quarta-feira, 20 de julho de 2016

Rosa y el cascarudo




Mario de Andrade

Belazarte me contó:

No creo en bichos malignos, pero del cascarudo, no sé. Mire lo que sucedió con Rosa... Dieciocho años. Yo no sabía que los tenía. Nadie había reparado en eso. Ni doña Carlotita ni doña Ana, ya viejecitas y solteronas, ambas con cuarenta y muchos. Rosa había venido para acompañarlas a los siete años cuando se le murió la madre. Murió o dio la hija, que es lo mismo que morir. Rosa crecía. Su adorable tipo portugués se pulía poco a poco de las vaguedades físicas de la infancia. Diez años, catorce años, quince... Al final dieciocho en mayo pasado. Pero Rosa seguía con siete, por lo menos en lo que respecta a nuestra alma. Servía siempre a las dos solteronas con la misma fantasía caprichosa de la antigua Rosita. A veces limpiaba bien la casa, a veces mal. En ocasiones se olvidaba del palillero al poner la mesa para el almuerzo. Y en el cuarto acariciaba con la misma ignorancia de madre a la misma muñeca que, ¡no sé cuánto tiempo hace!, le había dado doña Carlotita con la intención de mostrarse simpática. Parece increíble, ¿no?, pero nuestro mundo está hecho de esos increíbles: Rosa, toda una muchacha ya, era infantil y de pureza infantil. Que las purezas como las morales son muchas y diferentes... cambian con los tiempos y con la edad... no debería ser así, pero es así, y no hay nada que discutir. Pero con dieciocho años en 1923, Rosa poseía la pureza de los niños de... allá por la batalla del Riachuelo1 más o menos... Eso: de los niños de 1865. ¡Rosa... qué anacronismo!

En la casita en la que vivían las tres, camino de la Lapa2, su juventud se desarrolló sólo en el cuerpo. También salía poco y la ciudad era para ella el viaje que uno hace una vez por año cuando mucho, por algún finado. Entonces doña Ana y doña Carlotita se vestían de seda negra, ¡sí señor! Se ponían toda esa seda negra haciendo barullo que era una lástima. Rosa acompañaba a las patronas con su ropa fina más nuevita, llevando los jarros de leche y las plantas de la huerta. Iban a Aratá3 donde reposaba el recuerdo del capitán Fragoso Vale, padre de las dos tías. Junto al mármol raso doña Carlotita y doña Ana lloraban. Rosa lloraba también para hacer compañía. Notaba que las otras lloraban, se imaginaba que era necesario llorar también, ¡enseguida!, llanto llanto... abría los pequeños grifos de los ojos negros negros, que brillaban aun más. Después visitaban haciendo comentarios las tumbas endomingadas. Aquel olor... Velas derretidas, familias descansando, agitación dificultosa para tomar el ómnibus... ¡qué aturdimiento, Dios mío! ¡La impresión llena de miedos era desagradable!

Anualmente ese viaje grande de Rosa. No más: llegadas hasta la iglesia de la Lapa algún domingo suelto y en Semana Santa. Rosa no soñaba ni maduraba. Siempre atendiendo la huerta y a doña Carlotita. Atendiendo la cena y a doña Ana. Todo con la misma igualdad infantil que no implica desamor, no. Ni era indiferencia, era no imaginar las diferencias, eso sí. Uno pone diez dedos para hacer la comida, dos brazos para barrer la casa, un pedacito de amistad para Fulano, tres pedacitos de amistad para Zutano que es más simpático, una mirada a la bonita vista de al lado con el campanario de Nuestra Señora de O4 en un embobamiento allá lejos, y de sopetón, ¡zás! se hace todo amor como en el truco5 para ver si toca una buena mano. Así es como hacemos... Rosa no lo hacía. Era siempre el mismo pedazo de cuerpo que ponía en todas las cosas: dedos, brazos, vista y boca. Lloraba con eso y con eso mismo atendía a doña Carlotita.

Indistinta y bien barridita. Vacía. Una hermanita. El mundo no existía para... ¡qué hermana!, santita de iglesia perdida en los alrededores de Évora.6 Hablo de la santita representativa que está en el altar, hecha de argamasa pintada. La otra, la representada, usted bien sabe: está allá en el cielo sin interceder por nosotros... Rosa, si se precisaba, intercedía. Pero sin saber por qué. Intercedía con el mismo pedazo de cuerpo, dedos, brazos, vista y boca, sin nada más. La pureza, la infantilidad, la pobreza de espíritu se empañaban en una redoma que la separaba de la vida. ¿Vecindad? Sólo la casita de más allá, en la misma calle sin vereda, barrio oscuro, verde de pasto libre. La callejuela era engullida en un arrebato por la confusión civilizada de la calle de los tranvías. Pero ya en la esquina el almacencito de don Costa le impedía a Rosa entrar en la calle de los tranvías. Y don Costa pasaba de los cincuenta, viudo sin hijos, pitando de su pipa maloliente. Rosa se detenía allí. El almacén movía toda la dinámica alimenticia de la existencia de doña Ana, de doña Carlotita y de ella. Y eso en las horas apuradas de la mañana, después de hervir la leche que el lechero dejaba muy temprano en el portón.

Rosa saludaba a las vecinas de la otra casa. De tanto en tanto se paraba un minuto para conversar con Ricardita. Pero no tenía tema, ¿qué tenía que hacer? partir enseguida. Con esas despreocupaciones de vivir y de disfrutar de la vida, ¡cómo podía reparar en su propia juventud!, no podía. El único que reparó en eso fue Juan. Primero él envolvía los dos panes en el papel ceniciento y tiraba el paquete en la galería. Golpeaba para que supieran y se iba tlindliirim dlimdlrim, en su triciclo.

Solamente cuando había lluvia y viento, esperaba con el paquete en la mano.

-Buenos días.

-Buenos días.

-¡Qué lluvia!

-Un espanto.

-Hasta mañana.

-Hasta mañana.

Pero una vez, cuando envolvía los panes en el triciclo, vio que Rosa volvía del almacén. Esperó con toda naturalidad, no era ningún maleducado. El sol daba de lleno en el cuerpo que estaba llegando. Fue entonces que Juan reparó en el cambio de Rosa, era otra. Enteramente mujer con piernas bien delineadas y dos senos agudos conteniéndose en la lisura de la blusa, como el rubí del anillo dentro del guante. Así es... Juan no vio nada de eso, estoy fantaseando la historia. Después del siglo diecinueve los contadores parece que se sienten en la obligación de desmenuzar con descaro esas cosas. Ni aquel color de manzana camesa7 amorenada limpia... Ni aquellos ojos de esplendor solar... Juan reparó apenas en que tenía un malestar por dentro y concluyó que el malestar provenía de Rosa. Era Rosa la que le estaba causando eso, no tenía dudas. Derramó una risa perdida por la cara. Se fue atontado, sin decir bien ni siquiera "buenos días". Pero desde entonces no tiró más los panes desde la acera. Esperaba que Rosa viniera a buscarlos de su mano.

-¡Buenos días!

-Buenos días. ¿Por qué no los tiró?

-Es que... se pueden ensuciar.

-Hasta mañana.

-¡Hasta mañana, Rosa!

Sentía ese tal malestar y se iba.

Juan era casi una Rosa también. Sólo que tenía padre y madre, eso le enseña a uno. Y tal vez a causa de los veinte años... De verdad que había llegado a esa edad sin contacto con mujer, pero los sueños lo atizaban, vivía mordido de impaciencias cortas. Pero hacía pan, entregaba pan y se dormía temprano. Los domingos jugaba al fútbol en el Lapa Atlético. Cuando descubrió que no podía más vivir sin Rosa, le confesó todo al padre.

-Pues cásate, hijo. Es una muchacha buena, ¿no es así?

-Sí, padre.

-¡Pues entonces cásate! La panadería es tuya... no tengo más hijos... Y si la muchacha es buena...

Esa tarde doña Ana y doña Carlotita recibían la visita avergonzada de Juan. ¡Cómo costaba hablar de eso! Al final, cuando ellas adivinaron que ese muchacho, corto de palabras pero sereno de gestos, les llevaba a Rosa, se emocionaron mucho. Se emocionaron porque encontraron el asunto muy bonito, muy conmovedor. Y en un instante se dieron cuenta de que la criadota estaba hecha toda una muchacha ya. Precisaba casarse. ¡Qué maravilla, Rosa se casaba! ¡Iba a tener hijos! Ellas serían las madrinas... Casi se desvirgaban del gozo de ser madres de los hijos de Rosita. Se sentían abrazadas, apretadas y, ¡por la santa cruz!, cometían cada pecadote en el inconsciente...

-¡Rosa!

-¿Señora?

-¡Ven acá!

-¡Ya voy, sí señora!

Aún no sabían si Juan era bueno, pero parecía. Y querían disfrutar la turbación de Rosa y del joven, ¡qué maravilla! Apretados contra los batientes de la puerta relumbraron dieciocho años fresquitos.

-Rosa, fíjate. El joven vino a pedirte en casamiento.

-¡Pedir qué!...

-El joven dice que quiere casarse contigo.

Rosa hizo de la boca una rueda roja. Los dientes regulares muy blancos. No se avergonzó. No bajó los ojos. Rosa comenzó a llorar. Se escapó hacia adentro sollozando. Doña Carlotita la encontró sentada en el banquito junto al fogón. Lloraba con grititos, sollozaba encogiendo los hombros, desamparada.

-¡Rosa, qué es eso! ¿¡Entonces es así que se hace!? ¡Si tú no quieres, dilo!

-¡No! Doña Carlotita, ¡no! ¡Cómo puede ser! ¡Yo no quiero dejarla a usted!...

Doña Carlotita ponderó, disfrutó, aconsejó... Rosa no sabía para dónde ir, si se casaba; Rosa sólo sabía atender a doña Carlotita... Rosa se puso a llorar fuerte. Fue preciso taparle la boca, ¡alabado sea!, ¡para que el joven no escuchara, pobre! Al fin vino doña Ana para saber lo que sucedía, muerta de curiosidad.

Juan se quedó solo en la sala, no sabía lo que había pasado allá adentro, pero no obstante adivinando que le parecía que Rosa no gustaba de él.

