quinta-feira, 12 de novembro de 2015

En la administración de correos



Anton Chejov

La joven esposa del viejo administrador de Correos Hattopiertzof acababa de ser inhumada. Después del entierro fuimos, según la antigua costumbre, a celebrar el banquete funerario. Al servirse los buñuelos, el anciano viudo rompió a llorar, y dijo:
-Estos buñuelos son tan hermosos y rollizos como ella.

Todos los comensales estuvieron de acuerdo con esta observación. En realidad era una mujer que valía la pena.

-Sí; cuantos la veían quedaban admirados -accedió el administrador-. Pero yo, amigos míos, no la quería por su hermosura ni tampoco por su bondad; ambas cualidades corresponden a la naturaleza femenina, y son harto frecuentes en este mundo. Yo la quería por otro rasgo de su carácter: la quería -¡Dios la tenga en su gloria!- porque ella, con su carácter vivo y retozón, me guardaba fidelidad. Sí, señores; érame fiel, a pesar de que ella tenía veinte años y yo sesenta. Sí, señores; érame fiel, a mí, el viejo.

El diácono, que figuraba entre los convidados, hizo un gesto de incredulidad.

-¿No lo cree usted? -le preguntó el jefe de Correos.

-No es que no lo crea; pero las esposas jóvenes son ahora demasiado..., entendez vous...? sauce provenzale...

-¿De modo que usted se muestra incrédulo? Ea, le voy a probar la certeza de mi aserto. Ella mantenía su fidelidad por medio de ciertas artes estratégicas o de fortificación, si se puede expresar así, que yo ponía en práctica. Gracias a mi sagacidad y a mi astucia, mi mujer no me podía ser infiel en manera alguna. Yo desplegaba mi astucia para vigilar la castidad de mi lecho matrimonial. Conozco unas frases que son como una hechicería. Con que las pronuncie, basta. Yo podía dormir tranquilo en lo que tocaba a la fidelidad de mi esposa.

-¿Cuáles son esas palabras mágicas?

-Muy sencillas. Yo divulgaba por el pueblo ciertos rumores. Ustedes mismos los conocen muy bien. Yo decía a todo el mundo: «Mi mujer, Alona, sostiene relaciones con el jefe de Policía Zran Alexientch Zalijuatski». Con esto bastaba. Nadie se atrevía a cortejar a Alona, por miedo al jefe de Policía. Los pretendientes apenas la veían echaban a correr, por temor de que Zalijuatski no fuera a imaginarse algo. ¡Ja! ¡Ja!... Cualquiera iba a enredarse con ese diablo. El polizonte era capaz de anonadarlo, a fuerza de denuncias. Por ejemplo, vería a tu gato vagabundeando y te denunciaría por dejar tus animales errantes...; por ejemplo...

-¡Cómo! ¿Tu mujer no estaba en relaciones con el jefe de Policía? -exclaman todos con asombro.

-Era una astucia mía. ¡Ja! ¡Ja!... ¡Con qué habilidad los llamé a engaño!

Transcurrieron algunos momentos sin que nadie turbara el silencio.

Nos callábamos por sentirnos ofendidos al advertir que este viejo gordo y de nariz encarnada se había mofado de nosotros.

-Espera un poco. Cásate por segunda vez. Yo te aseguro que no nos volverás a coger -murmuró alguien.

FIN




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El pavo de Navidad


Mario de Andrade

Nuestra primera Navidad en familia, después de la muerte de papá ocurrida cinco meses antes, fue de consecuencias decisivas para la felicidad familiar. Nosotros siempre fuimos una familia feliz, en ese sentido bien amplio de felicidad: gente honesta, sin crímenes, hogar sin peleas internas ni graves dificultades económicas. Pero, debido en parte a la naturaleza gris de mi padre, ser desprovisto de todo tipo de lirismo, instalado en la mediocridad, siempre nos había faltado ese disfrute de la vida, ese gusto por las felicidades materiales: un buen vino, un balneario, el refrigerador, cosas así. Mi padre había sido un gran equivocado, casi dramático, el pura-sangre de los esfuma-placeres.

Mi padre murió, lo sentimos mucho, etc. Cuando ya nos acercábamos a la Navidad, yo no sabía qué hacer para poner distancia con esa memoria del muerto que obstruía, que parecía haber sistematizado para siempre la obligación de un recuerdo doloroso en cada comida, en cada mínimo gesto de la familia. Una vez sugerí a mamá que fuera al cine a ver una película. ¡Se puso a llorar! ¡Dónde se vio ir al cine estando de luto riguroso! El dolor ya se cultivaba por las apariencias, y yo, que siempre había querido bien a papá, más por instinto filial que por espontaneidad del amor, me veía a punto de detestar al bueno del muerto.

Fue sin lugar a dudas por eso que me nació, en este caso sí, espontáneamente, la idea de hacer una de mis llamadas "locuras". Esa había sido, en realidad, y desde muy niño, mi excelente conquista contra el clima familiar. Desde muy temprano, desde los tiempos de la secundaria, en que me las arreglaba para sacar regularmente un reprobado todos los años, desde el beso a escondidas a una prima, cuando tenía diez años, descubierto por la tía Velha, una tía detestable; y principalmente desde las lecciones que di o recibí, no sé, de una criada, conseguí, en el reformatorio del hogar y con la vasta parentela, la fama conciliadora de "loco". "¡Está loco, el pobre!" decían. Mis padres hablaban con cierta tristeza condescendiente, el resto de la parentela me buscaba como ejemplo para sus hijos y probablemente con aquel placer de los que se convencen de alguna superioridad. No tenían locos entre sus hijos. Pues esa fama es la que me salvó. Hice todo lo que la vida me presentó y que mi ser exigía que se realizara con integridad. Y me dejaron hacer de todo, porque era loco, pobrecito. El resultado de todo esto fue una existencia sin complejos, de la cual no tengo nada de qué quejarme.

Siempre teníamos la costumbre, en la familia, de realizar la cena de Navidad. Cena insignificante, ya puede usted imaginarse; cena tipo mi padre: castañas, higos, pasas después de la Misa de Gallo. Empachados de almendras y nueces (si habremos discutimos los tres hermanos por el cascanueces...), empachados de castañas, nos abrazábamos e íbamos a la cama. Fue al recordar esto que arremetí con una de mis "locuras".

-Bueno, para Navidad, quiero comer pavo.

Hubo una de esas sorpresas que nadie se imagina. Luego, mi tía solterona y santa, que vivía con nosotros, advirtió que no podíamos invitar a nadie debido al luto.

-¿Pero quién habló de invitar a alguien? Esa manía... ¿Cuándo comimos pavo en nuestra vida? Pavo aquí en casa es plato de fiesta, viene toda esa parentela del demonio...

