domingo, 29 de dezembro de 2013

Cómo brindan los rusos


29 de diciembre de 2013 Alexéi Mijéiev, para Rusia Hoy

El brindis es uno de los atributos omnipresentes en las mesas rusas. En ocasiones oficiales se pronuncian en serio, pero en una fiesta entre amigos a menudo adquieren un matiz irónico.

Existe la creencia de que los rusos, cuando beben, se dicen: Na zdorovie! (¡Salud!). Esto no es del todo cierto. Cuando los rusos alzan sus copas suelen decir: Vashe zdorovie! (¡A su salud!) o Tvoió zdorovie! (¡A tu salud!). Aunque esto no es un brindis en el sentido estricto de la palabra. El brindis tradicional tiene una estructura más extensa: en la primera parte se cuenta una pequeña historia y en la segunda se saca una conclusión cómica o paradójica, tras lo cual se invita a beber.

El protagonista de la comedia soviética de los años 60 Kavkazskaya plénnitsa (La prisionera del Cáucaso), el joven experto en folclore Shurik, viaja al Cáucaso para recoger relatos, leyendas y brindis locales, y cada caucásico que se encuentra por el camino le propone que escriba su brindis.
Por ejemplo: “Mi bisabuelo dice: tengo el deseo de comprar una casa, pero no tengo la posibilidad; tengo la posibilidad de comprar una cabra, pero no tengo el deseo. ¡De modo que bebamos para que nuestros deseos coincidan con nuestras posibilidades!”.

Cada brindis va acompañado de un vaso a rebosar de vino, ¡y es que “un brindis sin vino es como una boda sin novia”! Generalmente, estos largos brindis terminan así: “Y cuando toda la bandada comenzó a migrar al sur para pasar el invierno, un pequeño pero orgulloso pájaro dijo: 'Yo volaré directamente al sol'. Comenzó a volar cada vez más alto, pero de tanto subir se quemó un ala y cayó en picado hasta el fondo de un profundo desfiladero. ¡De modo que bebamos para que ninguno de nosotros, no importa lo alto que vuele, jamás se separe de la bandada!”, tras lo cual Shurik, totalmente borracho, comienza a llorar.

“¿Qué te pasa, amigo?”, le preguntan sus anfitriones preocupados. “¡Me da lástima del pájaro!”, responde Shurik entre lágrimas. Y esta frase, “lástima del pájaro”, se ha convertido en un dicho popular para mitigar el patetismo excesivo en una situación concreta.

En los banquetes rituales generalmente se proponen varios brindis estándar. En un aniversario el primer brindis se pronuncia en honor a la persona que cumple años (con deseos de salud, éxitos y una larga vida), y el segundo brindis en honor a sus padres.

En una boda, el primer brindis es: “¡Que los novios sean felices!”, y más adelante, durante todo el banquete, una y otra vez se grita Gorko! (¡Amargo!). Este brindis tan breve significa (en broma) que la comida que les han servido está amarga. Para hacer que sea más dulce, los novios se levantan y se dan un largo beso, y los invitados cuentan su duración a coro: “Uno, dos, tres, cuatro, cinco…”, tras lo cual, cuando finaliza el beso, todos alzan su copa.

En las comidas de exequias, la primera parte del brindis contiene generalmente un recuerdo de algún momento conmovedor y memorable de la vida del difunto, y el brindis acaba con las palabras “eterno recuerdo” o “que descanse en paz”. Generalmente, cuando se bebe por las personas difuntas (no sólo en los funerales) no se hacen chocar los vasos.

Las comidas que no tienen un motivo en particular, organizadas únicamente por pasar el tiempo en compañía, también tienen algunos brindis estándar. En el primer brindis se suele decir Za vstrechu! (¡Por la velada!) o So svidanitsem! (¡Por el encuentro!). Para que la gente se libere todavía más, vuelven a beber rápidamente, diciendo: “¡Entre el primero y el segundo, el descanso es breve!”. Las siguientes rondas van acompañadas de breves comentarios como “¡Allá vamos!”, “¡A por ello!”.