Ahora sí, estaba realmente aturdido. Se avergonzó de la sala, de estar solo, no sé, fue tomando el sombrero y saliendo con paso de buey de carro. Abría los ojos espantado. Ahora se daba cuenta de que verdaderamente gustaba de Rosa. ¡El rechazo le produjo un dolor, pobre!...

Fue una tarde de silencio en su casa. El padre condenó, ofendió a la chica. Después, dándose cuenta que eso le hacía mal al hijo se calló.

Al día siguiente tiró el pan junto a la puerta y se fue. Le daba de repente un cosa extraña por dentro, venía de allá de debajo del cuerpo apretando, casi sofocaba, y la imagen de Rosa le salía por los ojos discutiendo con la vida indiferente de la calle y de la entrega del pan. ¡Gracias a Dios que llegó a casa! Pero le faltaban letras y calle para cultivar la tristeza. Y Rosa no aparecía para cultivar el deseo... Ese domingo él fue un zaguero estupendo. Gracias a él el Lapa Atlético venció. Venció porque de repentemente8 ella aparecía en su cuerpo y le daba aquella voluntad, es decir, dos voluntades: la... ya sabida, y la otra, de olvido y continuar dominando la vida... Entonces él veía la pelota, adivinaba para qué lado iba, se tiraba, ¡qué le importaba ahora recibir una patada en la cara!, ¡quebrarse la columna!, ¡qué reventara todo!, ¡que se muriese!, pero la pelota no tenía que entrar en el arco. Juan naturalmente pensaba que era a causa de la pelota.

Rosa, cuando vio que de verdad no dejaba a doña Ana y a doña Carlotita, tuvo un alegrón. Cantó. Ahora es que el cascarudo entra en escena... Rosa sintió una gran calma. Y no pensó más en Juan.

-¡Te olvidaste del palillero otra vez!

-¡Discúlpeme, doña Ana!

Continuó limpiando la casa unas veces bien otras mal. Continuó arrullando a la muñeca de porcelana. Continuó.

Esa noche de mucho calor, quiso dormir con la ventana abierta. Rodaba satisfecha el cuerpo desnudo dentro del camisón, y después se durmió. Un cascarudo entró, zzz, zzz, zzzuuuuuummmm, ¡paf! Rosa dormida se estremeció con la sensación de esas patas metálicas en el pecho. Abrió los ojos en la oscuridad. El cascarudo se paseaba lentamente. Encontró el orificio del camisón y avanzaba por el valle ardiente entre montes. Rosa imaginó una mordida horrible en el pecho, se sentó de un salto, comprimiendo el pecho. Con el movimiento, el cascarudo se despegó de la epidermis lisa y cayó en su barriga, zzz, tzzz... tic. Rosa lanzó un grito agudísimo. Se tumbó en la cama retorciéndose. El bicho seguía descendiendo, tzz... Al final se enmarañó tzz-tic, estaba preso. Rosa estiraba las piernas con endurecimientos de ataque. Rodaba. Cayó.

Doña Ana y doña Carlotita la encontraron así, espasmódica, con la espuma escurriéndose de un lado de la boca. Los ojos desorbitados relampagueando como brasa. ¡Pero cómo saber qué era! Rosa no hablaba, retorciéndose. Pero doña Ana, orientada por el gesto que la pobre repetía, descubrió el bicho. Lo arrancó con aspereza, aspereza para librar rápido a la joven. Y fue difícil calmarla... Se iba tranquilizando... de repente volvía todo y era tal cual el ataque, tiraba las cobijas, gruñía, retorciéndose, los ojos revirados, hum... Terror sin fundamento, bien se ve. Nueva faena. La lavaron, doña Carlotita se tomó el trabajo de encender el fuego para tener agua tibia que tranquiliza más, dicen. Le cambiaron el camisón, mucha agua con azúcar...

-También, dejaste la ventana abierta, Rosa...

Sólo dos horas después todo dormía en la casa otra vez. Todo no. Dos ojos fijos en la oscuridad, atentos a cualquier resabio perdido de luz y a las imágenes silenciosas de la oscuridad. Rosa no duerme en toda la noche. Finalmente escucha los ruidos de la casa despertando. Doña Ana viene a ver. Rosa finge dormir, enojada sin razón. ¡Tiene un odio de esa vieja! Tiene asco de doña Carlotita... Oye el estallido de la leña en el fuego. Escucha el ruido del pan arrojado contra la puerta de calle. Rosa se frota los dedos fuertemente por el cuerpo. Se despereza. Al final se levantó.

Ahora camina más pausada. Trae una seriedad aún nunca vista, en las comisuras de los labios. ¡Qué negruras en los párpados! Piensa que va a trabajar y trabaja. Limpia con deber toda la casa., poniendo diez dedos para hacer la comida, poniendo dos brazos para barrer, poniendo los ojos en la mesa para no olvidar el palillero. Doña Carlotita se resfrió. Entonces Rosa le da una porción de amistad. Le prepara té. Se sienta en la cabecera de la cama, velando mucho, sin hablar. Las dos viejas la miran desconfiadas. No la reconocen más y tienen miedo de la extraña. En efecto, Rosa cambió, es otra Rosa. Es una rosa abierta. Imperativa, enérgica. Se impone. Doña Carlotita tiene miedo de preguntarle si pasó bien la noche. Doña Ana tiene miedo de aconsejarle que descanse más. Es sábado sin embargo y podría limpiar la casa el lunes... Rosa limpia toda la casa como nunca la limpió. Hace una limpieza completa en su propio cuarto. La muñeca... Rosa le despega los últimos rizos de la cabeza, con gesto frío. Le hunde un ojo, portuguesamente, a lo Camões.9 Pero piensa que doña Carlotita se va a afligir. Uno nunca debe dar disgustos inútiles a los demás, la vida está ya tan llena de ellos... piensa. Suspira. Esconde la muñeca en el fondo de la canasta.

Cuando fue a dormir tuvo un miedo repentino: ¡dormir sola! ¡Y si se quedase soltera! No sé a qué hora la cama se le tornó insoportablemente solitaria. Se levanta. Abre de par en par la ventana, entra con el pecho en la noche, desesperadamente temeraria. Rosa espera al cascarudo. No hay cascarudos esa noche. Terminó cansándose en esa posición, a la espera. No sabía lo que estaba esperando. Nosotros sí que sabemos, ¿no? Pero el cascarudo no llegó. Era una noche calurosa... La vida palpitaba en un ardor de estrellas estallantes inmóviles. ¡Un silencio!... El sueño de todos los hombres, durmiendo indiferentes, sin amoldarse con ella... El olor de campo requemado endurecía el aire que dejó de circular, ¡no entraba en el pecho! No había absolutamente nada en la noche vacía. Rosa espera un poquito más... Desengañada, se acuesta después. Se adormece agitada. Sueña mezclas imposibles. Sueña que se acabaron todos los cascarudos de este mundo y que un grupo de muchachas se burla de ella zumbando: ¡Soltera!, a las carcajadas. Llora en sueños.

Al otro día doña Ana piensa que es necesario pasear a la joven. Van a misa. Rosa marcha adelante y va a enamorar a todos los hombres que encuentra. Tiene que atrapar uno. Cualquiera. Tiene que atrapar uno para no quedar soltera. En el almacén de don Costa, Pedro Mulatón ya llegó a beber el primer aguardiente del día. Rosa tira una línea para él que más parece de mujer de la vida. Pedro Mulatón siente un deseo fácil de ese cuerpo, y la sigue. Rosa lo sabe. ¿Quién es ese hombre? Eso no lo sabe. Aunque supiera que es vagabundo y borracho, es el primer hombre que encuentra, es preciso agarrarlo, si no, muere soltera. Ahora no enamorará más a nadie. Se finge inocente y virgen, riquezas que ya no tiene... Pero es artista y representa. De vez en cuando se da vuelta para mirar. Mira a doña Ana. Ríe para ella con esa risa provocante que llena los cuerpos de voluntad.

Al salir de misa, otra mirada más canalla aún. Pedro Mulatón se detiene en el almacén. Bebe más y trama cosas feas. Rosa imagina que falta azúcar, sólo para ir al almacén. Es Pedro quien le trae el paquete, conversando. La invita para la noche. Ella se niega porque así no se casará. Para él es indiferente: casarse o no casarse... Irá a pedirla.

Esta vez las dos tías ni llaman a Rosa, hombre repugnante ¿no? ¡Cómo iban a casarla con esos treinta y cinco años!... Por lo menos de treinta y cinco a cuarenta. Y mulato, amarillo pálido ya descolorido... por el aguardiente, ¡Virgen Santa!... Disculpe, pero Rosa no quería casarse. Entonces ella aparece y dice que quiere casarse con Pedro Mulatón. Ellas no le pueden aconsejar nada delante de él, despiden a Pedro. Van a recoger informaciones. Que vuelva el jueves.

Las informaciones son las que nos imaginamos, pésimas.

Vagabundo, chupandín, de mal carácter, no sirve. Rosa llora. Se va casar con Pedro Mulatón y si no la dejan, huye. Doña Ana y doña Carlotita ceden con la muerte en el alma.

Cuando Juan supo que Rosa se iba a casar, le vino una desesperación en la barriga. Salió atontado, para distraerse. Se encontró con unos compañeros y se le dio por la bebida. Lo dejaron por ahí, sentado en el cordón de la vereda, a la madrugada, totalmente borracho. El vigilante hizo que se levantara.

-¡Muchacho, no puedes dormir en este lugar! ¡Ve para tu casa!

Se fue, llorando, diciendo que no tenía la culpa. Después se acostó en el césped de una calle lateral y se durmió. El sol lo llamó. Dolor de cabeza, un gusto horrible en la boca... Y la vergüenza. Ni sabe cómo entró en su casa. La rabia del padre es terrible. ¡Qué insultos! Su hijo esto, su no sé qué más, palabras feas que dan escalofríos... Nadie se imaginaría que un hombre tan bueno pudiese decir esas cosas. ¡Bien!, todo hombre sabe palabrotas, basta tener un dolor desesperado para que salgan. Porque el padre de Juan sufre de veras. Tanto como la madre que sólo llora. Llora mucho. Juan tiene repugnancia de sí mismo. De repente, cuando vuelve del reparto, Carmela lo llama desde la cerca. Dice que Juan no debe beber así, porque la madre lloró mucho. Carmela llora también. Juan se da cuenta que si vuelve a tomar se va a hacer más daño. Jura que no va a caer otra vez en eso. Carmela y él suspiran mirándose. Quedándose allí.

