sexta-feira, 13 de novembro de 2015
Um drama na caça
(...)Um Drama na Caça - tido por alguns como o único romance escrito por Tchékhov - é uma das suas primeiras produções publicadas. Foi servido aos leitores do "Novosti Dniá", em folhetins, no ano de 1884 e 1885 e, para assinar a obra, o autor serviu-se de dois pseudônimos: "Ante" de "Antone Tchekhonte". (...)
Anton Tchékhov - Editora Livros do Brasil – 2004
Só ocupando os "espaços públicos", que por serem
"públicos" são objeto de um interesse legítimo, no sentido de serem
custeados com dinheiro de impostos arrecadados as custas do trabalho do povo,
assim como pelo fato de serem geridos por um corpo de funcionários ali
colocados para servirem e representarem esta coletividade (pois está seria a
verdadeira função dos poderes instituídos) e que os cidadãos de São Paulo, do
Paraná, ou de qualquer outro estado e cidades geridas por governos neoliberais
poderão resistir a esse retrocesso, revestido de falácia, chamada de "reorganização
escolar". "Reorganizar" o que exatamente??? Não seria esse um
nome evasivo e pomposo para dizer que a educação deixará de ser tratada com a
prioridade que merece (desafio alguém a provar que numa sala de aula com 60 -
70 - 80 alunos, mal pago e munido unicamente de quadro e giz alguém consiga
educar um ser humano a sequer saber o que está fazendo ali naquele ambiente
insalubre) e que, em contrapartida, empresas, parlamentares e representantes do
executivo e do judiciário, poderiam livremente se apropriar, com uma ganancia
ainda maior que a cotidianamente demonstrada e conforme os seus mais escusos
interesses do "dinheiro público" em benefício próprio. A pergunta que
para mim fica e como alguém pode defender essa proposta, senão fazendo parte destas
"máfias, cartéis e esquemas" que irão se beneficiar ou assumindo uma
profunda ignorância e desconhecimento do assunto???
Will Coutinho Hamon
Apropriação privada do que era público é corrupção ? No caso
da privatização da Vale a apropriação privada dos rendimentos públicos da
empresa foi total, 100% de apropriação privada dos lucros desviados pelos
aspones neoliberais e seus apaniguados. As pessoas reclamam e com razão do escândalo
de apropriação privada na Petrobras conceituado como corrupção porque se trata
da apropriação privada de partes dos rendimentos públicos da empresa. Agora
entendemos porque a Vale desapareceu com o Rio Doce do seu nome em função da
privataria do PSDB.
Ricardo Costa de Oliveira
quinta-feira, 12 de novembro de 2015
En la administración de correos
Anton Chejov
La joven esposa del viejo administrador de Correos
Hattopiertzof acababa de ser inhumada. Después del entierro fuimos, según la
antigua costumbre, a celebrar el banquete funerario. Al servirse los buñuelos,
el anciano viudo rompió a llorar, y dijo:
-Estos buñuelos son tan hermosos y rollizos como ella.
Todos los comensales estuvieron de acuerdo con esta
observación. En realidad era una mujer que valía la pena.
-Sí; cuantos la veían quedaban admirados -accedió el administrador-.
Pero yo, amigos míos, no la quería por su hermosura ni tampoco por su bondad;
ambas cualidades corresponden a la naturaleza femenina, y son harto frecuentes
en este mundo. Yo la quería por otro rasgo de su carácter: la quería -¡Dios la
tenga en su gloria!- porque ella, con su carácter vivo y retozón, me guardaba
fidelidad. Sí, señores; érame fiel, a pesar de que ella tenía veinte años y yo
sesenta. Sí, señores; érame fiel, a mí, el viejo.
El diácono, que figuraba entre los convidados, hizo un gesto
de incredulidad.
-¿No lo cree usted? -le preguntó el jefe de Correos.
-No es que no lo crea; pero las esposas jóvenes son ahora
demasiado..., entendez vous...? sauce provenzale...
-¿De modo que usted se muestra incrédulo? Ea, le voy a
probar la certeza de mi aserto. Ella mantenía su fidelidad por medio de ciertas
artes estratégicas o de fortificación, si se puede expresar así, que yo ponía
en práctica. Gracias a mi sagacidad y a mi astucia, mi mujer no me podía ser
infiel en manera alguna. Yo desplegaba mi astucia para vigilar la castidad de
mi lecho matrimonial. Conozco unas frases que son como una hechicería. Con que
las pronuncie, basta. Yo podía dormir tranquilo en lo que tocaba a la fidelidad
de mi esposa.
-¿Cuáles son esas palabras mágicas?
-Muy sencillas. Yo divulgaba por el pueblo ciertos rumores.
Ustedes mismos los conocen muy bien. Yo decía a todo el mundo: «Mi mujer,
Alona, sostiene relaciones con el jefe de Policía Zran Alexientch Zalijuatski».
Con esto bastaba. Nadie se atrevía a cortejar a Alona, por miedo al jefe de
Policía. Los pretendientes apenas la veían echaban a correr, por temor de que
Zalijuatski no fuera a imaginarse algo. ¡Ja! ¡Ja!... Cualquiera iba a enredarse
con ese diablo. El polizonte era capaz de anonadarlo, a fuerza de denuncias.
Por ejemplo, vería a tu gato vagabundeando y te denunciaría por dejar tus
animales errantes...; por ejemplo...
-¡Cómo! ¿Tu mujer no estaba en relaciones con el jefe de
Policía? -exclaman todos con asombro.
-Era una astucia mía. ¡Ja! ¡Ja!... ¡Con qué habilidad los
llamé a engaño!
Transcurrieron algunos momentos sin que nadie turbara el
silencio.
Nos callábamos por sentirnos ofendidos al advertir que este
viejo gordo y de nariz encarnada se había mofado de nosotros.
-Espera un poco. Cásate por segunda vez. Yo te aseguro que
no nos volverás a coger -murmuró alguien.
FIN
Biblioteca Digital Ciudad Seva
El pavo de Navidad
Mario de Andrade
Nuestra primera Navidad en familia, después de la muerte de
papá ocurrida cinco meses antes, fue de consecuencias decisivas para la
felicidad familiar. Nosotros siempre fuimos una familia feliz, en ese sentido
bien amplio de felicidad: gente honesta, sin crímenes, hogar sin peleas
internas ni graves dificultades económicas. Pero, debido en parte a la
naturaleza gris de mi padre, ser desprovisto de todo tipo de lirismo, instalado
en la mediocridad, siempre nos había faltado ese disfrute de la vida, ese gusto
por las felicidades materiales: un buen vino, un balneario, el refrigerador,
cosas así. Mi padre había sido un gran equivocado, casi dramático, el
pura-sangre de los esfuma-placeres.
