quarta-feira, 11 de junho de 2014

SUPLEMENTO LITERÁRIO DE MINAS PUBLICA ENTREVISTA COM FERREIRA GULLAR –



Destaquei alguns momentos para os amigos: “fazer poesia é uma alquimia de transformar dor em alegria. A arte transforma dor em alegria. A arte não foi feita para criar sofrimento” ; “A vida é regida, em grande parte, pelo acaso”; “O ressentimento só dói na gente, não dói no outro”; “A arte contemporânea é regida pela gratuidade...Sabe como essa gente pensa? Mais ou menos assim: deixe-me ver o que ainda não fizeram e que pode dar mídia. Cocô na lata? Casal nu dentro de uma jaula? Tubarão no formol? Tudo isso já fizeram. Mas urubu na gaiola ainda não. Então vou fazer isso. É uma cretinice....Eu não sou débil mental, cara.”; “A arte nasceu nas cavernas. A arte é uma coisa do ser humano. Para imaginar a vida, inventar a vida. Não são uns babacas, influenciados por Marcel Duchamp, que vão acabar com ela.”

Rubens Jardim

La cuerda cortada


La cuerda cortada puede volver a anudarse,
vuelve a aguantar, pero
está cortada.

Quizá volvamos a tropezar, pero allí
donde me abandonaste no
volverás a encontrarme

Bertolt Brecht

A un poeta menor de la antología


¿Dónde está la memoria de los días
que fueron tuyos en la tierra, y tejieron
dicha y dolor y fueron para ti el universo?

El río numerable de los años
los ha perdido; eres una palabra en un índice.

Dieron a otros gloria interminable los dioses,
inscripciones y exergos y monumentos y puntuales historiadores;
de ti solo sabemos, oscuro amigo,
que oíste al ruiseñor, una tarde.

Entre los asfodelos de la sombra, tu vana sombra
pensará que los dioses han sido avaros.

Pero los días son una red de triviales miserias,
¿y habrá suerte mejor que ser la ceniza,
de que está hecho el olvido?

Sobre otros arrojaron los dioses
la inexorable luz de la gloria, que mira las entrañas y enumera las grietas,
de la gloria, que acaba por ajar la rosa que venera;
contigo fueron más piadosos, hermano.

En el éxtasis de un atardecer que no será una noche,
oyes la voz del ruiseñor de Teócrito.

 Jorge Luis Borges


Biblioteca Digital Ciudad Seva

Una señora



No recuerdo con certeza cuándo fue la primera vez que me di cuenta de su existencia. Pero si no me equivoco, fue cierta tarde de invierno en un tranvía que atravesaba un barrio popular.

Cuando me aburro de mi pieza y de mis conversaciones habituales, suelo tomar algún tranvía cuyo recorrido desconozca y pasar así por la ciudad. Esa tarde llevaba un libro por si se me antojara leer, pero no lo abrí. Estaba lloviendo esporádicamente y el tranvía avanzaba casi vacío. Me senté junto a una ventana, limpiando un boquete en el vaho del vidrio para mirar las calles.

No recuerdo el momento exacto en que ella se sentó a mi lado. Pero cuando el tranvía hizo alto en una esquina, me invadió aquella sensación tan corriente y, sin embargo, misteriosa, que cuanto veía, el momento justo y sin importancia como era, lo había vivido antes, o tal vez soñado. La escena me pareció la reproducción exacta de otra que me fuese conocida: delante de mí, un cuello rollizo vertía sus pliegues sobre una camisa deshilachada; tres o cuatro personas dispersas ocupaban los asientos del tranvía; en la esquina había una botica de barrio con su letrero luminoso, y un carabinero bostezó junto al buzón rojo, en la oscuridad que cayó en pocos minutos. Además, vi una rodilla cubierta por un impermeable verde junto a mi rodilla.

Conocía la sensación, y más que turbarme me agradaba. Así, no me molesté en indagar dentro de mi mente dónde y cómo sucediera todo esto antes. Despaché la sensación con una irónica sonrisa interior, limitándome a volver la mirada para ver lo que seguía de esa rodilla cubierta con un impermeable verde.

