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quarta-feira, 8 de maio de 2019

Viejo oficio



Cesare Pavese

En aquellos tiempos estaba ocupadísimo y vivía con los carreteros. La cabeza me resuena aún con las gruesas voces de mando y el chirrido de los frenos. Nuestro punto de reunión estaba en el patio, bajo el zaguán de cierta ventana que, las noches de partida, era un antro de faroles y de voces iracundas como latigazos. Criadas y mozos que nos daban la salida ansiaban vernos en camino, porque entonces podrían pararse en el umbral a respirar: el restallido de nuestras trallas era su liberación.

También para nosotros el latigazo largo, asestado fuera del zaguán al flanco de los caballos, era la señal de que comenzaban la conducción y la noche. Con las primeras sombras nos hacíamos compañía, si había estrellas, de dos en dos o de tres en tres por el arcén de la carretera, sin perder de vista al caballo de cabeza y las bifurcaciones, porque la caravana marcha como un tren y todo estriba en que esté bien encaminada. Después empezaban a rezagarse los más viejos y a montar en los distintos carros; nosotros, los jóvenes, siempre teníamos alguna conversación que terminar y un último pitillo que pedir.

Pero también al final saltábamos sobre los sacos y comenzaba el duermevela.

Cuántas noches pasé así acurrucado sobre los sacos, bamboleándose ante mis ojos el farol que en el sopor no distinguía ya si iba colgado del carro anterior o si acaso era el mío. Uno se sentía transportar, sentía todo el carro y el caballo moverse y estirarse debajo; ciertos tramos de la carretera los reconocía por los tumbos. Según que el carro pasase bajo una ladera, o entre un campo delante de un porche, de una tapia, o sobre un puente, el eco del estrépito de las ruedas variaba: era una voz que hacía más compañía que los cascabeles que los caballos agitaban meneando la cabeza. Era una voz que, apenas el frío del alba nos despertaba, volvía a dejarse oír incesante, mudada según el camino recorrido, y antes aún de que un vistazo al campo o a las casas nos dijese dónde estábamos nos sosegaba con su monotonía. Tumbado sobre los sacos, cada uno de nosotros escuchaba solo su carro pero adivinaba en los diversos chirridos que lo acompañaban la presencia de otros, y en ciertos momentos que en el campo todo callaba, uno alzaba la cabeza del saco y quedaba en suspenso hasta que veía un farol bambolearse a ras del suelo, o un tintineo y el estrépito de las otras ruedas sobre el polvo llegaba a tranquilizarlo.

Con tanto camino como hice en aquellos años, dormí casi siempre. Dormí de noche y dormí de día, bajo el sol, bajo la lluvia, aovillado o sentado. Los viejos conductores dicen que de joven se duerme muy a gusto en el carro porque uno es fuerte y sano y cede al sueño. A mí me gustaba viajar en caravana porque siempre había algún viejo que velaba y se ocupaba de la ruta. ¿Había algo más hermoso que despertar antes del día a la vista de un poblado sin tener tiempo ni para estirarse, y ya los carros se paraban y bajábamos a tomar un trago y comer un bocado? Mientras tanto estaba clareando, y en la posada parecían saberlo: abrían de par en par los postigos de madera y se asomaban las mujeres, desperezándose y llamando a los mozos. Según quienes fuéramos en la conducción, nos sentábamos todos a una gran mesa o se cargaba de ajo o de anchoas la hogaza y nos íbamos enseguida. Lo uno y lo otro tenían su gracia. Pero está claro que detenerse era mejor; tanto más cuanto que delante de la posada nos esperaban otros carros que ya habían mandado encender el fuego. Entonces se comía fuerte, sentados en torno a la mesa, echando cada cual su cuarto a espadas; se hacían paradas de media hora, íbamos y veníamos por el patio a dar el heno y a abrevar; las mozas de la posada venían al peldaño a contarnos cosas. Entonces sí que daba gusto haber dormido: entraban ganas de cantar (los otros cantan de noche, nosotros cantábamos por la mañana).

Los viejos dicen que todo gusta en aquellos años porque se es joven, pero yo, que he hecho bastantes oficios, estoy seguro de que nada es más hermoso que una conducción bien pagada. Las carreteras, las posadas, los caballos y el campo parecían colocados allí solo para nosotros. Aquel comer apenas rayaba el día, antes de que los demás estuvieran en pie, tras una noche de camino, era una gran cosa, y ahora que ya no llevo esa vida se necesita mucho más que el canto del gallo para que me levante con tanta ansia de comer, de andar y de charlar como tenía entonces. Es cierto que ahora peino canas, pero si el mundo fuera el de antaño y yo pudiera disponer de mí, sabría a qué carro montar y llegar despuntando el día a la posada, despertarlos a todos y hacer una parada. Si hay todavía posadas y paradas.