Mi padre murió, lo sentimos mucho, etc. Cuando ya nos acercábamos
a la Navidad, yo no sabía qué hacer para poner distancia con esa memoria del
muerto que obstruía, que parecía haber sistematizado para siempre la obligación
de un recuerdo doloroso en cada comida, en cada mínimo gesto de la familia. Una
vez sugerí a mamá que fuera al cine a ver una película. ¡Se puso a llorar!
¡Dónde se vio ir al cine estando de luto riguroso! El dolor ya se cultivaba por
las apariencias, y yo, que siempre había querido bien a papá, más por instinto
filial que por espontaneidad del amor, me veía a punto de detestar al bueno del
muerto.
Fue sin lugar a dudas por eso que me nació, en este caso sí,
espontáneamente, la idea de hacer una de mis llamadas "locuras". Esa
había sido, en realidad, y desde muy niño, mi excelente conquista contra el
clima familiar. Desde muy temprano, desde los tiempos de la secundaria, en que
me las arreglaba para sacar regularmente un reprobado todos los años, desde el
beso a escondidas a una prima, cuando tenía diez años, descubierto por la tía
Velha, una tía detestable; y principalmente desde las lecciones que di o
recibí, no sé, de una criada, conseguí, en el reformatorio del hogar y con la
vasta parentela, la fama conciliadora de "loco". "¡Está loco, el
pobre!" decían. Mis padres hablaban con cierta tristeza condescendiente,
el resto de la parentela me buscaba como ejemplo para sus hijos y probablemente
con aquel placer de los que se convencen de alguna superioridad. No tenían
locos entre sus hijos. Pues esa fama es la que me salvó. Hice todo lo que la vida
me presentó y que mi ser exigía que se realizara con integridad. Y me dejaron
hacer de todo, porque era loco, pobrecito. El resultado de todo esto fue una
existencia sin complejos, de la cual no tengo nada de qué quejarme.
Siempre teníamos la costumbre, en la familia, de realizar la
cena de Navidad. Cena insignificante, ya puede usted imaginarse; cena tipo mi
padre: castañas, higos, pasas después de la Misa de Gallo. Empachados de
almendras y nueces (si habremos discutimos los tres hermanos por el cascanueces...),
empachados de castañas, nos abrazábamos e íbamos a la cama. Fue al recordar
esto que arremetí con una de mis "locuras".
-Bueno, para Navidad, quiero comer pavo.
Hubo una de esas sorpresas que nadie se imagina. Luego, mi
tía solterona y santa, que vivía con nosotros, advirtió que no podíamos invitar
a nadie debido al luto.
-¿Pero quién habló de invitar a alguien? Esa manía...
¿Cuándo comimos pavo en nuestra vida? Pavo aquí en casa es plato de fiesta,
viene toda esa parentela del demonio...
-Hijo mío, no hables así...
-Pues hablo y ya.
Y descargué mi helada indiferencia sobre nuestra parentela
infinita, dizque descendiente de bandeirantes, que poco me importa. Era el
momento para desarrollar mi teoría de loco, pobrecito, y no perdí la ocasión.
De sopetón me dio una ternura inmensa por mamá y tiita, mis dos madres, tres
con mi hermana, las tres madres que divinizaron mi vida. Siempre era lo mismo:
venía el cumpleaños de alguien y sólo así se hacía pavo en la casa. Pavo era
plato de fiesta: una inmundicie de parientes ya preparados por la tradición,
invadían la casa por el pavo, las empanaditas y los dulces. Mis tres madres,
tres días antes, lo único que sabían de la vida era trabajar preparando carnes
frías y dulces finísimos, pues estaban muy bien hechos. La parentela devoraba
todo y todavía se llevaba paquetitos para los que no habían podido venir. Mis
tres madres quedaban exhaustas. Del pavo, sólo en el entierro de los huesos, al
día siguiente, mamá y tiita probaban un pedacito de pierna, oscuro, perdido en
el arroz blanco. Y eso que era mamá quien servía, elegía para el viejo y para
los hijos. En realidad, nadie sabía concretamente qué era un pavo en nuestra
casa, pavo restos de fiesta.
No, no se invitaba a nadie, era un pavo para nosotros cinco,
cinco personas. Y tenía que ser con dos farofas, la gorda con los menudos y la
seca, doradita, con bastante mantequilla. Quería el buche rellenado sólo con
farofa gorda, a la que teníamos que agregar fruta negra, nueces y una copa de
Jerez, como había aprendido en casa de la Rosa, mi querida compañera. Está
claro que omití decir dónde había aprendido la receta y todos desconfiaron. Y
todos se quedaron en ese aire de incienso soplado...¿no sería tentación del
Diablo aprovechar una receta tan sabrosa? Y cerveza bien helada, garantizaba yo
casi a los gritos. Lo cierto es que con mis "gustos" ya bastante
refinados fuera del hogar, primero pensé en un buen vino bien francés. Pero la
ternura por mamá venció al loco, a mamá le encantaba la cerveza.
Cuando acabé mis proyectos, me di cuenta, todos estaban felicísimos,
con un inmenso deseo de hacer aquella locura con la que había irrumpido. Sabían
muy bien que era locura, sí, pero todos se imaginaban que yo era el único que
deseaba mucho aquello y era fácil echar encima mío la culpa de sus deseos
enormes. Se sonreían, mirándose unos a otros, tímidos como palomas desgarradas,
hasta que mi hermana asumió el consentimiento general:
-¡Aunque esté loco!...
Se compró el pavo, se hizo el pavo, etc. Y después de una
Misa de Gallo muy mal rezada, tuvimos nuestra Navidad más maravillosa. ¡Qué
chistoso! Cuando me acordaba que finalmente iba a lograr que mamá comiera pavo,
en esos días no hacía otra cosa que pensar en ella, sentir ternura por ella,
amar a mi viejita adorada. Y mis hermanos también, estaban en el mismo ritmo
violento de amor, todos dominados por la nueva felicidad que el pavo iba
imprimiendo en la familia. De modo que, aún disfrazando las cosas, dejé con
tranquilidad que mamá cortara toda la pechuga del pavo. En un momento mamá se
detuvo, luego de haber cortado en rebanadas uno de los lados del ave, sin
resistirse a aquellas leyes de economía que siempre la habían sumido en una
casi pobreza sin razón.
-No señora, siga cortando... y pedazos grandes ¡Yo solo me
como eso!
Era mentira, el amor familiar, estaba incandescente en mí de
tal forma, que hasta era capaz de comer poco, sólo para que los otros cuatro
comieran mucho. Y el diapasón de los otros era el mismo. Aquel pavo comido
entre nosotros solos redescubría en cada uno lo que la cotidianeidad había borrado
por completo: amor, pasión de madre, pasión de hijos. Dios me perdone pero
estoy pensando en Jesús. En esa casa de burgueses muy modestos, se estaba
realizando un milagro digno de la Navidad de un Dios. La pechuga del pavo quedó
enteramente reducida a rebanadas grandes.