-Hijo mío, no hables así...

-Pues hablo y ya.

Y descargué mi helada indiferencia sobre nuestra parentela infinita, dizque descendiente de bandeirantes, que poco me importa. Era el momento para desarrollar mi teoría de loco, pobrecito, y no perdí la ocasión. De sopetón me dio una ternura inmensa por mamá y tiita, mis dos madres, tres con mi hermana, las tres madres que divinizaron mi vida. Siempre era lo mismo: venía el cumpleaños de alguien y sólo así se hacía pavo en la casa. Pavo era plato de fiesta: una inmundicie de parientes ya preparados por la tradición, invadían la casa por el pavo, las empanaditas y los dulces. Mis tres madres, tres días antes, lo único que sabían de la vida era trabajar preparando carnes frías y dulces finísimos, pues estaban muy bien hechos. La parentela devoraba todo y todavía se llevaba paquetitos para los que no habían podido venir. Mis tres madres quedaban exhaustas. Del pavo, sólo en el entierro de los huesos, al día siguiente, mamá y tiita probaban un pedacito de pierna, oscuro, perdido en el arroz blanco. Y eso que era mamá quien servía, elegía para el viejo y para los hijos. En realidad, nadie sabía concretamente qué era un pavo en nuestra casa, pavo restos de fiesta.

No, no se invitaba a nadie, era un pavo para nosotros cinco, cinco personas. Y tenía que ser con dos farofas, la gorda con los menudos y la seca, doradita, con bastante mantequilla. Quería el buche rellenado sólo con farofa gorda, a la que teníamos que agregar fruta negra, nueces y una copa de Jerez, como había aprendido en casa de la Rosa, mi querida compañera. Está claro que omití decir dónde había aprendido la receta y todos desconfiaron. Y todos se quedaron en ese aire de incienso soplado...¿no sería tentación del Diablo aprovechar una receta tan sabrosa? Y cerveza bien helada, garantizaba yo casi a los gritos. Lo cierto es que con mis "gustos" ya bastante refinados fuera del hogar, primero pensé en un buen vino bien francés. Pero la ternura por mamá venció al loco, a mamá le encantaba la cerveza.

Cuando acabé mis proyectos, me di cuenta, todos estaban felicísimos, con un inmenso deseo de hacer aquella locura con la que había irrumpido. Sabían muy bien que era locura, sí, pero todos se imaginaban que yo era el único que deseaba mucho aquello y era fácil echar encima mío la culpa de sus deseos enormes. Se sonreían, mirándose unos a otros, tímidos como palomas desgarradas, hasta que mi hermana asumió el consentimiento general:

-¡Aunque esté loco!...

Se compró el pavo, se hizo el pavo, etc. Y después de una Misa de Gallo muy mal rezada, tuvimos nuestra Navidad más maravillosa. ¡Qué chistoso! Cuando me acordaba que finalmente iba a lograr que mamá comiera pavo, en esos días no hacía otra cosa que pensar en ella, sentir ternura por ella, amar a mi viejita adorada. Y mis hermanos también, estaban en el mismo ritmo violento de amor, todos dominados por la nueva felicidad que el pavo iba imprimiendo en la familia. De modo que, aún disfrazando las cosas, dejé con tranquilidad que mamá cortara toda la pechuga del pavo. En un momento mamá se detuvo, luego de haber cortado en rebanadas uno de los lados del ave, sin resistirse a aquellas leyes de economía que siempre la habían sumido en una casi pobreza sin razón.

-No señora, siga cortando... y pedazos grandes ¡Yo solo me como eso!

Era mentira, el amor familiar, estaba incandescente en mí de tal forma, que hasta era capaz de comer poco, sólo para que los otros cuatro comieran mucho. Y el diapasón de los otros era el mismo. Aquel pavo comido entre nosotros solos redescubría en cada uno lo que la cotidianeidad había borrado por completo: amor, pasión de madre, pasión de hijos. Dios me perdone pero estoy pensando en Jesús. En esa casa de burgueses muy modestos, se estaba realizando un milagro digno de la Navidad de un Dios. La pechuga del pavo quedó enteramente reducida a rebanadas grandes.

-¡Yo sirvo!

-¡Qué loco! ¡Pero por qué tenía que servir si siempre mamá había servido en esa casa! Entre risas, los grandes platos llenos fueron pasando hasta mí y empecé una distribución heroica, mientras mandaba a mi hermano a que sirviera la cerveza. Advertí un pedazo admirable de pavo lleno de carnecita y lo puse en el plato. Y luego varias rebanadas blancas. La voz severa de mamá cortó el espacio angustiado en el cual todos aspiraban a su parte del pavo:

-¡Acuérdate de tus hermanos, Juca!

¿Cuándo iba a imaginarse ella?, ¡la pobre!, que ese era el plato suyo, de la Madre, de mi amiga maltratada que sabía de la existencia de Rosa, que sabía de mis crímenes, a quien sólo le contaba lo que hacía sufrir!... El plato quedó sublime.

-Mamá, este es su plato. ¡No!... ¡No lo pase!

Fue entonces cuando ella no pudo más con tanta conmoción y se puso a llorar. Mi tía también, después de ver que el siguiente plato sublime era el suyo, entró en el asunto de las lágrimas. Y mi hermana también, que jamás había visto lágrimas sin abrir una llave, se desparramó en llanto. Entonces empecé a decir muchas tonterías para no llorar también, tenía diecinueve años... Diablo de familia tonta que veía un pavo y lloraba... Esas cosas... Todos se esforzaban por sonreír, pero ahora la alegría se tornaba imposible. El llanto había evocado, por asociación, la imagen indeseable de mi padre muerto. Mi padre, con su figura gris, vino a estropear para siempre nuestra Navidad. ¡Me dio coraje!

Bueno, empezamos a comer en silencio, consternados, y el pavo estaba perfecto. La carne tierna, de un tejido muy tenue, se mezclaba entre los sabores de las farofas y del jamón, de vez en cuando herida, molestada y vuelta a desear ante la intervención más violenta de la pasa negra y el estorbo petulante de los pedacitos de nuez. Pero papá estaba sentado allí, gigantesco, incompleto, una censura, una llaga, una incapacidad. Y el pavo estaba tan rico, y mamá que por fin sabía que el pavo era un manjar digno de Jesucito nacido.

Empezó una lucha baja entre el pavo y el bulto de papá. Supuse que alentar al pavo era fortalecerlo en la lucha y, está claro, había tomado decididamente el partido del pavo. Pero los difuntos tienen medios escurridizos, muy hipócritas, como para vencerlos. En cuanto alabé al pavo, la imagen de papá creció victoriosa, insoportablemente obstruyente.

