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sábado, 13 de agosto de 2016

Cuando le dije que la pasión,
por definición, no puede durar
¿cómo iba yo a saber
que ella se iba a echar a llorar?
“No seas absurdo -me regañó-
esa explicación nadie te la pidió
así que guárdatela,
me pone enferma tanta sinceridad”.
Y así fue como aprendí
que en historias de dos
conviene a veces mentir,
que ciertos engaños son
narcóticos contra el mal de amor.
Yo le quería decir que el azar
se parece al deseo
que un beso es solo un asalto
y la cama un ring de boxeo,
que las caricias que mojan la piel
y la sangre amotinan
se marchitan cuando las toca
la sucia rutina.
Yo le quería decir la verdad
por amarga que fuera,
contarle que el universo era más
ancho que sus caderas.
Le dibujaba un mundo real
no uno color de rosa,
pero ella prefería escuchar
mentiras piadosas.
Y, cuando por la quinta cerveza, le hablé
de esa chica que me hizo perder
la cabeza, estalló:
“¿vas a callarte de una vez, por favor?”


Joaquín Sabina

terça-feira, 26 de julho de 2016

Antes de ti

Antes de ti
yo ya existía,
antes de ti
¿no lo sabías?
yo ya cantaba,
yo ya mentía,
yo ya soñaba,
antes de ti
yo ya jugaba,
yo ya reía,
ya suspiraba
si me quitaban
la ilusión,
claro que sí,
¿quién lo diría?
antes de ti
ya estaba yo.
Antes de mí
tú ya vivías,
antes de mí
¿no lo sabías?
tú ya besabas,
tú ya crecías,
tú ya apostabas,
antes de mí
tú ya ganabas,
tú ya perdías,
tú ya pensabas
que te estorbaba
la virtud,
claro que sí
¿quién lo diría?
antes de mí
ya estabas tú...

✍ Joaquín Sabina

quinta-feira, 8 de julho de 2010

La Magdalena

Si, a media noche, por la carretera

que te conté,

detrás de una gasolinera

donde llené,

te hacen un guiño unas bombillas

azules, rojas y amarillas,

pórtate bien

y frena.

Y, si la Magdalena

pide un trago,

tú la invitas a cien

que yo los pago.

Acércate a su puerta y llama

si te mueres de sed,

si ya no juegas a las damas

ni con tu mujer.

Sólo te pido que me escribas,

contándome si sigue viva

la virgen del pecado,

la novia de la flor de la saliva,

el sexo con amor de los casados.

Dueña de un corazón,

tan cinco estrellas,

que, hasta el hijo de un Dios,

una vez que la vio,

se fue con ella.

Y nunca le cobró

la Magdalena.

Si estás más solo que la luna,

déjate convencer,

brindando a mi salud, con una

que yo me sé.

Y, cuando suban las bebidas,

el doble de lo que te pida

dale por sus favores,

que, en casa de María de Magdala,

las malas compañías son las mejores.

Si llevas grasa en la guantera

u un alma que perder,

aparca, junto a sus caderas

de leche y miel.

Entre dos curvas redentoras

la más prohibida de las frutas

te espera hasta la aurora,

la más señora de todas las putas,

la más puta de todas las señoras.

Con ese corazón,

tan cinco estrellas,

que, hasta el hijo de un Dios,

una vez que la vio,

se fue con ella,

Y nunca le cobró

la Magdalena.