-¡Yo sirvo!
-¡Qué loco! ¡Pero por qué tenía que servir si siempre mamá
había servido en esa casa! Entre risas, los grandes platos llenos fueron
pasando hasta mí y empecé una distribución heroica, mientras mandaba a mi
hermano a que sirviera la cerveza. Advertí un pedazo admirable de pavo lleno de
carnecita y lo puse en el plato. Y luego varias rebanadas blancas. La voz
severa de mamá cortó el espacio angustiado en el cual todos aspiraban a su
parte del pavo:
-¡Acuérdate de tus hermanos, Juca!
¿Cuándo iba a imaginarse ella?, ¡la pobre!, que ese era el
plato suyo, de la Madre, de mi amiga maltratada que sabía de la existencia de
Rosa, que sabía de mis crímenes, a quien sólo le contaba lo que hacía
sufrir!... El plato quedó sublime.
-Mamá, este es su plato. ¡No!... ¡No lo pase!
Fue entonces cuando ella no pudo más con tanta conmoción y
se puso a llorar. Mi tía también, después de ver que el siguiente plato sublime
era el suyo, entró en el asunto de las lágrimas. Y mi hermana también, que
jamás había visto lágrimas sin abrir una llave, se desparramó en llanto.
Entonces empecé a decir muchas tonterías para no llorar también, tenía
diecinueve años... Diablo de familia tonta que veía un pavo y lloraba... Esas
cosas... Todos se esforzaban por sonreír, pero ahora la alegría se tornaba
imposible. El llanto había evocado, por asociación, la imagen indeseable de mi
padre muerto. Mi padre, con su figura gris, vino a estropear para siempre
nuestra Navidad. ¡Me dio coraje!
Bueno, empezamos a comer en silencio, consternados, y el
pavo estaba perfecto. La carne tierna, de un tejido muy tenue, se mezclaba
entre los sabores de las farofas y del jamón, de vez en cuando herida,
molestada y vuelta a desear ante la intervención más violenta de la pasa negra
y el estorbo petulante de los pedacitos de nuez. Pero papá estaba sentado allí,
gigantesco, incompleto, una censura, una llaga, una incapacidad. Y el pavo
estaba tan rico, y mamá que por fin sabía que el pavo era un manjar digno de
Jesucito nacido.
Empezó una lucha baja entre el pavo y el bulto de papá.
Supuse que alentar al pavo era fortalecerlo en la lucha y, está claro, había
tomado decididamente el partido del pavo. Pero los difuntos tienen medios
escurridizos, muy hipócritas, como para vencerlos. En cuanto alabé al pavo, la
imagen de papá creció victoriosa, insoportablemente obstruyente.
-Sólo falta su papá.
Yo ni comía, ya no podía probar más ese pavo perfecto, tanto
me interesaba esa lucha entre los dos muertos. Llegué a odiar a papá. Y ni sé
qué inspiración genial de repente me volvió hipócrita y político. En aquel
instante que hoy me parece decisivo en nuestra familia, tomé aparentemente el
partido de mi padre. Fingí, triste.
-Y sí. Papá nos quería mucho y murió de tanto trabajar para
nosotros, papá allí en el cielo debe estar contento -dudé, pero resolví no
mencionar más al pavo-, contento de vernos a todos reunidos en familia.
Y todos, mucho más tranquilos, empezaron a hablar de papá.
Su imagen fue disminuyendo y se transformó en una estrellita brillante en el
cielo. Ahora todos comían el pavo con sensualidad, porque papá había sido muy
bueno, siempre se había sacrificado tanto por nosotros, había sido un santo que
"ustedes, mis hijos, nunca podrán pagar lo que deben a su padre", un
santo. Papá se transformó en santo, una contemplación agradable, una estrellita
en el cielo, imposible de deshacer. No perjudicaba más a nadie, puro objeto de
contemplación suave. El único muerto aquí era el pavo, dominador, completamente
victorioso.
Mamá, tía, nosotros, todos inundados de felicidad. Iba a
escribir "felicidad gustativa", pero no era sólo eso. Era un
felicidad mayúscula, un amor de todos, un olvido de otros parientes que
distraen del gran amor familiar. Y fue, sé que ese primer pavo comido en el
seno de la familia fue el comienzo de un amor nuevo, reacomodado, más completo,
más rico e inventivo, más complaciente y cuidadoso. Nació entonces una
felicidad familiar para nosotros que, no soy exclusivista, algunos tendrán
igual de grande, sin embargo más intensa que la nuestra, me es imposible
concebir.
Mamá comió tanto pavo que en un momento imaginé que podría
hacerle mal. Pero enseguida pensé: ¡Ah!, ¡no importa! aunque se muera, pero por
lo menos que una vez en la vida coma pavo de verdad.
Tamaña falta de egoísmo me había transportado a nuestro
infinito amor... Después vinieron una uvas ligeras y unos dulces, que allí en
mi tierra llevan el nombre de "bien-casados". Pero ni siquiera ese
nombre peligroso se asoció al recuerdo de mi padre, que el pavo ya había
convertido en dignidad, en cosa cierta, en culto puro de contemplación.
Nos levantamos. Eran casi las dos de la mañana, todos
alegres con dos botellas de cerveza encima. Todos se iban a acostar, a dormir o
a dar vueltas en la cama, poco importa, porque es bueno un insomnio feliz. La
cuestión es que Rosa, católica antes de ser Rosa, me había prometido que me
esperaría con una champaña. Para poder salir mentí, dije que iba a la fiesta de
un amigo, besé a mamá y le guiñé el ojo; era una manera de contar a dónde iba y
qué iba a hacer. Besé a las otras dos mujeres sin guiñarles el ojo. Y ahora,
¡Rosa!...
FIN
Traducción de Inés Van Messen
Biblioteca Digital Ciudad Seva
14 provérbios alemães
Morgenstund
hat Gold im Mund
Os alemães e suas rimas, desta vez para dar uma má notícia
aos dorminhocos: "A manhã tem ouro na boca". Trata-se de um ditado
latino, também difundido na variante "Aurora musis amica" – A aurora
é a amiga das musas. De forma menos poética, "Deus ajuda quem cedo
madruga" igualmente encoraja a diligência matinal. Ou, menos apetitoso:
"O pássaro madrugador é que pega a minhoca".
Wie man in
den Wald hineinruft, so schallt es heraus
"Como se grita na floresta, assim virá o eco"
seria a tradução quase literal desse ditado. Ou seja: o que se coloca no mundo
retorna da mesma forma, para o bem ou para o mal. Se o input for negativo,
portanto, é bom ter em mente que "Quem semeia vento, colhe
tempestade".