-Sólo falta su papá.

Yo ni comía, ya no podía probar más ese pavo perfecto, tanto me interesaba esa lucha entre los dos muertos. Llegué a odiar a papá. Y ni sé qué inspiración genial de repente me volvió hipócrita y político. En aquel instante que hoy me parece decisivo en nuestra familia, tomé aparentemente el partido de mi padre. Fingí, triste.

-Y sí. Papá nos quería mucho y murió de tanto trabajar para nosotros, papá allí en el cielo debe estar contento -dudé, pero resolví no mencionar más al pavo-, contento de vernos a todos reunidos en familia.

Y todos, mucho más tranquilos, empezaron a hablar de papá. Su imagen fue disminuyendo y se transformó en una estrellita brillante en el cielo. Ahora todos comían el pavo con sensualidad, porque papá había sido muy bueno, siempre se había sacrificado tanto por nosotros, había sido un santo que "ustedes, mis hijos, nunca podrán pagar lo que deben a su padre", un santo. Papá se transformó en santo, una contemplación agradable, una estrellita en el cielo, imposible de deshacer. No perjudicaba más a nadie, puro objeto de contemplación suave. El único muerto aquí era el pavo, dominador, completamente victorioso.

Mamá, tía, nosotros, todos inundados de felicidad. Iba a escribir "felicidad gustativa", pero no era sólo eso. Era un felicidad mayúscula, un amor de todos, un olvido de otros parientes que distraen del gran amor familiar. Y fue, sé que ese primer pavo comido en el seno de la familia fue el comienzo de un amor nuevo, reacomodado, más completo, más rico e inventivo, más complaciente y cuidadoso. Nació entonces una felicidad familiar para nosotros que, no soy exclusivista, algunos tendrán igual de grande, sin embargo más intensa que la nuestra, me es imposible concebir.

Mamá comió tanto pavo que en un momento imaginé que podría hacerle mal. Pero enseguida pensé: ¡Ah!, ¡no importa! aunque se muera, pero por lo menos que una vez en la vida coma pavo de verdad.

Tamaña falta de egoísmo me había transportado a nuestro infinito amor... Después vinieron una uvas ligeras y unos dulces, que allí en mi tierra llevan el nombre de "bien-casados". Pero ni siquiera ese nombre peligroso se asoció al recuerdo de mi padre, que el pavo ya había convertido en dignidad, en cosa cierta, en culto puro de contemplación.

Nos levantamos. Eran casi las dos de la mañana, todos alegres con dos botellas de cerveza encima. Todos se iban a acostar, a dormir o a dar vueltas en la cama, poco importa, porque es bueno un insomnio feliz. La cuestión es que Rosa, católica antes de ser Rosa, me había prometido que me esperaría con una champaña. Para poder salir mentí, dije que iba a la fiesta de un amigo, besé a mamá y le guiñé el ojo; era una manera de contar a dónde iba y qué iba a hacer. Besé a las otras dos mujeres sin guiñarles el ojo. Y ahora, ¡Rosa!...
FIN

Traducción de Inés Van Messen


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14 provérbios alemães


Morgenstund hat Gold im Mund
Os alemães e suas rimas, desta vez para dar uma má notícia aos dorminhocos: "A manhã tem ouro na boca". Trata-se de um ditado latino, também difundido na variante "Aurora musis amica" – A aurora é a amiga das musas. De forma menos poética, "Deus ajuda quem cedo madruga" igualmente encoraja a diligência matinal. Ou, menos apetitoso: "O pássaro madrugador é que pega a minhoca".
Wie man in den Wald hineinruft, so schallt es heraus
"Como se grita na floresta, assim virá o eco" seria a tradução quase literal desse ditado. Ou seja: o que se coloca no mundo retorna da mesma forma, para o bem ou para o mal. Se o input for negativo, portanto, é bom ter em mente que "Quem semeia vento, colhe tempestade".
Der Apfel fällt nicht weit vom Stamm
Semelhante a "Filho de peixe, peixinho é", "A maçã não cai longe do tronco" é outro desses provérbios que convidam a um uso ambivalente ou irônico. A ideia é que qualidades – boas ou más – são herdadas das gerações anteriores. Portanto, atenção: se for dito como elogio, ótimo. Se for insulto, é extensivo ao pai, à mãe e a sabe-se lá quantas gerações.
Gelegenheit macht Diebe
"A ocasião faz o ladrão" – também na Alemanha. Senão, e o escândalo da Volks? E o da DFB? Outra versão dessa noção é a famigerada "lei de Gérson" (o jogador): "O importante é levar vantagem". O provérbio resume uma tendência humana tão lamentável como incorrigível, por isso nunca perde a atualidade. E, como "Ladrão que rouba ladrão tem cem anos de perdão", a enxurrada de escândalos nunca terá fim.
Aller guten Dinge sind drei
Na vida e nas máquinas caça-níqueis, "Todas as coisas boas vêm em três". A atração desse número em praticamente todas as civilizações dispensa comentários: Três Parcas, Santíssima Trindade, as Três Joias do budismo. Na China antiga, vencia em votação não a opinião da maioria, mas a que alcançasse três votos exatos – o número da perfeição. Uma exceção: "Um é pouco, dois é bom, três é demais".
Jeder ist sein Glückes Schmied
"Cada um é o forjador da própria sorte" é um estímulo à autodeterminação que lembra a noção do "self-made man" americano. O provérbio é uma variação de "Quisque faber suae fortunae", registrado pelo cônsul romano Ápio Cláudio Cego, por volta do ano 300 a.C.. Numa ironia histórica, o biógrafo Lívio atribuiu a cegueira de Ápio a uma praga – rogada por outra pessoa, naturalmente.
Auch ein blindes Huhn findet mal ein Korn
Datado de, no mínimo, 400 anos atrás, o dito "Até uma galinha cega acaba achando um grão de milho" tem sentido ambivalente – e também é empregado dessa forma. Pode significar que até o ser mais incapaz pode obter um sucesso – por sorte ou por pura teimosia, porém sem mérito real. Ou ser entendido como um incentivo aos menos capacitados, para que não percam a esperança e continuem persistindo.
Lügen haben kurze Beine
A advertência de que "A mentira tem pernas curtas" e, portanto, nunca vai muito longe, parece ser quase universal. Uma variante africana reza: "Você pode comer uma vez com uma mentira, mas não duas". Também sábia é a inversão de perspectiva contida no dito popular inglês "Engana-me uma vez, vergonha para ti; engana-me duas, vergonha para mim".
Einem geschenkten Gaul schaut man nicht ins Maul
Precisamente "A cavalo dado não se olha os dentes", só que rimando e com "boca" no lugar de "dentes". Obviamente data de um tempo em que cavalos eram considerados uma excelente prenda, e era má educação dar uma de dentista na presença do presenteador. Pois o exame revelaria a idade e condição da montaria – e, portanto, seu preço. Algo como, hoje, ir direto conferir no Google o valor do presente.
Scherben bringen Glück
"Cacos trazem felicidade" lembra a tradição judaica de quebrar copos de vidro no matrimônio, para simbolizar a destruição do Templo de Jerusalém e desejar boa sorte ao casal. Na Alemanha, um costume ligeiramente diferente é mantido até hoje: na "Polterabend", a noite anterior ao casório, quebra-se tudo o que seja de louça: pratos, xícaras, travessas – até mesmo um sanitário ou outro.
Kleider machen Leute
Assim como "O hábito faz o monge", trata-se de uma variante do velho ditado latino "Vestis virus reddit" (As roupas fazem o homem). Até hoje, a ideia é martelada em outdoors e revistas de moda para justificar a importância – e o preço – da aparência exterior. Uma variação genial é atribuída ao espirituoso autor americano Mark Twain: "Gente nua tem pouca ou nenhuma influência na sociedade".
Viele Köche verderben den Brei
"Cozinheiros demais estragam o mingau" é a tradução literal deste provérbio. A ideia é que, quando há gente demais dando opiniões ou ordens, e ninguém para concentrar e filtrar os esforços, o resultado é um fiasco. Enfim, uma apologia do trabalho organizado e da hierarquia, como no brasileiro "Muito cacique para pouco índio".
Wer im Glashaus sitzt, soll nicht mit Steinen werfen
Consta que "Quem tem telhado de vidro não atira pedras no do vizinho" tem origem na Alemanha, embora não se saibam mais detalhes. O ditado evoca a frase bíblica "Aquele que não tiver pecado que atire a primeira pedra", pois sugere que, da mesma forma como, no fundo, ninguém é sem pecado, de uma maneira ou de outra todos vivemos em casas com telhado de vidro.
Ein gutes Gewissen ist ein sanftes Ruhekissen
"Uma consciência livre é um travesseiro macio" concorre entre os ditos populares mais simpáticos da Alemanha. Não faça o mal, ele sugere, e você dormirá em paz. Palavras realmente sábias – embora sejam um fraco consolo para quem sofre de insônia crônica.
Fonte : Deutsche Welle


