормально), Good (Harasho - Хорошо), So-so (Tak sibe - Так себе), Bad (Ploha - Плохо).
 "Zdarova" - Здорово! (suits for man, like 'hey')
 "how did you spend your weekend?' (Kak provel weekend),

 What are you going to do on your vacation? (Kakie plani na otpusk) 

O Leopardo

 “‘Veja bem, dom Pietrino, os ‘senhores’, como você diz, não são fáceis de compreender. Eles vivem um universo particular criado não diretamente por Deus mas sim por eles mesmo durante séculos de experiências especialíssimas, de fadiga e alegria deles; possuem uma memória coletiva no mínimo robusta e assim se perturbam ou se alegram por coisas que para você ou para mim não significam nada mas que para eles são vitais porque se relacionam com esse patrimônio de recordações, de esperanças, de temores de classe. [...] E com isso não quero dizer que são maus: é outra coisa. Eles, na verdade, são diferentes [...] Talvez por isso pouco se importam com coisas que para nós tem valor; quem está nas montanhas não se preocupa com os mosquitos da planície e quem vive no Egito chega a esquecer que existe guarda-chuva. O primeiro, porém, teme as avalanches os crocodilos, coisas que no entanto nos preocupam pouco. Para os aristocratas surgiram novos temores que nós ignoramos: já vi Dom Fabrizio, ele que é um homem sério e sábio, ficar enraivecido por causa de um colarinho mal passado a ferro; e ouvi dizer que o príncipe de Làscari não conseguiu dormir uma noite inteira de tão furioso que ficou por terem lhe dado o lugar errado num almoço na intendência.’” (Tommasi di Lampedusa, em O Leopardo)

A partilha dos mitos

"Setembro
A poesia dá-se bem com este mês,
cuja medida se assemelha à do verso - dias
partidos ao meio, deixando a alma indecisa
numa evocação de gastos sentimentos. Mas é
no campo, ao poente, saboreando o cheiro doce
dos frutos que apodrecem na terra, como algas
mortas, que uma voz insistente me chama - poe -
sai? Quem, por detrás do seu rosto sonoro e
abstracto? Memória que a noite depressa apaga..."



Nuno Júdice, in. A partilha dos mitos (1982)

quarta-feira, 9 de setembro de 2015

El armario




Estaba nublado, hacía frío y todo quedaba en una semioscuridad, cuando el expreso Berlín-Roma penetró en una de las estaciones intermedias de su ruta. En un compartimiento de primera clase, con cubiertas de pasamanería sobre la tapicería de felpa, Albrecht van der Qualen, viajero solitario, se despertó, incorporándose. Sentía la boca seca y en el cuerpo la no demasiado agradable sensación producida cuando el tren se detiene después de un largo viaje y nos damos cuenta del cese de un movimiento rítmico, tomando conciencia de las llamadas y señales del exterior. Es como volver en sí después de una borrachera o del letargo. Nuestros nervios, de pronto privados del ritmo protector, se sienten perdidos y desamparados. Pero aun es peor si acabamos de despertar del pesado sueño en el que se cae durante los viajes en ferrocarril.
Albrecht van der Qualen se desperezó un poco, se acercó a la ventanilla y bajó el cristal. Miró a lo largo de los vagones. Algunos hombres estaban ocupados en el furgón de correos, descargando y cargando paquetes. La máquina emitía una serie de sonidos, resoplaba y rugía un poco, esperando quieta, pero solo como lo hace un caballo, que alza los cascos, mueve las orejas y aguarda impaciente la señal de partida. Una mujer alta y robusta, con un largo impermeable, de cara inexpresiva pero preocupada, recorría el tren llevando una maleta de unos cuarenta kilos, la empujaba frente a ella con una rodilla. No decía nada, pero se le notaba acalorada y angustiada. Su labio superior estaba tenso y bañado en pequeñas gotas de sudor. Era, en conjunto, una figura patética.

«Pobrecilla -pensó Van der Qualen-, si pudiese ayudarte, aliviarte, hacerte subir..., solo para la tranquilidad de ese labio superior. Pero a cada quien lo suyo. Así están dispuestas las cosas de la vida; yo me quedo aquí, perfectamente despreocupado, mirándote como miraría a un escarabajo panza arriba.»

El cobertizo de la estación estaba casi sumido en la oscuridad. Madrugada o anochecer... no lo sabía. Había dormido. ¿Quién podía decir si habían sido dos, cinco o doce horas? En alguna ocasión había dormido durante veinticuatro o quizá más, de un tirón, con un sueño extraordinariamente profundo.