Era una señora. Una señora que llevaba un paraguas mojado en la mano y un sombrero funcional en la cabeza. Una de esas señoras cincuentonas, de las que hay por miles en esta ciudad: ni hermosa ni fea, ni pobre ni rica. Sus facciones regulares mostraban los restos de una belleza banal. Sus cejas se juntaban más de lo corriente sobre el arco de la nariz, lo que era el rasgo más distintivo de su rostro.

Hago esta descripción a la luz de hechos posteriores, porque fue poco lo que de la señora observé entonces. Sonó el timbre, el tranvía partió haciendo desvanecerse la escena conocida, y volví a mirar la calle por el boquete que limpiara en el vidrio. Los faroles se encendieron. Un chiquillo salió de un despacho con dos zanahorias y un pan en la mano. La hilera de casas bajas se prolongaba a lo largo de la acera: ventana, puerta, ventana, puerta, dos ventanas, mientras los zapateros, gasfíteres y verduleros cerraban sus comercios exiguos.

Iba tan distraído que no noté el momento en que mi compañera de asiento se bajó del tranvía. ¿Cómo había de notarlo si después del instante en que la miré ya no volví a pensar en ella?

No volví a pensar en ella hasta la noche siguiente.

Mi casa está situada en un barrio muy distinto a aquel por donde me llevara el tranvía la tarde anterior. Hay árboles en las aceras y las casas se ocultaban a medias detrás de rejas y matorrales. Era bastante tarde, y yo ya estaba cansado, ya que pasara gran parte de la noche charlando con amigos ante cervezas y tazas de café. Caminaba a mi casa con el cuello del abrigo muy subido. Antes de atravesar una calle divisé una figura que se me antojó familiar, alejándose bajo la oscuridad de las ramas. Me detuve observándola un instante. Sí, era la mujer que iba junto a mí en el tranvía de la tarde anterior. Cuando pasó bajo un farol reconocí inmediatamente su impermeable verde. Hay miles de impermeables verdes en esta ciudad, sin embargo no dudé de que se trataba del suyo, recordándola a pesar de haberla visto sólo unos segundos en que nada de ella me impresionó. Crucé a la otra acera. Esa noche me dormí sin pensar en la figura que se alejaba bajo los árboles por la calle solitaria.

Una mañana de sol, dos días después, vi a la señora en una calle céntrica. El movimiento de las doce estaba en su apogeo. Las mujeres se detenían en las vidrieras para discutir la posible adquisición de un vestido o de una tela. Los hombres salían de sus oficinas con documentos bajo el brazo. La reconocí de nuevo al verla pasar mezclada con todo esto, aunque no iba vestida como en las veces anteriores. Me cruzó una ligera extrañeza de por qué su identidad no se había borrado de mi mente, confundiéndola con el resto de los habitantes de la ciudad.

En adelante comencé a ver a la señora bastante seguido. La encontraba en todas partes y a toda hora. Pero a veces pasaba una semana o más sin que la viera. Me asaltó la idea melodramática de que quizás se ocupara en seguirme. Pero la deseché al constatar que ella, al contrario que yo, no me identificaba en medio de la multitud. A mí, en cambio, me gustaba percibir su identidad entre tanto rostro desconocido. Me sentaba en un parque y ella lo cruzaba llevando un bolsón con verduras. Me detenía a comprar cigarrillos, y estaba ella pagando los suyos. Iba al cine, y allí estaba la señora, dos butacas más allá. No me miraba, pero yo me entretenía observándola. Tenía la boca más bien gruesa. Usaba un anillo grande, bastante vulgar.

Poco a poco la comencé a buscar. El día no me parecía completo sin verla. Leyendo un libro, por ejemplo, me sorprendía haciendo conjeturas acerca de la señora en vez de concentrarme en lo escrito. La colocaba en situaciones imaginarias, en medio de objetos que yo desconocía. Principié a reunir datos acerca de su persona, todos carentes de importancia y significación. Le gustaba el color verde. Fumaba sólo cierta clase de cigarrillos. Ella hacía las compras para las comidas de su casa.