Der Apfel
fällt nicht weit vom Stamm
Semelhante a "Filho de peixe, peixinho é", "A
maçã não cai longe do tronco" é outro desses provérbios que convidam a um
uso ambivalente ou irônico. A ideia é que qualidades – boas ou más – são
herdadas das gerações anteriores. Portanto, atenção: se for dito como elogio,
ótimo. Se for insulto, é extensivo ao pai, à mãe e a sabe-se lá quantas
gerações.
Gelegenheit macht Diebe
"A ocasião faz o ladrão" – também na Alemanha.
Senão, e o escândalo da Volks? E o da DFB? Outra versão dessa noção é a
famigerada "lei de Gérson" (o jogador): "O importante é levar
vantagem". O provérbio resume uma tendência humana tão lamentável como
incorrigível, por isso nunca perde a atualidade. E, como "Ladrão que rouba
ladrão tem cem anos de perdão", a enxurrada de escândalos nunca terá fim.
Aller guten Dinge sind drei
Na vida e nas máquinas caça-níqueis, "Todas as coisas
boas vêm em três". A atração desse número em praticamente todas as
civilizações dispensa comentários: Três Parcas, Santíssima Trindade, as Três
Joias do budismo. Na China antiga, vencia em votação não a opinião da maioria,
mas a que alcançasse três votos exatos – o número da perfeição. Uma exceção:
"Um é pouco, dois é bom, três é demais".
Jeder ist sein Glückes Schmied
"Cada um é o forjador da própria sorte" é um
estímulo à autodeterminação que lembra a noção do "self-made man"
americano. O provérbio é uma variação de "Quisque faber suae
fortunae", registrado pelo cônsul romano Ápio Cláudio Cego, por volta do
ano 300 a.C.. Numa ironia histórica, o biógrafo Lívio atribuiu a cegueira de
Ápio a uma praga – rogada por outra pessoa, naturalmente.
Auch ein
blindes Huhn findet mal ein Korn
Datado de, no mínimo, 400 anos atrás, o dito "Até uma
galinha cega acaba achando um grão de milho" tem sentido ambivalente – e
também é empregado dessa forma. Pode significar que até o ser mais incapaz pode
obter um sucesso – por sorte ou por pura teimosia, porém sem mérito real. Ou
ser entendido como um incentivo aos menos capacitados, para que não percam a
esperança e continuem persistindo.
Lügen haben kurze Beine
A advertência de que "A mentira tem pernas curtas"
e, portanto, nunca vai muito longe, parece ser quase universal. Uma variante
africana reza: "Você pode comer uma vez com uma mentira, mas não
duas". Também sábia é a inversão de perspectiva contida no dito popular
inglês "Engana-me uma vez, vergonha para ti; engana-me duas, vergonha para
mim".
Einem
geschenkten Gaul schaut man nicht ins Maul
Precisamente "A cavalo dado não se olha os
dentes", só que rimando e com "boca" no lugar de
"dentes". Obviamente data de um tempo em que cavalos eram
considerados uma excelente prenda, e era má educação dar uma de dentista na
presença do presenteador. Pois o exame revelaria a idade e condição da montaria
– e, portanto, seu preço. Algo como, hoje, ir direto conferir no Google o valor
do presente.
Scherben bringen Glück
"Cacos trazem felicidade" lembra a tradição
judaica de quebrar copos de vidro no matrimônio, para simbolizar a destruição
do Templo de Jerusalém e desejar boa sorte ao casal. Na Alemanha, um costume
ligeiramente diferente é mantido até hoje: na "Polterabend", a noite
anterior ao casório, quebra-se tudo o que seja de louça: pratos, xícaras,
travessas – até mesmo um sanitário ou outro.
Kleider machen Leute
Assim como "O hábito faz o monge", trata-se de uma
variante do velho ditado latino "Vestis virus reddit" (As roupas
fazem o homem). Até hoje, a ideia é martelada em outdoors e revistas de moda
para justificar a importância – e o preço – da aparência exterior. Uma variação
genial é atribuída ao espirituoso autor americano Mark Twain: "Gente nua
tem pouca ou nenhuma influência na sociedade".
Viele Köche verderben den Brei
"Cozinheiros demais estragam o mingau" é a
tradução literal deste provérbio. A ideia é que, quando há gente demais dando
opiniões ou ordens, e ninguém para concentrar e filtrar os esforços, o resultado
é um fiasco. Enfim, uma apologia do trabalho organizado e da hierarquia, como
no brasileiro "Muito cacique para pouco índio".
Wer im
Glashaus sitzt, soll nicht mit Steinen werfen
Consta que "Quem tem telhado de vidro não atira pedras
no do vizinho" tem origem na Alemanha, embora não se saibam mais detalhes.
O ditado evoca a frase bíblica "Aquele que não tiver pecado que atire a
primeira pedra", pois sugere que, da mesma forma como, no fundo, ninguém é
sem pecado, de uma maneira ou de outra todos vivemos em casas com telhado de
vidro.
Ein gutes
Gewissen ist ein sanftes Ruhekissen
"Uma consciência livre é um travesseiro macio"
concorre entre os ditos populares mais simpáticos da Alemanha. Não faça o mal,
ele sugere, e você dormirá em paz. Palavras realmente sábias – embora sejam um
fraco consolo para quem sofre de insônia crônica.
Fonte : Deutsche Welle
segunda-feira, 9 de novembro de 2015
1943: Goebbels declara guerra total
Em 18 de fevereiro de 1943, Joseph Goebbels, o ministro da
Propaganda de Hitler, proclamou a guerra total num discurso à nação em que
apelava ao nacionalismo.
Joseph Goebbels fala para 100 mil alemães, em Zweibrücken
"Eu lhes pergunto: Vocês querem a guerra total?"
Interrompido por aplausos e gritos de "sim", o orador insistiu na
pergunta. "Vocês a querem, se necessário, mais total e radical do que a
podemos imaginar hoje?". E recebeu nova ovação e um decidido
"sim" da plateia. Este foi o auge do discurso do chefe da propaganda
nazista, Joseph Goebbels (1897-1945), no dia 18 de fevereiro de 1943, diante de
14 mil pessoas reunidas no Palácio dos Esportes, em Berlim.
Essa mistura de ambição pelo poder e desprezo pelo ser
humano era típica do oportunista Goebbels. A Alemanha encontrava-se em ruínas e
a Segunda Guerra já estava decidida quando Goebbels tentou evocar, pela última
vez, o mito da "comunidade do povo" (Volksgemeinschaft).
O discurso no Palácio dos Esportes não passou de encenação,
gravada para transmissão por rádio e nos cinemas. A ideia lhe ocorrera em
outubro de 1942, quando se delineara a derrota de Stalingrado. A intenção era
não só entusiasmar os ouvintes, mas também os soldados nas frentes de batalha.