Llevaba un grueso abrigo corto con cuello de terciopelo. Por su complexión era difícil decir su edad: se podía dudar entre los veinticinco y el final de los treinta. Su piel era amarillenta, pero los ojos eran negros como ascuas y estaban rodeados de profundas sombras oscuras. Aquellos ojos no presagiaban nada bueno. Varios doctores, hablando francamente, de hombre a hombre, le habían dado pocos meses de vida. Su cabello negro estaba lisamente partido a un lado.

En Berlín -aunque Berlín no había sido el principio de su viaje-, había subido al tren cuando este empezaba a moverse, llevando como por casualidad un maletín de piel rojiza. Se había dormido y ahora, al despertar, se encontraba tan completamente desligado del tiempo que le invadió una sensación de alivio. Se regocijó con la idea de que al final de la fina cadena que llevaba alrededor del cuello, había únicamente una pequeña medalla metida en el bolsillo superior de su chaqueta. No le gustaba enterarse de la hora o del día de la semana, y lo que es más, no tenía tratos con el calendario. Hacía algún tiempo que había perdido la costumbre de saber el día del mes y hasta el mes del año. «Todo tenía que estar en el aire...», pensó y la frase, aunque bastante vaga, era comprensible. Este programa nunca o muy raramente, había sido alterado, pues se tomaba el trabajo de mantener todo conocimiento molesto a distancia. Después de todo, ¿no era suficiente con saber más o menos la estación del año?

«Debemos estar más o menos en otoño -pensó, mirando el húmedo y sombrío tren-. Es lo único que sé. Ni tan solo sé dónde estoy.»

Su satisfacción ante este pensamiento, le hizo estremecerse de placer. No, ¡no sabía dónde estaba! ¿En Alemania? Con seguridad. ¿En el norte de Alemania? Habría que verlo. Mientras sus ojos continuaban pesados por el sueño, la ventanilla de su compartimiento se había deslizado ante un letrero luminoso; quizá llevaba escrito el nombre de la estación, pero ni la imagen de una sola letra había sido transmitida a su cerebro. Aun aturdido, había oído cómo el revisor gritaba el nombre dos o tres veces, pero no había captado ni una sola sílaba. Afuera, en la semipenumbra de la que no se sabía si del día o de la noche, se extendía un lugar extraño, un pueblo desconocido.

Albrecht van der Qualen cogió su sombrero de fieltro de la red, su maletín de piel rojiza, la correa que aseguraba la manta escocesa de seda y lana, roja y blanca, enrollada alrededor de un paraguas con empuñadura de plata -y aunque su billete marcaba Florencia-, dejó el compartimiento y el tren, caminó a lo largo del cobertizo, depositó su equipaje en la consigna, encendió un cigarrillo, metió las manos -no llevaba ni bastón ni paraguas-, en los bolsillos de su abrigo y salió de la estación.

Afuera, en la húmeda, tenebrosa y casi vacía plaza, cinco o seis cocheros de punto hacían chasquear sus látigos. Un hombre, con gorra galoneada y larga capa en la que se arrebujaba tembloroso, preguntó educadamente:

-Hotel zum braven Mann?

Van der Qualen le dio las gracias cortésmente y siguió su camino. La gente con quien se cruzó llevaba el cuello del abrigo subido; él subió el suyo, escondió la barbilla en el terciopelo, fumó y continuó caminando, ni lentamente ni demasiado aprisa.

Pasó a lo largo de una pared baja y una vieja puerta flanqueada por dos pesadas torres; cruzó un puente con estatuas en los barandales y vio el agua deslizarse lenta y turbia bajo él. Un largo bote de madera, viejo y carcomido, se acercó, conducido por un hombre con una larga pértiga en la popa. Van der Qualen se quedó un momento reclinado sobre el barandal del puente.

«Aquí -se dijo-, hay un río; este es el río. Es agradable pensar que lo llamo así porque no sé su nombre», y siguió caminando.

Continuó hacia adelante un rato, por el adoquinado de una calle que no era ni muy estrecha ni muy ancha, después dio la vuelta a la izquierda. Anochecía. Empezaban a encenderse los fanales, vacilaban, brillaban chisporroteando y después iluminaban la penumbra. Las tiendas estaban cerrando.