Me estaba olvidando de Rosa... Cuento el resto de lo que sucedió con Juan otro día. Le prepararon un ajuar apurado, en menos de un mes. Aún en víspera del casamiento, doña Carlotita le insistió que dejase al novio. Pedro Mulatón era un infame, hasta un ratero, ¡Dios me perdone! Rosa no escuchó nada. Pateó el piso. Se quiso casar y se casó. Me dio que sentía que estaba equivocada, pero no quería pensar y no pensaba. Las dos solteronas lloraron mucho cuando ella partió casada y victoriosa, sin una lágrima. Dura.

Rosa fue muy infeliz.

FIN

Belazarte, 1934

1. Riachuelo: decisiva batalla naval que se libró al sur de la ciudad de Corrientes durante la guerra con el Paraguay y en la cual resultaron victoriosas las armas brasileñas.
2. Lapa: barrio de Sao Paulo.
3. Aratá: cementerio de Sao Paulo.
4. Iglesia del barrio de la Lapa.
5. Campista: en el original, juego de naipes.
6. Évora: ciudad del sur de Portugal.
7. Manzana camesa: especie de manzana.
8. Derrepentemente: en el original, neologismo del autor que procuramos mantener.
9. Camoes: (1524-1580), escritor portugués, autor de Los Lusíadas (1572), epopeya que narra el viaje de Vasco da Gama a Oriente. Está considerado el gran poeta de la nacionalidad portuguesa y su nombre es todo un símbolo de su país. Perdió su ojo derecho luchando en África.

Traducción: Carlos Alberto Pasero



Biblioteca Digital Ciudad Seva

terça-feira, 19 de julho de 2016

A nova razão do mundo: ensaio sobre a sociedade neoliberal

A esquerda precisa inventar uma outra governamentalidade
Trecho inédito do livro "A nova razão do mundo: ensaio sobre a sociedade neoliberal", de Christian Laval e Pierre Dardot
Posted on 14/04/2016 // 4 Comments
dardot laval blog da boitempo

Desembarca no Brasil em boa e dramática hora o ensaio desbravador dos franceses Pierre Dardot e Christian Laval sobre a sociedade neoliberal. Passando a limpo todos os lugares comuns sobre o que é o neoliberalismo, A nova razão do mundo: ensaio sobre a sociedade neoliberal faz uma arqueologia das ideias e práticas que moldaram essa singular forma de racionalidade de governo para nos colocar diante dos impasses mais candentes da esquerda hoje. O enfoque no neoliberalismo como uma racionalidade permite vislumbrar, para além do processo mais visível de privatizações, a corrosão interna da própria dimensão pública e democrática dos Estados nacionais, à direita e à esquerda no espectro político institucional. “O livro constitui um roteiro espontâneo para ler a atual situação brasileira. Nesta semana estamos vendo a presidenta ser julgada como se fosse uma gerente que geriu mal o país, que não apresentou resultados e lucros à empresa-Brasil, como um diretor que é mandado embora de uma empresa por não ter atingido metas.” Foi assim que o psicanalista Christian Dunker abriu uma de suas intervenções no debate de lançamento do livro em São Paulo esta semana – em breve, publicaremos a gravação integral do evento na TV Boitempo. Neste contexto, o Blog da Boitempo publica um trecho inédito do último capítulo do livro em que os autores discorrem sobre a urgência de se pensar uma nova forma de governamentalidade (conceito recuperado de Foucault) que se coloque à altura do impasse neoliberal. Boa leitura!

* * *

Por Christian Laval e Pierre Dardot.

A nova razão do mundo propõe um tremendo desafio à esquerda: não podendo contentar-se com uma crítica incisiva à “mercantilização generalizada”, ela tem de inventar uma resposta política “à altura” do que o regime normativo dominante tem de inédito. Na medida em que este último implica o definhamento irreversível da democracia liberal, a esquerda não pode contentar-se em defender a democracia liberal, como tende a fazer. Não que ela não deva mais defender as liberdades públicas, mas deve evitar fazê-lo em nome dessa democracia, por exemplo, opondo “autoritarismo neoliberal” e “democracia liberal”. Para citar Wendy Brown:

defender a democracia liberal em termos liberais é não só sacrificar uma visão de esquerda, mas é também, por esse sacrifício, desacreditar a esquerda, reduzindo-a tacitamente a nada mais do que uma objeção permanente ao regime estabelecido: um partido de reclamações, ao invés de um partido com visão política, social e econômica alternativa.1
Por essa mesma razão, não poderíamos retomar a crítica marxista da “democracia formal”, porque seria ignorar que o esgotamento da democracia liberal priva essa crítica de qualquer fundamento: a governamentalidade neoliberal não é democrática na forma e antidemocrática nos fatos; ela simplesmente não é mais democrática, nem mesmo no sentido formal, mas nem por isso identifica-se com um exercício ditatorial ou autoritário do poder. Ela é ademocrática. A cisão entre o “cidadão” e o “burguês” é coisa do passado, assim como o apelo a uma reunificação do homem com ele próprio. Ainda pela mesma razão, a esquerda não pode propor-se a “dar novo fôlego a sistemas decadentes”, amparando a combalida democracia representativa com as escoras bambas da “democracia participativa”2. Também não pode estacionar numa linha de recuo que consiste em opor “liberalismo político” e “liberalismo econômico”: tal posição equivaleria a desconhecer que as próprias bases do liberalismo “puramente político” foram minadas por um neoliberalismo que é tudo, menos “puramente econômico”. De modo mais amplo, todo o espaço ocupado por aquilo que se convencionava chamar “social-democracia” é direta e radicalmente contestado, já que essa denominação devia seu sentido à possibilidade de estender a democracia política mediante o reconhecimento de direitos sociais que definem certa cidadania social, como complemento e reforço da cidadania política clássica.

A esse respeito, devemos dizer a que ponto certo léxico contribui para obscurecer as coisas. Não há e não poderia haver “social-liberalismo”, simplesmente porque o neoliberalismo, sendo uma racionalidade global que invade todas as dimensões da existência humana, veda qualquer possibilidade de um prolongamento de si mesmo no plano social. Portanto, é enganadora a analogia que sugere que o “social-liberalismo” é para o neoliberalismo o que a “social-democracia” foi para democracia política. Por outro lado, o que existe realmente é um neoliberalismo de esquerda que não tem mais nada a ver com a social-democracia ou com a democracia política liberal3. Na verdade, o que o prefixo “social” dissimula mal é a equação sumária pela qual o liberalismo é abusivamente identificado com o laissez-faire econômico. O mesmo pode ser dito da etiqueta de “ultraliberalismo”, distribuída generosamente por grande parte da esquerda – mais generosamente ainda, aliás, porque ela se sente tentada a aproximar-se vergonhosamente da ortodoxia neoliberal ambiente.4 Também nesse caso, devemos recordar que o neoliberalismo não se confunde com o todo-mercado, de modo que não há sentido algum em designá-lo como “ultraliberalismo” para dar a entender que existiria um liberalismo “respeitável”, que não renunciaria aos instrumentos de intervenção de Estado. Nunca é demais repetir: Hayek não é um “ultraliberal”, mas um “neoliberal” partidário de um Estado forte, como muitos outros neoliberais.5 Quanto ao libertarismo, quer defenda o Estado mínimo, quer exija a abolição do Estado, ele não é um “ultraliberalismo”, mas um outro liberalismo, cuja relação com o neoliberalismo não pode ser reduzida a uma simples diferença de grau.

A única pergunta, na realidade, que vale a pena fazer é se a esquerda pode opor uma governamentalidade alternativa à governamentalidade neoliberal. Ao final de sua aula de 31 de janeiro de 1979 sobre o Nascimento da biopolítica, Foucault se pergunta se existiu algum dia algo como uma “governamentalidade socialista autônoma”. Sua resposta é inequívoca: sempre faltou tal governamentalidade. O que a experiência histórica revela é que o socialismo sempre esteve “associado” a outras governamentalidades. Assim, pôde associar-se a uma governamentalidade “liberal” ou ainda a uma governamentalidade “administrativa”. Daí a questão: o que seria uma governamentalidade intrinsecamente socialista? O que Foucault afirma é que essa governamentalidade é inencontrável no socialismo e em seus textos. E, como não se pode encontrá-la, “é preciso inventá-la”.6

Para compreender a necessidade dessa invenção, devemos retornar um breve instante à própria ideia de “governo”. Segundo Foucault, governar consiste em “dispor as coisas”, estando entendido que “coisas” não são as coisas por oposição aos homens, mas todos os “intricamentos entre os homens e as coisas”.7 De certo modo, portanto, a ideia de governamentalidade une a ideia do governo dos homens à ideia da administração das coisas, ao passo que o paradigma da soberania faz prevalecer a relação direta do soberano com esses homens que são sujeitos dele.8

Essa correlação entre um governo dos homens preocupado em não contrariar a natureza das coisas e uma administração das coisas que se vale da liberdade dos homens é que vai dar um impulso decisivo à reflexão sobre a arte de governar, permitindo que ela se liberte do antigo quadro jurídico da soberania. Porque, no interior desse quadro, a primazia da lei não faz mais do que refletir a relação direta da vontade do soberano com a vontade dos súditos, esta última sempre suspeita de tentar desobedecer e sempre chamada ao seu dever de obedecer. Assim, todas as tentativas para refundar a teoria da soberania sobre novas bases estavam fadadas a conservar essa primazia, ou até mesmo a acentuá-la, a ponto de torná-la uma verdadeira sacralização da lei. Isso vale em particular para a tentativa de Jean-Jacques Rousseau: ao mesmo tempo que tenta construir um espaço para a administração das coisas e para o governo dos homens, ele se empenha em subsumir estes últimos ao princípio da soberania. Assim, no verbete “economia política” da Enciclopédia, distingue “economia pública”, ou “governo”, de “autoridade suprema”, ou “soberania”. O governo, do qual dependem tanto o governo das pessoas quanto a administração dos bens, deve ser estritamente subordinado ao soberano, que é o único a deter o poder de fazer as leis. Daí o problema que, segundo ele, é para a política o que o problema da “quadratura do círculo” é para geometria: “pôr a lei acima do homem”.9 Há somente uma maneira de fazer isso: “substituir o homem pela lei”.10 O ideal, portanto, seria que as leis políticas adquirissem a mesma inflexibilidade e a mesma imutabilidade das leis da natureza, de modo que seja impossível aos homens desobedecê-las, já que então a dependência em relação às leis se identificaria pura e simplesmente com a dependência em relação às coisas.11 O princípio da soberania da lei, elevado a absoluto por uma espécie de cruzamento do limite, tende a tornar o governo dos homens totalmente supérfluo: na medida em que, nesse caso, governar consiste em assegurar a execução das leis, temos o direito de nos perguntar que tipo de atividade restaria a um governo que não teme mais que as leis sejam violadas. O ideal seria, no fim das contas, que a invencibilidade das leis permitisse aos homens prescindir de qualquer governo.