segunda-feira, 9 de novembro de 2015

la musica della mafia Si gira e si rivolta

1943: Goebbels declara guerra total



Em 18 de fevereiro de 1943, Joseph Goebbels, o ministro da Propaganda de Hitler, proclamou a guerra total num discurso à nação em que apelava ao nacionalismo.


Joseph Goebbels fala para 100 mil alemães, em Zweibrücken

"Eu lhes pergunto: Vocês querem a guerra total?" Interrompido por aplausos e gritos de "sim", o orador insistiu na pergunta. "Vocês a querem, se necessário, mais total e radical do que a podemos imaginar hoje?". E recebeu nova ovação e um decidido "sim" da plateia. Este foi o auge do discurso do chefe da propaganda nazista, Joseph Goebbels (1897-1945), no dia 18 de fevereiro de 1943, diante de 14 mil pessoas reunidas no Palácio dos Esportes, em Berlim.

Essa mistura de ambição pelo poder e desprezo pelo ser humano era típica do oportunista Goebbels. A Alemanha encontrava-se em ruínas e a Segunda Guerra já estava decidida quando Goebbels tentou evocar, pela última vez, o mito da "comunidade do povo" (Volksgemeinschaft).

O discurso no Palácio dos Esportes não passou de encenação, gravada para transmissão por rádio e nos cinemas. A ideia lhe ocorrera em outubro de 1942, quando se delineara a derrota de Stalingrado. A intenção era não só entusiasmar os ouvintes, mas também os soldados nas frentes de batalha.

Apesar disso, Goebbels referiu-se à plateia que o ouvia ao vivo como sendo "uma amostra da sociedade em seu todo". O sucesso do rádio empolgou as multidões, por se tratar de um acontecimento fabuloso da mídia na época. Seu efeito sugestivo foi enfatizado pelo suposto imediatismo e a impressão de ser ao vivo. O programa, porém, havia sido gravado durante o dia e só foi ao ar à noite.

Goebbels ressaltou ameaças judia e bolchevique

O discurso expressou a convicção pelos nazistas de sua causa. Goebbels ainda aperfeiçoou tecnicamente os aplausos, para que tivessem o efeito esperado no país e no exterior. Ressaltando a ameaça bolchevique, o ministro da Propaganda tentou conquistar os países neutros e os aliados ocidentais para uma luta conjunta contra a União Soviética. Insistiu também na campanha de perseguição aos judeus. "A Alemanha não pretende se curvar à ameaça judaica e, sim, enfrentá-la, se necessário, com o extermínio total e radical do judaísmo", disse sob aplausos.

Goebbels ambicionava melhorar sua posição no comando nazista. Nos anos 1930, ele havia sido uma figura marginal. Fora relegado a segundo plano nas decisões que antecederam o início da Segunda Guerra Mundial. Apesar disso, era considerado um importante representante do regime nazista, tanto no país como no exterior. Seu papel era propagar o culto ao Führer e maquiar o caráter terrorista do regime de Hitler com a visão da "comunidade do povo" (Volksgemeinschaft). Goebbels estava ligado ao centro do poder através da propaganda.

Apelo veemente ao nacionalismo

O discurso de 18 de fevereiro de 1943 teve diferentes repercussões no exterior. Hitler classificou-o como "obra-prima da propaganda", uma advertência fatídica que combinava fascínio e violência sutil. Nunca antes Goebbels havia apelado com tanta veemência ao nacionalismo, à esperança e à perseverança de milhões de alemães.

Suas táticas para manipulação das massas, porém, já eram conhecidas. Em 1938, alertara para a "crescente insatisfação do povo alemão" com o Tratado de Versalhes. Com inédita habilidade, usou o rádio, a fotografia e o cinema para propagar os ideais do nazismo. Tramou também a chamada Noite dos Cristais de 9 de novembro de 1938, uma operação brutal montada para vingar o assassinato de um diplomata alemão em Paris por um jovem comunista judeu.

Goebbels alegou que foi um protesto espontâneo das massas, mas hoje sabe-se que a "Noite dos Cristais" marcou o início de uma nova fase do regime hitlerista: o nacional-socialismo deixava as camuflagens para assumir o terror.

Perdida a guerra, os dois principais mentores desse terror - o Führer e seu chefe de propaganda - escolheram o mesmo destino: suicidaram-se em 30 de abril de 1945. No testamento escrito pouco antes do suicídio, Hitler ainda nomeara Goebbels para sucedê-lo no cargo de chanceler do 3º Reich.