«Entonces hay que concluir que estamos, no cabe duda, en otoño», pensó Van der Qualen, siguiendo por el camino negro y húmedo. No llevaba chanclos, pero la suela de sus botas era muy gruesa, duradera y firme, aunque no eran por ello menos elegantes.

Se mantuvo a la izquierda. Los hombres pasaban por su lado, se apresuraban hacia sus negocios o volvían de los mismos.

«Y yo camino con ellos -pensó-, y estoy tan solo y soy tan extraño a ellos como jamás lo ha sido hombre alguno. No tengo negocios ni metas. No tengo ni un bastón en que apoyarme. Nadie puede ser más retraído, libre y desligado. No le debo nada a nadie y nadie me debe nada a mí. Dios nunca ha tendido Su mano sobre mí. Él no me conoce. La desdicha honesta sin caridad es una buena cosa; un hombre puede decirse a sí mismo: no le debo nada a Dios.»

Pronto llegó al final de la población. Probablemente la había cruzado en diagonal. Se encontró en una ancha calle de los suburbios flanqueada de árboles y villas, dio vuelta a la derecha, pasó tres o cuatro travesías casi como callejuelas de pueblo, iluminadas tan solo por faroles, y se detuvo en una que era ligeramente más amplia, ante una puerta de madera, vecina de una casa común y corriente y pintada de amarillo deslucido, que tenía, sin embargo, el sorprendente detalle de unas ventanas de vidrio cilindrado, convexas y bastante opacas. En la puerta había un letrero:

En el tercer piso de esta casa se alquilan habitaciones.

-Ah... -murmuró.

Tiró la punta de su cigarrillo, siguió a lo largo de un entarimado que formaba la línea divisoria entre dos propiedades, giró a la izquierda y entró en la casa. Una grasienta alfombra gris corría a lo largo de la entrada. La cruzó en dos pasos y empezó a subir por la escalera de madera.

Las puertas de los apartamentos eran muy modestas; tenían paneles de vidrio blanco con refuerzo de alambre y en algunas de ellas había placas con los nombres. Los rellanos se iluminaban con lámparas de aceite. En el tercer piso, el último, pues ya le seguía el ático, había puertas a la derecha y a la izquierda, simples puertas de madera marrón, sin placas de ninguna clase. Van der Qualen hizo sonar la campanilla del centro. Llamó, pero no le llegó ningún ruido del interior. Llamó a la de la izquierda, no obtuvo respuesta. Llamó a la derecha y oyó pasos ligeros, largos como zancadas, y la puerta se abrió.

Salió una mujer, una dama; alta, delgada y vieja. Llevaba un sombrero con un gran lazo lila pálido y un anticuado y deslucido vestido. Tenía la cara hundida y semejante a la de un pájaro, y en su frente le había salido una erupción, una especie de tumor fungoso. Era más bien repulsivo.

-Buenas noches -dijo Van der Qualen-. ¿Las habitaciones?

La anciana asintió; asintió y sonrió lentamente, sin una palabra, de modo comprensivo. Con su bella y larga mano blanca, hizo un gesto pausado, lánguido y elegante en dirección a la puerta próxima, la de la izquierda. Después se retiró y apareció de nuevo con la llave.

«Vaya -pensó él cuando, detrás de la mujer, esperaba que abriera la puerta-. Eres como una especie de ave de mal agüero, una figura salida de la mente de Hoffmann, señora.»

Ella descolgó la lámpara de aceite de su gancho y le enseñó el camino.

Era una habitación pequeña, de techo bajo y suelo oscuro. Sus paredes estaban cubiertas con esteras de color pajizo. Había una ventana en el fondo de la pared de la derecha, oculta tras largos y delgados pliegues de muselina blanca. Una puerta blanca, también a la derecha, conducía al otro cuarto. Este se hallaba patéticamente desmantelado, con llamativas paredes blancas, contra las que se apoyaban tres sillas pintadas de rojo, que parecían fresas en nata batida. Un armario, un lavabo con espejo... La cama, una impresionante pieza de caoba, reposaba libremente en el centro de la habitación.

-¿Tiene alguna objeción? -preguntó la anciana, pasándose ligeramente la bella y larga mano blanca sobre el tumor fungoso de la frente. Era como si lo hubiese dicho por casualidad, porque en aquel momento no podía decir una frase más ordinaria.

Añadió en seguida:

-Por decirlo así...