Pero ya deben de haber muerto incluso los caballos. Hace tiempo que no veo por los caminos los tiros reforzados de antaño. Ahora, por la noche, cuando tampoco yo cojo el sueño, puedo aguzar el oído cuanto quiera, y sin embargo nunca me ocurre oír rodar una conducción y aproximarse los caballos y gritar a un carretero. Ahora de noche se oyen pasar los automóviles, y las mercancías las expiden por tren: llegarán más pronto, pero ya no es un oficio. Acabará por crecer la hierba en los caminos, y las posadas cerrarán.

FIN

“Vecchio mestiere”, 1941

Biblioteca Digital Ciudad Seva

segunda-feira, 13 de janeiro de 2014

O ócio torna as horas lentas e os anos velozes. A actividade torna as horas rápidas e os anos lentos."

                                                                                          Cesare Pavese
MANIA DE SOLIDÃO

Como um leve jantar posto à clara janela.
Já está escuro no quarto e se vê pelo céu.
As estradas tranquilas lá fora conduzem,
em um breve percurso, aos campos abertos.
Como e olho pro céu - quiçá quantas mulheres
fazem o mesmo a esta hora - e o meu corpo está calmo;
o trabalho atordoa o meu corpo e as mulheres.

Terminado o jantar, as estrelas virão passear
sobre a vasta planície da terra. As estrelas têm vida,
mas não valem sequer as cerejas que como sozinho.
Vejo o céu, mas sabendo que em meio aos telhados
umas luzes já brilham e, por baixo, começam ruídos.
Com um trago o meu corpo degusta esta vida
das florestas e rios e se sente isolado de tudo.
Basta um curto silêncio e as coisas se assentam
em seu lócus real, como assenta o meu corpo.

Meus sentidos isolam as coisas que tocam
e as aceitam impassíveis: rumor de silêncio.
Sou capaz de entender cada coisa no escuro,
como sei que o meu sangue percorre estas veias.
A planície é um grande regato entre a relva,
um repasto de todas as coisas. Imóveis as plantas
e os minérios existem. Escuto o alimento nutrir
minhas veias de tudo o que vive no vale.

Não importa essa noite. O quadrante do céu
me sussurra uma cópia de sons, e uma estrela miúda
se debate no vácuo, distante dos pastos
e das casas, discorde. No escuro, sozinho,
o meu corpo está calmo e se sente supremo.

27-29 de Maio de 1933

Cesare Pavese, Trabalhar cansa.

Tradução: Maurício Santana Dias

sábado, 15 de junho de 2013

Sempre vieni dal mare
e ne hai la voce roca,
sempre hai occhi segreti
d'acqua viva tra i rovi,
e fronte bassa, come
cielo basso di nubi.
Ogni volta rivivi
come una cosa antica
e selvaggia, che il cuore
già sapeva e si serra.

Cesare Pavese

segunda-feira, 7 de janeiro de 2013



'Amare senza riserve mentali è un lusso che si paga, si paga, si paga...''


Cesare Pavese

domingo, 9 de dezembro de 2012

Não há coisa mais amarga…

‘Não há coisa mais amarga do que a aurora dum dia
em que nada acontecerá. Não há coisa mais amarga
do que a inutilidade. Pende cansada no céu
uma estrela esverdeada, surpreendida pela madrugada.
Vê o mar ainda escuro e a mancha de fogo
a que o homem, para fazer alguma coisa, se aquece;
vê e cai de sono entre as pardas montanhas
onde há um leito de neve. A lentidão da hora
não tem piedade de quem já nada espera.’

Cesare Pavese. Trabalhar Cansa

domingo, 9 de setembro de 2012

IL PARADISO SUI TETTI..................................


Sarà un giorno tranquillo, di luce fredda
come il sole che nasce o che muore, e il vetro
chiuderà l’aria sudicia fuori del cielo.

Ci si sveglia un mattino, una volta per sempre,
nel tepore dell’ultimo sonno: l’ombra
sarà come il tepore. Empirà la stanza
per la grande finestra un cielo più grande.
Dalla scala salita un giorno per sempre
non verranno più voci, né visi morti.

Non sarà necessario lasciare il letto.
Solo l’alba entrerà nella stanza vuota.
Basterà la finestra a vestire ogni cosa
di un chiarore tranquillo, quasi una luce.
Poserà un’ombra scarna sul volto supino.
I ricordi saranno dei grumi d’ombra
appiattati così come vecchia brace
nel camino. Il ricordo sarà la vampa
che ancor ieri mordeva negli occhi spenti.