Apesar disso, Goebbels referiu-se à plateia que o ouvia ao
vivo como sendo "uma amostra da sociedade em seu todo". O sucesso do
rádio empolgou as multidões, por se tratar de um acontecimento fabuloso da
mídia na época. Seu efeito sugestivo foi enfatizado pelo suposto imediatismo e
a impressão de ser ao vivo. O programa, porém, havia sido gravado durante o dia
e só foi ao ar à noite.
Goebbels ressaltou ameaças judia e bolchevique
O discurso expressou a convicção pelos nazistas de sua
causa. Goebbels ainda aperfeiçoou tecnicamente os aplausos, para que tivessem o
efeito esperado no país e no exterior. Ressaltando a ameaça bolchevique, o
ministro da Propaganda tentou conquistar os países neutros e os aliados
ocidentais para uma luta conjunta contra a União Soviética. Insistiu também na
campanha de perseguição aos judeus. "A Alemanha não pretende se curvar à
ameaça judaica e, sim, enfrentá-la, se necessário, com o extermínio total e
radical do judaísmo", disse sob aplausos.
Goebbels ambicionava melhorar sua posição no comando
nazista. Nos anos 1930, ele havia sido uma figura marginal. Fora relegado a
segundo plano nas decisões que antecederam o início da Segunda Guerra Mundial.
Apesar disso, era considerado um importante representante do regime nazista,
tanto no país como no exterior. Seu papel era propagar o culto ao Führer e
maquiar o caráter terrorista do regime de Hitler com a visão da
"comunidade do povo" (Volksgemeinschaft). Goebbels estava ligado ao
centro do poder através da propaganda.
Apelo veemente ao nacionalismo
O discurso de 18 de fevereiro de 1943 teve diferentes
repercussões no exterior. Hitler classificou-o como "obra-prima da
propaganda", uma advertência fatídica que combinava fascínio e violência
sutil. Nunca antes Goebbels havia apelado com tanta veemência ao nacionalismo,
à esperança e à perseverança de milhões de alemães.
Suas táticas para manipulação das massas, porém, já eram
conhecidas. Em 1938, alertara para a "crescente insatisfação do povo
alemão" com o Tratado de Versalhes. Com inédita habilidade, usou o rádio,
a fotografia e o cinema para propagar os ideais do nazismo. Tramou também a
chamada Noite dos Cristais de 9 de novembro de 1938, uma operação brutal
montada para vingar o assassinato de um diplomata alemão em Paris por um jovem
comunista judeu.
Goebbels alegou que foi um protesto espontâneo das massas,
mas hoje sabe-se que a "Noite dos Cristais" marcou o início de uma
nova fase do regime hitlerista: o nacional-socialismo deixava as camuflagens
para assumir o terror.
Perdida a guerra, os dois principais mentores desse terror -
o Führer e seu chefe de propaganda - escolheram o mesmo destino: suicidaram-se
em 30 de abril de 1945. No testamento escrito pouco antes do suicídio, Hitler
ainda nomeara Goebbels para sucedê-lo no cargo de chanceler do 3º Reich.
Autoria Michael Marek (gh)
Link permanente http://dw.com/p/1Fl8
1938: O pogrom da "Noite dos Cristais"
Em 9 de novembro de 1938, sinagogas foram incendiadas em
toda a Alemanha. Polícia e bombeiros foram impedidos de agir pelo governo
nazista.
Novemberpogrome 1938 Zerstörte jüdische
Geschäfte in Magdeburg
Aquela que ficaria conhecida no próprio jargão nazista como
a "noite dos cristais quebrados" marcou o início do Holocausto, que
causou a morte de seis milhões de judeus na Europa até o final da Segunda
Guerra Mundial.
A "Noite dos Cristais" (Kristallnacht ou
Reichspogromnacht), de 9 para 10 de novembro de 1938, em toda a Alemanha e
Áustria, foi marcada pela destruição de símbolos judaicos. Sinagogas, casas
comerciais e residências de judeus foram invadidas e seus pertences destruídos.
Série de proibições aos judeus
Milhares foram torturados, mortos ou deportados para campos
de concentração. A justificativa usada pelos nazistas foi o assassinato do
então diplomata alemão em Paris, Ernst von Rath, pelo jovem Herschel Grynszpan,
de 17 anos, dois dias antes.
A perseguição nazista à comunidade judaica alemã já havia
começado em abril de 1933, com a convocação aos cidadãos a boicotarem estabelecimentos
pertencentes a judeus. Mais tarde, foram proibidos de freqüentar
estabelecimentos públicos, inclusive hospitais.
No outono europeu de 1935, a perseguição aos judeus,
apontados como "inimigos dos alemães", atingiu outro ponto alto com a
chamada "Legislação Racista de Nurembergue". Enquanto o resto do
mundo parecia não levar o genocídio a sério, Hitler via confirmada sua política
de limpeza étnica.
Trajetória para o Holocausto já havia sido aberta
Uma lei de 15 de novembro de 1935 havia proibido os
casamentos e condenado as relações extraconjugais entre judeus e não-judeus.
Havia ainda a proibição de que não-judeus fizessem serviços domésticos para
famílias judaicas e que um judeu hasteasse a bandeira nazista.
Ainda em 1938, as crianças judias foram expulsas das escolas
e foi decretada a expropriação compulsória de todas as lojas, indústrias e
estabelecimentos comerciais pertencentes a judeus. Em 1º de janeiro de 1939,
foi adicionado obrigatoriamente aos documentos de judeus o nome Israel para homens
e Sarah para mulheres.
A proporção da brutalidade do pogrom de 9 de novembro foi
indescritível. Hermann Göring, chefe da SA (Tropa de Assalto), lamentou
"as grandes perdas materiais" daquele 9 de novembro de 1938,
acrescentando: "Preferia que tivessem assassinado 200 judeus em vez de
destruir tantos objetos de valor!"
Autoria Doris Bulau (rw)
Fonte : Deutsche Welle
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¡Escribe!” Es la mejor receta contra las malos recuerdos
Publicado por Tes Nehuén 9 de noviembre de 2015
"¡Escribe!" Es la mejor receta contra las malos
recuerdosDesde tiempos antíquisimos el arte ha servido para dejar constancia de
nuestro paso por este mundo. No, para que hagamos de él un uso egocéntrico (que
también se puede) sino para que al exteriorizar nuestras experiencias podamos
empatizar con personas de otras edades y culturas. La escritura, es entre otras
artes, una herramienta ineludible de catarsis tanto para recuperar nuestro
propio equilibrio como para reflexionar en pos del equilibrio del mundo.