-No, no la tengo -respondió Van der Qualen-. Las habitaciones están bastante bien amuebladas. Me las quedo. Quisiera que alguien fuese a recoger mi equipaje a la estación, aquí está la contraseña. ¿Sería usted tan amable de hacer la cama y traerme un poco de agua? Me dará la llave de la calle y la del piso. Quisiera un par de toallas. Me lavaré e iré al centro a cenar. Volveré más tarde.

Sacó un poco de jabón de una caja niquelada que traía en el bolsillo y empezó a lavarse la cara y las manos. Mientras lo hacía, miraba por las ventanas convexas a lo lejos, más allá de las calles suburbanas, cenagosas e iluminadas con gas, más allá aun de las luces de arco y las villas. Mientras se secaba las manos, fue hacia el armario. Era cuadrado, barnizado de color marrón, y con algunas grietas, que culminaba en una sencilla moldura curva. Estaba en el centro de la pared de la derecha, exactamente en el nicho formado por una segunda puerta blanca que, como es natural, comunicaba con las habitaciones a las cuales la puerta principal y la del medio del rellano daban acceso.

«Algo hay en el mundo que está bien dispuesto -pensó Van der Qualen-, este armario se adapta al nicho de la puerta como si lo hubiesen hecho a medida.»

Lo abrió. Estaba completamente vacío, con varias hileras de ganchos en el techo; pero no tenía fondo, y en su lugar había un trozo de arpillera, gris y arrugada, sostenida en las cuatro esquinas por clavos a tachuelas.

Van der Qualen cerró la puerta del armario, cogió su sombrero, se levantó de nuevo el cuello del abrigo, apagó la vela y salió. Al llegar a la puerta de entrada, le pareció oír mezclado con el ruido de sus propios pasos una especie de tintineo en la otra habitación: un sonido metálico claro y suave. Pero quizá se equivocaba. Era como si un anillo de oro hubiese caído en una jofaina de plata, pensó mientras cerraba la puerta exterior. Bajó la escalera, salió a la calle y se dirigió hacia el centro del pueblo.

Entró en un restaurante de una calle animada y se sentó en una de las mesas delanteras, dándole la espalda a todo el mundo. Comió soupe aux fines herbes, un filete con un huevo escalfado, compota y vino, un pequeño pedazo de Gorgonzola verde y media pera. Mientras pagaba y se ponía el abrigo, le dio algunas chupadas a un cigarrillo ruso, después encendió un puro y salió. Vagó un poco, encontró el camino de su pensión en los suburbios y fue hacia allí sin prisas.

La casa con las ventanas de vidrio cilindrado aparecía apagada y silenciosa cuando Van der Qualen abrió la puerta de la calle y subió por la oscura escalera. Fue iluminándose con cerillas y abrió la puerta marrón a mano izquierda, en el tercer piso. Dejó su sombrero y abrigo sobre un diván, encendió la luz de su inmenso escritorio y encontró allí su maleta y su manta de viaje con el paraguas. Desenrolló la manta y sacó una botella de coñac y un vasito. Fue bebiendo a pequeños sorbos, sentado en un profundo sillón, mientras terminaba de fumarse el puro.

«Es una suerte después de todo -pensó-, que haya coñac en el mundo.»

Fue al dormitorio, encendió la vela de la mesita de noche, apagó la luz de la otra habitación y empezó a desnudarse. Pieza a pieza fue dejando su traje gris, discreto y de buena calidad, sobre la silla roja al lado de la cama; pero al soltarse los tirantes recordó que su sombrero y abrigo aun estaban sobre el diván. Los trajo al dormitorio, abrió el armario... Pegó un salto hacia atrás y buscó apoyo a su espalda hasta asir una de las grandes bolas rojas de caoba que adornaban los postes de la cama. La habitación, con sus cuatro paredes blancas, en las que las tres sillas rojas resaltaban como fresas en un plato de nata, se recortaba en la inestable luz de la vela. Pero el armario estaba abierto y no estaba vacío. Había alguien dentro, una criatura tan encantadora que el corazón de Albrecht van der Qualen se detuvo un momento y después volvió a funcionar en largos, profundos y plácidos latidos. Ella estaba totalmente desnuda y uno de sus brazos esbeltos se levantaba para engarzar un dedo en uno de los ganchos del techo del armario. Largas oleadas de cabello castaño caían sobre sus hombros infantiles, respirando ese encanto al que no cabe otra respuesta que un sollozo. La luz de la vela se reflejaba en sus ojos rasgados. Su boca era un poco grande, pero tenía una expresión tan dulce como la de los labios del sueño cuando, tras varios días de dolor, nos besan la frente. Sus caderas formaban nido y sus esbeltas piernas se pegaban la una a la otra.