(Cesare Pavese!)

sábado, 4 de agosto de 2012

Virá a morte e terá os teus olhos

Virá a morte e terá os teus olhos

Cesare Pavese

Virá a morte e terá os teus olhos
esta morte que nos acompanha
da manhã à noite, insone,
surda, como um velho remorso
ou um vício absurdo. Os teus olhos
serão uma palavra vã,
um grito emudecido, um silêncio.
Assim os vejo todas as manhãs
quando sobre ti te inclinas
ao espelho. Ó cara esperança,
nesse dia saberemos também nós,
que és a vida e és o nada.

Para todos a morte tem um olhar.
Virá a morte e terá os teus olhos.
Será como deixar um vício,
como ver no espelho
re-emergir um rosto morto,
como ouvir lábios cerrados.
Desceremos ao vórtice mudo.

Cesare Pavese (tradução de Jorge de Sena)

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
-esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo-. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito acallado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola sobre ti misma te inclinas
en el espejo. Oh querida esperanza,
también ese día sabremos nosotros
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como contemplar en el espejo
el resurgir de un rostro muerto,
como escuchar unos labios cerrados.
Mudos, descenderemos en el remolino.

Versión de Carles José i Solsora

Verrà la morte e avrà i tuoi occhi -
questa morte che ci accompagna
dal mattino alla sera, insonne,
sorda, come un vecchio rimorso
o un vizio assurdo. I tuoi occhi
saranno una vana parola,
un grido taciuto, un silenzio.
Così li vedi ogni mattina
quando su te sola ti pieghi
nello specchio. O cara speranza,
quel giorno sapremo anche noi
che sei la vita e sei il nulla
Per tutti la morte ha uno sguardo.
Verrà la morte e avrà i tuoi occhi.
Sarà come smettere un vizio,
come vedere nello specchio
riemergere un viso morto,
come ascoltare un labbro chiuso.
Scenderemo nel gorgo muti.

quinta-feira, 2 de agosto de 2012

Não há coisa mais amarga…

‘Não há coisa mais amarga do que a aurora dum dia
em que nada acontecerá. Não há coisa mais amarga
do que a inutilidade. Pende cansada no céu
uma estrela esverdeada, surpreendida pela madrugada.
Vê o mar ainda escuro e a mancha de fogo
a que o homem, para fazer alguma coisa, se aquece;
vê e cai de sono entre as pardas montanhas
onde há um leito de neve. A lentidão da hora
não tem piedade de quem já nada espera.’

Cesare Pavese. Trabalhar Cansa

domingo, 12 de dezembro de 2010

Pavese

Terra vermelha, terra negra

tu vens do mar,

do verde requeimado

onde há palavras

antigas e fadiga sanguínea

e gerânios entre as pedras -

não sabes o que em ti

trazes de mar palavras e fadiga,

tu rica como uma lembrança,

como o campo despido,

tu áspera e dulcíssima

palavra, antiga como o sangue

recolhido nos olhos;

jovem, como um fruto

que é lembrança e estação -

a respiração repousa

sob o céu de agosto,

as azeitonas do teu

olhar suavizam

o mar e tu vives revives

sem surpresa, certa

como a terra, escura

como a terra, moinho

de estações e de sonhos

que ao luar se revela

antiquíssimo, como

as mãos de tua mãe,

a concha da braseira.

Tu és terra e a morte.

A tua estação é a sombra

e o silêncio. Nada

vive mais distante

da aurora que tu.

Quando pareces despertar

és dor apenas,

tem-la nos olhos e no sangue

mas tu não sentes. Vives

como vive uma pedra,

como a terra dura.

Vestem-te sonhos

movimentos soluços

que tu ignoras. Como a água

de um lago a dor

tremula e envolve-te.

Há círculos sobre a água.

Tu deixa-los desvanecer.

Tu és a terra e a morte.

Virá a morte e terá os teus olhos

- esta morte que nos acompanha

de manhã à noite, insone,

surda, como um velho remorso

ou um vício absurdo. Os teus olhos

serão uma palavra vã,

um grito mudo, um silêncio.

Assim os vês todas as manhãs

quando sobre ti mesma no espelho

te inclinas. Ó minha cara esperança,

nesse dia saberemos nós também

que tu és vida e és o nada.

Para todos a morte tem um olhar.

Virá a morte e terá os teus olhos.

Será como abandonar um vício,

como ver surgir no espelho

em rosto morto, como

escutar uns lábios fechados.

Mudos, desceremos no abismo.

Cesare Pavese


Cesare Pavese in Dez Poetas Italianos Contemporâneos em selecção, tradução e notas de Albano Martins