Alguns se perguntarão, sem dúvida, o que esse reconhecimento-denegação da governamentalidade por parte de Rousseau tem a ver com a necessidade de inventar uma governamentalidade de esquerda. Essa relação é indireta, mas nem por isso é menos real. A esquerda se construiu historicamente em torno da referência ao marxismo. Ora, este último deve a Saint-Simon certa concepção de governo. Em Do socialismo utópico ao socialismo científico (1883), Engels refere-se em termos elogiosos a uma obra de Saint-Simon intitulada L’industrie: “[…] a passagem do governo político dos homens a uma administração das coisas e a uma direção das operações de produção, portanto a ‘abolição do Estado’ acerca da qual se fez tanto barulho ultimamente, encontra-se já claramente enunciada aqui”.12 De fato, foi Saint-Simon que elaborou a distinção fundamental entre governo e administração. Essa distinção coincide com uma verdadeira oposição entre dois tipos de regime: o regime “governamental ou militar”, de um lado, e o “regime administrativo ou industrial”, de outro.13 Nas sociedades pré-industriais, também chamadas sociedade “militares”, a ordem social procede inteiramente do comando, o que explica a predominância do governo: a ação de governar consiste no exercício do poder de comandar outros homens por parte de certos homens e, como tal, é necessariamente arbitrária. Isso não se deve em absoluto à forma do governo (monarquia absoluta ou parlamentarismo), mas à essência dessa ação: a arbitrariedade encontra-se na própria essência de toda vontade e a ação de governar consiste em homens dar ordens a outros homens.14

Nas sociedades industriais modernas, as coisas são muito diferentes. Os cientistas e os industriais é que são investidos das funções de direção, não em razão de sua aptidão para conseguir que os outros obedeçam a sua vontade, isto é, em razão de seu poder, mas unicamente porque sabem mais do que os outros. Nessas condições, não são mais os homens que dirigem os homens, mas é a verdade que fala diretamente pela boca dos cientistas e dos industriais, e é sabido que nada é menos arbitrário do que a verdade. É impossível resistir à verdade, só se pode tender a ela, porque ela não comanda, mas impõe-se por si mesma, fazendo-se reconhecer. Portanto, a coerção governamental está fadada a desaparecer, da mesma forma que a arbitrariedade. Na sociedade industrial, a ação governamental é reduzida ao mínimo e tende a zero, de modo que o governo orientado pela verdade é o governo que governa o mínimo possível e tende à sua própria supressão. O ideal saint-simoniano é precisamente o da substituição total do governo baseado na arbitrariedade do comando pela administração baseada no conhecimento da verdade.

Esse ideal, retomado pelo marxismo, pressupõe uma dissociação radical entre a ação dos homens sobre as coisas, ou “administração”, e a ação dos homens sobre os homens, ou “governo”: “Nunca é demais repetir que não há ação útil exercida pelo homem, senão a do homem sobre as coisas. A ação do homem sobre o homem é sempre, em si mesma, prejudicial à espécie, pela dupla destruição de forças que acarreta”.15 Como vemos, essa concepção absolutamente negativa do governo só quer desfazer o nó que a própria ideia de governamentalidade deu entre ação sobre os homens e ação sobre as coisas, reduzindo a ação de governar a coerção e comando.

Como em Rousseau, aqui também a especificidade da arte de governar é escamoteada. Obviamente, Saint-Simon não cochila em atacar Rousseau, que para ele é mais um daqueles “legistas” que submetem a sociedade à arbitrariedade das leis. A seu ver, na nova ordem das coisas “não há mais lugar para a arbitrariedade dos homens, nem mesmo para a arbitrariedade das leis, porque uma e outra somente podem exercer-se no vago que é, por assim dizer, seu elemento natural”.16 É justamente esse “vago” que a verdade da ciência vence, e é por isso que “a ação de governar é nula, ou quase nula, enquanto ‘ação de comandar’”. Portanto, se existe soberania, ela só pode consistir “num princípio derivado da própria natureza das coisas”, e não “numa opinião arbitrária alçada a lei pela massa”.17 Em todo caso, tanto no rousseaunismo como no saint-simonismo, a atividade do governo é subalterna, seja porque a soberania pertence às leis oriundas da vontade, seja porque equivale à própria verdade. No saint-simonismo, o marxismo retomará duas ideias-chave: primeiro, que o governo tem, antes de tudo, uma função de polícia que repousa essencialmente sobre a violência e a coerção; segundo, que o governo regulado pela verdade é aquele que tende a sua própria supressão na administração das coisas. Mas ele entenderá por verdade não mais aquele “princípio imutável derivado da natureza das coisas”, mas a verdade que a história faz advir e que sua racionalidade manifesta. Seja como for, soberania das leis ou administração científica das coisas têm em comum o fato de retirar da ação de governar qualquer justificação. Conduzir os homens não é nem curvá-los sob o jugo inflexível da lei nem fazê-los reconhecer a força de uma verdade. É por nunca ter sabido reconhecer isso que a esquerda esteve sempre condenada a regular-se por governamentalidades emprestadas. É precisamente nisso que a governamentalidade de esquerda ainda está por se inventar.


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A nova razão do mundo: ensaio sobre a sociedade neoliberal, de Pierre Dardot e Christian Laval, integra a coleção Estado de Sítio, coordenada por Paulo Arantes na Boitempo e já está disponível nas principais livrarias do país, como a Livraria Saraiva, a Livraria da Travessa e a Livraria Cultura.

Os autores estão no Brasil para participar de um ciclo de conferências, seminários e debates de lançamento do livro em São Paulo, Rio de Janeiro e Salvador. Clique aqui para conferir a agenda completa de Dardot e Laval no Brasil.
NOTAS

1 Wendy Brown, Les habits neufs de la politique mondiale, cit., p. 78.
2 Como sugere Loïc Blondiaux em Le nouvel esprit de la démocratie (Paris, Seuil, 2008), p. 100.
3 Ver capítulo 6 deste volume.
4 Como observam com razão Gérard Desportes e Laurent Mauduit em L’adieu au socialisme (Paris, Grasset, 2002), p. 290. A atitude adotada por Michel Rocard diante da crise financeira é muito esclarecedora nesse sentido: “A crise atual não põe o liberalismo em questão. Em compensação, anuncia o fim do ultraliberalismo, essa escola de pensamento criminosa fundada por Milton Friedman” (entrevista publicada no jornal Le Monde, 2-3 nov. 2008). A “criminalização” da Escola de Chicago apresenta duas vantagens. Em primeiro lugar, permite fingir que não existiu nada entre Adam Smith e Milton Friedman, portanto, permite resumir o neoliberalismo a sua versão friedmaniana! Em segundo lugar, tem a função de acobertar a direita francesa, considerada “ainda muito gaullista” (sic), o que indiretamente diz muito sobre as razões íntimas da impotência da esquerda francesa com respeito a essa direita.
5 Ver capítulo 9 deste volume. Serge Audier não se esforça muito para evitar essa simplificação, fazendo de Friedrich Hayek o autor de uma “nova utopia ultraliberal” para melhor opô-lo ao liberalismo “anticapitalista” de Wilhelm Röpke. Ver Serge Audier, Le Colloque Walter Lippmann. Aux origines du néolibéralisme (Latresne, Le Bord de l’eau, 2008), p. 234.
6 Sobre todo esse desenvolvimento, ver Michel Foucault, Naissance de la biopolitique (Paris, Gallimard/Seuil, 2004), p. 93-5.
7 Idem, Dits et écrits II, cit., p. 643-4.
8 Idem, Sécurité, territoire, population, cit., p. 50.
9 Jean-Jacques Rousseau, “Considérations sur le gouvernement de Pologne”, em Œuvres complètes (Paris, Gallimard, 1995, Coleção La Pléiade), t. III, p. 955.
10 Idem, “Émile”, em Œuvres complètes, cit., t. IV, p. 311.
11 Ibidem.
12 Friedrich Engels, Socialisme utopique et socialisme scientifique (Paris, Éditions Sociales, 1977), p. 99 [ed. bras.: Do socialismo utópico ao socialismo científico, trad. Rubens Eduardo Frias, 2. ed., São Paulo, Centauro, 2005].
13 Saint-Simon diz, em essência, que a espécie humana “está destinada a passar do regime governamental ou militar para o regime administrativo ou industrial”. Citado em Émile Durkheim, Le socialisme (Paris, PUF, 1992, Coleção Quadrige), p. 179.
14 Retomamos aqui a argumentação de Durkheim (ibidem, p. 177-8).
15 Saint-Simon, Écrits politiques et économiques (Paris, Pocket, 2005, Coleção Agora), p. 327.
16 Ibidem, p. 330; grifo nosso.
17 Ibidem.

Temnaya Noch

“Na noite escura/só as balas assoviam pela estepe/apenas o vento vibra nos telégrafos, as estrelas cintilam vagamente/Na noite escura, eu sei que você, meu amor, não está dormindo/E está furtivamente enxugando uma lágrima ao lado do berço”.