Albrecht van der Qualen se restregó los ojos con una mano y volvió a mirar... y advirtió que en el rincón de la derecha, la arpillera se había soltado del fondo del armario.

-Qué... -murmuró-. ¿Quiere usted entrar? ¿Quiere que cierre? ¿No desea un vasito de coñac? ¿Medio vasito?

Pero no esperaba respuesta y no obtuvo ninguna. Los ojos brillantes y rasgados, tan negros que parecían sin fondo e inexpresivos, lo miraban fijamente, pero sin intención y en cierta manera empañados, como si no lo viesen.

-¿Quieres que te cuente un cuento? -dijo ella de pronto con una voz baja y profunda.

-Cuéntamelo -contestó él. Se había dejado caer sobre el borde de la cama, con el abrigo sobre las rodillas y con las manos apretadas encima de él. Su boca estaba ligeramente abierta y tenía los ojos medio cerrados. Pero la sangre latía tibia y suavemente por todo su cuerpo y sentía un suave zumbido en los oídos.

Ella se había dejado caer sentada en el armario y con sus delgados brazos se rodeaba una rodilla doblada; tenía la otra pierna extendida ante sí. Sus pequeños senos se unían bajo la presión de sus brazos, y la luz resplandecía en la piel de su rodilla doblada. Hablaba... hablaba con voz suave, mientras la llama de la vela continuaba su danza silenciosa.

Dos caminaban entre los brezales, la cabeza de ella reposando en el hombro de él. Cundía el aroma de todas las cosas nacidas, pero la niebla nocturna empezaba a levantarse de la tierra. Entonces empezó. Y a menudo era en verso, rimando en el modo incomparablemente dulce y fluido que viene hacia nosotros, una y otra vez, en el semiletargo de la fiebre. Pero terminaba mal, era un final triste: los dos quedan en un abrazo indisoluble, con los labios unidos. Entonces uno apuñala al otro en el pecho, con un cuchillo inmenso... y no sin razón. Así termina. Entonces se levantó con un gesto infinitamente dulce y modesto, levantó la arpillera gris por el rincón de la derecha... y desapareció.

Desde entonces la encontró cada noche en el armario y escuchó sus cuentos... ¿Durante cuántas veladas? ¿Cuántos días, semanas o meses permaneció en aquella casa y en aquella ciudad? ¿Qué ganaríamos con saberlo? ¿A quién preocupa una miserable estadística? Sabemos, además, que varios médicos le habían dicho a Albrecht van der Qualen que le quedaban pocos meses de vida. Ella le contaba historias. Eran tristes y sin interés, pero flotaban como un suave estribillo sobre su corazón y lo hacían latir más tiempo y con mayor dicha. A veces perdía el control... su sangre se inflamaba. Tendía las manos hacia ella y ella no se le resistía. Pero entonces, durante varias veladas, no la encontraba en el armario y, al regresar, permanecía callada durante vanas noches. Después, poco a poco, empezaba a hablar hasta que él perdía nuevamente el control.

¿Cuánto duró? ¿Quién lo sabe? ¿Cómo saber si Albrecht van der Qualen se despertó en aquella tarde gris y bajó del tren en aquella desconocida ciudad? Quizá permaneció despierto en su vagón de primera clase y dejó que el expreso Berlín-Roma le llevase velozmente más allá de las montañas. ¿Cargaría cualquiera de nosotros con la responsabilidad de contestarlo de modo definitivo? Todo es incierto.

«Todo puede estar en el aire...»

FIN




Biblioteca Digital Ciudad Seva

Dedicatória

De AKHMÁTOVA:

Dedicatória

Diante dessa dor, as montanhas se inclinam
e o grande rio deixa de correr.
Mas os muros das prisões são poderosos
e, por trás deles, estão as “tocas dos condenados”
e a saudade mortal.
É para os outros que a brisa fresca sopra,
é para os outros que o pôr-do-sol se enternece –
mas nada sabemos disso: somos as que, por toda parte,
só ouvem o odioso ranger das chaves
e o passo pesado dos soldados.
Levantávamo-nos como para o culto da madrugada,
arrastávamo-nos por esta capital selvagem,
para nos encontrarmos lá, mais inertes do que os mortos,
o sol cada vez mais baixo, o Neva mais nevoento,
enquanto a esperança cantava bem ao longe…
O veredicto… e as lágrimas de súbito brotam.
E ei-la separada do mundo inteiro
como se de seu coração a vida se arrancasse,
como se com um soco a derrubassem.
E, no entanto, ela ainda anda… cambaleando… sozinha…
Onde estão, agora, as companheiras de infortúnio
desses meus dois anos de terror?
O que estarão vendo, agora, na neblina siberiana?
A elas eu mando a minha última saudação.

