- Acaso, acaso - Quim disse, respirando a plenos pulmões,
como o titã da rua Revillagigedo -, acaso é o cacete. Na hora da verdade tudo
está escrito. Era o que os merdas dos gregos chamavam de destino. (Os detetives
selvagens)
Probablemente fui un joven más estúpido que los demás. Tal
vez un desengaño amoroso (pero no consigo recordar haber estado enamorado en
aquel tiempo) o tal vez la fatalidad, el saberme distinto de los demás y por lo
tanto buscar un oficio solitario, un oficio que me permitiera pasar muchas
horas en la soledad más absoluta y que, al mismo tiempo, tuviera cierto sentido
práctico y no constituyera una carga para mi pueblo.