A veces sentía tal necesidad de verla, que abandonaba cuanto me tenía atareado para salir en su busca. Y en algunas ocasiones la encontraba. Otras no, y volvía malhumorado a encerrarme en mi cuarto, no pudiendo pensar en otra cosa durante el resto de la noche.

Una tarde salí a caminar. Antes de volver a casa, cuando oscureció, me senté en el banco de una plaza. Sólo en esta ciudad existen plazas así. Pequeña y nueva, parecía un accidente en ese barrio utilitario, ni próspero ni miserable. Los árboles eran raquíticos, como si se hubieran negado a crecer, ofendidos al ser plantados en terreno tan pobre, en un sector tan opaco y anodino. En una esquina, una fuente de soda oscura aclaraba las figuras de tres muchachos que charlaban en medio del charco de luz. Dentro de una pileta seca, que al parecer nunca se terminó de construir, había ladrillos trizados, cáscaras de fruta, papeles. Las parejas apenas conversaban en los bancos, como si la fealdad de la plaza no propiciara mayor intimidad.

Por uno de los senderos vi avanzar a la señora, del brazo de otra mujer. Hablaban con animación, caminando lentamente. Al pasar frente a mí, oí que la señora decía con tono acongojado:

-¡Imposible!

La otra mujer pasó el brazo en torno a los hombros de la señora para consolarla. Circundando la pileta inconclusa se alejaron por otro sendero.

Inquieto, me puse de pie y eché a andar con la esperanza de encontrarlas, para preguntar a la señora qué había sucedido. Pero desaparecieron por las calles en que unas cuantas personas transitaban en pos de los últimos menesteres del día.

No tuve paz la semana que siguió de este encuentro. Paseaba por la ciudad con la esperanza de que la señora se cruzara en mi camino, pero no la vi. Parecía haberse extinguido, y abandoné todos mis quehaceres, porque ya no poseía la menor facultad de concentración. Necesitaba verla pasar, nada más, para saber si el dolor de aquella tarde en la plaza continuaba. Frecuenté los sitios en que soliera divisarla, pensando detener a algunas personas que se me antojaban sus parientes o amigos para preguntarles por la señora. Pero no hubiera sabido por quién preguntar y los dejaba seguir. No la vi en toda esa semana.

Las semanas siguientes fueron peores. Llegué a pretextar una enfermedad para quedarme en cama y así olvidar esa presencia que llenaba mis ideas. Quizás al cabo de varios días sin salir la encontrara de pronto el primer día y cuando menos lo esperara. Pero no logré resistirme, y salí después de dos días en que la señora habitó mi cuarto en todo momento. Al levantarme, me sentí débil, físicamente mal. Aun así tomé tranvías, fui al cine, recorrí el mercado y asistí a una función de un circo de extramuros. La señora no apareció por parte alguna.

Pero después de algún tiempo la volví a ver. Me había inclinado para atar un cordón de mis zapatos y la vi pasar por la soleada acera de enfrente, llevando una gran sonrisa en la boca y un ramo de aromo en la mano, los primeros de la estación que comenzaba. Quise seguirla, pero se perdió en la confusión de las calles.

Su imagen se desvaneció de mi mente después de perderle el rastro en aquella ocasión. Volví a mis amigos, conocí gente y paseé solo o acompañado por las calles. No es que la olvidara. Su presencia, más bien, parecía haberse fundido con el resto de las personas que habitan la ciudad.

Una mañana, tiempo después, desperté con la certeza de que la señora se estaba muriendo. Era domingo, y después del almuerzo salí a caminar bajo los árboles de mi barrio. En un balcón una anciana tomaba el sol con sus rodillas cubiertas por un chal peludo. Una muchacha, en un prado, pintaba de rojo los muebles del jardín, alistándolos para el verano. Había poca gente, y los objetos y los ruidos se dibujaban con precisión en el aire nítido. Pero en alguna parte de la misma ciudad por la que yo caminaba, la señora iba a morir.