Autoria Michael Marek (gh)


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1938: O pogrom da "Noite dos Cristais"



Em 9 de novembro de 1938, sinagogas foram incendiadas em toda a Alemanha. Polícia e bombeiros foram impedidos de agir pelo governo nazista.

 Novemberpogrome 1938 Zerstörte jüdische Geschäfte in Magdeburg

Aquela que ficaria conhecida no próprio jargão nazista como a "noite dos cristais quebrados" marcou o início do Holocausto, que causou a morte de seis milhões de judeus na Europa até o final da Segunda Guerra Mundial.

A "Noite dos Cristais" (Kristallnacht ou Reichspogromnacht), de 9 para 10 de novembro de 1938, em toda a Alemanha e Áustria, foi marcada pela destruição de símbolos judaicos. Sinagogas, casas comerciais e residências de judeus foram invadidas e seus pertences destruídos.
Série de proibições aos judeus

Milhares foram torturados, mortos ou deportados para campos de concentração. A justificativa usada pelos nazistas foi o assassinato do então diplomata alemão em Paris, Ernst von Rath, pelo jovem Herschel Grynszpan, de 17 anos, dois dias antes.

A perseguição nazista à comunidade judaica alemã já havia começado em abril de 1933, com a convocação aos cidadãos a boicotarem estabelecimentos pertencentes a judeus. Mais tarde, foram proibidos de freqüentar estabelecimentos públicos, inclusive hospitais.

No outono europeu de 1935, a perseguição aos judeus, apontados como "inimigos dos alemães", atingiu outro ponto alto com a chamada "Legislação Racista de Nurembergue". Enquanto o resto do mundo parecia não levar o genocídio a sério, Hitler via confirmada sua política de limpeza étnica.

Trajetória para o Holocausto já havia sido aberta

Uma lei de 15 de novembro de 1935 havia proibido os casamentos e condenado as relações extraconjugais entre judeus e não-judeus. Havia ainda a proibição de que não-judeus fizessem serviços domésticos para famílias judaicas e que um judeu hasteasse a bandeira nazista.

Ainda em 1938, as crianças judias foram expulsas das escolas e foi decretada a expropriação compulsória de todas as lojas, indústrias e estabelecimentos comerciais pertencentes a judeus. Em 1º de janeiro de 1939, foi adicionado obrigatoriamente aos documentos de judeus o nome Israel para homens e Sarah para mulheres.

A proporção da brutalidade do pogrom de 9 de novembro foi indescritível. Hermann Göring, chefe da SA (Tropa de Assalto), lamentou "as grandes perdas materiais" daquele 9 de novembro de 1938, acrescentando: "Preferia que tivessem assassinado 200 judeus em vez de destruir tantos objetos de valor!"


Autoria Doris Bulau (rw)

Fonte : Deutsche Welle


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¡Escribe!” Es la mejor receta contra las malos recuerdos


Publicado por Tes Nehuén 9 de noviembre de 2015

"¡Escribe!" Es la mejor receta contra las malos recuerdosDesde tiempos antíquisimos el arte ha servido para dejar constancia de nuestro paso por este mundo. No, para que hagamos de él un uso egocéntrico (que también se puede) sino para que al exteriorizar nuestras experiencias podamos empatizar con personas de otras edades y culturas. La escritura, es entre otras artes, una herramienta ineludible de catarsis tanto para recuperar nuestro propio equilibrio como para reflexionar en pos del equilibrio del mundo.

Podría decirse que la literatura fue y es para muchos un canal de salvación frente a las miserias y las dificultades de la vida. Y así ha quedado demostrado a lo largo de la historia, ya que muchísimos autores han afirmado salvarse gracias al descubrimiento de las letras. La posibilidad de ser otros, de vivir en otro lugar, en otros cuerpos, fue una de las grandes ayudas que nos ofreció a muchos la lectura siendo niños, salvación que se extendió a nuestra vida adulta a través del descubrimiento de la escritura. Tanto lectura como escritura extienden nuestra vida imaginaria y nos ayudan a pasar por este mundo de una forma más intensa, y a la vez, más fructífera. Sobre esa capacidad de la literatura como método de salvación escribo en este texto.

Autores que no se ahogaron

La literatura tiene una doble función: por un lado puede ser una fantástica herramienta de autoconocimiento y, por el otro, una forma de abandonar la propia vida para recordar cómo eran otras sensaciones y tomar impulso para mejorar nuestra realidad. En cualquiera de los dos casos, puede ser una maravillosa forma de explicar(nos) las consecuencias que las experiencias marcan en nuestra psique.

La escritura puede ser, según lo afirman muchísimos psicólogos y especialistas de diferentes disciplinas vinculadas al cuidado de la salud mental, una fantástica tabla de salvación: un método para enfrentar las situaciones traumáticas del pasado y conocernos a nosotros mismos.

Para muchos autores la lectura fue una forma de huir de la propia realidad para habitar otros mundos. Herta Müller ha narrado muchísimas veces que mientras estaba siendo interrogada por la Securitae del régimen de Ceaușescu se ausentaba del presente a través de la poesía: repetía versos y poemas enteros que le ayudaban a blindar su mente y a mantenerse a salvo. Similares fueron las vivencias de Mircea Catarescu quien aseguró que gracias a la literatura se salvó en la infancia y durante la dictadura también fue la literatura, esos libros que estaban censurados pero que leía de forma clandestina, quienes le ayudaron a seguir confiando y a poner en palabras lo que le rondaba dentro del cráneo.

La lista de autores que se aferraron a la literatura y consiguieron mantenerse a salvo es larga. En su último libro, “Niños en el tiempo” (Seix Barral, 2014), Ricardo Menéndez Salmón apoya esta idea de la literatura como salvación, al presentar un relato que se ve atravesado por la pérdida y donde la escritura emerge como un bote salvavidas.

También el famosísimo autor, Haruki Murakami ha dicho en varias ocasiones que si no fuera por la escritura apenas sabría qué cosas rondan su cabeza, ya que no las conoce hasta que no las pone por escrito. El escritor peruano Mario Vargas Llosa, también manifestó que aprender a leer fue una de las mejores cosas que le pasó en la vida y que su acercamiento a las novelas de Flaubert fue una forma ineludible de aferrarse a la palabra como instrumento de salvación. Y Alfredo Conte dice que ve la literatura como una forma de salvarse y agrega que escribir y leer son formas de robarle tiempo a la muerte.