Темная ночь HD Поёт уникальный русский и советский певец Марк Бернес. Кадры и песня из кинофильма Два бойца, 1943 г редкое видео rare video HD DVD

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Автор музыки гениальный русский и советский композитор и мелодист Никита Богословский. Стихи написал поэт Владимир Агатов.

Влади́мир Исидорович (Га́риевич) Ага́тов (Вэлвл Иси́дорович Гуре́вич) - русский и советский поэт, автор нескольких популярных в народе песен, родился в 1901 г в Киеве, скончался в 1966 г в Москве, похоронен в Москве, на Новодевичьем кладбище.

В 1949 году Владимир Агатов был репрессирован и до 1956 года находился в заключении в лагере. Реабилитирован в 1956 году.


Тёмная ночь слова песни стихи полный текст видео video

Автор музыки композитор Никита Богословский
Стихи написал поэт Владимир Агатов


Тёмная ночь,
Только пули свистят по степи,
Только ветер гудит в проводах,
Тускло звезды мерцают.
В тёмную ночь
Ты, любимая, знаю, не спишь,
И у детской кроватки тайком
Ты слезу утираешь.


Как я люблю
Глубину твоих ласковых глаз,
Как я хочу
К ним прижаться сейчас губами!
Тёмная ночь
разделяет, любимая, нас,
И тревожная, чёрная степь
Пролегла между нами.


Верю в тебя,
В дорогую подругу мою,
Эта вера от пули меня
Тёмной ночью хранила...
Радостно мне,
Я спокоен в смертельном бою,
Знаю, встретишь с любовью меня,
Что б со мной ни случилось.


Смерть не страшна,
С ней не раз мы встречались в степи.
Вот и теперь
Надо мною она кружится.
Ты меня ждёшь
И у детской кроватки не спишь,
И поэтому знаю: со мной
Ничего не случится!

Прекрасный методический материал для занятия в школе, лицее и в университете по теме История России 20 век, Вторая мировая война и Великая Отечественная война 1941 1945 годов, патриотизм, антифашизм, любовь к родине.


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Alegría de la mañana blanca



Pedro Mir

Son
las nubes
de almidón.
¡Estoy de besos henchido
como una vela blanca!
Alza mi alma un sonoro
cáliz de ritmo de plata
en la misa del sol y del verso
bajo los cúmulos de algodón.

Esta es la fiesta de un hombre
que emborrachó de emoción.
¿Quién te llevó por el río
para besarte la falda?
¿Quién te decía los versos
y te confiaba las cartas?
¿Quién te apretaba el meñique
y los besos te robaba?

¡Ah, las nubes de almidón
me poetizan la mañana!
Nadie te cuenta mis gozos
de almidón de nube blanca,
y tu sombra me persigue
por esta alegría larga...
¡Siga el canto! ¡Siga el canto!

¡Que el pecho me da en merengues
un corazón de guitarras!
Están de almidón los días
y de almidón las semanas:
días,
semanas,
días,
semanas
y siempre las alegrías
de almidón por las mañanas.

¿Quién sorprendió los cariños
y te contó las pisadas?
¿Quién se achicó en tus pupilas
por culpa de una mirada?
¡Ah, la mañana se asombra
de nubes almidonadas...!

Fiebre de luz y de sombra
violentamente contrastan,
las mismas que me dibujan
y en tus ojos me retratan.

¿Fiesta? La de tus ojos.
¿Parranda? La de tu cara.
Felicidad y alegría.
¡Triunfo de las nubes blancas!
Conviérteme todo en besos
para estamparme en tu cara.
Volver a poemas de Pedro Mir



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¡Molto Più Avanti!


Los que viertan sus lágrimas amantes
sobre las penas que no son sus penas;
los que olvidan el son de sus cadenas
para limar las de los otros antes;
los que van por el mundo delirantes
repartiendo su amor a manos llenas,
caen, bajo el peso de sus obras buenas,
sucios, enfermos, trágicos, sobrantes.
¡Ah! Nunca quieras remediar entuertos;
nunca sigas impulsos compasivos;
ten los garfios del Odio siempre activos
y los ojos del juez siempre despiertos...
¡y al hecharte en la caja de los muertos,
menosprecia los llantos de los vivos!
¡Molto Più Avanti Ancora!
Esta vida mendaz es un estrado
donde todo es estólido y fingido,
donde cada anfitrión guarda escondido
su verdadero ser tras el tocado:
No digas tu verdad ni al más amado,
no demuestres temor ni al más temido,
no creas que jamás te hayan querido
por más besos de amor que te hayan dado.
Mira cómo la nieve se deslíe
sin una queja de su labio yerto,
cómo ansía las nubes el desierto
sin que a ninguno su ansiedad confíe:
Maldice de los hombres, pero ríe;
vive la vida plena, pero muerto.


ALMAFUERTE: seudónimo de Pedro Bonifacio Palacios -BA 1854. La plata 1916-Maestro y Periodista autodidacta-

domingo, 10 de julho de 2016

"Não tenho força suficiente para o norte: lá reinam almas grosseiras e artificiais que trabalham tão assídua e necessariamente na medida da prudência quanto o castor em sua construção. E pensar que foi entre elas que passei toda a minha juventude! Eis o que me impressionou quando pela primeira vez vi chegar o entardecer com seu vermelho e seu cinza aveludados no céu de Nápoles ‒ como um arrepio, como por pena de mim mesmo pelo fato de haver começado minha vida sendo velho, e me vieram lágrimas e o sentimento de ter sido salvo, ainda que no último instante. Eu tenho disposição suficiente para o sul."


 (Trecho do livro Nietzsche na Itália – A viagem que mudou os rumos da filosofia)

Historia de mi muerte


Soñé la muerte y era muy sencillo;
una hebra de seda me envolvía,
y a cada beso tuyo
con una vuelta menos me ceñía.
Y cada beso tuyo
era un día;
y el tiempo que mediaba entre dos besos,
una noche. La muerte era muy sencilla
y poco a poco fue desenvolviéndose
la hebra fatal. Ya no la retenía
sino por solo un cabo entre los dedos...
Cuando de pronto te pusiste fría,
y ya no me besaste...
Y solté el cabo y se me fue la vida.
 
El libro fiel

 Leopoldo Lugones




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China


José Donoso

Por un lado el muro gris de la Universidad. Enfrente, la agitación maloliente de las cocinerías alterna con la tranquilidad de las tiendas de libros de segunda mano y con el bullicio de los establecimientos donde hombres sudorosos horman y planchan, entre estallidos de vapor. Más allá, hacia el fin de la primera cuadra, las casas retroceden y la acera se ensancha. Al caer la noche, es la parte más agitada de la calle. Todo un mundo se arremolina en torno a los puestos de fruta. Las naranjas de tez áspera y las verdes manzanas, pulidas y duras como el esmalte, cambian de color bajo los letreros de neón, rojos y azules. Abismos de oscuridad o de luz caen entre los rostros que se aglomeran alrededor del charlatán vociferante, engalanado con una serpiente viva. En invierno, raídas bufandas escarlatas embozan los rostros, revelando sólo el brillo torvo o confiado, perspicaz o bovino, que en los ojos señala a cada ser distinto. Uno que otro tranvía avanza por la angosta calzada, agitando todo con su estruendosa senectud mecánica. En un balcón de segundo piso aparece una mujer gruesa envuelta en un batón listado. Sopla sobre un brasero, y las chispas vuelan como la cola de un cometa. Por unos instantes, el rostro de la mujer es claro y caliente y absorto.

Como todas las calles, ésta también es pública. Para mí, sin embargo, no siempre lo fue. Por largos años mantuve el convencimiento de que yo era el único ser extraño que tenía derecho a aventurarse entre sus luces y sus sombras.

Cuando pequeño, vivía yo en una calle cercana, pero de muy distinto sello. Allí los tilos, los faroles dobles, de forma caprichosa, la calzada poco concurrida y las fachadas serias hablaban de un mundo enteramente distinto. Una tarde, sin embargo, acompañé a mi madre a la otra calle. Se trataba de encontrar unos cubiertos. Sospechábamos que una empleada los había sustraído, para llevarlos luego a cierta casa de empeños allí situada. Era invierno y había llovido. Al fondo de las bocacalles se divisaban restos de luz acuosa, y sobre los techos cerníanse aún las nubes en vagos manchones parduscos. La calzada estaba húmeda, y las cabelleras de las mujeres se apegaban, lacias, a sus mejillas. Oscurecía.

Al entrar por la calle, un tranvía vino sobre nosotros con estrépito. Busqué refugio cerca de mi madre, junto a una vitrina llena de hojas de música. En una de ellas, dentro de un óvalo, una muchachita rubia sonreía. Le pedí a mi madre que me comprara esa hoja, pero no prestó atención y seguimos camino. Yo llevaba los ojos muy abiertos. Hubiera querido no solamente mirar todos los rostros que pasaban junto a mí, sino tocarlos, olerlos, tan maravillosamente distintos me parecían. Muchas personas llevaban paquetes, bolsas, canastos y toda suerte de objetos seductores y misteriosos. En la aglomeración, un obrero cargado de un colchón desarregló el sombrero de mi madre. Ella rió, diciendo:

-¡Por Dios, esto es como en la China!

Seguimos calle abajo. Era difícil eludir los charcos en la acera resquebrajada. Al pasar frente a una cocinería, descubrí que su olor mezclado al olor del impermeable de mi madre era grato. Se me antojaba poseer cuanto mostraban las vitrinas. Ella se horrorizaba, pues decía que todo era ordinario o de segunda mano. Cientos de floreros de vidrio empavonado, con medallones de banderas y flores. Alcancías de yeso en forma de gato, pintadas de magenta y plata. Frascos de bolitas multicolores. Sartas de tarjetas postales y trompos. Pero sobre todo me sedujo una tienda tranquila y limpia, sobre cuya puerta se leía en un cartel: "Zurcidor Japonés".

No recuerdo lo que sucedió con el asunto de los cubiertos. Pero el hecho es que esta calle quedó marcada en mi memoria como algo fascinante, distinto. Era la libertad, la aventura. Lejos de ella, mi vida se desarrollaba simple en el orden de sus horas. El "Zurcidor Japonés", por mucho que yo deseara, jamás remendaría mis ropas. Lo harían pequeñas monjitas almidonadas de ágiles dedos. En casa, por las tardes, me desesperaba pensando en "China", nombre con que bauticé esa calle. Existía, claro está, otra China. La de las ilustraciones de los cuentos de Calleja, la de las aventuras de Pinocho. Pero ahora esa China no era importante.

