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domingo, 2 de agosto de 2015

¿Qué ganan los que prohíben, los que censuran,
los que persiguen o los que dañan a los que
con honestidad intelectual escriben,
si al final ellos se van, se callan y lo escrito vive?

Que digan lo que se gana
¿Tal vez crean que un día más de vida?
Eso es mentira, como mentira
es lo que creen cuando pretenden
que un escritor ya nunca escriba.

El escritor es lo que escribe
y lo que escribe son sus razones por las que vive.


Guzmàn Lavenant
¿Qué ganan los que prohíben, los que censuran,
los que persiguen o los que dañan a los que
con honestidad intelectual escriben,
si al final ellos se van, se callan y lo escrito vive?

Que digan lo que se gana
¿Tal vez crean que un día más de vida?
Eso es mentira, como mentira
es lo que creen cuando pretenden
que un escritor ya nunca escriba.

El escritor es lo que escribe
y lo que escribe son sus razones por las que vive.


Guzmàn Lavenant
Un perro y dos cachorros
jugando para vencer el hambre.
Un piso de losetas agrietadas
de un patio que fue de flores.
Portón de maderas carcomidas
testigo silencioso de vidas
de gatos y ratones.

Historias olvidadas de casas y paredes,
de calles y ventanas,
de amores y desamores.
de sueños y frustraciones

Historias de los pueblos
y también de barrios en las ciudades.
Historias de la gente y de las flores
que nunca más le interesará a nadie


Guzmàn Lavenant
Se va la tarde en alas de gaviotas.
Se va cabalgando entre las olas
de un mar que se convierte
en un rumor oscuro de la noche larga que le espera

Se va dejando sin eco a las palabras
que se convierten en sombras todas.

Se va la tarde, indiferente
a la roca que el mar ha convertido
en arena de una playa enormemente sola

Se va, se va y mi corazón se ha ido en ella


Guzmàn Lavenant
La mañana, la rutina y el lavado de los dientes.
Las calcetas que combinen con la ropa y lo negro del zapato.
Desayuno con un jugo de naranja
y las prisas …y las prisas.

Ir corriendo a esperar la pasada de autobuses.
Descender en la parada de las Cruces
Caminar entre mezcla de sonidos
que provienen de los coches y la gente.

Saludar a un portero que parece siempre triste
Sonreír al pasar junto al gerente.
Admirar de reojo esas formas de Celeste
y desear que alguna vez ese cielo nos acepte.

Escritorio, los papeles, la pantalla,
la sonrisa a los clientes…
Lo de siempre, lo de siempre
y la vida esperando que comience.


Guzmàn Lavenant