"¡Escribe!" Es la mejor receta contra las malos recuerdos

Escribir para no morir

Voltaire decía que la escritura era la pintura de la voz. Y quizá, ninguna frase puede acercarse más a lo que la literatura implica para quien la escribe: la posibilidad de trazar su propio camino, de escuchar su voz y manifestarse con la certeza de que no hay terreno firme, que la única seguridad que tenemos en esta vida es la posibilidad de estar de paso.

Escribir puede ser una excelente terapia para conquistar terrenos nebulosos de nuestros miedos. Y no lo digo como una especie de fétida terapia en la que nos refugiamos en la tristeza y sentimos compasión de nosotros mismos y nuestras miserias. Sino más bien, en cuanto a que la escritura puede ser una fantástica puerta de entrada para reflexionar sobre lo que el mundo es más allá de nosotros; nos ayuda a convertirnos en observadores capaces de volverse invisibles y observar la vida más allá de nuestras narices. Aunque también, por otro lado, ese mirar hacia afuera nos lleva indefectiblemente a regresar a nosotros y a nuestras experiencias para convertirnos en personas más reflexivas y, en lo posible, más fuertes.


La lectura y la escritura son sin duda dos armas ineludibles para llegar a conocernos y para entender qué cosas de nosotros no nos gustan, cuáles deseamos cambiar y de qué forma creemos que podremos conseguirlo. Sin duda, una maravillosa terapia para transformarnos en personas más satisfechas y felices. ¿Qué me dicen? 

CE



Louis Aragon

Todo empezará en el CE,
el puente que yo crucé.

Habla un romance perdido
del buen caballero herido;
de una rosa en la calzada
y una túnica soltada;
de un castillo misterioso
y albos cisnes en el foso,
y una pradera en que danza
la novia sin esperanza.

Como una noche de hielo,
el lay de glorias en duelo.

Se van con mis pensamientos
por el Loire los armamentos;
y los convoyes volcados
y llantos mal enjugados.

¡Oh Francia, mi bien amada!
¡Oh mi dulce abandonada!
qué sola yo te dejé
cruzando el puente de CE.
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sábado, 7 de novembro de 2015

A Tosco

A Tosco, 
Sí Tosco, sí Agustín,
como hace la madera,
con la tenacidad de la flor que no cesa,
de ese modo Agustín, Tosco como la tierra
en donde el Cordobazo alzó su polvareda,
como ese grito tuyo que sale de las fábricas,
de los talleres grises y las villas miseria.
Sí Agustín tumulto, de esa manera entera,
avanzamos contigo y con la clase obrera.
Nadie sabe en qué aire te volviste bandera
trasparente Agustín de overol primavera.
Toscamente Agustín, sangre de sangre nuestra
córdobamente hermano para que el día vuelva
contigo en cada nido, en cada campanario.
Y el motín de palomas que de tu sangre vuela.
Nadie se ha detenido, nadie ha dicho me rindo;
a cada santo y seña tu multitud regresa,
con los puños en alto hacia la vida nueva,

y tu overol azul de patria en primavera


de Armando Tejada Gómez.

Sennin


Ryunosuke Akutagawa

Un hombre que quería emplearse como sirviente llegó una vez a la ciudad de Osaka. No sé su verdadero nombre, lo conocían por el nombre de sirviente, Gonsuké, pues él era, después de todo, un sirviente para cualquier trabajo.

Este hombre -que nosotros llamaremos Gonsuké- fue a una agencia de COLOCACIONES PARA CUALQUIER TRABAJO, y dijo al empleado que estaba fumando su larga pipa de bambú:

-Por favor, señor Empleado, yo desearía ser un sennin1. ¿Tendría usted la gentileza de buscar una familia que me enseñara el secreto de serlo, mientras trabajo como sirviente?

El empleado, atónito, quedó sin habla durante un rato, por el ambicioso pedido de su cliente.

-¿No me oyó usted, señor Empleado? -dijo Gonsuké-. Yo deseo ser un sennin1. ¿Quisiera usted buscar una familia que me tome de sirviente y me revele el secreto?

-Lamentamos desilusionarlo -musitó el empleado, volviendo a fumar su olvidada pipa-, pero ni una sola vez en nuestra larga carrera comercial hemos tenido que buscar un empleo para aspirantes al grado de sennin. Si usted fuera a otra agencia, quizá...

Gonsuké se le acercó más, rozándolo con sus presuntuosas rodillas, de pantalón azul, y empezó a argüir de esta manera:

-Ya, ya, señor, eso no es muy correcto. ¿Acaso no dice el cartel COLOCACIONES PARA CUALQUIER TRABAJO? Puesto que promete cualquier trabajo, usted debe conseguir cualquier trabajo que le pidamos. Usted está mintiendo intencionalmente, si no lo cumple.

Frente a un argumento tan razonable, el empleado no censuró el explosivo enojo:

-Puedo asegurarle, señor Forastero, que no hay ningún engaño. Todo es correcto -se apresuró a alegar el empleado-, pero si usted insiste en su extraño pedido, le rogaré que se dé otra vuelta por aquí mañana. Trataremos de conseguir lo que nos pide.

Para desentenderse, el empleado hizo esa promesa y logró, momentáneamente por lo menos, que Gonsuké se fuera. No es necesario decir, sin embargo, que no tenía la posibilidad de conseguir una casa donde pudieran enseñar a un sirviente los secretos para ser un sennin. De modo que al deshacerse del visitante, el empleado acudió a la casa de un médico vecino.

Le contó la historia del extraño cliente y le preguntó ansiosamente:

-Doctor, ¿qué familia cree usted que podría hacer de este muchacho un sennin, con rapidez?

Aparentemente, la pregunta desconcertó al doctor. Quedó pensando un rato, con los brazos cruzados sobre el pecho, contemplando vagamente un gran pino del jardín. Fue la mujer del doctor, una mujer muy astuta, conocida como la Vieja Zorra, quien contestó por él al oír la historia del empleado.

-Nada más simple. Envíelo aquí. En un par de años lo haremos sennin.

-¿Lo hará usted realmente, señora? ¡Sería maravilloso! No sé cómo agradecerle su amable oferta. Pero le confieso que me di cuenta desde el comienzo que algo relaciona a un doctor con un sennin.

El empleado, que felizmente ignoraba los designios de la mujer, agradeció una y otra vez, y se alejó con gran júbilo.

Nuestro doctor lo siguió con la vista; parecía muy contrariado; luego, volviéndose hacia la mujer, le regañó malhumorado:

-Tonta, ¿te has dado cuenta de la tontería que has hecho y dicho? ¿Qué harías si el tipo empezara a quejarse algún día de que no le hemos enseñado ni una pizca de tu bendita promesa después de tantos años?

La mujer, lejos de pedirle perdón, se volvió hacia él y graznó:

-Estúpido. Mejor no te metas. Un atolondrado tan estúpidamente tonto como tú, apenas podría arañar lo suficiente en este mundo de te comeré o me comerás, para mantener alma y cuerpo unidos.