Regresé a casa y me instalé en mi cuarto a esperar.

Desde mi ventana vi cimbrarse en la brisa los alambres del alumbrado. La tarde fue madurando lentamente más allá de los techos, y más allá del cerro, la luz fue gastándose más y más. Los alambres seguían vibrando, respirando. En el jardín alguien regaba el pasto con una manguera. Los pájaros se aprontaban para la noche, colmando de ruido y movimiento las copas de todos los árboles que veía desde mi ventana. Rió un niño en el jardín vecino. Un perro ladró.

Instantáneamente después, cesaron todos los ruidos al mismo tiempo y se abrió un pozo de silencio en la tarde apacible. Los alambres no vibraban ya. En un barrio desconocido, la señora había muerto. Cierta casa entornaría su puerta esa noche, y arderían cirios en una habitación llena de voces quedas y de consuelos. La tarde se deslizó hacia un final imperceptible, apagándose todos mis pensamientos acerca de la señora. Después me debo de haber dormido, porque no recuerdo más de esa tarde.

Al día siguiente vi en el diario que los deudos de doña Ester de Arancibia anunciaban su muerte, dando la hora de los funerales. ¿Podría ser?... Sí. Sin duda era ella.

Asistí al cementerio, siguiendo el cortejo lentamente por las avenidas largas, entre personas silenciosas que conocían los rasgos y la voz de la mujer por quien sentían dolor. Después caminé un rato bajo los árboles oscuros, porque esa tarde asoleada me trajo una tranquilidad especial.

Ahora pienso en la señora sólo muy de tarde en tarde.

A veces me asalta la idea, en una esquina por ejemplo, que la escena presente no es más que reproducción de otra, vivida anteriormente. En esas ocasiones se me ocurre que voy a ver pasar a la señora, cejijunta y de impermeable verde. Pero me da un poco de risa, porque yo mismo vi depositar su ataúd en el nicho, en una pared con centenares de nichos todos iguales.

José Donoso (1924-1997).Chile




Biblioteca Digital Ciudad Seva
El vaso medio lleno,
medio vacío.
No está contento, tampoco
es que esté viendo todo negro.
No se pregunta nada.
Lo bebe, simplemente.
De un sólo trago.
Ahora sí, el vaso está vacío.
Mira hacia la botella;
media llena, media vacía.
La termina, simplemente.
Ahora los tres; el vaso,
la botella y él,
adquieren un poco de sentido.
Afuera llueve. Paga.
Y se va.

Gustavo Caso Rosendi


terça-feira, 10 de junho de 2014

Noites Brancas

"E, tremendo pela sua felicidade, cheia de angústia e de nostalgia, compreendia finalmente que também amava, que eu a amava, e então a sua alma sentiu piedade do meu próprio amor. Porque quando somos infelizes ficamos mais aptos a compreender o sofrimento alheio; a nossa sensibilidade, assim, não se degrada, mas, pelo contrário, condensa-se e acumula-se..."
Noites Brancas, Fiódor Dostoievski.


A economia brasileira

"Por maior que seja o apego dos homens às formas de vida nas quais se criaram e adquiriram seus padrões de comportamento, por mais intensas que sejam as tendências conservadoras em determinados tipos de sociedade, o processo de mudança cultural aparece por toda parte como a força criadora das civilizações. A transformação dos padrões culturais resulta do fato mesmo de que a cultura é uma coisa viva, em inter-relação permanente com o meio e com outras culturas. É de observação corrente, entretanto, que as mudanças culturais não se realizam com igual facilidade em todos os setores da atividade social. Existe, em toda cultura, uma área de atividade ou crenças onde se polarizam as atenções dos indivíduos, onde se entrechocam com maior frequência os pontos de vista, onde se observa uma diferenciação estrutural mais larga. Em torno dessa área se estabelece um processo de permanentes entre-choques pessoais, pois a mesma está aberta à curiosidade, ao interesse e à imaginação criadora dos indivíduos. Repetidas vezes se há observado que o campo de mais rápida mudança na sociedade moderna é o da técnica."