Un domingo por la mañana tuve un disgusto con mi madre. A manera de venganza fui al escritorio y estudié largamente un plano de la ciudad que colgaba de la muralla. Después del almuerzo mis padres habían salido, y las empleadas tomaban el sol primaveral en el último patio. Propuse a Fernando, mi hermano menor:

-¿Vamos a "China"?

Sus ojos brillaron. Creyó que íbamos a jugar, como tantas veces, a hacer viajes en la escalera de tijeras tendida bajo el naranjo, o quizás a disfrazarnos de orientales.

-Como salieron -dijo-, podemos robarnos cosas del cajón de mamá.

-No, tonto -susurré-, esta vez vamos a IR a "China".

Fernando vestía mameluco azulino y sandalias blancas. Lo tomé cuidadosamente de la mano y nos dirigimos a la calle con que yo soñaba. Caminamos al sol. Íbamos a "China", había que mostrarle el mundo, pero sobre todo era necesario cuidar de los niños pequeños. A medida que nos acercamos, mi corazón latió más aprisa. Reflexionaba que afortunadamente era domingo por la tarde. Había poco tránsito, y no se corría peligro al cruzar de una acera a otra.

Por fin alcanzamos la primera cuadra de mi calle.

-Aquí es -dije, y sentí que mi hermano se apretaba a mi cuerpo.

Lo primero que me extrañó fue no ver letreros luminosos, ni azules, ni rojos, ni verdes. Había imaginado que en esta calle mágica era siempre de noche. Al continuar, observé que todas las tiendas habían cerrado. Ni tranvías amarillos corrían. Una terrible desolación me fue invadiendo. El sol era tibio, tiñendo casas y calle de un suave color de miel. Todo era claro. Circulaba muy poca gente, éstas a paso lento y con las manos vacías, igual que nosotros.

Fernando preguntó:

-¿Y por qué es "China" aquí?

Me sentí perdido. De pronto, no supe cómo contentarlo. Vi decaer mi prestigio ante él, y sin una inmediata ocurrencia genial, mi hermano jamás volvería a creer en mí.

-Vamos al "Zurcidor Japonés" -dije-. Ahí sí que es "China".

Tenía pocas esperanzas de que esto lo convenciera. Pero Fernando, quien comenzaba a leer, sin duda lograría deletrear el gran cartel desteñido que colgaba sobre la tienda. Quizás esto aumentara su fe. Desde la acera de enfrente, deletreó con perfección. Dije entonces:

-Ves, tonto, tú no creías.

-Pero es feo -respondió con un mohín.

Las lágrimas estaban a punto de llenar mis ojos, si no sucedía algo importante, rápida, inmediatamente. ¿Pero qué podía suceder? En la calle casi desierta, hasta las tiendas habían tendido párpados sobre sus vitrinas. Hacia un calor lento y agradable.

-No seas tonto. Atravesemos para que veas -lo animé, más por ganar tiempo que por otra razón. En esos instantes odiaba a mi hermano, pues el fracaso total era cosa de segundos.

Permanecimos detenidos ante la cortina metálica del "Zurcidor Japonés". Como la melena de Lucrecia, la nueva empleada del comedor, la cortina era una dura perfección de ondas. Había una portezuela en ella, y pensé que quizás ésta interesara a mi hermano. Sólo atiné a decirle:

-Mira... -y hacer que la tocara.

Se sintió un ruido en el interior. Atemorizados, nos quitamos de enfrente, observando cómo la portezuela se abría. Salió un hombre pequeño y enjuto, amarillo, de ojos tirantes, que luego echó cerrojo a la puerta. Nos quedamos apretujados junto a un farol, mirándole fijamente el rostro. Pasó a lo largo y nos sonrió. Lo seguimos con la vista hasta que dobló por la calle próxima.

Enmudecimos. Sólo cuando pasó un vendedor de algodón de dulces salimos de nuestro ensueño. Yo, que tenía un peso, y además estaba sintiendo gran afecto hacia mi hermano por haber logrado lucirme ante él, compré dos porciones y le ofrecí la maravillosa sustancia rosada. Ensimismado, me agradeció con la cabeza y volvimos a casa lentamente. Nadie había notado nuestra ausencia. Al llegar Fernando tomó el volumen de "Pinocho en la China" y se puso a deletrear cuidadosamente.

Los años pasaron. "China" fue durante largo tiempo como el forro de color brillante en un abrigo oscuro. Solía volver con la imaginación. Pero poco a poco comencé a olvidar, a sentir temor sin razones, temor de fracasar allí en alguna forma. Más tarde, cuando el mundo de Pinocho dejó de interesarme, nuestro profesor de box nos llevaba a un teatro en el interior de la calle: debíamos aprender a golpearnos no sólo con dureza, sino con técnica. Era la edad de los pantalones largos recién estrenados y de los primeros cigarrillos. Pero esta parte de la calle no era "China". Además, "China" estaba casi olvidada. Ahora era mucho más importante consultar en el "Diccionario Enciclopédico" de papá las palabras que en el colegio los grandes murmuraban entre risas.

Más tarde ingresé a la Universidad. Compré gafas de marco oscuro.

En esta época, cuando comprendí que no cuidarse mayormente del largo del cabello era signo de categoría, solía volver a esa calle. Pero ya no era mi calle. Ya no era "China", aunque nada en ella había cambiado. Iba a las tiendas de libros viejos, en busca de volúmenes que prestigiaran mi biblioteca y mi intelecto. No veía caer la tarde sobre los montones de fruta en los kioscos, y las vitrinas, con sus emperifollados maniquíes de cera, bien podían no haber existido. Me interesaban sólo los polvorientos estantes llenos de libros. O la silueta famosa de algún hombre de letras que hurgaba entre ellos, silencioso y privado. "China" había desaparecido. No recuerdo haber mirado, ni una sola vez en toda esta época, el letrero del "Zurcidor Japonés".

Más tarde salí del país por varios años. Un día, a mi vuelta, pregunté a mi hermano, quien era a la sazón estudiante en la Universidad, dónde se podía adquirir un libro que me interesaba muy particularmente, y que no hallaba en parte alguna. Sonriendo, Fernando me respondió:

-En "China"...

Y yo no comprendí.



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Eran ayer mis dolores...


Eran ayer mis dolores
como gusanos de seda
que iban labrando capullos;
hoy son mariposas negras.

¡De cuántas flores amargas
he sacado blanca cera!
¡Oh, tiempo en que mis pesares
trabajaba como abeja!

Hoy son como avenas locas,
o cizaña en sementera,
como tizón en espiga,
como carcoma en madera.

¡Oh, tiempo en que mis dolores
tenía lágrimas buenas,
y eran como agua de noria
que va regando una huerta!
Hoy son agua de torrente
que arranca el limo a la tierra.

Dolores que ayer hicieron
de mi corazón colmena,
hoy tratan mi corazón
como a una muralla vieja:
quieren derribarlo, y pronto,
al golpe de la piqueta.


 Antonio Machado




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domingo, 26 de junho de 2016

Psicologia de um vencido


Eu, filho do carbono e do amoníaco,
Monstro de escuridão e rutilância,
Sofro, desde a epigênese da infância,
A influência má dos signos do zodíaco.
Profundissimamente hipocondríaco,
Este ambiente me causa repugnância...
Sobe-me à boca uma ânsia análoga à ânsia
Que se escapa da boca de um cardíaco.
Já o verme - este operário das ruínas -
Que o sangue podre das carnificinas
Come, e á vida em geral declara guerra,
Anda a espreitar meus olhos para roê-los,
E há de deixar-me apenas os cabelos,
Na frialdade inorgânica da terra!
.

- Augusto dos Anjos, in "Eu e outras poesias". 42ª ed. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 1998.