Blog: la lengua rusa en doble sentido 

En algún momento hacia la mitad de la fiesta surge el brindis “¡Por las bellas damas!” (Variante: “¡Por las bellas damas aquí presentes!”). En ese momento, alguien suele comentar que los verdaderos hombres deben beber por las damas de pie, - tras lo cual, todos los hombres beben sus copas de pie (y de un trago).
Antiguamente se consideraba de buen gusto (y especial gallardía) beber después de cada brindis todo el vaso de golpe, aunque en la actualidad en las fiestas rusas se considera más bien de mal gusto. No obstante, si hay algún vaso a medias antes de cada brindis se rellena hasta arriba, a esto se le llama “refrescar el vaso”.
Otra fórmula estándar de brindar es la fórmula irónica Za sbychu mecht! (¡Por que los sueños se cumplan!). Literalmente implica el deseo de que se cumplan los sueños, pero su extraña construcción, que no cumple las leyes sintácticas, es una parodia de los lemas propagandísticos soviéticos.

Tras la adaptación a finales de los años 80 de la novela de Mijaíl Bulgákov Corazón de perro, adquirió gran popularidad el absurdo brindis pronunciado por su protagonista, Sharikov: “¡Deseo que todo!”. Esta fórmula incompleta y sin sentido pone de manifiesto el carácter ritual de los brindis.

Uno de los personajes de otra película soviética, Lluvia de julio,  pronuncia en su brindis la frase “¡Que vaya bien!”. “¿Significa eso ‘Hasta la vista’?”, le pregunta sorprendida la mujer que se sienta a su lado. “No, - responde él. – Significa solamente ‘¡que vaya bien!’” (El juego de palabras consiste en que la fórmula “¡Que vaya bien!” se utiliza realmente como una forma de despedida).


Y en la última invitación a beber para los huéspedes que se disponen a irse a casa se dice Na pososhok! (literalmente “¡Para el bastón!”, significa “para el camino”). Antiguamente los viajeros iban a pie apoyándose en un bastón al que se llamaba posoj, y con la expresión “para el posohok” (forma diminutiva de “posoj”) se desea un buen viaje.

Movimentos de Tubarão



Do mesmo jeito que um tubarão não pode deixar de se
movimentar se não morre
Assim é você pelo chão
Dorme nadando de costas
Cuspindo teus dentes
Deslizando como assombração
Não posso fazer nada por você, a não ser que você se levante
O que você precisa é de um bolso cheio de grilos
Para te trazer de volta à terra


- poema de Sam Shepard, A Lua do Falcão

Año nuevo


Rubén Darío




A las doce de la noche por las puertas de la gloria
y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,
sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,
San Silvestre.

Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,
de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión;
y el anillo de su diestra, hecho cual si fuese para
Salomón.

Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,
y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;
y colgada sobre el pecho resplandece la divina
Cruz del Sur.

Va el pontífice hacia Oriente ¿va a encontrar el áureo barco
donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero?
Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco
del Arquero.

A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno
el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;
le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno,
y le cubre los riñones el vellón azul del mar.
Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;
doce aljibas, cada año, para él trae el rey Enero;
en la sombra se destaca la figura vencedora
del Arquero.

Alredor de la figura del gigante se oye el vuelo
misterioso y fugitivo de las almas que se van,
y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo
con sus alas membranosas el murciélago Satán.
San Silvestre bajo el palio de un zodiaco de virtudes,
del celeste Vaticano se detiene en los umbrales
mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes
Inmortales.

Reza el santo y pontifica; y al mirar que viene el barco
donde en triunfo llega Enero,
ante Dios bendice al mundo; y su brazo abarca el arco
y el Arquero.
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Biblioteca Digital Ciudad Seva
Quente e doce e sutil: o corpo antes do amor.
Fresca, doce e dúctil: a carne da sedução.
Volúvel e violenta e metafísica: a forma do rosto.
Doce e lasso e sutil: o corpo depois do amor.