- Celso Furtado, em “A economia brasileira”. Rio de Janeiro: A Noite, 1954, p. 21.
http://www.elfikurten.com.br/2013/07/celso-furtado.html

sexta-feira, 6 de junho de 2014

DA CONDIÇÃO HUMANA


Todos sofremos.
O mesmo ferro oculto
Nos rasga e nos estilhaça a carne exposta
O mesmo sal nos queima os olhos vivos.
Em todos dorme
A humanidade que nos foi imposta.
Onde nos encontramos, divergimos.
É por sermos iguais que nos esquecemos
Que foi do mesmo sangue,
Que foi do mesmo ventre que surgimos.
ARY DOS SANTOS

MUERTE DE ANTOÑITO EL CAMBORIO


Federico García Lorca

Voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Voces antiguas que cercan
voz de clavel varonil.
Les clavó sobre las botas
mordiscos de jabalí.
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
Bañó con sangre enemiga
su corbata carmesí,
pero eran cuatro puñales
y tuvo que sucumbir.
Cuando las estrellas clavan
rejones al agua gris,
cuando los erales sueñan
verónicas de alhelí,
voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
*
Antonio Torres Heredia,
Camborio de dura crin,
moreno de verde luna,
voz de clavel varonil:
¿Quién te ha quitado la vida
cerca del Guadalquivir?
Mis cuatro primos Heredias
hijos de Benamejí.
Lo que en otros no envidiaban,
ya lo envidiaban en mí.
Zapatos color corinto,
medallones de marfil,
y este cutis amasado
con aceituna y jazmín.
¡Ay Antoñito el Camborio
digno de una Emperatriz!
Acuérdate de la Virgen
porque te vas a morir.
¡Ay Federico García,
llama a la Guardia Civil!
Ya mi talle se ha quebrado
como caña de maíz.
*
Tres golpes de sangre tuvo
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.
Un ángel marchoso pone
su cabeza en un cojín.
Otros de rubor cansado,
encendieron un candil.
Y cuando los cuatro primos
llegan a Benamejí,
voces de muerte cesaron

cerca del Guadalquivir.

MANCHAS NA PAREDE


(Nicanor Parra)

Antes que caia a noite total
Estudaremos as manchas na parede:
Umas parecem plantas
Outras simulam animais mitológicos.
Hipogrifos,
dragões,
salamandras.
Mas as mais misteriosas de todas
São as que parecem explosões atômicas.
No cinematógrafo da parede
A alma vê o que o corpo não vê:
Homens ajoelhados
Mães com seus filhos nos braços
Monumentos equestres
Sacerdotes que erguem a hóstia:
Órgãos genitais que se reúnem.
Mas as mais extraordinárias de todas
São
sem sombra de dúvida
As que parecem explosões atômicas.

Fonte  Inimigo Rumor

Gargalhada

Gargalhada
Quando me disseste que não mais me amavas,
e que ias partir,
dura, precisa, bela e inabalável,
com a impassibilidade de um executor,
dilatou-se em mim o pavor das cavernas vazias...
Mas olhei-te bem nos olhos,
belos como o veludo das lagartas verdes,
e porque já houvesse lágrimas nos meus olhos,
tive pena de ti, de mim, de todos,
e me ri
da inutilidade das torturas predestinadas,
guardadas para nós, desde a treva das épocas,
quando a inexperiência dos Deuses
ainda não criara o mundo...

- João Guimarães Rosa, em 'Magma'.


O Amor Do Vermelho (Nevrose De Um Lord)


A ideia de teu corpo branco e amado,
beleza escultural e triunfante,
persegue-me, mulher, a todo o instante,
- como o assassino o sangue derramado!
Quando teu corpo pálido, beijado,
abandonas ao leito – palpitante,
quem jamais contemplou, em noite amante,
tentação mais cruel, tom mais nevado?
No entanto – duro, excêntrico desejo!
- quisera, às vezes, que a dormir te vejo,
tranquila, branca, inerme, unida a mim…
que o teu sangue corresse de repente,
fascinação da Cor! – e estranhamente,
te colorisse, pálido marfim.