Podría decirse que la literatura fue y es para muchos un
canal de salvación frente a las miserias y las dificultades de la vida. Y así
ha quedado demostrado a lo largo de la historia, ya que muchísimos autores han
afirmado salvarse gracias al descubrimiento de las letras. La posibilidad de
ser otros, de vivir en otro lugar, en otros cuerpos, fue una de las grandes ayudas
que nos ofreció a muchos la lectura siendo niños, salvación que se extendió a
nuestra vida adulta a través del descubrimiento de la escritura. Tanto lectura
como escritura extienden nuestra vida imaginaria y nos ayudan a pasar por este
mundo de una forma más intensa, y a la vez, más fructífera. Sobre esa capacidad
de la literatura como método de salvación escribo en este texto.
Autores que no se ahogaron
La literatura tiene una doble función: por un lado puede ser
una fantástica herramienta de autoconocimiento y, por el otro, una forma de
abandonar la propia vida para recordar cómo eran otras sensaciones y tomar
impulso para mejorar nuestra realidad. En cualquiera de los dos casos, puede
ser una maravillosa forma de explicar(nos) las consecuencias que las
experiencias marcan en nuestra psique.
La escritura puede ser, según lo afirman muchísimos
psicólogos y especialistas de diferentes disciplinas vinculadas al cuidado de
la salud mental, una fantástica tabla de salvación: un método para enfrentar las
situaciones traumáticas del pasado y conocernos a nosotros mismos.
Para muchos autores la lectura fue una forma de huir de la
propia realidad para habitar otros mundos. Herta Müller ha narrado muchísimas
veces que mientras estaba siendo interrogada por la Securitae del régimen de
Ceaușescu se ausentaba del presente a través de la poesía: repetía versos y
poemas enteros que le ayudaban a blindar su mente y a mantenerse a salvo.
Similares fueron las vivencias de Mircea Catarescu quien aseguró que gracias a
la literatura se salvó en la infancia y durante la dictadura también fue la
literatura, esos libros que estaban censurados pero que leía de forma
clandestina, quienes le ayudaron a seguir confiando y a poner en palabras lo
que le rondaba dentro del cráneo.
La lista de autores que se aferraron a la literatura y
consiguieron mantenerse a salvo es larga. En su último libro, “Niños en el
tiempo” (Seix Barral, 2014), Ricardo Menéndez Salmón apoya esta idea de la
literatura como salvación, al presentar un relato que se ve atravesado por la
pérdida y donde la escritura emerge como un bote salvavidas.
También el famosísimo autor, Haruki Murakami ha dicho en
varias ocasiones que si no fuera por la escritura apenas sabría qué cosas
rondan su cabeza, ya que no las conoce hasta que no las pone por escrito. El
escritor peruano Mario Vargas Llosa, también manifestó que aprender a leer fue
una de las mejores cosas que le pasó en la vida y que su acercamiento a las
novelas de Flaubert fue una forma ineludible de aferrarse a la palabra como
instrumento de salvación. Y Alfredo Conte dice que ve la literatura como una
forma de salvarse y agrega que escribir y leer son formas de robarle tiempo a
la muerte.
"¡Escribe!" Es la mejor receta contra las malos
recuerdos
Escribir para no morir
Voltaire decía que la escritura era la pintura de la voz. Y
quizá, ninguna frase puede acercarse más a lo que la literatura implica para
quien la escribe: la posibilidad de trazar su propio camino, de escuchar su voz
y manifestarse con la certeza de que no hay terreno firme, que la única
seguridad que tenemos en esta vida es la posibilidad de estar de paso.
Escribir puede ser una excelente terapia para conquistar
terrenos nebulosos de nuestros miedos. Y no lo digo como una especie de fétida
terapia en la que nos refugiamos en la tristeza y sentimos compasión de
nosotros mismos y nuestras miserias. Sino más bien, en cuanto a que la
escritura puede ser una fantástica puerta de entrada para reflexionar sobre lo
que el mundo es más allá de nosotros; nos ayuda a convertirnos en observadores
capaces de volverse invisibles y observar la vida más allá de nuestras narices.
Aunque también, por otro lado, ese mirar hacia afuera nos lleva
indefectiblemente a regresar a nosotros y a nuestras experiencias para
convertirnos en personas más reflexivas y, en lo posible, más fuertes.
La lectura y la escritura son sin duda dos armas ineludibles
para llegar a conocernos y para entender qué cosas de nosotros no nos gustan,
cuáles deseamos cambiar y de qué forma creemos que podremos conseguirlo. Sin
duda, una maravillosa terapia para transformarnos en personas más satisfechas y
felices. ¿Qué me dicen?
CE
Louis Aragon
Todo empezará en el CE,
el puente que yo crucé.
Habla un romance perdido
del buen caballero herido;
de una rosa en la calzada
y una túnica soltada;
de un castillo misterioso
y albos cisnes en el foso,
y una pradera en que danza
la novia sin esperanza.
Como una noche de hielo,
el lay de glorias en duelo.
Se van con mis pensamientos
por el Loire los armamentos;
y los convoyes volcados
y llantos mal enjugados.
¡Oh Francia, mi bien amada!
¡Oh mi dulce abandonada!
qué sola yo te dejé
cruzando el puente de CE.
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Biblioteca Digital Ciudad Seva
sábado, 7 de novembro de 2015
A Tosco
A Tosco,
Sí Tosco, sí Agustín,
como hace la madera,
con la tenacidad de la flor que no cesa,
de ese modo Agustín, Tosco como la tierra
en donde el Cordobazo alzó su polvareda,
como ese grito tuyo que sale de las fábricas,
de los talleres grises y las villas miseria.
Sí Agustín tumulto, de esa manera entera,
avanzamos contigo y con la clase obrera.
Nadie sabe en qué aire te volviste bandera
trasparente Agustín de overol primavera.
Toscamente Agustín, sangre de sangre nuestra
córdobamente hermano para que el día vuelva
contigo en cada nido, en cada campanario.
Y el motín de palomas que de tu sangre vuela.
Nadie se ha detenido, nadie ha dicho me rindo;
a cada santo y seña tu multitud regresa,
con los puños en alto hacia la vida nueva,
y tu overol azul de patria en primavera
de Armando Tejada Gómez.
Sennin
Ryunosuke Akutagawa
Un hombre que quería emplearse como sirviente llegó una vez
a la ciudad de Osaka. No sé su verdadero nombre, lo conocían por el nombre de
sirviente, Gonsuké, pues él era, después de todo, un sirviente para cualquier
trabajo.
Este hombre -que nosotros llamaremos Gonsuké- fue a una
agencia de COLOCACIONES PARA CUALQUIER TRABAJO, y dijo al empleado que estaba
fumando su larga pipa de bambú:
-Por favor, señor Empleado, yo desearía ser un sennin1.
¿Tendría usted la gentileza de buscar una familia que me enseñara el secreto de
serlo, mientras trabajo como sirviente?
El empleado, atónito, quedó sin habla durante un rato, por
el ambicioso pedido de su cliente.