Baudrillard, Cool memories.

Os Ombros Suportam o Mundo



Chega um tempo em que não se diz mais: meu Deus.
Tempo de absoluta depuração.
Tempo em que não se diz mais: meu amor.
Porque o amor resultou inútil.
E os olhos não choram.
E as mãos tecem apenas o rude trabalho.
E o coração está seco.
Em vão mulheres batem à porta, não abrirás.
Ficaste sozinho, a luz apagou-se,
mas na sombra teus olhos resplandecem enormes.
És todo certeza, já não sabes sofrer.
E nada esperas de teus amigos.
Pouco importa venha a velhice, que é a velhice?
Teus ombros suportam o mundo
e ele não pesa mais que a mão de uma criança.
As guerras, as fomes, as discussões dentro dos edifícios
provam apenas que a vida prossegue
e nem todos se libertaram ainda.
Alguns, achando bárbaro o espetáculo
prefeririam (os delicados) morrer.
Chegou um tempo em que não adianta morrer.
Chegou um tempo em que a vida é uma ordem.
A vida apenas, sem mistificação.


Carlos Drummond de Andrade

RECEITA DE ANO NOVO



Para você ganhar belíssimo Ano Novo
cor do arco-íris, ou da cor da sua paz,
Ano Novo sem comparação com todo o tempo já vivido
(mal vivido talvez ou sem sentido)
para você ganhar um ano
não apenas pintado de novo, remendado às carreiras,
mas novo nas sementinhas do vir-a-ser;
novo
até no coração das coisas menos percebidas
(a começar pelo seu interior)
novo, espontâneo, que de tão perfeito nem se nota,
mas com ele se come, se passeia,
se ama, se compreende, se trabalha,
você não precisa beber champanha ou qualquer outra birita,
não precisa expedir nem receber mensagens
(planta recebe mensagens?
passa telegramas?)

Não precisa
fazer lista de boas intenções
para arquivá-las na gaveta.
Não precisa chorar arrependido
pelas besteiras consumadas
nem parvamente acreditar
que por decreto de esperança
a partir de janeiro as coisas mudem
e seja tudo claridade, recompensa,
justiça entre os homens e as nações,
liberdade com cheiro e gosto de pão matinal,
direitos respeitados, começando
pelo direito augusto de viver.

Para ganhar um Ano Novo
que mereça este nome,
você, meu caro, tem de merecê-lo,
tem de fazê-lo novo, eu sei que não é fácil,
mas tente, experimente, consciente.
É dentro de você que o Ano Novo
cochila e espera desde sempre.

Carlos Drummond de Andrade

AMANTE DA ALGAZARRA


Wall Salomão

Não sou eu quem dá coices ferradurados no ar.
É esta estranha criatura que fez de mim seu encosto.
É ela !!!
Todo mundo sabe, sou uma lisa flor de pessoa,
Sem espinho de roseira nem áspera lixa de folha de figueira.

Esta amante da balbúrdia cavalga encostada ao meu sóbrio ombro
Vixe!!!
Enquanto caminho a pé, pedestre -- peregrino atônito até a morte.
Sem motivo nenhum de pranto ou angústia rouca ou desalento:
Não sou eu quem dá coices ferradurados no ar.
É esta estranha criatura que fez de mim seu encosto
E se apossou do estojo de minha figura e dela expeliu o estofo.

Quem corre desabrida
Sem ceder a concha do ouvido
A ninguém que dela discorde
É esta
Selvagem sombra acavalada que faz versos como quem morde.




Waly Dias Salomão (Jequié, Bahia, 1943 - Rio de Janeiro 2003).
Havia um homem que escrevia em fragmentos até o próprio nome. Assinava com metade da caneta, com metade da tinta e escrevia metade das letras. Mas havia outro homem, porque há sempre dois homens. Era um homem que escrevia em fragmentos que se multiplicavam como se entre eles estivesse a operação multiplicação.
Há quem escreva como num testamento: é uma linguagem que separa e deixa apenas parte a cada um. E há depois quem escreva com mão de agricultor: deixa mais do que acabou de deixar.
Ver duas vezes no mesmo dia um cego é torturar um cego. Porque o cego nesse dia nem uma vez te viu.