(Março de 1940)


Fonte : KinoRuss

É Proibido

Pablo Neruda

É proibido chorar sem aprender,
Levantar-se um dia sem saber o que fazer
Ter medo de suas lembranças.

É proibido não rir dos problemas
Não lutar pelo que se quer,
Abandonar tudo por medo,

Não transformar sonhos em realidade.
É proibido não demonstrar amor
Fazer com que alguém pague por tuas dúvidas e mau-humor.
É proibido deixar os amigos

Ler mais:

A opinião pública estava silente. A imprensa foi omissa.

A opinião pública estava silente. A imprensa foi omissa.
Imagens fotográficas chocantes que podem servir a propósitos humanitários e ajudar a manter vivos na memória coletiva horrores inomináveis e, com isso, dificultar a ocorrência de similares, devem ser publicadas com destaque.
A decisão deve ser tomada caso a caso, mas as imagens de Aylan Kurdi certamente estão na mesma categoria daquelas dos prisioneiros dos campos de concentração de Auschwitz e Dachau, das deformidades provocadas em crianças pela poluição na baía de Minamata, das torturas impostas a prisioneiros iraquianos por soldados dos EUA em Abu Ghraib, dos efeitos de bombas de napalm sobre civis sul-vietnamitas na Guerra do Vietnã.

Carlos Eduardo Lins da Silva
- http://observatoriodaimprensa.com.br/…/muito-alem-de-aylan…

Carta sobre o Stalinismo – 1963

"[...] parece-me injustificada a lenda defendida no Ocidente de que se Trotski tivesse tomado o poder teria havido um desenvolvimento mais democrático do que sob Stálin. Basta pensar nas discussões realizadas em 1921 sobre os sindicatos para compreender que se trata de pura lenda. Trotski sustentava então, contra Lênin, a tese de que era preciso estatizar os sindicatos para incrementar de maneira mais eficaz a produção, o que significava que objetivamente os sindicatos deviam deixar de ser organizações de massa com uma vida própria. Lênin, que partia do exame da situação concreta e defendia o sentido da democracia proletária nas relações dos sindicatos com o partido, e o poder central, empreendia a defesa dos interesses materiais e espirituais dos trabalhadores onde quer que essa defesa se fizesse necessária, e mesmo em face de um Estado burocratizado. Não quer e não posso aqui abordar toda a questão, mas é certo que Stálin, nos anos que se seguiram, prosseguiu de fato (ainda que não na argumentação) na linha de Trotski e não na linha de Lênin. Assim, se mais tarde Trotski acusou Stálin de ter-se apropriado do seu programa, pode-se dizer que neste ponto, em muitos aspectos, ele tinha razão. Aquilo que hoje consideramos despótico e antidemocrático na época staliniana tem ligações estratégicas bastante estreitas com as ideias de Trotski. Uma sociedade socialista dirigida por Trotski seria pelo menos tão pouco democrática quanto a staliniana e ainda se teria orientado estrategicamente à base do dilema política catastrófica ou capitulação, afastando-se da tese substancialmente justa defendida por Stálin acerca do socialismo em um só país. A impressão que tive do meu encontro com Trotski, em 1921, deixou-me a convicção de que ele, como indivíduo, seria levado ao "culto da personalidade" em forma pior do que Stálin."
 György Lukács 
Como se diz em ouolof a palavra fronteira, a palavra
pátria? E em soniké, como designareis o desamparo?
Se quiserdes dizer em berbere, por exemplo, "eu tive uma casa
num arrabalde de Rabat", poreis a frase nesta ordem? Como
se conjugam em bambara os verbos que conduzem ao norte,
que adjectivos se devem acrescentar à palavra mar, à palavra morte?
Se tiverdes de partir, a palavra adeus será um substantivo?
Como se pronuncia em diakhanké a palavra exílio? Há que
juntar os lábios? Doem? Que pronomes usais para aquele que espera
na praia, para o que regressa sem nada? Quando apontais para além, no sentido de casa, que advérbio escolheis?
Como se diz na vossa, na nossa língua a palavra futuro?