-¿No me oyó usted, señor Empleado? -dijo Gonsuké-. Yo deseo
ser un sennin1. ¿Quisiera usted buscar una familia que me tome de sirviente y
me revele el secreto?
-Lamentamos desilusionarlo -musitó el empleado, volviendo a
fumar su olvidada pipa-, pero ni una sola vez en nuestra larga carrera
comercial hemos tenido que buscar un empleo para aspirantes al grado de sennin.
Si usted fuera a otra agencia, quizá...
Gonsuké se le acercó más, rozándolo con sus presuntuosas
rodillas, de pantalón azul, y empezó a argüir de esta manera:
-Ya, ya, señor, eso no es muy correcto. ¿Acaso no dice el
cartel COLOCACIONES PARA CUALQUIER TRABAJO? Puesto que promete cualquier
trabajo, usted debe conseguir cualquier trabajo que le pidamos. Usted está
mintiendo intencionalmente, si no lo cumple.
Frente a un argumento tan razonable, el empleado no censuró
el explosivo enojo:
-Puedo asegurarle, señor Forastero, que no hay ningún
engaño. Todo es correcto -se apresuró a alegar el empleado-, pero si usted
insiste en su extraño pedido, le rogaré que se dé otra vuelta por aquí mañana.
Trataremos de conseguir lo que nos pide.
Para desentenderse, el empleado hizo esa promesa y logró,
momentáneamente por lo menos, que Gonsuké se fuera. No es necesario decir, sin
embargo, que no tenía la posibilidad de conseguir una casa donde pudieran
enseñar a un sirviente los secretos para ser un sennin. De modo que al
deshacerse del visitante, el empleado acudió a la casa de un médico vecino.
Le contó la historia del extraño cliente y le preguntó
ansiosamente:
-Doctor, ¿qué familia cree usted que podría hacer de este
muchacho un sennin, con rapidez?
Aparentemente, la pregunta desconcertó al doctor. Quedó
pensando un rato, con los brazos cruzados sobre el pecho, contemplando
vagamente un gran pino del jardín. Fue la mujer del doctor, una mujer muy
astuta, conocida como la Vieja Zorra, quien contestó por él al oír la historia
del empleado.
-Nada más simple. Envíelo aquí. En un par de años lo haremos
sennin.
-¿Lo hará usted realmente, señora? ¡Sería maravilloso! No sé
cómo agradecerle su amable oferta. Pero le confieso que me di cuenta desde el
comienzo que algo relaciona a un doctor con un sennin.
El empleado, que felizmente ignoraba los designios de la
mujer, agradeció una y otra vez, y se alejó con gran júbilo.
Nuestro doctor lo siguió con la vista; parecía muy
contrariado; luego, volviéndose hacia la mujer, le regañó malhumorado:
-Tonta, ¿te has dado cuenta de la tontería que has hecho y
dicho? ¿Qué harías si el tipo empezara a quejarse algún día de que no le hemos
enseñado ni una pizca de tu bendita promesa después de tantos años?
La mujer, lejos de pedirle perdón, se volvió hacia él y
graznó:
-Estúpido. Mejor no te metas. Un atolondrado tan
estúpidamente tonto como tú, apenas podría arañar lo suficiente en este mundo
de te comeré o me comerás, para mantener alma y cuerpo unidos.
Esta frase hizo callar a su marido.
A la mañana siguiente, como había sido acordado, el empleado
llevó a su rústico cliente a la casa del doctor. Como había sido criado en el
campo, Gonsuké se presentó aquel día ceremoniosamente vestido con haori y
hakama, quizá en honor de tan importante ocasión. Gonsuké aparentemente no se
diferenciaba en manera alguna del campesino corriente: fue una pequeña sorpresa
para el doctor, que esperaba ver algo inusitado en la apariencia del aspirante
a sennin. El doctor lo miró con curiosidad, como a un animal exótico traído de
la lejana India, y luego dijo:
-Me dijeron que usted desea ser un sennin, y yo tengo mucha
curiosidad por saber quién le ha metido esa idea en la cabeza.
-Bien señor, no es mucho lo que puedo decirle -replicó
Gonsuké-. Realmente fue muy simple: cuando vine por primera vez a esta ciudad y
miré el gran castillo, pensé de esta manera: que hasta nuestro gran gobernante
Taiko, que vive allá, debe morir algún día; que usted puede vivir
suntuosamente, pero aun así volverá al polvo como el resto de nosotros. En
resumidas cuentas, que toda nuestra vida es un sueño pasajero... justamente lo
que sentía en ese instante.
-Entonces -prontamente la Vieja Zorra se introdujo en la
conversación-, ¿haría usted cualquier cosa con tal de ser un sennin?
-Sí, señora, con tal de serlo.
-Muy bien. Entonces usted vivirá aquí y trabajará para
nosotros durante veinte años a partir de hoy y, al término del plazo, será el
feliz poseedor del secreto.
-¿Es verdad, señora? Le quedaré muy agradecido.
-Pero -añadió ella-, de aquí a veinte años usted no recibirá
de nosotros ni un centavo de sueldo. ¿De acuerdo?
-Sí, señora. Gracias, señora. Estoy de acuerdo en todo.
De esta manera empezaron a transcurrir los veinte años que
pasó Gonsuké al servicio del doctor. Gonsuké acarreaba agua del pozo, cortaba
la leña, preparaba las comidas y hacía todo el fregado y el barrido. Pero esto
no era todo, tenía que seguir al doctor en sus visitas, cargando en sus espaldas
el gran botiquín. Ni siquiera por todo este trabajo Gonsuké pidió un solo
centavo. En verdad, en todo el Japón, no se hubiera encontrado mejor sirviente
por menos sueldo.
Pasaron por fin los veinte años y Gonsuké, vestido otra vez
ceremoniosamente con su almidonado haori como la primera vez que lo vieron, se
presentó ante los dueños de casa.
Les expresó su agradecimiento por todas las bondades
recibidas durante los pasados veinte años.
-Y ahora, señor -prosiguió Gonsuké-. ¿quisieran ustedes
enseñarme hoy, como lo prometieron hace veinte años, cómo se llega a ser sennin
y alcanzar juventud eterna e inmortalidad?
-Y ahora ¿qué hacemos? -suspiró el doctor al oír el pedido.
Después de haberlo hecho trabajar durante veinte largos años por nada, ¿cómo
podría en nombre de la humanidad decir ahora a su sirviente que nada sabía
respecto al secreto de los sennin? El doctor se desentendió diciendo que no era
él sino su mujer quien sabía los secretos.
-Usted tiene que pedirle a ella que se lo diga -concluyó el
doctor y se alejó torpemente.