António Gomes Leal


in Antologia de Poesia Portuguesa Erótica e Satírica, selecção prefácio e notas de Natália Correia; Antígona Frenes, Lisboa 2005

PORTUGAL

 Ó Portugal, se fosses só três sílabas,
linda vista para o mar,
Minho verde, Algarve de cal,
jerico rapando o espinhaço da terra,
surdo e miudinho,
moinho a braços com um vento
testarudo, mas embolado e, afinal, amigo,
se fosses só o sal, o sol, o sul,
o ladino pardal,
o manso boi coloquial,
a rechinante sardinha,
a desancada varina,
o plumitivo ladrilhado de lindos adjectivos,
a muda queixa amendoada
duns olhos pestanítidos,
se fosses só a cegarrega do estio, dos estilos,
o ferrugento cão asmático das praias,
o grilo engaiolado, a grila no lábio,
o calendário na parede, o emblema na lapela,
ó Portugal, se fosses só três sílabas
de plástico, que era mais barato!
Doceiras de Amarante, barristas de Barcelos,
rendeiras de Viana, toureiros da Golegã,
não há "papo-de-anjo" que seja o meu derriço,
galo que cante a cores na minha prateleira,
alvura arrendada para ó meu devaneio,
bandarilha que possa enfeitar-me o cachaço.
Portugal: questão que eu tenho comigo mesmo,
golpe até ao osso, fome sem entretém,
perdigueiro marrado e sem narizes, sem perdizes,
rocim engraxado,
feira cabisbaixa,
meu remorso,
meu remorso de todos nós...

ALEXANDRE O´NEILL

Poemas do Cárcere


Ho Chi Min 

“Um dia encarcerado:
Mil anos lá fora”.
Não é vã palavras
este provérbio antigo.
Quatro meses na cela
destruíram meu corpo
mais que dez anos de vida.
Quatro meses de fome,
quatro meses de insônia,
sem mudar de roupa
sem poder me lavar.
Abandonou-me um dente,
cabelos branquearam,
negro, magro, faminto,
vestido de sarna e de feridas.
Mas paciente sou,
duro, rijo,
sem recuar um palmo.
Materialmente miserável,

o moral, firme."

CANGACEIRO ZÉ SERENO


O baiano Zé Sereno esteve presente no combate de Angico no dia 28 de julho de 1938 e conseguiu fugir com sua companheira Sila. O seu bando chegou ao lugar dia 26, portanto dois dias antes da Morte de Lampião, Maria Bonita e mais 9 cabras, que foram vitimados pela fuzilaria da volante de Zé Bezerra.
Depois da morte de Lampião os cangaceiros dos diversos grupos ficaram desorientados. Os chefes resolveram se encontrar em Pinhão, Sergipe, em 15 de outubro de 1938, para combinara maneira como iam se entregar a polícia.
Lá estavam reunidos os grupos de Zé Sereno, Ângelo Roque (Labareda) e o de Corisco. Enquanto esperavam as autoridades para indicar os procedimentos foram atacados pelos soldados sergipanos, comandados pelo cabo Zé Grande. Morreram metralhados três cangaceiros que estavam desarmados: Amoroso, Cruzeiro e Bom-de-Veras.