Hipóteses sobre a etapa atual do impeachment e um caminho para a saída da crise


Defesa da Democracia

"A ampla divulgação, pela grande mídia corporativa, de denúncias envolvendo integrantes do primeiro escalão do governo interino de Michael Temer e também a divulgação do pedido de prisão de altos dirigentes do PMDB, Renan Calheiros, presidente do Senado, Romero Jucá, ex-ministro do planejamento, e de José Sarney, ex-presidente da República e do Senado, deixaram aturdidos os analistas políticos e, principalmente, os cidadãos comuns que procuram entender os rumos da política nacional.
Por que motivos a grande mídia, que tudo fez para desgastar o PT e suas lideranças e para criar o clima que possibilitou o afastamento, ainda temporário, da presidenta Dilma Rousseff, agora se apressa em divulgar, em amplas manchetes, os descalabros do governo Temer e de seus integrantes, incluindo acusações que atingem o próprio presidente interino?
Por que motivos o Procurador Geral da República, Rodrigo Janot, que já havia pedido investigação sobre as alegadas propriedades do ex-presidente Lula da Silva e também sobre suas possíveis ações em benefício de grandes empreiteiras brasileiras no exterior, o que contribuiu em muito para desestabilizar o governo de Dilma Rousseff, depois de ter conseguido o afastamento do presidente da Câmara, Eduardo Cunha, pede, agora, a prisão de figuras chaves do governo de turno?
As evidências disponíveis para a interpretação do jogo político em curso indicam que a articulação jurídico-parlamentar-midiática é muito maior, mais profunda e mais complexa do que tirar Dilma Rousseff e o PT do governo e, de quebra, impedir que Lula da Silva seja candidato em 2018. Há, pelo menos, duas hipóteses a serem analisadas para compreender os fatos, ambas reveladoras de que há um intenso processo de disputa no interior das forças que promoveram o impeachment e que desestabilizaram o país.
A primeira delas, mais simples, é a de que o PSDB, os procuradores federais, juízes e delegados que integram a Força Tarefa da Operação Lava Jato, mais o Procurador Geral da República, Rodrigo Janot, e, ainda, parte do STF estejam aliados e disputando com Temer a posse do poder. Para destituir Dilma, eles teriam se aliado a Michel Temer e a Eduardo Cunha, em um primeiro momento. Cumprida a primeira etapa do processo, teria chegado a hora de afastar o presidente interino e conquistar o governo.
Para que isto seja possível, alguns peessedebistas poderiam até ser defenestrados, como por exemplo Aécio Neves, um dos campeões de citações nas delações premiadas envolvendo empreiteiras que atuaram na Petrobras, para que outros tucanos, talvez Geraldo Alckmin ou José Serra, tenham chance de disputar e vencer em uma nova eleição a ser realizada ainda neste ano, por meio do voto popular, ou no ano que vem, por meio do voto dos parlamentares – pois de acordo com Constituição, se a presidente Dilma e seu vice Temer forem destituídos durante a primeira metade do mandato para o qual foram eleitos, ocorrerão novas eleições populares; se, no entanto, a destituição dupla ocorrer na segunda metade do mandato, as eleições serão indiretas.
A segunda hipótese de análise, mais ousada e mais nebulosa, é a de que a articulação em curso inclua apenas a já chamada República do Paraná, ou seja a parcela de procuradores federais e delegados da PF integrantes da Força Tarefa da Operação Lava Jato, mais Rodrigo Janot e parte do STF, deixando de fora o PSDB e seus próceres. Na possibilidade de esta interpretação ser a correta, este conjunto de personagens estaria atuando para promover uma “limpeza geral” dos atuais quadros políticos nacionais e um desmonte completo das instituições políticas atualmente existentes no país.
Neste caso, as acusações aos políticos e os seus vazamentos, bem como os afastamentos, as prisões e as destituições continuariam com toda a força, não poupando integrantes de nenhum partido político e de nenhuma instância do governo Federal. Não apenas Lula da Silva, Dilma Rousseff, Eduardo Cunha, Renan Calheiros, José Sarney, Michael Temer e os integrantes de seu governo interino seriam investigados, processados e talvez presos, mas também Aécio Neves e, ainda, José Serra e Geraldo Alckmin e, ousadia suprema, até mesmo Fernando Henrique Cardoso. Até mesmo Marina Silva, que vinha se mantendo impune até há poucos dias, estaria sujeita a punições por fraudes e propinas utilizadas no financiamento da campanha eleitoral de seu antigo companheiro, Eduardo Campos, e dela própria.
A falta de informações confiáveis impede que se possa antever até onde poderá ir a chamada República de Curitiba. Sua força advirá apenas da aliança construída com a grande mídia corporativa e alimentada pelos vazamentos seletivos de depoimentos e acusações realizados em momentos estrategicamente planejados ou existirão aliados mais poderosos, possivelmente de fora do país? É sabido e foi amplamente noticiado que grande parte dos integrantes da força tarefa da Lava Jato e delegados da PF receberam treinamento no FBI, por força de convênio firmado durante o governo FHC e ainda vigente, e os procuradores federais brasileiros mantêm estreitas relações com seus congêneres norte-americanos. Além disso, a proximidade de Rodrigo Janot e Sérgio Moro com a justiça dos EUA é tão grande, que eles têm prestado informações confidenciais a respeito da Petrobras no processo movido contra ela por investidores internacionais que se julgaram prejudicados pela diminuição dos valores de suas ações na bolsa de Nova Iorque.
Cabe lembrar, ainda, que a Petrobras e o Pre-Sal, que garantirão ao Brasil a posse da quinta maior reserva petrolífera do mundo, foram os alvos da espionagem realizada pela NSA, agência nacional de espionagem norte-americana, sobre a presidenta Dilma Rousseff e todo seu staff palaciano. Escândalo que veio a público em 2012 e que estremeceu as relações entre o Brasil e os EUA, fazendo com que a presidenta brasileira cancelasse encontro anteriormente agendado com o presidente daquele país.
Qualquer que seja a hipótese verdadeira dentre as duas aqui consideradas, o fato concreto é que o país enfrentará um enorme desafio para reconstruir suas instituições ao final do tsunami político em curso.
Na Itália, onde ocorreu ação jurídico-midiática semelhante à que ocorre no Brasil hoje, com a Operação Mãos Limpas, durante os anos de 1992/1996, o saldo final foi desastroso. As máfias, que se pretendiam expurgar do país e da política, assumiram diretamente o poder por meio da conquista dos espaços políticos deixados vagos no Parlamento por força das cassações e prisões. Sílvio Berlusconi, dono do maior conglomerado de mídia do país, envolvido em casos de sonegação fiscal e associado aos segmentos políticos e empresariais mais retrógrados do país, foi eleito Chefe do Conselho de Ministros (Primeiro Ministro) e exerceu o poder durante nove longos anos. Ainda hoje, passados já 20 anos do encerramento do processo, os representantes das novas máfias continuam exercendo grande influência na política italiana.
No Brasil, a desestruturação política das instituições do Estado e das empresas nacionais responsáveis pela construção das plataformas submarinas de exploração de petróleo e pelo desenvolvimento do submarino e do projeto nuclear brasileiro, entre outras ações estratégicas, tem sido tão intensa e tão profunda que exigirá muito tempo e muito esforço para ser superada.
Está em curso o desmanche das instituições políticas e o enfraquecimento das únicas empresas nacionais aptas ao desenvolvimento de tecnologia de ponta e com capacidade de concorrer no mercado internacional, decorrente da forma como foram feitas as ações de combate à corrupção executadas por integrantes da Procuradoria Geral da República e do Poder Judiciário brasileiro.
A partir do início do governo interino, passaram a ser desmontadas também as políticas sociais, que garantiram a inserção de milhões de pessoas principalmente ao mercado de consumo, ao ensino e à saúde públicos, e a política de inserção internacional do país em uma posição de protagonismo entre as nações em desenvolvimento.
No espaço político, mesmo que Eduardo Cunha e Renan Calheiros sejam destituídos definitivamente de seus cargos e de seus mandatos e até mesmo presos, as bancadas BBB (da Bala, da Bíblia e do Boi), que reúnem os políticos mais reacionários da política brasileira, aliadas aos deputados e senadores eleitos pelo poder dos recursos de empresas privadas, continuarão dominando as votações na Câmara e no Senado e impondo novas derrotas e novos sobressaltos à governante, em caso de seu difícil retorno.
Além disso, os estragos feitos por Temer e seus aliados durante o exercício do governo interino, tanto nas políticas sociais, quanto na política econômica e, ainda, na política externa brasileira, dificilmente serão revertidos sem que se componha nova maioria parlamentar, só possível com a eleição de novos representantes no Congresso Nacional.
A disputa interna estabelecida e acirrada entre os articuladores e executores do processo de impeachment de Dilma Rousseff, aliada à resistência popular, eclodida em manifestações de repúdio a Temer em todo o país, ao surgimento de movimentos, comitês e núcleos em defesa da democracia e do estado democrático de direito, à baixa aprovação do governo interino, aferida por pesquisas de opinião pública e, ainda, à possível divulgação de uma carta, por meio da qual a presidenta afastada se comprometeria, tão logo reassumisse o cargo, a apresentar proposta de consulta popular sobre sua permanência ou a realização de eleições gerais no país, talvez possam influenciar o voto de um número suficiente de senadores para reverter o processo de impeachment.
Em qualquer um destes dois cenários – a permanência da presidenta ou a realização de eleições gerais no país – para reverter as medidas de desmonte do Estado efetuadas pelo governo interino, promover uma ampla reforma política e institucional e, com isto, dar início a um processo de reconstrução do país, será necessária a constituição de uma ampla frente política.
Sem a constituição de uma grande e ampla frente, na qual partidos políticos, movimentos sociais, sindicatos e as novas organizações surgidas à margem das anteriores ajam em conjunto e tenham o mesmo peso nas decisões, de forma semelhante à Frente Ampla Uruguaia, o fôlego da resistência será curto e a força reunida será insuficiente para que se possa superar a crise atual.
Uma Frente Ampla, como a que vem sendo proposta por alguns movimentos, núcleos e comitês de resistência ao golpe e de defesa da democracia, só vingará se for assumida pelos partidos e líderes políticos de esquerda e centro-esquerda, acolhendo os partidos de centro e todos os liberais democratas que se mostrarem dispostos a participar da luta pela reconstrução das instituições políticas brasileiras.
Os partidos políticos de esquerda e de centro-esquerda, até agora pelo menos, não deram mostras de estarem dispostos a construir uma frente ampla deste tipo. A Frente Brasil Popular continua com muitos dos antigos vícios hegemonistas dos partidos que a compõem. A Frente Povo Sem Medo, ainda não contaminada por práticas oligárquicas, posto que recentemente fundada, não conseguiu sequer a adesão da totalidade dos dirigentes do PSOL, muitos deles ainda simpáticos ao processo de impeachment de Dilma Rousseff.
Vejam-se, além disso, as articulações para as candidaturas das eleições municipais a se realizarem em outubro, nas quais cada partido tenta impor o seu candidato. De modo geral, não há renovação sequer de nomes, quanto mais de propostas e de posturas. Sendo assim, enquanto as oligarquias partidárias de esquerda não reavaliarem suas práticas, dificilmente vingará a possibilidade de composição de uma verdadeira Frente Ampla Democrática.
Será preciso uma enorme pressão dos movimentos recém surgidos na cena política brasileira, para fazer os militantes e dirigentes partidários entenderem que ou eles se renovam ou todos nós teremos muito pouca chance de mudar o jogo e de reestruturar o país no rumo da construção de uma efetiva democracia social em um tempo não muito dilatado.
Programas de frentes amplas têm que ser construídos em conjunto com os parceiros e nunca a priori, por apenas um ou por um pequeno grupo de forças políticas que tome a dianteira. Cada um dos integrantes precisa ter peso semelhante na formulação das propostas e, ao final, liberdade para aceitá-las ou não. Se algum dos possíveis parceiros se colocar como liderança e tentar definir isoladamente que rumos e que limites estabelecer, estará comprometida, desde o início, a frente agora proposta, pois, mais uma vez, haverá alguém ou um partido assumindo ou tentando assumir uma posição de hegemonia sobre os demais.

Só quando cada um dos movimentos, núcleos, comitês e partidos políticos realmente comprometidos com a democracia e a construção de um país socialmente mais justo se dispuserem a caminhar juntos sob estas bandeiras, teremos uma chance concreta de converter o processo de desmonte político-institucional, social e econômico em curso em um amplo, profundo e salutar processo de reconstrução e reestruturação nacional.