La mujer, sin embargo, suave e imperturbable, dijo:
-Muy bien, entonces se lo enseñaré yo, pero tenga en cuenta
que usted debe hacer lo que yo le diga, por difícil que le parezca. De otra
manera, nunca podría ser un sennin; y además, tendría que trabajar para
nosotros otros veinte años, sin paga, de lo contrario, créame, el Dios
Todopoderoso lo destruirá en el acto.
-Muy bien, señora, haré cualquier cosa por difícil que sea
-contestó Gonsuké. Estaba muy contento y esperaba que ella hablara.
-Bueno -dijo ella-, entonces trepe a ese pino del jardín.
Desconociendo por completo los secretos, sus intenciones
habían sido simplemente imponerle cualquier tarea imposible de cumplir para
asegurarse sus servicios gratis por otros veinte años. Sin embargo, al oír la
orden, Gonsuké empezó a trepar al árbol, sin vacilación.
-Más alto -le gritaba ella-, más alto, hasta la cima.
De pie en el borde de la baranda, ella erguía el cuello para
ver mejor a su sirviente sobre el árbol; vio su haori flotando en lo alto,
entre las ramas más altas de ese pino tan alto.
-Ahora suelte la mano derecha.
Gonsuké se aferró al pino lo más que pudo con la mano
izquierda y cautelosamente dejó libre la derecha.
-Suelte también la mano izquierda.
-Ven, ven, mi buena mujer -dijo al fin su marido atisbando
las alturas-. Tú sabes que si el campesino suelta la rama, caerá al suelo. Allá
abajo hay una gran piedra y, tan seguro como yo soy doctor, será hombre muerto.
-En este momento no quiero ninguno de tus preciosos
consejos. Déjame tranquila. ¡He! ¡Hombre! Suelte la mano izquierda. ¿Me oye?
En cuanto ella habló, Gonsuké levantó la vacilante mano izquierda.
Con las dos manos fuera de la rama ¿cómo podría mantenerse sobre el árbol?
Después, cuando el doctor y su mujer retomaron aliento, Gonsuké y su haori se
divisaron desprendidos de la rama, y luego... y luego... Pero ¿qué es eso?
¡Gonsuké se detuvo! ¡se detuvo! en medio del aire, en vez de caer como un
ladrillo, y allá arriba quedó, en plena luz del mediodía, suspendido como una
marioneta.
-Les estoy agradecido a los dos, desde lo más profundo de mi
corazón. Ustedes me han hecho un sennin -dijo Gonsuké desde lo alto.
Se le vio hacerles una respetuosa reverencia y luego comenzó
a subir cada vez más alto, dando suaves pasos en el cielo azul, hasta
transformarse en un puntito y desaparecer entre las nubes.
FIN
1. Según la tradición china, el Sennin es un ermitaño
sagrado que vive en el corazón de una montaña, y que tiene poderes mágicos como
el de volar cuando quiere y disfrutar de una extrema longevidad.
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Cuerpo de mujer
Una noche de verano un chino llamado Yang despertó de pronto
a causa del insoportable calor. Tumbado boca abajo, la cabeza entre las manos,
se había entregado a hilvanar fogosas fantasías cuando se percató de que había
un pulga avanzando por el borde de la cama. En la penumbra de la habitación la
vio arrastrar su diminuto lomo fulgurando como polvo de plata rumbo al hombro
de su mujer que dormía a su lado. Desnuda, yacía profundamente dormida, y oyó
que respiraba dulcemente, la cabeza y el cuerpo volteados hacia su lado.
Observando el avance indolente de la pulga, Yang reflexionó
sobre la realidad de aquellas criaturas. "Una pulga necesita una hora para
llegar a un sitio que está a dos o tres pasos nuestros, aparte de que todo su
espacio se reduce a una cama. Muy tediosa sería mi vida de haber nacido
pulga..."
Dominado por estos pensamientos, su conciencia se empezó a
oscurecer lentamente y, sin darse cuenta, acabó hundiéndose en el profundo
abismo de un extraño trance que no era ni sueño ni realidad. Imperceptiblemente,
justo cuando se sintió despierto, vio, asombrado, que su alma había penetrado
el cuerpo de la pulga que durante todo aquel tiempo avanzaba sin prisa por la
cama, guiada por un acre olor a sudor. Aquello, en cambio, no era lo único que
lo confundía, pese a ser una situación tan misteriosa que no conseguía salir de
su asombro.
En el camino se alzaba una encumbrada montaña cuya forma más
o menos redondeada aparecía suspendida de su cima como una estalactita,
alzándose más allá de la vista y descendiendo hacia la cama donde se
encontraba. La base medio redonda de la montaña, contigua a la cama, tenía el
aspecto de una granada tan encendida que daba la impresión de contener fuego
almacenado en su seno. Salvo esta base, el resto de la armoniosa montaña era
blancuzco, compuesto de la masa nívea de una sustancia grasa, tierna y pulida.
La vasta superficie de la montaña bañada en luz despedía un lustre ligeramente
ambarino que se curvaba hacia el cielo como un arco de belleza exquisita, a la
par que su ladera oscura refulgía como una nieve azulada bajo la luz de la
luna.
Los ojos abiertos de par en par, Yang fijó la mirada atónita
en aquella montaña de inusitada belleza. Pero cuál no sería su asombro al
comprobar que la montaña era uno de los pechos de su mujer. Poniendo a un lado
el amor, el odio y el deseo carnal, Yang contempló aquel pecho enorme que
parecía una montaña de marfil. En el colmo de la admiración permaneció un largo
rato petrificado y como aturdido ante aquella imagen irresistible, ajeno por
completo al acre olor a sudor. No se había dado cuenta, hasta volverse una
pulga, de la belleza aparente de su mujer. Tampoco se puede limitar un hombre
de temperamento artístico a la belleza aparente de una mujer y contemplarla
azorado como hizo la pulga.
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quarta-feira, 4 de novembro de 2015
POEMA DE FINADOS
Amanhã que é dia dos mortos
Vai ao cemitério. Vai
E procura entre as sepulturas
A sepultura de meu pai.
Leva três rosas bem bonitas.
Ajoelha e reza uma oração.
Não pelo pai, mas pelo filho:
O filho tem mais precisão.
O que resta de mim na vida
É a amargura do que sofri.
Pois nada quero, nada espero.
E em verdade estou morto ali.
Manuel Bandeira
VERSOS DE NATAL
Espelho, amigo verdadeiro,
Tu refletes as minhas rugas,
Os meus cabelos brancos,
Os meus olhos míopes e cansados.
Espelho, amigo verdadeiro,
Mestre do realismo exato e minucioso,
Obrigado, obrigado!
Mas se fosses mágico,
Penetrarias até o fundo desse homem triste,
Descobririas o menino que sustenta esse homem,
O menino que não quer morrer,
Que não morrerá senão comigo,
O menino que todos os anos na véspera do Natal
Pensa ainda em pôr os seus sapatinhos atrás da porta.
Manuel Bandeira
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