Enciclopédia Nordeste: Biografia de Zé Sereno - http://goo.gl/Zoe8kc

Azar no Algarve



 Mohammed Hadjab

No Algarve, Almansur, almoxarife da alfândega, armazenava damascos na Alcova do seu alcázar. Sentado numa almofada de algodão bebendo xarope de limão e lendo um almanaque. O xerife chegou e, com ele, o pobre alazão do Alfaiate, cheio de garrafas de álcool. O alazão magrinho deu pena ao xeique que ofereceu ao pobre djinn um pouco de alface com um resto de almôndegas.
Almansur gritou ao xerife: Alferes que me vale a honra da tu visita no amanhecer?
O xerife com as mãos nas algibeiras não se atreveu em responder, mas, finalmente, à noite no seu zênite, respondeu: Eu estava na cidade de Alcobaça, na mesquita com o alfarrabista, bebendo um chá de tâmara, sentado numa almofada de arroz tratando de resolver algoritmos e álgebra, quando ouvi o grito terrível que me fez cair nos azulejos do chão.
Fora da mesquita jazia nos azulejos de cor alfazema, o alfaiate cujo nome era Ibn Almeida, assassinado com haxixe na boca e mãos algemadas, vestido de uma camisa azul.
A pele do pobre era de cor azul e brilhava como o azeite produzido nas azenhas do seu alcázar. Seu corpo açoitado não se mexia mais.
O almoxarife, agora de cor açafrão, vestiu seu Albornoz e foi beber água do chafariz.
E o assassino? Perguntou o xeique.
Chamem o alquimista, por favor!
Ali, meu vizir, me traz um café com cardamomo e muito açúcar!
E música, por favor, quero ouvir alaúde e tambores!
O Alquimista chamado de Alquimarra, Almirante em alquimia, chegou ao alcázar com seus alambiques, seu alcorão debaixo do braço e um jarra de álcool. Ele parecia dormir e seus cabelos levantados o faziam parecer com uma alcachofra.
Ele examinou o moribundo jogando no corpo álcool de flor de laranjeira para dissipar o cheiro da morte enquanto o Almansur jogava xadrez.
Ele examinou o corpo, à hora ajudando-se do seu astrolábio e começou a preparar um elixir afundando os dedos do moribundo nele.
Não ha assassino não. O alfaiate trespassou naturalmente e já está nos jardins de Allah comendo kibe ao escabeche e bebendo xarope de damasco. Com um Amalgame de algodão e de pedra esmeralda consegui ver que ele faleceu do coração!
Xeque-mate! Gritou o Emir Almansur!
Hoje nem usarei da minha matraque para castigar o assassino!
Pra agradecer o nobre alquimista, o xeique organizou um bazar cheio de kibe, de cuscus árabe, de alfajorras e de xarope de caramelo para honrar o alquimista, oferecendo a ele a honra de se deitar no divã do xeique.
O papagaio do vizir cantava no alcázar da Alhambra as lendas do esperto alquimista.

NB: Esse texto é constituído de 433 palavras, cujas 120 são de origem árabe.

Fonte : Presença Árabe no Brasil

O SORRISO DO PAPA NOS PREOCUPA


Nicanor Parra

ninguém tem o direito de sorrir
em um mundo tão podre como este
a não ser que tenha pacto com o Diabo
S.S. deveria chorar oceanos
e arrancar os cabelos que lhe restam
diante das câmeras de TV
em vez de sorrir pra um lado e pro outro
como se em Chile estivesse tudo bem
É tudo muito suspeito senhoras e senhores!
S.S. deveria condenar
o ditador em vez de fazer vista grossa
S.S. devia perguntar
por suas ovelhas desaparecidas
S.S. deveria pensar um pouquinho
foi para isso que os Cardeais
o coroaram Rei dos Judeus
não para andar de farra com o lobo
que ria então da Santa Mãe se acha engraçado

mas que não zombe assim de nós

'To Scherbinin'


Житье тому, любезный друг,
Кто страстью глупою не болен,
Кому влюбиться недосуг,
Кто занят всем и всем доволен;
Кто Наденьку, под вечерок,
За тайным ужином ласкает
И жирный страсбургский пирог
Вином душистым запивает;
Кто, удалив заботы прочь,
Как верный сын пафосской веры,
Проводит набожную ночь
С младой монашенкой Цитеры.
Поутру сладко дремлет он,
Читая листик «Инвалида»;
Весь день веселью посвящен,
А в ночь — вновь царствует Киприда.
И мы не так ли дни ведем,
Щербинин, резвый друг забавы,
С Амуром, шалостью, вином,
Покамест молоды и здравы?
Но дни младые пролетят,
Веселье, нега нас покинут,
Желаньям чувства изменят,
Сердца иссохнут и остынут.
Тогда — без песен, без подруг,
Без наслаждений, без желаний,
Найдем отраду, милый друг,
В туманном сне воспоминаний!
Тогда, качая головой,
Скажу тебе у двери гроба:
«Ты помнишь Фанни, милый мой?» —
И тихо улыбнемся оба.

