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domingo, 21 de junho de 2015


Una gota de rocío
deslizándose en la hoja,
a punto de caer, antes
que el sol la desintegre.
Un corpúsculo. Una
transparencia sobre
un fondo verde corriendo
como un río; despeñándose
como una catarata.
Y un arco iris infinitesimal
perdiéndose en la
mañana inmensa.
Nada más he pretendido
del mundo.

Ya estoy hecho.

Gustavo Caso Rosendi

sexta-feira, 27 de junho de 2014


Una gota de rocío
deslizándose en la hoja,
a punto de caer, antes
que el sol la desintegre.
Un corpúsculo. Una
transparencia sobre
un fondo verde corriendo
como un río; despeñándose
como una catarata.
Y un arco iris infinitesimal
perdiéndose en la
mañana inmensa.
Nada más he pretendido
del mundo.

Ya estoy hecho.

Gustavo Caso Rosendi

domingo, 22 de junho de 2014


Vendrán tus ojos
y tendrá la muerte
una mirada dulcísima,
despiadada. Casi
de pájaro que ya no va
a volar. Ahí,
en el suelo, estará
tu sitio.
Vendrán tus ojos
hasta aquí, donde
la zanahoria crece al revés
y todo se aleja,
aunque no corras detrás.
Vendrá la muerte
y tus ojos serán
florero seco.

(A Césare Pavese)

Gustavo Caso Rosendi

Cuando se mira hacia la luz,
ya nada puede verse.
De espaldas al sol,
haciéndole caso a nuestra
pequeña noche,
descubrimos cosas:
Un camino de hormigas.
Una baldosa rota por una raíz.
Un pucho pisado.
Una mierda de perro.
Una pisada de hombre.
Una pisada de hombre
que, seguramente, quiso
apagar el fuego de su cigarro
justo en la baldosa rota
donde la raíz afloraba
y el perro fue a cagar.
Cuando se mira hacia la luz
ya nada puede verse.
De espaldas al sol,
haciéndole caso a nuestra
pequeña noche,
pueden llegar a sucedernos
estas cosas.

Gustavo Caso Rosendi
La bandera es un pedazo de trapo. De eso no hay dudas.
Pero uno se encariña con la ropa que ha elegido, y que es, también, un trapo. La diferencia está en lo que uno elige para ponerse, y en el sobretodo heredado.
En lo que uno elige, está uno. En el sobretodo, sobretodo,
estamos todos.
Después de la guerra de Malvinas, tuve cierto rechazo a la bandera. Me había olvidado de aquellos tiempos en que pasaba a izarla, o arriarla; a eso que sentía, cuando me imaginaba con ella, flameando en el cielo.
En una de mis tantas visitas a la ciudad de Rosario, paseando con amigos poetas, me asaltó el recuerdo de aquel niño que, con esmero rayaba con crayones que se iban saliendo del rectángulo para confundirse con el cielo.
Luego, me vi cantando "Aurora" antes de partir. Antes de dejar de ser un niño que se marchaba para siempre.
Un sol moribundo iba encajándose en la pintura del sol hecha por alguien; y comprada y pintada por alguien.
Yo, cantando bien fuerte. A los cuatro vientos. Mirando cómo el crepúsculo la teñía de rojo. Cantando con toda mi voz, como los sapos en la zanja.


Gustavo Caso Rosendi 

El cielo parece decir
"Aún nada ha ocurrido".
Las hojas en el suelo,
en cambio, dicen
otra cosa.
El ruido de un auto
se mete en el patio.
Otro. Y otro más.
Mi perra se pasea.
Aunque ya vieja,
sigue siendo mi perra.
Con toda esta información,
podría deducir
que el cielo miente. Podría
ser feliz esta noche,
pensando que el cielo
se equivoca. Pero también
podría ser feliz, sabiendo
que el cielo nada sabe
de estas cosas; por más
que siempre diga la verdad.

Gustavo Caso Rosendi

quarta-feira, 11 de junho de 2014

El vaso medio lleno,
medio vacío.
No está contento, tampoco
es que esté viendo todo negro.
No se pregunta nada.
Lo bebe, simplemente.
De un sólo trago.
Ahora sí, el vaso está vacío.
Mira hacia la botella;
media llena, media vacía.
La termina, simplemente.
Ahora los tres; el vaso,
la botella y él,
adquieren un poco de sentido.
Afuera llueve. Paga.
Y se va.

Gustavo Caso Rosendi


quarta-feira, 4 de junho de 2014

La marea llegaba, hacía su trabajo.
Y el pozo que tanto nos había costado,
inmediatamente se llenaba.
Las huellas se iban sin nosotros,
al igual que la palita, el balde de colores.
A cambio de estas cosas, la marea
nos dejaba piedras, caracoles,
alguna que otra medusa,
una raya muerta. La efervescencia
de la espuma sacudida por la brisa.
Y el sol precipitándose como una moneda
en la alcancía del crepúsculo.
No existía otro tipo de comercio.
Éramos ricos, poderosos.
Todo lo que ahora creemos poseer,
nos faltaba. Y todo aquello que
verdaderamente teníamos y que
parecía tan poco, se fue
perdiendo en las mudanzas.
Será cuestión de hacer otro
pozo en la arena; meternos adentro.

Y esperar.