[Berta Piñan]

terça-feira, 8 de setembro de 2015

O menino sírio morto na praia, com sua mãe e irmão numa malfadada tentativa de fuga dos horrores da guerra e da degradação de seu país; o pai que não sai da beira do túmulo; a solidariedade de populares alemães e austríacos aos refugiados; e a generosidade do Brasil de receber os imigrantes. Este foi certamente o assunto da semana. A tragédia no Oriente Médio é, sem dúvida, a expressão mais acabada da barbárie a que o capitalismo financeiro está conduzindo a humanidade.
Todos os valores se desmancham no ar, liberdade, igualdade, fraternidade, democracia, justiça, direitos. Vale tudo na busca desenfreada do lucro. O que é uma criança morta afogada numa praia do Mediterrâneo? Nada mais do que nada.
Penso que só tendo em vista esta tragédia se pode dar a devida dimensão ao “caso” Fábio Júnior. Um acontecimento zero, junto com muitos outros zeros que fazem a alegria de jornais, sites e tevês.
Um menino.


Roberto Elias Salomão

Aquele que diz sim, aquele que diz não: religiosidade e heresia


" Imaginação e religião entronizada são antitéticas. O dogma, cerne das
grandes religiões monoteístas, nada mais é que uma diligente e metódica rejeição à curiosidade, autonomia e inventividade. É nesta relação assimétrica entre aquele que ignora, teme e suplica, e o Outro que tudo sabe e tudo dispensa que reside o poder das Igrejas".
"Se tomarmos imaginação em sua acepção primeira, ela é quase o mesmo
que poesia: aquele modo de pensar e exprimir dúbio, sinuoso e plástico, linguagem elíptica e larga, na qual hesitações, contrastes e incoerências, o chiaroscuro dos obrigatórios oxímoros, enfim, são virtudes cardeais. A imaginação não teme o exagero nem o ambíguo, vagueia no fluxo contínuo e contraditório de ideias e humores, e é seu empenho fazer emergir o inesperado: numa palavra, cabe à imaginação dar vida ao sujeito. O sujeito ímpar, imprevisível e assertivo em sua incorrigível unicidade. Se a imaginação corteja o universal, é porque se nutre do absolutamente individual. Ela é inseparável do singular, do irrepetível, do novo,
da criatura se afirmando e se recriando, condensando seu potencial e cintilando, inconfundível. Desta perspectiva, qualquer exercício de imaginação, por tímido que seja, será sempre um insulto às religiões".

(Marília Pacheco FIORILLO)

AYLAN NO BRASIL SERIA SÓ MAIS UM SILVA


Ontem, a presidenta Dilma fez menção ao menino sírio Aylan Kurdi e disse que o Brasil está aberto para os que querem "vir e viver aqui para trabalhar e contribuir para a prosperidade e paz". Hoje, mais uma criança foi morta pelo Estado brasileiro. Cristian Soares da Silva, de 12 anos, estava jogando bola em Manguinhos, no Rio de Janeiro, e tombou frente à polícia que mais mata no mundo. Avisem aos sírios: assim tratamos nossas crianças. E avisem também que se morrer aqui, na favela, vira estatística, sem comoção nem referência. Aylan no Brasil seria só mais um Silva.


Por Renato Cosentino.
Leonardo Sakamoto

"Tá com dó? Leva para casa!" é uma daquelas frases icônicas, através das quais consegue-se avaliar se o interlocutor merece respeito ou um abraço forte e solidário. É utilizada por pessoas com síndrome de pombo-enxadrista (faz sujeira no tabuleiro, joga ignorando regras mínimas de sociabilidade e sai voando, cantando vitória), normalmente diante do clamor para políticas voltadas àquela gente pobre, parda, perdida ou violada que habita as frestas das grandes cidades.
É só falar da necessidade de políticas específicas que garantam qualidade de vida para esse pessoal mas, ao mesmo tempo, respeitem seu direito de ir e vir e ocupar o espaço público que o povo vira bicho. Ou melhor, vira pombo.
Este tema não é novo por aqui, mas vi que a frase passou a ser usada diante da última crise de refugiados na Europa. Gente empregando-a para negar a necessidade de acolher refugiados, não só da Síria, mas da Ásia, África e América Latina. "Querem trazer mais deles para o Brasil? Coloque-os na sua casa!"
Tanto na Europa quanto por aqui, ações individuais ajudam a mitigar o impacto inicial dos refugiados, garantindo apoio a quem perdeu tudo. E é ótimo que seja assim. Mas eles devem ser alvo, principalmente, de uma política pública, com intervenção direta do Estado, única instituição com tamanho e legitimidade para garantir uma ação nacional, transnacional e de escala. Porque isso também inclui a garantia da autonomia econômica e social às famílias. Quem acha que o Estado é um simples entrave e não a forma que construímos para impedir que nos devoremos, tem dificuldade de entender que o acolhimento de refugiados e migrantes não é caridade individual, mas sim a efetivação de compromissos assumidos internacionalmente por um povo.