Esta frase hizo callar a su marido.

A la mañana siguiente, como había sido acordado, el empleado llevó a su rústico cliente a la casa del doctor. Como había sido criado en el campo, Gonsuké se presentó aquel día ceremoniosamente vestido con haori y hakama, quizá en honor de tan importante ocasión. Gonsuké aparentemente no se diferenciaba en manera alguna del campesino corriente: fue una pequeña sorpresa para el doctor, que esperaba ver algo inusitado en la apariencia del aspirante a sennin. El doctor lo miró con curiosidad, como a un animal exótico traído de la lejana India, y luego dijo:

-Me dijeron que usted desea ser un sennin, y yo tengo mucha curiosidad por saber quién le ha metido esa idea en la cabeza.

-Bien señor, no es mucho lo que puedo decirle -replicó Gonsuké-. Realmente fue muy simple: cuando vine por primera vez a esta ciudad y miré el gran castillo, pensé de esta manera: que hasta nuestro gran gobernante Taiko, que vive allá, debe morir algún día; que usted puede vivir suntuosamente, pero aun así volverá al polvo como el resto de nosotros. En resumidas cuentas, que toda nuestra vida es un sueño pasajero... justamente lo que sentía en ese instante.

-Entonces -prontamente la Vieja Zorra se introdujo en la conversación-, ¿haría usted cualquier cosa con tal de ser un sennin?

-Sí, señora, con tal de serlo.

-Muy bien. Entonces usted vivirá aquí y trabajará para nosotros durante veinte años a partir de hoy y, al término del plazo, será el feliz poseedor del secreto.

-¿Es verdad, señora? Le quedaré muy agradecido.

-Pero -añadió ella-, de aquí a veinte años usted no recibirá de nosotros ni un centavo de sueldo. ¿De acuerdo?

-Sí, señora. Gracias, señora. Estoy de acuerdo en todo.

De esta manera empezaron a transcurrir los veinte años que pasó Gonsuké al servicio del doctor. Gonsuké acarreaba agua del pozo, cortaba la leña, preparaba las comidas y hacía todo el fregado y el barrido. Pero esto no era todo, tenía que seguir al doctor en sus visitas, cargando en sus espaldas el gran botiquín. Ni siquiera por todo este trabajo Gonsuké pidió un solo centavo. En verdad, en todo el Japón, no se hubiera encontrado mejor sirviente por menos sueldo.

Pasaron por fin los veinte años y Gonsuké, vestido otra vez ceremoniosamente con su almidonado haori como la primera vez que lo vieron, se presentó ante los dueños de casa.

Les expresó su agradecimiento por todas las bondades recibidas durante los pasados veinte años.

-Y ahora, señor -prosiguió Gonsuké-. ¿quisieran ustedes enseñarme hoy, como lo prometieron hace veinte años, cómo se llega a ser sennin y alcanzar juventud eterna e inmortalidad?

-Y ahora ¿qué hacemos? -suspiró el doctor al oír el pedido. Después de haberlo hecho trabajar durante veinte largos años por nada, ¿cómo podría en nombre de la humanidad decir ahora a su sirviente que nada sabía respecto al secreto de los sennin? El doctor se desentendió diciendo que no era él sino su mujer quien sabía los secretos.

-Usted tiene que pedirle a ella que se lo diga -concluyó el doctor y se alejó torpemente.

La mujer, sin embargo, suave e imperturbable, dijo:

-Muy bien, entonces se lo enseñaré yo, pero tenga en cuenta que usted debe hacer lo que yo le diga, por difícil que le parezca. De otra manera, nunca podría ser un sennin; y además, tendría que trabajar para nosotros otros veinte años, sin paga, de lo contrario, créame, el Dios Todopoderoso lo destruirá en el acto.

-Muy bien, señora, haré cualquier cosa por difícil que sea -contestó Gonsuké. Estaba muy contento y esperaba que ella hablara.

-Bueno -dijo ella-, entonces trepe a ese pino del jardín.

Desconociendo por completo los secretos, sus intenciones habían sido simplemente imponerle cualquier tarea imposible de cumplir para asegurarse sus servicios gratis por otros veinte años. Sin embargo, al oír la orden, Gonsuké empezó a trepar al árbol, sin vacilación.

-Más alto -le gritaba ella-, más alto, hasta la cima.

De pie en el borde de la baranda, ella erguía el cuello para ver mejor a su sirviente sobre el árbol; vio su haori flotando en lo alto, entre las ramas más altas de ese pino tan alto.

-Ahora suelte la mano derecha.

Gonsuké se aferró al pino lo más que pudo con la mano izquierda y cautelosamente dejó libre la derecha.

-Suelte también la mano izquierda.

-Ven, ven, mi buena mujer -dijo al fin su marido atisbando las alturas-. Tú sabes que si el campesino suelta la rama, caerá al suelo. Allá abajo hay una gran piedra y, tan seguro como yo soy doctor, será hombre muerto.

-En este momento no quiero ninguno de tus preciosos consejos. Déjame tranquila. ¡He! ¡Hombre! Suelte la mano izquierda. ¿Me oye?

En cuanto ella habló, Gonsuké levantó la vacilante mano izquierda. Con las dos manos fuera de la rama ¿cómo podría mantenerse sobre el árbol? Después, cuando el doctor y su mujer retomaron aliento, Gonsuké y su haori se divisaron desprendidos de la rama, y luego... y luego... Pero ¿qué es eso? ¡Gonsuké se detuvo! ¡se detuvo! en medio del aire, en vez de caer como un ladrillo, y allá arriba quedó, en plena luz del mediodía, suspendido como una marioneta.

-Les estoy agradecido a los dos, desde lo más profundo de mi corazón. Ustedes me han hecho un sennin -dijo Gonsuké desde lo alto.

Se le vio hacerles una respetuosa reverencia y luego comenzó a subir cada vez más alto, dando suaves pasos en el cielo azul, hasta transformarse en un puntito y desaparecer entre las nubes.

FIN

1. Según la tradición china, el Sennin es un ermitaño sagrado que vive en el corazón de una montaña, y que tiene poderes mágicos como el de volar cuando quiere y disfrutar de una extrema  longevidad.



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Cuerpo de mujer


Una noche de verano un chino llamado Yang despertó de pronto a causa del insoportable calor. Tumbado boca abajo, la cabeza entre las manos, se había entregado a hilvanar fogosas fantasías cuando se percató de que había un pulga avanzando por el borde de la cama. En la penumbra de la habitación la vio arrastrar su diminuto lomo fulgurando como polvo de plata rumbo al hombro de su mujer que dormía a su lado. Desnuda, yacía profundamente dormida, y oyó que respiraba dulcemente, la cabeza y el cuerpo volteados hacia su lado.