6 июня 1799 года родился Александр Сергеевич Пушкин
А.С. Пушкин. "Щербинину". Стихотворение. Автограф. 9 июля 1819. Ф.1336. Оп.1. Ед.хр.76. РГАЛИ

June 6, 1799 is a birthday of Alexander Pushkin
Alexander Pushkin. 'To Scherbinin'. Poem. Autograph. July 9, 1819. F.1336. Ind.1.Folder 76. RGALI

Fonte : Russian State Archive of Literature and Art


A ma femme endormie


Tu dors en croyant que mes vers
Vont encombrer tout l'univers
De désastres et d'incendies ;
Elles sont si rares pourtant
Mes chansons au soleil couchant
Et mes lointaines mélodies.
Mais si je dérange parfois
La sérénité des cieux froids,
Si des sons d'acier ou de cuivre
Ou d'or, vibrent dans mes chansons,
Pardonne ces hautes façons,
C'est que je me hâte de vivre.
Et puis tu m'aimeras toujours.
Éternelles sont les amours
Dont ma mémoire est le repaire ;
Nos enfants seront de fiers gas
Qui répareront les dégâts,
Oue dans ta vie a faits leur père.
Ils dorment sans rêver à rien,
Dans le nuage aérien
Des cheveux sur leurs fines têtes ;
Et toi, près d'eux, tu dors aussi,
Ayant oublié, le souci
De tout travail, de toutes dettes.
Moi je veille et je fais ces vers
Qui laisseront tout l'univers
Sans désastre et sans incendie ;
Et demain, au soleil montant
Tu souriras en écoutant

Cette tranquille mélodie.

Charles CROS

Mesmo sem guerras, Brasil é o país mais violento do mundo


"apelar somente para políticas repressivas como mecanismo de freio dos níveis de violência, reduzirá drasticamente as chances de resolver o problema em sua raiz, além de seguir alimentando uma cultura política favorável à lógica do castigo. A América Latina, e suas cidades em particular possuem marcas dolorosas do que significa aprofundar esse caminho (...) a melhor maneira de combater o crime é desenhar políticas preventivas, como oferecer oportunidades reais de formação, de atenção básica e de emprego digno para milhares de jovens (...) sem essas políticas, os jovens acabam virando presa fácil para o crime organizado, que, de maneira ilegal, proporciona a essas pessoas bens e serviços que o Estado não dá."
Leia em: http://site.adital.com.br/site/noticia.php?lang=PT&langref=PT&cod=80925

Diário Ontológico III

A vida dos livros não é uma expansão da vida do autor dos livros como pensam muitos por aí, no caso dos bons livros de poesia , que tudo indica serem escritos mais por um não-eu do que mediados pelo ego dos poetas, isto é mais evidente ainda, deve existir um além-nome de onde se originam os grandes poemas e passamos a vida intercambiando palavras a partir de um impessoal-abissal com este além-nome, com este não-eu que pode até ser o Daimon e as Musas ao mesmo tempo, ao mesmo interioridade-exterior do mundo e exterioridade-interior do ser dialogando através das linguagens...Tive uma vez um sonho com Jorge Luís Borges em que eu perguntava a ele o que ele sentia quando via seu nome na capa de um livro e ele me respondia : ' lo mismo que cuando se sueña con mi nombre en las lápidas'


Marcelo Ariel 

Amor de Mis Entrañas
Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.
El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.
Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.
Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.


Federico García Lorca