(Mais no blog do Sakamoto )

Soneto XVIII

William Shakespeare 

Se te comparo a um dia de verão
És por certo mais belo e mais ameno:
O vento espalha as folhas pelo chão
E o tempo do verão é bem pequeno.
Às vezes brilha o Sol em demasia
Outras vezes desmaia com frieza;
O que é belo declina num só dia,
Na terna mutação da natureza.
Mas em ti o verão será eterno,
E a beleza que tens não perderás;
Nem chegarás da morte ao triste inverno:
Nestas linhas com o tempo crescerás.
E enquanto nesta terra houver um ser,
Meus versos vivos te farão viver.

Tradução: Bárbara Heliodora


(Dica: Ivan Justen Santana.)
Há uns que nos falam e não ouvimos;
há uns que nos tocam e não sentimos;
há aqueles que nos ferem e
nem cicatrizes deixam, mas...
há aqueles que simplesmente
vivem e nos marcam por toda vida.

(Hannah Arendt)

Canción de la mujer




1. De noche junto al río en el oscuro corazón de los arbustos
a veces vuelvo a ver su rostro, el de la mujer que amé: mi
mujer, que murió.

2. Hace ya muchos años, y a ratos ya no sé nada de ella, la
que antes lo fue todo, pero todo se marchita.

3. Y ella era en mí como un pequeño enebro en las estepas de
Mongolia, cóncavas, con el cielo amarillo pálido y de gran tristeza.

4. Vivíamos en una cabaña negra junto al río, los mosquitos
solían perforar su blanco cuerpo, y yo leía el periódico
siete veces o decía: "tu pelo tiene un color sucio". O: "no tienes corazón".

5. Pero un día, cuando estaba yo lavando mi camisa en la
cabaña, ella se acercó a la puerta y me miró y quería salir.

6. Y quien le había pegado hasta cansarse, dijo: "ángel mío".

7. Y quien le había dicho te quiero la condujo fuera y
riendo miró al aire y alabó el buen tiempo y le dio la mano.

8. Como ya estaban afuera, al aire libre, y la cabaña estaba
desierta, cerró la puerta y se sentó tras el periódico.

9. Desde entonces no la he vuelto a ver, y de ella solo quedó
el gritito que dio cuando por la mañana volvió a la puerta que
ya estaba cerrada.

10. Ahora la cabaña se ha podrido y mi pecho está relleno de
papel de periódico y por las noches tumbado junto al río en
el oscuro corazón de los arbustos me acuerdo de ella.

11. El viento lleva olor a hierba en el pelo y el agua grita sin
fin pidiendo calma a Dios, y en mi lengua tengo un sabor amargo.


Bertolt Brecht


Biblioteca Digital Ciudad Seva

domingo, 6 de setembro de 2015

Hysterical Literature: Session Two: Alicia (Official)

"E não esqueçamos a dimensão externa da crise política: o interesse do 'big brother' em que desapareçam de cena governos nacionalistas que retiram ao mercado internacional recursos, como o Pré-Sal e a Petrobras. Está em curso na região um novo intervencionismo 'soft' de que iremos ter mais notícias" (Boaventura de Souza Santos).
"A Europa não vive uma crise "migratória", mas uma crise civilizacional. A União Europeia é um fracasso que serviu para a Alemanha fazer o que não conseguiu em duas guerras mundiais: anexar as economias dos países periféricos. A União Europeia apoia fascistas e neonazistas para promover o ódio contra a Rússia. França e Inglaterra voltam a pilhar a África e o Oriente Médio sob o comando dos Estados Unidos que transformou a União Europeia num fiel e obediente vassalo. Ao imporem a guerra e o neoliberalismo nas ex-colônias, o resultado são catástrofes humanitárias e pessoas desesperadas buscando refúgio. Acusam os imigrantes de impor o islã sem lembrar que Portugal e Espanha impuseram o cristianismo na América, África e Ásia. Que moral tem a Europa para dar alguma lição de moral?"

 Thomas de Toledo