Benedito Tadeu César
Os Estados Unidos são o país das liberdades civis? Não exatamente. Após o genocídio da população indígena, o extermínio dos búfalos e a anexação de territórios mexicanos e centro-americanos, que fazem parte da história da fundação do estado norte-americano, a população negra foi submetida a um regime escravocrata que durou até meados do século XIX e, em seguida, a um sistema de apartheid em vigor até a década de 1960: negros e brancos sentavam-se em lados diferentes nos ônibus, usavam banheiros diferentes e não tinham igualdade de condições para o acesso ao estudo, nem os mesmos direitos políticos e trabalhistas que os brancos. Eram comuns, até há poucas décadas, os crimes racistas nos estados do Sul e ainda ocorrem nos dias de hoje, na forma da violência policial ou como o recente atentado em uma igreja que matou nove negros. As mulheres, assim como os negros, não recebiam salário igual ao dos homens brancos e não podiam votar até a década de 1920. Hoje, os Estados Unidos têm políticas de inclusão social, ao mesmo tempo que mantém a maior população carcerária do mundo, com 2,3 milhões de presos, em sua maioria negros, hispânicos, pobres, e continuam desrespeitando os direitos humanos em Guantánamo, no Iraque, na Síria, no Paquistão, no Afeganistão, na Palestina e em diversos outros países e territórios no mundo -- apenas a agressão contra o Iraque matou cerca de um milhão de pessoas. Não: os Estados Unidos NÃO SÃO o país das liberdades civis.

Claudio Daniel

Esquina peligrosa


Marco Denevi

El señor Epidídimus, el magnate de las finanzas, uno de los hombres más ricos del mundo, sintió un día el vehemente deseo de visitar el barrio donde había vivido cuando era niño y trabajaba como dependiente de almacén.

Le ordenó a su chofer que lo condujese hasta aquel barrio humilde y remoto. Pero el barrio estaba tan cambiado que el señor Epidídimus no lo reconoció. En lugar de calles de tierra había bulevares asfaltados, y las míseras casitas de antaño habían sido reemplazadas por torres de departamentos.

Al doblar una esquina vio el almacén, el mismo viejo y sombrío almacén donde él había trabajado como dependiente cuando tenía doce años.

-Deténgase aquí. -le dijo al chofer. Descendió del automóvil y entró en el almacén. Todo se conservaba igual que en la época de su infancia: las estanterías, la anticuada caja registradora, la balanza de pesas y, alrededor, el mudo asedio de la mercadería.

El señor Epidídimus percibió el mismo olor de sesenta años atrás: un olor picante y agridulce a jabón amarillo, a aserrín húmedo, a vinagre, a aceitunas, a acaroína. El recuerdo de su niñez lo puso nostálgico. Se le humedecieron los ojos. Le pareció que retrocedía en el tiempo.

Desde la penumbra del fondo le llegó la voz ruda del patrón:

-¿Estas son horas de venir? Te quedaste dormido, como siempre.

El señor Epidídimus tomó la canasta de mimbre, fue llenándola con paquetes de azúcar, de yerba y de fideos, con frascos de mermelada y botellas de lavandina, y salió a hacer el reparto.

La noche anterior había llovido y las calles de tierra estaban convertidas en un lodazal.

FIN

sábado, 25 de junho de 2016


Balada de amor tardío





Amor que llegas tarde,
tráeme al menos la paz:
Amor de atardecer, ¿por qué extraviado
camino llegas a mi soledad?

Amor que me has buscado sin buscarte,
no sé qué vale más:
la palabra que vas a decirme
o la que yo no digo ya...

Amor... ¿No sientes frío? Soy la luna:
Tengo la muerte blanca y la verdad
lejana... —No me des tus rosas frescas;
soy grave para rosas. Dame el mar...

Amor que llegas tarde, no me viste
ayer cuando cantaba en el trigal...
Amor de mi silencio y mi cansancio,
hoy no me hagas llorar.
Volver a poemas de Dulce María Loynaz




Biblioteca Digital Ciudad Seva
"Muitos coleguinhas nas TVs e jornais da vida estão decepcionados porque o Brexit 'marca o fim da esperança de um mundo sem fronteiras'. Mas isso pode ser resolvido.
A União Europeia pode, por exemplo, trocar o Reino Unido por alguns países africanos, para impedir que milhares morram afogados no Mediterrâneo em busca de dar o que comer para os filhos.
África não pode? Não é Europa? Ah, tá. Desculpem, eu pensei ter ouvido e lido mundo sem fronteiras. Foi mal aí, pessoal."

Leonardo Valente

Pesaj


Pesaj 5776/2016
¿Porque festejamos Pesaj? Porque la historia bíblica de Moisés y del pueblo de Israel nos nuestra un líder y sus seguidores conviviendo con las contradicciones de la libertad humana. Pues todos somos impulsados, al mismo tiempo, por deseos de cambio y por el miedo a lo desconocido, por amor y por voluntad de dominar, por egoísmo y por solidaridad.
Festejamos Pesaj para no olvidar que la lucha por la libertad es el embate constante entre el esclavizador y el esclavo que cargamos dentro de nosotros. Nuestro faraón que no acepta ningún límite, a no ser los suyos, y que quiere ser reconocido pero no reconoce el derecho a la dignidad y a la autonomía de los otros. Y la travesía del pueblo de Israel, que cada vez que desespera pierde la libertad, que es la capacidad de enfrentar desafíos, prefiriendo la seguridad de un pasado idealizado, que apostar en un mundo nuevo a construir
La narrativa bíblica del sufrimiento impuesto al pueblo egipcio, en los tiempos actuales, posee un sentido metafórico: el faraón tenía que sufrir para abrirse al sufrimiento de los otros. Porque el sufrimiento, en su dolor, nos puede aproximar a nuestra común humanidad, recordando que somos todos frágiles y que causamos sufrimiento por nuestra insensibilidad a los sentimientos de los otros. Y que al reaccionar contra el fanatismo de otros nos podemos transformar en fanáticos.
La historia de Pesaj debe ser leída como un hito en un proceso que nunca acaba. Proceso que comienza en la historia bíblica, con un acto de libertad, el de Eva, que desobedece una orden, y gracias a su curiosidad se inicia la aventura humana. Aventura que continua en el monte Sinaí, cuando Moisés entrega una constitución, pues no existe libertad individual sin reglas que aseguren la convivencia y el respeto de la libertad de los otros. Y que continúa en el mensaje de los profetas, que afirman que las los ritos y las oraciones son irrelevantes, si humillamos y maltratamos a los más débiles.
Pesaj nos recuerda que la libertad es la lucha cotidiana para no permitir que el amor se transforme en posesión, el cuidado del otro en control, el afecto en simbiosis, el miedo en parálisis, la inseguridad en agresividad, el éxito en arrogancia y el fanatismo de los otros nos transforme en fanáticos.
Como toda tradición cultural, el judaísmo puede ser usado para el bien y para el mal, para expandir nuestra sensibilidad o para negar la humanidad del otro, como una identidad que no teme lo diferente o como antojeras narcisistas que nos empobrecen.
Por eso festejamos Pesaj, como una celebración de la rebeldía, de la libertad al servicio del bien y de aproximación con todos los que son perseguidos, humillados, estigmatizados y sufren injusticias, y agradecemos:
Shehjianu ve quimanu ve highianu lazman haze
Que estamos vivos, que existimos y que llegamos a este momento
Bernardo Sorj

Texto do dr. Bernardo Sorj

Por que celebramos Pessach? Porque a história bíblica de Moisés e o povo de Israel nós mostra um líder e seus seguidores convivendo com as contradições da liberdade humana. Pois somos todos impulsionados, ao mesmo tempo, pelo desejo de mudança e pelo medo do desconhecido, pelo amor e pela vontade de dominar, pelo egoísmo e pela solidariedade. Celebramos Pessach para lembrar que a luta pela liberdade é o confronto constante entre o escravizador e o escravo que carregamos dentro de nós. O nosso faraó, que não aceita limites, a não ser os seus, e quer ser reconhecido, mas não reconhece o direito à dignidade e à autonomia dos outros. E a travessia do povo de Israel, que cada vez que se desespera perde a liberdade, que é a capacidade de enfrentar desafios, preferindo a segurança de um passado idealizado, do que apostar em um mundo novo a construir. A narrativa bíblica do sofrimento imposto ao povo egípcio, nos tempos atuais, possui um sentido metafórico: o Faraó teve que sofrer para se abrir ao sofrimento dos outros. Porque o sofrimento e a dor podem nos aproximar da nossa comum humanidade, lembrando que todos nós somos frágeis e que devemos ser sensíveis aos sentimentos dos outros. E que reagindo contra o fanatismo de outros podemos nos transformar em fanáticos. A história de Pessach deve ser lida como um marco em um processo que nunca termina. Processo que se inicia na história bíblica com um ato de liberdade, o de Eva, que desobedece uma ordem, e graças a sua curiosidade a aventura humana começa. Aventura que continua no Monte Sinai, quando Moisés apresenta uma constituição, já que não existe liberdade individual sem regras que assegurem a convivência e o respeito pela liberdade dos outros. E que continua na mensagem dos profetas, que afirmam que os ritos e as orações são irrelevantes, se os poderosos humilham e maltratam os mais fracos. Pessach nos lembra que a liberdade é a luta diária para não deixar que o amor se transforme em posse, o cuidado do outro em controle, o afeto em simbiose, o medo em paralisia, a insegurança em agressividade e o sucesso em arrogância. Como qualquer tradição cultural, o judaísmo pode ser usado para o bem e para o mal, para expandir a nossa sensibilidade ou a negar a humanidade do outro, como uma identidade que não teme o que é diferente ou como antolhos narcisistas que nos empobrecem. Por isso festejamos Pessach como uma celebração da rebeldia, da liberdade ao serviço do bem e de aproximação de todos aqueles que são perseguidos, humilhados, estigmatizados e sofrem injustiças, e agradecemos:
Shehechyanu, ve´quimanau ve’higuianu lazman haze.

Que vivemos, que existimos, que chegamos a este momento.

Bernardo Sorj