Observando el avance indolente de la pulga, Yang reflexionó sobre la realidad de aquellas criaturas. "Una pulga necesita una hora para llegar a un sitio que está a dos o tres pasos nuestros, aparte de que todo su espacio se reduce a una cama. Muy tediosa sería mi vida de haber nacido pulga..."

Dominado por estos pensamientos, su conciencia se empezó a oscurecer lentamente y, sin darse cuenta, acabó hundiéndose en el profundo abismo de un extraño trance que no era ni sueño ni realidad. Imperceptiblemente, justo cuando se sintió despierto, vio, asombrado, que su alma había penetrado el cuerpo de la pulga que durante todo aquel tiempo avanzaba sin prisa por la cama, guiada por un acre olor a sudor. Aquello, en cambio, no era lo único que lo confundía, pese a ser una situación tan misteriosa que no conseguía salir de su asombro.

En el camino se alzaba una encumbrada montaña cuya forma más o menos redondeada aparecía suspendida de su cima como una estalactita, alzándose más allá de la vista y descendiendo hacia la cama donde se encontraba. La base medio redonda de la montaña, contigua a la cama, tenía el aspecto de una granada tan encendida que daba la impresión de contener fuego almacenado en su seno. Salvo esta base, el resto de la armoniosa montaña era blancuzco, compuesto de la masa nívea de una sustancia grasa, tierna y pulida. La vasta superficie de la montaña bañada en luz despedía un lustre ligeramente ambarino que se curvaba hacia el cielo como un arco de belleza exquisita, a la par que su ladera oscura refulgía como una nieve azulada bajo la luz de la luna.

Los ojos abiertos de par en par, Yang fijó la mirada atónita en aquella montaña de inusitada belleza. Pero cuál no sería su asombro al comprobar que la montaña era uno de los pechos de su mujer. Poniendo a un lado el amor, el odio y el deseo carnal, Yang contempló aquel pecho enorme que parecía una montaña de marfil. En el colmo de la admiración permaneció un largo rato petrificado y como aturdido ante aquella imagen irresistible, ajeno por completo al acre olor a sudor. No se había dado cuenta, hasta volverse una pulga, de la belleza aparente de su mujer. Tampoco se puede limitar un hombre de temperamento artístico a la belleza aparente de una mujer y contemplarla azorado como hizo la pulga.

Ryunosuke Akutagawa


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One Hour of Music - Soviet Communist Music

quarta-feira, 4 de novembro de 2015

Cenizas al alba


POEMA DE FINADOS


Amanhã que é dia dos mortos
Vai ao cemitério. Vai
E procura entre as sepulturas
A sepultura de meu pai.
Leva três rosas bem bonitas.
Ajoelha e reza uma oração.
Não pelo pai, mas pelo filho:
O filho tem mais precisão.
O que resta de mim na vida
É a amargura do que sofri.
Pois nada quero, nada espero.

E em verdade estou morto ali.

Manuel Bandeira
"L'amore lo sai
scioglie i cuori di ghiaccio
Che sarà di me
se perdo anche te"
" o amor sabes
Dissolve os corações de gelo
Que será de mim
Se perder também ti "


Gianni Morandi 

VERSOS DE NATAL


Espelho, amigo verdadeiro,
Tu refletes as minhas rugas,
Os meus cabelos brancos,
Os meus olhos míopes e cansados.
Espelho, amigo verdadeiro,
Mestre do realismo exato e minucioso,
Obrigado, obrigado!
Mas se fosses mágico,
Penetrarias até o fundo desse homem triste,
Descobririas o menino que sustenta esse homem,
O menino que não quer morrer,
Que não morrerá senão comigo,
O menino que todos os anos na véspera do Natal
Pensa ainda em pôr os seus sapatinhos atrás da porta.

Manuel Bandeira

ESPELHO


Sou prateado e exato. Não tenho preconceitos.
Tudo o que vejo engulo no mesmo momento
Do jeito que é, sem manchas de amor ou desprezo.
Não sou cruel, apenas verdadeiro —
O olho de um pequeno deus, com quatro cantos.
O tempo todo medito do outro lado da parede.
Cor-de-rosa, malhada. Há tanto tempo olho para ele
Que acho que faz parte do meu coração. Mas ele falha.
Escuridão e faces nos separam mais e mais.
Sou um lago, agora. Uma mulher se debruça sobre mim,
Buscando em minhas margens sua imagem verdadeira.
Então olha aquelas mentirosas, as velas ou a lua.
Vejo suas costas, e a reflito fielmente.
Me retribui com lágrimas e acenos.
Sou importante para ela. Ela vai e vem.
A cada manhã seu rosto repõe a escuridão.
Ela afogou uma menina em mim, e em mim uma velha
Emerge em sua direção, dia a dia, como um peixe terrível.

Sylvia Plat

O ESPELHO


E como eu passasse por diante do espelho
não vi meu quarto com as suas estantes
nem este meu rosto
onde escorre o tempo.
Vi primeiro uns retratos na parede:
janelas onde olham avós hirsutos
e as vovozinhas de saia-balão
Como pára-quedistas às avessas que subissem do
fundo do tempo.
O relógio marcava a hora
mas não dizia o dia. O Tempo,
desconcertado,
estava parado.
Sim, estava parado
Em cima do telhado...
Como um catavento que perdeu as asas!

Mario Quintana

ESPELHO DE UM MOMENTO


Ele dissipa a claridade
Mostra aos homens as imagens sutis da aparência
Arrebata aos homens a possibilidade de se distraírem.
É duro quanto a pedra,
A pedra informe,
A pedra do movimento e da rua,
E seu brilho é tal que todas as armaduras, todas as
máscaras se deformam.
O que a mão tomou desdenha mesmo de tomar a forma da mão.
O que foi compreendido não existe mais,
A ave se confundiu com o vento,
O céu com sua verdade
O homem com sua realidade.

Paul Éluard

AS SEM RAZÕES DO AMOR


Eu te amo porque te amo,
Não precisas ser amante,
e nem sempre sabes sê-lo.
Eu te amo porque te amo.
Amor é estado de graça
e com amor não se paga.
Amor é dado de graça,
é semeado no vento,
na cachoeira, no eclipse.
Amor foge a dicionários
e a regulamentos vários.
Eu te amo porque não amo
bastante ou demais a mim.
Porque amor não se troca,
não se conjuga nem se ama.
Porque amor é amor a nada,
feliz e forte em si mesmo.
Amor é primo da morte,
e da morte vencedor,
por mais que o matem (e matam)
a cada instante de amor.

Carlos Drummond de Andrade.