Gustavo Caso Rosendi

domingo, 1 de junho de 2014

El acto de prender la llama del calefón,
resulta semejante a encender
el fuego de un poema.
Se debe esperar unos segundos
para que el piloto no se apague.
Y regular, a ojo, la temperatura
que va a tener el agua. Luego
habrá que desnudarse
y meterse en la bañera. Abrir
la ducha y esperar a saber
si lo que hicimos estuvo bien,
o mal. Si la piel tiende más al rojo,
o al azul; o si sigue siendo del color
que tuvo antes. Y, si debajo
de la lluvia se ha producido esa
sensación de bienestar fetal, que,
nunca debiera faltar.
Sentirse limpio. Calmo.
Recién ahí, atrevernos

a cantar.

Gustavo Caso Rosendi

quinta-feira, 29 de maio de 2014

Gustavo Caso Rosendi

El verano estaba directamente relacionado
con aquellas mitocondrias.
¿Pero alguien sabía, realmente,
qué cosa era una mitocondria?.
Una verdadera mitocondria,
que se precie de tal, debería
contribuir en la energía,
en la felicidad de las personas.
¿Sería esa la verdadera causa
por la que corríamos sobre
aquel sendero que nos llevaba
a trepar los nísperos?.
Aquellos frutos, se parecían a la tarde.
Y nosotros, comiéndolos,
aprendíamos que otro sabor
existía en el mundo.
Algo indefinible. Algo que se iba.
Y de ninguna manera

podíamos alcanzar.
Gustavo Caso Rosendi

Uno se lanza a escribir como si se tirara a un río.
Sólo basta una palabra para que el naufragio nos lleve al remolino.
Pero no se trata de saber nadar, sino, de saberse ahogado.

El último manotón es lo que cuenta.
Gustavo Caso Rosendi

Y llegará el día, hijo, en el que pronuncies
nuestros nombres como un bautismo de fuego.
Porque la Justicia irá creciendo desde esta panza;
se pondrá grande, alcanzará nuestra edad, y hasta la sobrepasará. Nombrará a cada víctima junto a su correspondiente asesino.
Estaremos ahí, hijo. Tu voz será más poderosa que una patada en una puerta, que un fusil, una capucha, una picana. Porque nos hemos amado para eso.
Nos hemos armado de vos.

(Para el querido poeta Julián Axat)
Gustavo Caso Rosendi

Llego a la casa. Estás en el suelo.
Te levanto, mientras recuerdo
la vieja película de Samson. Té con leche
y galletitas Lincoln. Era una tarde
lluviosa. Lucías, Lucía, un vestido floreado.
Tus uñas estaban pintadas con el tono
predominante de esas flores. ¿Rosas
chinas? ¿Anaranjadas, quizá?.
Te siento, te pongo un abrigo. Te paro;
se hace tarde. Caminamos con dificultad
de siameses en dirección al auto. Abro
la puerta y te siento. Quisiera tener
el pelo larguísimo, como antes.
Arrancamos. Recuerdo cuando
me cortabas el pelo
y yo lloraba, rabioso. Llegamos.
Alguien nos alcanza una silla de ruedas.
Te levanto y te siento. Te siento.
Esperamos. Nos atienden. Hay que seguir
ese pasillo y tomar el ascensor -sIempre
hay que seguir-.
Te levanto y te acuesto en una camilla
para los rayos x. Me acuerdo de ese
Superman entrado en quilos, al mediodía,
antes de la escuela. La máquina se mueve
y hace extraños sonidos. Vuelvo a levantarte.
Y a sentarte. Tus milanesas fueron
y serán, únicas. Iba a decirte esto,
pero callo. Una fractura. Tenés una fractura
en algún lugar, parece. No necesita
operación. Se cura sola, dijo el traumatólogo.
Pero yo no sé. Hace ya mucho tiempo que no sé.
Salimos. Te levanto y te siento.
Vuelvo a hacer lo mismo cuando, por fin,
llegamos a esa casa que era
nuestro hogar. Te beso y me voy.
Cuando tomo el camino Centenario,
acelero hasta 120 Km/h. Me acuerdo
de Meteoro y su bólido blanco;
me acuerdo del Toddy, que según vos,
me provocaba alergia. Un ojo rojo
me detiene. Miro los álamos
al costado del camino.
Un tren pasa detrás,

aullando como un viejo lobo.

quarta-feira, 28 de maio de 2014


Cuando el ahogo venía
él me visitaba, con su cara
ya gastada, irreconocible.
"Soy yo, no te asustes"
decía, mientras acariciaba
mi pelo transpirado.
Pero la bronca de los bronquios
no se apaciguaba.
-Existe una estrecha relación
entre la persona asmática
y lo injusto.-
Cuando al fin pude decirle
de que no volviera,
que las cosas eran así;
que aprendería a ser,
más o menos, un buen padre,
él ya no vino más.
Hasta que llegó el día
en que pude conocerlo.
"Soy yo, no te asustes"
le dije
acariciándole el pelo de la foto.
Un viento fresquísimo
atravesó el pinar

y sopló en la piedra.

Gustavo Caso Rosendi

domingo, 18 de maio de 2014



¿Te acordás cuando me decías
que el río era muy peligroso
mientras yo me tiraba en ese pozón
y me aguantaba tanto ahí abajo
que te llevaba a pensar que no saldría
y vos mirabas hacia todos los lados
del remolino y te desesperabas
como si mi actitud hiciera de algún modo
de que nunca hubieras sido madre
más que de una espuma amarillenta
que se iba disolviendo en la corriente?
¿Y te acordás, mamá, cuando salía
como un pez que nunca antes nadie
hubiera visto y mis escamas de sol
reflejaban tu belleza
y vos te veías maquillada por el sauce
y eras tan feliz porque
no me habías perdido?
¿Te acordás, mamá,
cuando ibas en busca de una toalla
y me envolvías?


Gustavo Caso Rosendi