Gonçalo M. Tavares

em Biblioteca.
"Éramos seis, cinco mulheres e um homem. Eu, a única branca, de cabelos lisos, claros. Mas ser branca e bonita só me ajudou a ser puta. quer dizer, nem sei se uma puta branca é melhor que uma puta mulata, comercialmente falando. Já me disseram que eu fui ser puta porque quis. Eu tinha doze anos."


A Grande Arte, de Rubem Fonseca.
"Um julgamento parece uma peça de teatro porque ambos começam e terminam com o autor do ato, não com a vítima. Um julgamento-espetáculo, mais ainda do que um julgamento comum, precisa de um roteiro limitado e bem definido daquilo que foi feito e de como foi feito. No centro de um julgamento só pode estar aquele que fez algo -- nesse sentido é que ele é comparável ao heroi de uma peça de teatro -- e se ele sofre, deve sofrer pelo que fez, não pelo que os outros sofreram. Ninguém sabia disso melhor do que o juiz-presidente, diante de cujos olhos o julgamento começou a degenerar num espetáculo sangrento." (Hannah Arendt, Eichmann em Jerusalém,)

sábado, 28 de dezembro de 2013

Vanka


Anton Chejov

Vanka Chukov, un muchacho de nueve años, a quien habían colocado hacía tres meses en casa del zapatero Alojin para que aprendiese el oficio, no se acostó la noche de Navidad.

Cuando los amos y los oficiales se fueron, cerca de las doce, a la iglesia para asistir a la misa del Gallo, cogió del armario un frasco de tinta y un portaplumas con una pluma enrobinada, y, colocando ante él una hoja muy arrugada de papel, se dispuso a escribir.

Antes de empezar dirigió a la puerta una mirada en la que se pintaba el temor de ser sorprendido, miró el icono oscuro del rincón y exhaló un largo suspiro.

El papel se hallaba sobre un banco, ante el cual estaba él de rodillas.

«Querido abuelo Constantino Makarich -escribió-: Soy yo quien te escribe. Te felicito con motivo de las Navidades y le pido a Dios que te colme de venturas. No tengo papá ni mamá; sólo te tengo a ti...

Vanka miró a la oscura ventana, en cuyos cristales se reflejaba la bujía, y se imaginó a su abuelo Constantino Makarich, empleado a la sazón como guardia nocturno en casa de los señores Chivarev. Era un viejecito enjuto y vivo, siempre risueño y con ojos de bebedor. Tenía sesenta y cinco años. Durante el día dormía en la cocina o bromeaba con los cocineros, y por la noche se paseaba, envuelto en una amplia pelliza, en torno de la finca, y golpeaba de vez en cuando con un bastoncillo una pequeña plancha cuadrada, para dar fe de que no dormía y atemorizar a los ladrones. Lo acompañaban dos perros: Canelo y Serpiente. Este último se merecía su nombre: era largo de cuerpo y muy astuto, y siempre parecía ocultar malas intenciones; aunque miraba a todo el mundo con ojos acariciadores, no le inspiraba a nadie confianza. Se adivinaba, bajo aquella máscara de cariño, una perfidia jesuítica.

Le gustaba acercarse a la gente con suavidad, sin ser notado, y morderla en las pantorrillas. Con frecuencia robaba pollos de casa de los campesinos. Le pegaban grandes palizas; dos veces había estado a punto de morir ahorcado; pero siempre salía con vida de los más apurados trances y resucitaba cuando lo tenían ya por muerto.

En aquel momento, el abuelo de Vanka estaría, de fijo, a la puerta, y mirando las ventanas iluminadas de la iglesia, embromaría a los cocineros y a las criadas, frotándose las manos para calentarse. Riendo con risita senil les daría vaya a las mujeres.

-¿Quiere usted un polvito? -les preguntaría, acercándoles la tabaquera a la nariz.

Las mujeres estornudarían. El viejo, regocijadísimo, prorrumpiría en carcajadas y se apretaría con ambas manos los ijares.

Luego les ofrecería un polvito a los perros. El Canelo estornudaría, sacudiría la cabeza, y, con el gesto huraño de un señor ofendido en su dignidad, se marcharía. El Serpiente, hipócrita, ocultando siempre sus verdaderos sentimientos, no estornudaría y menearía el rabo.

El tiempo sería soberbio. Habría una gran calma en la atmósfera, límpida y fresca. A pesar de la oscuridad de la noche, se vería toda la aldea con sus tejados blancos, el humo de las chimeneas, los árboles plateados por la escarcha, los montones de nieve. En el cielo, miles de estrellas parecerían hacerle alegres guiños a la Tierra. La Vía Láctea se distinguiría muy bien, como si, con motivo de la fiesta, la hubieran lavado y frotado con nieve...

Vanka, imaginándose todo esto, suspiraba.

Tomó de nuevo la pluma y continuó escribiendo:

«Ayer me pegaron. El maestro me cogió por los pelos y me dio unos cuantos correazos por haberme dormido arrullando a su nene. El otro día la maestra me mandó destripar una sardina, y yo, en vez de empezar por la cabeza, empecé por la cola; entonces la maestra cogió la sardina y me dio en la cara con ella. Los otros aprendices, como son mayores que yo, me mortifican, me mandan por vodka a la taberna y me hacen robarle pepinos a la maestra, que, cuando se entera, me sacude el polvo. Casi siempre tengo hambre. Por la mañana me dan un mendrugo de pan; para comer, unas gachas de alforfón; para cenar, otro mendrugo de pan. Nunca me dan otra cosa, ni siquiera una taza de té. Duermo en el portal y paso mucho frío; además, tengo que arrullar al nene, que no me deja dormir con sus gritos... Abuelito: sé bueno, sácame de aquí, que no puedo soportar esta vida. Te saludo con mucho respeto y te prometo pedirle siempre a Dios por ti. Si no me sacas de aquí me moriré.»

Vanka hizo un puchero, se frotó los ojos con el puño y no pudo reprimir un sollozo.

«Te seré todo lo útil que pueda -continuó momentos después-. Rogaré por ti, y si no estás contento conmigo puedes pegarme todo lo que quieras. Buscaré trabajo, guardaré el rebaño. Abuelito: te ruego que me saques de aquí si no quieres que me muera. Yo escaparía y me iría a la aldea contigo; pero no tengo botas, y hace demasiado frío para ir descalzo. Cuando sea mayor te mantendré con mi trabajo y no permitiré que nadie te ofenda. Y cuando te mueras, le rogaré a Dios por el descanso de tu alma, como le ruego ahora por el alma de mi madre.

«Moscú es una ciudad muy grande. Hay muchos palacios, muchos caballos, pero ni una oveja. También hay perros, pero no son como los de la aldea: no muerden y casi no ladran. He visto en una tienda una caña de pescar con un anzuelo tan hermoso que se podrían pescar con ella los peces más grandes. Se venden también en las tiendas escopetas de primer orden, como la de tu señor. Deben costar muy caras, lo menos cien rublos cada una. En las carnicerías venden perdices, liebres, conejos, y no se sabe dónde los cazan.

«Abuelito: cuando enciendan en casa de los señores el árbol de Navidad, coge para mí una nuez dorada y escóndela bien. Luego, cuando yo vaya, me la darás. Pídesela a la señorita Olga Ignatievna; dile que es para Vanka. Verás cómo te la da.»

Vanka suspira otra vez y se queda mirando a la ventana. Recuerda que todos los años, en vísperas de la fiesta, cuando había que buscar un árbol de Navidad para los señores, iba él al bosque con su abuelo. ¡Dios mío, qué encanto! El frío le ponía rojas las mejillas; pero a él no le importaba. El abuelo, antes de derribar el árbol escogido, encendía la pipa y decía algunas chirigotas acerca de la nariz helada de Vanka. Jóvenes abetos, cubiertos de escarcha, parecían, en su inmovilidad, esperar el hachazo que sobre uno de ellos debía descargar la mano del abuelo. De pronto, saltando por encima de los montones de nieve, aparecía una liebre en precipitada carrera. El abuelo, al verla, daba muestras de gran agitación y, agachándose, gritaba:

-¡Cógela, cógela! ¡Ah, diablo!

Luego el abuelo derribaba un abeto, y entre los dos lo trasladaban a la casa señorial. Allí, el árbol era preparado para la fiesta. La señorita Olga Ignatievna ponía mayor entusiasmo que nadie en este trabajo. Vanka la quería mucho. Cuando aún vivía su madre y servía en casa de los señores, Olga Ignatievna le daba bombones y le enseñaba a leer, a escribir, a contar de uno a ciento y hasta a bailar. Pero, muerta su madre, el huérfano Vanka pasó a formar parte de la servidumbre culinaria, con su abuelo, y luego fue enviado a Moscú, a casa del zapatero Alajin, para que aprendiese el oficio...

«¡Ven, abuelito, ven! -continuó escribiendo, tras una corta reflexión, el muchacho-. En nombre de Nuestro Señor te suplico que me saques de aquí. Ten piedad del pobrecito huérfano. Todo el mundo me pega, se burla de mí, me insulta. Y, además, siempre tengo hambre. Y, además, me aburro atrozmente y no hago más que llorar. Anteayer, el ama me dio un pescozón tan fuerte que me caí y estuve un rato sin poder levantarme. Esto no es vivir; los perros viven mejor que yo... Recuerdos a la cocinera Alena, al cochero Egorka y a todos nuestros amigos de la aldea. Mi acordeón guárdalo bien y no se lo dejes a nadie. Sin más, sabes que te quiere tu nieto

                                         VANKA CHUKOV

Ven en seguida, abuelito.»

Vanka plegó en cuatro dobleces la hoja de papel y la metió en un sobre que había comprado el día anterior. Luego, meditó un poco y escribió en el sobre la siguiente dirección:

«En la aldea, a mi abuelo.»

Tras una nueva meditación, añadió:

«Constantino Makarich.»

Congratulándose de haber escrito la carta sin que nadie lo estorbase, se puso la gorra, y, sin otro abrigo, corrió a la calle.

El dependiente de la carnicería, a quien aquella tarde le había preguntado, le había dicho que las cartas debían echarse a los buzones, de donde las recogían para llevarlas en troika a través del mundo entero.

Vanka echó su preciosa epístola en el buzón más próximo...

Una hora después dormía, mecido por dulces esperanzas.

Vio en sueños la cálida estufa aldeana. Sentado en ella, su abuelo les leía a las cocineras la carta de Vanka. El perro Serpiente se paseaba en torno de la estufa y meneaba el rabo...

FIN

Biblioteca Digital Ciudad Seva

O Amor




Um dia, quem sabe,
ela, que também gostava de bichos,
apareça
numa alameda do zoo,
sorridente,
tal como agora está
no retrato sobre a mesa.
Ela é tão bela,
que, por certo, hão de ressuscitá-la.
Vosso Trigésimo Século
ultrapassará o exame
de mil nadas,
que dilaceravam o coração.
Então,
de todo amor não terminado
seremos pagos
em enumeráveis noites de estrelas.
Ressuscita-me,
nem que seja só porque te esperava
como um poeta,
repelindo o absurdo quotidiano!
Ressuscita-me,
nem que seja só por isso!
Ressuscita-me!
Quero viver até o fim o que me cabe!
Para que o amor não seja mais escravo
de casamentos,
concupiscência,
salários.
Para que, maldizendo os leitos,
saltando dos coxins,
o amor se vá pelo universo inteiro.
Para que o dia,
que o sofrimento degrada,
não vos seja chorado, mendigado.
E que, ao primeiro apelo:
- Camaradas!
Atenta se volte a terra inteira.
Para viver
livre dos nichos das casa.
Para que
doravante
a família
seja
o pai,
pelo menos o Universo;
a mãe,
pelo menos a Terra.


Vladimir Maiakóvski
El artista es responsable sólo ante su obra. [...] Tiene un sueño, y ese sueño lo angustia tanto que debe liberarse de él. Hasta entonces no tiene paz. Lo echa todo por la borda: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, con tal de escribir el libro.
Nada puede destruir al buen escritor. Lo único que puede alterar al buen escritor es la muerte.

William Faulkner

sexta-feira, 27 de dezembro de 2013

Arnaldo Antunes

Pensamento que vem de fora
e pensa que vem de dentro,
pensamento que expectora
o que no meu peito penso.
Pensamento a mil por hora,
tormento a todo momento.
Por que é que eu penso agora
sem o meu consentimento?
Se tudo que comemora
tem o seu impedimento,
se tudo aquilo que chora
cresce com o seu fermento;
pensamento, dê o fora,
saia do meu pensamento.
Pensamento, vá embora,
desapareça no vento.
E não jogarei sementes
em cima do seu cimento.


A Arte da Guerra

"Se você conhece o inimigo e conhece a si mesmo, não precisa temer o resultado de cem batalhas. Se você se conhece mas não conhece o inimigo, para cada vitória ganha sofrerá também uma derrota. Se você não conhece nem o inimigo nem a si mesmo, perderá todas as batalhas."


- Sun Tzu, em 'A Arte da Guerra'.

La arquitectura del deseo


de Aurora Luque

El deseo: nefasta construcción, sin indicios de habitabilidad, que se levanta dentro del cuerpo sin cimientos previos. (¿Quién podía intuir tantos solares aptos y replegados?)
El deseo: laberinto con una instalación de alarmas que traicionan.
El deseo: laberinto enmarañándose desde un roce de lenguas hasta un mar que inunda islas.

Insiste el laberinto. Luces impenetrables y un sopor amarillo van cegando los corredores. No hay monstruo más hermoso que el amor acosado.
Algo existe num dia de verão,
No lento apagar de suas chamas,
Que me impele a ser solene.

Algo, num meio-dia de verão,
Uma fundura — um azul — uma fragrância,
Que o êxtase transcende.

Há, também, numa noite de verão,
Algo tão brilhante e arrebatador
Que só para ver aplaudo —

E escondo minha face inquisidora
Receando que um encanto assim tão trêmulo
E sutil, de mim se escape.

Emily Dickinson

(Tradução de Lúcia Olinto)

união

Jussara Salazar

Poema do ucraíno Andriy Lyubka em modo de usar & co.:

união

o que significa a união dos escritores
é sem falta fazer assinatura
do jornal ucrânia literária
lembrar os bons tempos soviéticos
quando havia moradias gratuitas
deixar crescer bigodes cossacos
uma vez por ano escrever um artigo
sobre a degradação espiritual da nação
em cada ocasião citar a si próprio
levar colegas para tomar um gole
enxaguando-o com um suco de tomate para dois
inflamar-se no jubileu seguinte
conseguir comer o último sanduíche
ou então embrulhá-lo no guardanapo
e meu deus em toda a vida
não escrever nada que preste

(tradução de Vira Vovk)

:

спілка

що таке спілка письменників
це обов`язково передплатити
газету літературна україна
згадати про добрі радянські часи
про безплатні квартири
відпустити козацькі вуса
раз на рік писати статтю
про духовну деградацію нації
при кожній нагоді цитувати самого себе
водити колег на п`ятдесят грам
запивати одним томатним соком на двох
побухати на черговому ювілеї
встигнути з`їсти останній бутерброд
а якщо ні то завернути в серветку
і о боже за ціле життя
не написати нічого путнього